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Nudos en psicoanálisis y su relación con la filosofía23/05/2017- Por Viviana Hanono - Realizar Consulta
Lacan propuso diferentes aparatos de formalización -esquemas, modelos, grafos, nudos-. El propósito del presente texto es transmitir esa experiencia a través de su conceptualización. Se trata de indagar para qué le sirven los nudos en general y el borromeo en particular, y qué relación puede establecerse con la filosofía. Para ello, me propongo seguir el rastreo de las referencias a los nudos y a los diferentes usos que hizo Lacan a lo largo de su última enseñanza.
Una indagación sobre el concepto y el uso de la topología nodal, en Lacan, en el marco de sus relaciones con la filosofía y/o la antifilosofía
La enseñanza de Lacan es una muestra del esfuerzo realizado por conceptualizar la experiencia del análisis, ya que sabemos, como dice Fabián Schejtman en la Introducción de su texto, Sinthome: Ensayos de clínica psicoanalítica nodal, que “la clínica psicoanalítica no se superpone ni se confunde con la experiencia de la que surge, la del análisis”[1]. La clínica apunta entonces al redoblamiento conceptual e incluso a la formalización de la experiencia.
En ese sentido, Lacan propuso diferentes aparatos de formalización -esquemas, modelos, grafos, nudos-. El propósito, transmitir esa experiencia a través de su conceptualización.
El objetivo de mi trabajo es tratar de indagar para qué le sirven los nudos en general y el borromeo en particular y qué relación puede establecerse con la filosofía. Para ello, me propongo seguir el rastreo de las referencias a los nudos y a los diferentes usos que hizo Lacan a lo largo de su última enseñanza, privilegiando lo expuesto en el Seminario 22, “R.S.I”.
Ya en la década del ‘50 se pueden encontrar referencias a los nudos en su obra: por ejemplo cuando en el año 1953 escribe, con una secuencia circular de pares de letras, el análisis que hizo Freud del Hombre de las ratas. Sin embargo, sólo a principios de los ‘70 comenzó a examinar los nudos desde el punto de vista de sus propiedades topológicas.
Para Segio Larriera, en la obra de Lacan, no es posible liberarse de pasar por la topología, pues ésta constituye una escritura. En este caso se trata de la tercera topología lacaniana: la topología de nudos y cadenas, precedida por la de esquemas y grafos y por la topología de superficies.[2]
Dice S. Larriera: “todos somos defectuosos. Ni siquiera como neuróticos es posible que hagamos un nudo bien hecho”. Los nudos no hablan de la perfección de la estructura sino que hablan de cómo nos apañamos con el goce, cuestión que, según el autor, no está tan contemplada en las estructuras trascendentales de base o del momento intermedio de Lacan.
El estudio de la topología de los nudos marca un desarrollo importante de la topología en Lacan, ya que pasa del estudio de las superficies (moebius, toro, botella de Klein) al ámbito de la topología de los nudos, en las que se propone explorar de un modo no metafórico el orden simbólico y sus interacciones con lo real y lo imaginario. Para Lacan esta topología no se limita a representar la estructura sino que es esa estructura.
El nudo-cadena que concita su interés, en particular, es el borromeo. Se trata de un grupo de tres anillos eslabonados, de tal modo, que si se corta uno cualquiera de los tres, estos se separan. En sentido estricto, es una cadena porque está formado por varias hebras. Para la cadena borromea, no hay límite superior, ya que puede ampliarse indefinidamente, aumentando el número de anillos, aunque su límite inferior sean tres hebras o anillos. ¿Por qué le sirve el nudo borromeo? Porque, para Lacan, hay una sola manera de dar común medida a los tres registros y es anudarlos de modo borromeo.
Por primera vez aborda el nudo en el Seminario IXX, “...o peor” (lección 5, 9/2/1972), pero la discusión más detallada aparece dos años más tarde en el curso de los años 1974 - 1975. Y, en 1976, describe a la psicosis como un nudo borromeo desatado y postula que esto se puede impedir recurriendo a un cuarto anillo, el Sinthome que mantiene unidos a los otros tres. Lo emplea para ilustrar la interdependencia de los tres órdenes e indagar lo qué estos tienen en común. Cada anillo representa un orden; la interdependencia entre ellos permite ubicar ciertos elementos en las intersecciones.
