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Lectura de una referencia al pasar…

06/07/2012- Por Marita Salgado - Realizar Consulta

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Ciertos detalles en el Seminario La angustia, pequeños lugares, referencias al pasar orientan por dónde comenzar a situar en él el deseo del analista y el lugar del vacío. La angustia no se atrapa, es sin red, cada eslabón no tiene otro sentido que el de dejar vacío el lugar donde ella está. Ligada desde el inicio al deseo del Otro, se posiciona entre, su intervalo se ubica en lo que resta del significante, el pedazo de cuerpo, la libra de carne, el objeto a... Luego de situar los objetos oral y anal, ligados de la Demanda del Otro, Lacan orienta a reservar “el lugar del vacío y a partir de este lugar, se irán situando otros objetos mucho más interesantes…” Una experiencia científica con respecto al vacío, una pequeña referencia que liga la angustia con el existencialismo, situando a Pascal como uno de sus padres, es mencionada en el Seminario La angustia como una confidencia, se trata de las experiencias de Blaise Pascal en Puy de Dôme acerca del vacío…

  

El rastro de la angustia

Ciertos detalles en el Seminario La angustia, pequeños lugares, referencias al pasar orientan por dónde comenzar a situar en él el deseo del analista y el lugar del vacío.

La angustia no se atrapa, es sin red, cada eslabón no tiene otro sentido que el de dejar vacío el lugar donde ella está. Ligada desde el inicio al deseo del Otro, se posiciona entre, su intervalo se ubica en lo que resta del significante, el pedazo de cuerpo, la libra de carne, el objeto a.

La angustia no se atrapa pero Lacan insiste en seguir su rastro, al costado de lo verdadero, orientado en principio por lo imaginario, la sitúa en su revés, lo que no se muestra en la imagen, lo que ésta vela, recubre y que la angustia muestra de un golpe, desarticulando el espejo, esa nada.

Lo que no se refleja en el espejo, pero que a su vez, comanda la imagen -es lo que en el Seminario- está connotado como a.

La angustia queda ligada entonces a todo lo que pueda surgir en el lugar del -jel unheimlichkeit. De este modo Lacan afirma: ”el hombre encuentra su casa en un punto situado en el Otro más allá de la imagen de la que estamos hechos[1]”.

Lo que en la neurosis es un modo de dialectizar ese resto, un intento de aufhebung, es decir: fantasma, la angustia en su prisa lo divide.

 

La angustia y el deseo del analista

Lacan siempre preocupado por lo que no se muestra se pregunta ¿qué realidad hay detrás del uso falaz del fantasma? En cuya respuesta encuentra el traslado al Otro de la función del a. Diciendo además que el “objeto del fantasma no le pega ni con cola al sujeto y que con él no va demasiado lejos[2]”.

De este modo se recorta el lugar del analista en la cura: “si hay algo que se le debería enseñar a dar al neurótico es esa nada, eso que no imagina, su angustia[3]”.

Esta extracción de la angustia está orientada desde un lugar que se va perfilando a lo largo del Seminario: el deseo del analista, que a su vez Lacan lo extrae desde tres lugares: el goce del Otro, el deseo del Otro, la demanda del Otro, extracción -que marca una orientación en el análisis- de la angustia y del Otro. Este deseo del analista es para Lacan, esa clase de deseo que se manifiesta en la interpretación y que tiene una forma enigmática, que es la incidencia del analista en la cura, preguntándose en este punto, ¿qué representa[4]?

 

Otros objetos

La angustia sitúa una hiancia, un vacío -de imagen, de deseo, de significante-, que más tardíamente en la enseñanza va a dar lugar a la topología, pasando por la formalización lógica y los discursos.

Lacan sitúa que en el esquema de la angustia, lo que desorienta es la función estructurante de dicho vacío[5]. En cuanto a dicha función estructurante -el objeto a-, sólo se trata de un desecho, que designa lo único que es importante, el lugar de un vacío. Es en este punto que Lacan, pasa del semblante al que se refiere el desecho y apunta a lo que refiere como lo único importante que es la función de dicho vacío, que ese objeto circunscribe.

Luego de situar los objetos oral y anal, ligados de la Demanda del Otro, Lacan orienta a reservar “el lugar del vacío y a partir de este lugar, se irán situando otros objetos mucho más interesantes…[6]

Una experiencia científica con respecto al vacío, una pequeña referencia que liga la angustia con el existencialismo, situando a Pascal como uno de sus padres, es mencionada en el Seminario como una confidencia[7], se trata de las experiencias de Blaise Pascal en Puy de Dôme acerca del vacío.

Una referencia al pasar que como una pieza suelta[8], marca una orientación hacia lo real, como una anticipación, ya que indica a partir de la angustia, el devenir de la enseñanza: la topología.

Es posible entonces, pensar que a partir de citar esta referencia, Lacan va a realizar a través de reservar este vacío, un pasaje de objetos, del seno y el escíbalo, a la voz y la mirada.