¿Cómo está formado el nudo? Se trata de tres consistencias equivalentes entre sí, los tres registros -real, simbólico e imaginario- anudados, que delimitan un agujero irreductible, en el que, Lacan, ubica lo que considera su aporte, el objeto a. El nudo le permite escribir lo real de la estructura del sujeto. Se considera que el nudo borromeo o, más propiamente, cadena borromea es una construcción lacaniana, resultado de sus trabajos anteriores y también, en parte, una ruptura, porque con la topología de los nudos Lacan interroga lo real y ya no el significante. Este cambio de paradigma no anula el paradigma precedente pero difiere de aquél.
El interés que puede tener la estructura del nudo borromeo, para el psicoanálisis, surge de lo que Lacan le atribuyó como instrumento de formalización teórica. En “Los no incautos yerran” (Les non-dupes errent), clase del 19/2/1974, con respecto al nudo subraya: “no es suficiente con saber el nombre sino que hay que hacerlo” (se refiere al nudo y a su manipulación). Y a lo largo de sus ocho últimos seminarios, Lacan elabora en torno al nudo “Bo”[3], una nueva topología, precisamente la de los nudos y cadenas o topología nodal.
Retomando una formulación que plantea Larriera en la conferencia mencionada, surge la siguiente pregunta: “¿cómo movernos en este bosque de nudos y cadenas de la última enseñanza de Lacan?”
Este recorrido tiene el propósito de explorar la elaboración sobre los nudos por parte de Lacan, precisamente, para mostrar el alcance conceptual de los mismos. Haré referencia a las menciones explícitas y a los usos que Lacan hace en distintos Seminarios, y seguiré las formulaciones y consideraciones teóricas que hacen al respecto, los autores mencionados en la bibliografía.
El uso por Lacan de esquemas, matemas o figuras topológica tenía tres objetivos: formalizar un discurso que permitiera dar al psicoanálisis un estatuto científico al fundarlo en una escritura rigurosa; proponer herramientas conceptuales para pensar la clínica psicoanalítica y transmitir un saber, que evitara el escollo imaginario de la completud, a partir del hecho de que algo permanecía abierto, no cerrado por el registro del sentido. De algún modo, era rechazar recurrir a la significación, a la metáfora o al uso de viñetas clínicas, a las que Lacan calificaba de “golosinas para el imaginario”.
Dice Lacan con respecto al propósito de la formalización: - “La formalización matemática es nuestra meta, nuestro ideal. ¿Por qué? Porque sólo ella es matema, es decir capaz de transmitirse íntegramente”[4]. Con el nudo, se pueden escribir “cabos” -bouts- de lo real a defecto de decirse. O sea, que no se trata de un modo de “imaginarizar” -imager- al sujeto, sino de la manera de dar cuenta de su discurso. Por ello, se puede decir que el nudo “Bo”, es entonces una topologización de un decir y no la de una estructura de personalidad. En este sentido, es un error asociar la estructura a otra cosa que al discurso de un sujeto; ya que ésta surge de una posición subjetiva y no de una constelación psicológica o de una grilla de lectura de los comportamientos. Es un decir que se sitúa sobre la vertiente de una enunciación, de un decir que anuda, y que implica, en ese anudamiento, la presencia de algo del deseo. El nudo Bo, pertenece a la lengua y ésta concita a la vez a los tres órdenes -real, simbólico e imaginario- . En “… o peor” – “… au pire”- Lacan habla del nudo Bo como de un nudo de lenguaje. Lección 5 (9 de febrero de 1972). Sin embargo, no es sólo a la palabra del analizante a la que concierne este nudo, sino que, también, concierne a la función del analista, en el sentido en que debe apoyarse sobre el nudo para ordenar su propio discurso. Mientras en los cuatro discursos Lacan sitúa el lugar del analista como “deser” -desetre-, con el nudo Bo, lo sitúa como ordenador de un discurso. Según Melman, la enseñanza topológica de los últimos años de Lacan estuvo marcada por su insatisfacción con respecto al discurso psicoanalítico; sin embargo, sus elucubraciones sobre el nudo no fueron bien recibidas por los discípulos, que en su mayoría lo ignoraron o rechazaron. La razón de este rechazo, según Melman, reside en que la escritura topológica hace más difícil la transformación de los alumnos en meros exégetas.
Retornando al nudo Bo, diré que no se trata de un modelo, ya que los modelos se sitúan en lo imaginario; tampoco de una esencia, -algo de tipo sustancial- ni de una cosmología del sujeto, porque como vimos remite a un decir, -no al decir corriente al que corresponde la palabra vacía- sino, a aquél que apunta a la enunciación.
Son precisamente, las propiedades topológicas del nudo Bo las que le permitieron conceptualizar de modo diferente, lo que él llamaba en 1953, “los tres registros esenciales de la realidad humana”, que en ese momento articula sólo de a dos, o sea por pareja y de modo lineal. Pero con el nudo pudo articular las tres consistencias y de modo no jerarquizado.
Dice Lacan en R S I, Clase del 10/12/ 1974: “El nudo Bo, permite realizar lo que nuestro pensamiento limitado por lo imaginario se resiste a concebir”; pone el acento en su carácter de escritura, la escritura de un real; rechazando que se trate de un modelo, insiste en que se trata de una escritura, la escritura de lo que escapa a la representación. Con esta topología Lacan considera que la manipulación lógica de lo real deviene algo posible. También en esta clase afirma: sólo la escritura matemática permite vaciar el sentido, eliminar lo imaginario y entonces arrancar un pequeño cabo de real -“un petit bout de réel-”. Y esta escritura le permite también formalizar la cuestión del síntoma no ya del lado simbólico, como en épocas anteriores, sino del de lo real.
Lacan privilegia este tipo de nudos de tres anillos, que es la matriz del nudo Bo. No hay distinción entre los anillos por los valores; son equivalentes e indispensables. Cada anillo pasa por arriba de uno y por debajo de otro, lo que lleva a la superposición de uno sobre otro o solapamiento. En cada nudo existen seis cruces, tres por arriba y tres por abajo. Al aplanarlo se constata que hay dos tipos de nudos: levógiro y dextrógiro, en los que la diferencia corresponde a la de la superposición, yendo el primero en sentido contrario al de las agujas del reloj y el otro en el mismo sentido. Para diferenciarlos hay que mirar la intersección que está en el centro de los tres registros, considerar que hay profundidad, que las cuerdas son gruesas; entonces existe una inclinación, se habla de un hilo que se superpone a otro y se sigue la bajada -descente-. (Al dar vuelta un nudo levógiro no deviene dextrógiro, lo que sí se produce frente a un espejo).
Manipulándolo se puede modificar la orientación sin cortar los anillos; lo que estaba superpuesto se superpone a su vez e inversamente. Y finalmente, el nudo puede presentarse por tres líneas rectas, porque desde el punto de vista topológico no hay diferencia entre un anillo y una línea recta infinita.
Lacan une a través de los anillos tres categorías heterogéneas. Para anudar estas tres categorías se apoya en el siguiente postulado: cada círculo está constituido de diferentes propiedades comunes a los tres, consistencia, existencia y agujero; la primera remite a lo imaginario, la ek–sistencia a lo real, el agujero a lo simbólico. Lo imaginario viene a suplir a un agujero; lo real es impensable y también imposible de decir; y lo simbólico marca la ausencia de un significante y por tanto la incompletud.