 

Pascal y el vacío

Desde la filosofía antigua, hasta la ciencia premoderna, una afirmación: que la naturaleza aborrece el vacío -horror vacui- se instituye como un principio absoluto. Aristóteles, en el Libro IV de la física[9], aporta una argumentación exhaustiva, en el universo aristotélico se trata de un cosmos singular, de extensión finita, dentro del cual no hay espacios vacíos y fuera del cual, no hay nada, ni tan siquiera un vacío. Este universo es único, pues es todo cuanto hay. Las tesis de Aristóteles está esbozada ya en los capítulos anteriores si se entiende por vacío un lugar en el cual no hay nada, lugar es un concepto de relación por lo tanto es imposible un lugar que esté vacío. Para Demócrito, en la corriente adversa, atomista, la naturaleza estaba formada por átomos (sólidos e impenetrables) y vacío. La escolástica participaba de este principio, y para Descartes, el espacio siempre debe estar lleno por algo, el vacío no puede llenar función alguna.

Gilberte Pascal, escribe “fue en esa época a los 23 años (1646), luego de haber sabido de los experimentos de Torricelli, cuando ideó y llevó a cabo el resto de los experimentos conocidos como sus experimentos acerca del vacío, que tan claramente demostraban que todos los fenómenos atribuidos hasta entonces al horror al vacío están causados por el peso del aire[10]”.

Torricelli experimenta en Italia con agua y luego con mercurio, que los líquidos que son aspirados por columnas de vidrio, no suben hasta la altura que tiene la columna sino que se detiene en un punto, conjetura entonces que es la presión del aire la que equilibra la columna líquida y se instituye así el descubrimiento de la presión atmosférica y una unidad de medida que lleva su nombre.

Aquello que enciende a Pascal en estas experiencias, es el intento de descubrir el engaño de una noción que desde Aristóteles pasa por una ley, establecida de la naturaleza - el horror vacui[11]. El joven Pascal hasta entonces dedicado a la investigación matemática, y habiendo realizado ya un tratado de los sonidos, un ensayo sobre las cónicas y una máquina aritmética, realiza los experimentos sobre el vacío luego de su primera conversión, siendo éstos sus últimas investigaciones científicas, para luego no dedicarse más a la ciencia.

En sus experiencias sobre el vacío, procede en dos tiempos en primer lugar concluye que la naturaleza tiene “en general horror al vacío, pero lo puede tolerar” cuando se produce, por ejemplo, dentro de las pipetas o bombas, “por lo tanto la fuerza de este horror es limitada”. En un segundo tiempo de la investigación, reproduce con éxito las experiencias, apoyado en variaciones de altitud y de líquidos que determinaban variaciones en la presión del aire. En diferentes lugares y altitudes de la ciudad hasta quedar plasmada al pie del monte Dôme, que la conjetura de Torricelli, ha quedado demostrada, los efectos atribuidos al Horror al vacío se deben a la pesantez y presión del aire.

“El horror al vacío no era más que un horror imaginario”, “la naturaleza no es susceptible de pasión no experimenta, simpatía ni antipatía, sino sólo indiferencia[12]”.

Para Pascal entonces “el espacio vacío tiene longitud, anchura, y profundidad y es susceptible de recibir y contener un cuerpo de pareja longitud y figura”. No es la naturaleza sino el pensamiento el que tiene horror al vacío, no es una ausencia, lo innominable, pasa a ser una pieza necesaria de la física, una realidad definida, delimitada, situada.

A partir de aquí, Pascal tomará quizá justamente a causa de las consecuencias de su trabajo con respecto al vacío, otro rumbo: “Había pasado largo tiempo en el estudio de las ciencias abstractas, y su carácter poco comunicativo me había disgustado de ellas. Cuando he comenzado el estudio del hombre he comprendido que las ciencias abstractas no le son propias y que me había alejado más de mi condición penetrando en ellas, que los otros ignorándolas; entonces he perdonado a los otros su poco saber […] pero al fin y al cabo, ¿no es esta una ciencia que el hombre debe ya poseer y que le es preferible ignorar para ser dichoso?[13]

Pascal que escribió acerca de la división subjetiva, en sus pensamientos dice: …”mientras escribo mi pensamiento, éste se me escapa; pero esto mismo me hace recordar mi debilidad, que había olvidado un momento atrás, lo cual vuelve a instruirme sobre mi pensamiento olvidado, porque mi única tendencia es querer conocer mi propia nada…[14]”.

En sus Pensamientos, el hastío, una figura de la angustia, hace presente el vacío. “Nada más insoportable para el hombre que estar en un reposo pleno, sin pasión, sin quehacer, sin diversión, sin aplicación. Siente entonces su nada, su abandono, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. De repente brotarán del fondo de su alma el hastío, el ánimo sombrío, la tris­teza, la pena, el despecho, la desesperanza[15]"

Dicho vacío se configura entre concuspicencia y razón, y apela al Dios de la ternura, no de los filósofos. “Pascal no reniega de nada en el hombre atraviesa todo el hombre para llegar a Dios, pero Dios llega a él, el Dios de Isaac de Abraham y de Jacob, el Dios de dulzura y de consuelo[16]”.