Ninguna de las categorías es completa, y cada una de ellas está abierta a lo que no es; abierta y por lo tanto agujereada. Sólo porque están agujereadas un anudamiento es posible, porque no podrían anudarse superficies plenas. Las cualidades del nudo muestran que no hay que privilegiar a un registro sobre los otros, -a la manera del neurótico-, donde el anudamiento es defectuoso (lo que remite a los lapsus del nudo). Siguiendo a Lacan, el anudamiento Bo, testimonia que el psicoanálisis es una sumisión a lo real. Lacan quiere privilegiar un orden desprovisto de sentido. Dice Melman, que se trata de recordarnos “el carácter originalmente insensato de lo que funda y es el soporte material del inconsciente, o sea pequeñas letras, recordarnos que el sentido es sólo un efecto del significante.”[5]
Cuando se habla de real, se trata de un real sexual, que Lacan teoriza a partir de sus propuestas sobre la no-relación sexual, fórmula que se deduce de la condición de que lo sexual no puede escribirse. También es lo real lo que permite evaluar que la cura no es una pura cuestión de blablá. Ya que la palabra cura con la condición de que toque un real. Así, la función del analista es que haya real y la escansión precisamente sirve para ello. El hecho de solapamiento de un anillo sobre otro (en la puesta en plano) permite ver sus relaciones y por lo tanto cuál hace sombra sobre el otro. Por el hecho, de que el cuerpo está tomado por el lenguaje, es decir marcado por lo simbólico, no se puede acceder de modo directo a un objeto que satisfaga la necesidad. El resultado de esta marca de lo simbólico en el cuerpo produce una pérdida. Es a esta pérdida que Lacan designa con la letra a. Y es en el medio del cruce, en el punto de intersección de los tres anillos que como vimos, Lacan ubica a este objeto, objeto a, objeto causa del deseo.
Si nos referimos a la cuestión de los goces y su inscripción en el nudo Bo, vemos que la escritura del nudo permite diferenciarlos y el aplanamiento mostrar que los goces no están jerarquizados. El hecho de que todo goce sea corporal no significa que no remita al lenguaje, ya que no sólo se trata del cuerpo animal -el organismo- sino de que el pensamiento y la palabra pueden ser goce. A su vez con el nudo aplanado se ve que los tres goces tienen relaciones distintas entre sí y con respecto al objeto a. Éste por su parte puede tener efectos a nivel del goce sobre la vertiente del lenguaje, sobre la vertiente imaginaria o a nivel real. En el nudo al que estamos haciendo referencia, presentado en R.S.I., (Clase 1- 10/12/ 1974)[6] , lo real amputa un trozo de lo simbólico y se solapa en dos puntos, lo que constituye para Lacan la condición del goce fálico, caracterizado por una economía de goce, por lo que una parte debe ser recortada; lo que implica el límite fálico, o sea la castración. El solapamiento de lo real sobre lo simbólico en dos puntos es una representación de la castración, castración del neurótico en el campo simbólico. Es en este seminario en el que se interroga sobre la eficacia del psicoanálisis, y afirma que lo que testimonia que el psicoanálisis opera, es que lo real solapa lo simbólico en dos puntos. Esta operación que concierne tanto al hombre como a la mujer, es la que permite al sujeto tener una posición correcta en la sexuación.
Mientras el goce fálico, está limitado, tiene en cuenta el límite y la ley y está en el lenguaje es decir fuera del cuerpo -hors-corps-, el goce Otro –“J A”- está situado en el cuerpo, y no limitado por la referencia fálica o por otra referencia cualquiera; está fuera de lo simbólico y no puede ser dicho.
Si el inconsciente no conoce la diferencia de los sexos es porque falta un significante, ya que sólo el falo está representado. Mientras, Freud, conceptualiza la diferencia hombre/mujer con relación al falo, ligándolo a la anatomía, Lacan parte de que si el hombre tiene el falo, la mujer lo es. Es en las fórmulas de la sexuación, donde con el “no-todo”, se señala que la posición femenina será no-toda fálica. Y esto, lo lleva a formalizar otro goce, no limitado; goce suplementario que es el desamarre de todos los deberes y de todas las obligaciones, goce, por el que el sujeto está listo para y es capaz de cualquier experiencia, aún a riesgo de morir. El Goce Otro (Jouissance- jouis- sens) está arrinconado entre lo imaginario y lo simbólico; el sentido es lo que va al encuentro de lo real, del sin-sentido, de la no-relación. En el ser humano, por el hecho de la palabra, lo imaginario y lo simbólico no están nunca juntos; el sentido que actúa como un tapón, trata de reabsorber esa hiancia, ya que dar sentido a un enigma es un acto espontáneo.