Lacan, afirma que para Pascal que la naturaleza tenga horror al vacío era capital, porque esto significaba el horror de todos los sabios de su tiempo ante el deseo. Hasta entonces, si no la naturaleza, al menos todo el pensamiento había tenido horror de que pudiera en algún lugar haber vacío[17].

 

La voz y la mirada

Es reservando el lugar del vacío que se irán situando estos otros objetos más interesantes: la voz y la mirada, que se introducen en el Seminario a través de la experiencia religiosa.

La mirada es abordada a partir de budismo y ligada a la concepción del deseo como ilusión, respecto de la verdad. Decir que el deseo es ilusión es decir que no tiene soporte, que no desemboca, ni apunta a nada[18]. La experiencia búdica tiene una referencia al espejo, como un espejo sin superficie, dónde nada se refleja, dando lugar a lo que no se revela en la imagen.

En la mirada situada en la escultura de Bodhisattva[19], no hay abertura del ojo, en ella el párpado casi cerrado sólo deja pasar un hilo blanco del ojo y un borde de la pupila. Los párpados entornados preservan de la fascinación de la mirada, al mismo tiempo que la indican.

Se trata de una figura visible que evita lo invisible, y toma el punto de angustia a su cargo, punto en el que el deseo y la angustia coinciden, y esto es fundamental, pero no se recubren, preservando entonces el lugar del vacío, reencontrando la estructura del a como separado[20].

La referencia al objeto voz, proviene de la voz de Yahvé, que remite a la Ceremonia de Yom Kippur, que resuena en el sonido del Shofar.

En la voz se trata de la forma más elemental de la constitución del vacío, el mismo está ubicado en el interior de un tarro, que no es más que un tubo y que resuena, el vacío que está en el interior de un tubo acústico es el que va a dar lugar a que un soplo resuene[21].

La voz resuena en un vacío que es el vacío del Otro en tanto tal, no modulada, sino articulada, áfona, resuena en los ecos de lo real, por los que la verdad se transmite.

Estos “otros objetos” circunscriben un vacío y en este sentido, Lacan los sitúa como más interesantes, ya que más cercanos al fuera de sentido, se trata de ecos, de piezas sueltas, en lo real.

 

Una garantía real

Lacan se pregunta si acaso algunas veces cedemos a este horror al vacío, lo cual implica ceder a una ética, la del psicoanálisis[22].

El taponamiento de dicho vacío, se liga al retorno de la pulsión de muerte. La cuestión se propone entonces, con respecto a que uso, en el psicoanálisis del vacío, un uso es entonces el deseo del analista.

Para François Cheng[23], El vacío no es un estado supremo hacia el que se debe tender; si no que concebido él mismo como una sustancia, se discierne dentro de todas las cosas en el seno mismo de sus sustancias y de sus mutaciones. El vacío mira hacia la plenitud. La gran plenitud es como vacía, entonces es inagotable, la vía fluye por el vacío intermedio, eso suele hacer nunca falta, empero, ni se desborda.

El deseo del analista, -que circunscribe un vacío, que hace uso de él, da lugar a ofrecer a la angustia una garantía, real, es decir imposible.

Es por esta vía que el deseo del analista[24] está situado hacia el final del Seminario, como el que lleva las cosas, la orientación del análisis, más allá del límite de la angustia, es decir que la angustia está concebida como posible de ser atravesada, al precio de hacer entrar su deseo, -el del analista- por algún sesgo, en este a irreductible, siendo que lo irreductible del a es este vacío mismo.

El deseo del analista, es aquel que sostiene el vacío intermedio, entre significante y goce, en una vecindad.

   

Notas

[1] Lacan, Jacques, El Seminario, Libro X, Paidós, Beuenos Aires, 2006, p.58

[2] Lacan, Jacques, El Seminario, Libro X, op. Cit., p. 60

[3]Ibid, p. 62

[4] Ibid, p. 65

[5] Ibid, P. 68

[6] Ibid, P. 80

[7] Ibid, P. 80

[8] Miller, Jacques-Alain, La angustia Lacaniana, Paidós, Buenos Aires, 2007, p. 143

[9] Aristóteles, Física, Libro IV, Gredos, Barcelona

[10] Pascal, Blaise, Pensamientos, Losada, Buenos Aires, 2003, p. 38

[11] Anzieu, Didier, Revista de Psicoanálisis XLV, A.P.A., 1988, p. 249

[12] Ibid, p. 251

[13] Pascal, Blaise, Pensamientos, “Pensamentos diversos X”, Op. Cit, p. 330

[14] Ibid, p. 337

[15] Ibid, p. 292

[16] Ibid, p. 18

[17] Ibid, p. 80

[18] Lacan, Jacques, El Seminario, Libro X, La angustia, op. Cit, p. 241

[19] Ibid, p. 343

[20] Ibid, p. 247

[21] Ibid, p- 298

[22] Ibid, p. 80

[23] Cheng, François, Vacío y plenitud, Ediciones Siruela, Madrid, 2005, p. 82

[24] Lacan, Jacques, El Seminario, Libro X, Op. Cit. P. 365


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