Lacan también retoma los tres conceptos freudianos de inhibición, síntoma y angustia y los sitúa en el nudo.
La inhibición parte de lo imaginario y hace intrusión en lo simbólico; lo que detiene al sujeto es una “imaginarización” de este simbólico.
La angustia es el retorno de lo real en lo imaginario. Para ella hay un objeto causa pero su presencia está velada, está en las sombras y reenvía a un real. Es lo que no engaña porque aparece en el cuerpo como opresión, vientre apretado… Es entonces en el cuerpo donde se mide su efecto. Como se sitúa fuera del campo de lo simbólico el sujeto no puede decir nada.
Con respecto al síntoma, su punta está situada en el anillo de lo real, pero parte de lo simbólico; es un efecto de lo simbólico en lo real, donde lo simbólico agujerea lo real ya que el lenguaje está en imposibilidad de decir lo real. Para ilustrarlo, la conversión histérica, que parte del significante y retorna en lo real del cuerpo. La puesta del síntoma del lado de lo real, tiene consecuencias en la clínica. Esto significa que no será la disolución del sentido la que tendrá efecto sobre la desaparición del síntoma, sino la inyección de un sentido. El analista juega sobre el equívoco en sus interpretaciones, ya que aquél permite usar- gastar al significante, pero también a la letra, es decir que es una tentativa de domesticar lo real.
Una de las cosas que se plantea a lo largo de su trabajo sobre el nudo es si había que concebir las cosas a partir de tres anillos o de cuatro ¿los tres de R.S.I. son suficientes para anudarse o falta un cuarto anillo?: Lacan pensaba que el nudo de tres tenía algo ideal, depurado y se preguntaba si no era necesario un cuarto anillo. Durante un tiempo él definió este cuarto anillo como siendo el “symptome “, luego como un Nombre del padre posible, en el sentido de un desdoblamiento de la dimensión simbólica. Pero sobre este punto no decidió. Este cuarto redondel, al que define como suplencia, permitiría anudar borromeanamente los registros, evitando su desanudamiento.
En cuanto a anudamientos no borromeos, tenemos el nudo olímpico, al que Lacan designa en un comienzo, como el del neurótico, cuya particularidad consiste en que si se corta un anillo, los otros dos permanecen juntos. Esta atribución fue modificada con posterioridad.
Otra cuestión concierne a los lapsus del nudo, considerando que la representación del nudo aplanado, con el número mínimo de cruzamientos, remite a un decir excepcional. Ya que los nudos son muy embrollados. El propósito del análisis será entonces reducir los cruces suplementarios para llegar a aquellos que son irreductibles de la estructura.
Por otra parte, el objeto a que está en el centro de los cruzamientos, es lo que lastra al sujeto y sobre lo que él no quiere saber nada. La cura apunta a arrastrar los tres registros con el fin de asir el objeto a, mostrando cómo el paciente está impedido, arrinconado, aunque pretende tener libertad de movimiento. En suma, se trata de reparar los lapsus del nudo, lo que constituirá el próximo tema que abordaré.
El nudo Bo, del que Lacan dice que le va como “anillo al dedo”, ya que se convierte en el soporte ideal del anudamiento de los tres registros, le permite también estudiar los lapsus del nudo. Como vimos, con los conceptos del psicoanálisis llena las diferentes zonas intersticiales del borromeo aplanado. Y progresivamente, introduce el concepto de “sinthome”, como cuarto nudo que viene a anudar borromeanamente los tres órdenes desunidos. Es decir, que la topología del nudo le sirve para mostrar los tipos de anudamientos y los lapsus posibles, dando lugar a una forma particular de escritura. El nudo conlleva un borde o corresponde a un corte de superficies y en las superficies uniláteras delimita el agujero. También, el nudo nos informa topológicamente sobre la naturaleza verdadera o falsa del agujero. Por otra parte, la formalización lacaniana del nudo, tiene en cuenta lo plástico de los dibujos del nudo, utiliza colores, cortes, empalmes, solapamientos, en particular, dando lugar a prácticas de escritura de cadenas y de nudos singulares.
En la presentación del libro: Elaboraciones Lacanianas sobre la Psicosis[7], Sergio Larriera comenta el capítulo” Síntoma y sinthome” señalando la diferencia que Schjetman explicita entre Symptome y sinthome. En el Symptome se trata del síntoma como metáfora, -un significante cuyo sentido está reprimido, y donde el significante sustituye a otro con significado traumático sexual-. Esta denominación también es utilizada con la misma grafía para designar, en la enseñanza posterior, al goce de la letra. En este caso, no reenvía a una relación con el significante sino con el goce, poniéndose en juego lo real. Estamos ante el síntoma letra, ya que los unos que salen del inconsciente se escriben como letras. La letra se distingue del significante por ser idéntica a sí misma y por tanto, por no remitir a nada y carecer de significación. El síntoma-letra deviene una función, “una f(x) donde la x, ese argumento enigmático ha sido extraído del inconsciente, cumple la función de letra y está totalmente desconectado del resto de los significantes inconscientes”. Ya en esta época, los significantes no hacen cadena sino que el inconsciente es concebido como un enjambre –essaim- de significantes, donde todos son unos. Es al salir y aislarse que cobran el valor de letra, letra que tiene que ver con el goce. De estas dos variantes de la idea de síntoma, ninguna constituye el sinthome.
En estas dos vertientes lo que se traduce es la falla y no la solución que está implicada en el Sinthome. Éste no es ni real, ni simbólico ni imaginario, sino lo que suple a la ausencia de ligazón entre los tres registros. Se trata del cuarto elemento que viene anudarlos.
Otro punto, que señala Larriera, es la crítica que se hace a la consideración teleológica del sinthome, como una construcción de final de análisis. En primer lugar, Lacan inventa la idea de sinthome al trabajar sobre Joyce, quien nunca se analizó. Schejtman, subraya que el sinthome no es efecto de un análisis ya que hay sinthome sin él. El sinthome actúa como reparación. Sabemos que cuando hay reparaciones que hacer, las cosas no funcionan bien.
Mientras en, La tercera, del año 1974, habla del síntoma-letra, como aquello que viene de lo real, en R.S.I., de 1975, el síntoma es lo que no anda en lo real; efecto de lo simbólico en lo real, impide el funcionamiento real. El síntoma es lo que no anda en lo real porque se ha inmiscuido lo simbólico. En este sentido, Schejtman subraya que en ambos casos se vinculan real y simbólico y no simbólico e imaginario como en las versiones previas del síntoma metafórico.
Al trabajar la idea de sinthome, Schejtman “recorre las fallas del nudo siguiendo la presentación del Seminario
En el Seminario en cuestión, Lacan parte de dos nudos de trébol equivalentes porque por transformación continua uno lleva hacia otro. Por ser nudos de trébol, -es decir de tres cruces- no son equivalentes al redondel que corresponde a un nudo trivial.
El nudo puede fallar, produciéndose lo que se llama lapsus del nudo ¿Cuándo se produce un lapsus? Cuando lo que debía pasar por debajo, pasa por arriba. Se produce un pseudotrébol, un trébol abolido; ya que mantiene la forma, pero, al invertir el cruzamiento pierde la propiedad borromea. Lacan se sirve de Joyce para mostrar un modo de reparación del lapsus; ya que “el caso Joyce responde a un modo de suplir el desanudamiento”. Seminario XXIII El Sínthome.
Lacan comienza trabajando con los tréboles; es decir, no trabajando el nudo o la cadena de tres elementos fallada. Sabemos que en el trébol no se trata de tres nudos sino de un nudo con tres cruces. Comienza con esto para pensar cómo falla un nudo y en qué consiste la reparación de una falla.
O sea que tenemos al lapsus y al sinthome que viene a reparar la falla. Para esto, en el pseudotrébol, o trébol abolido, trébol desanudado que se trivializa, coloca la reparación bajo la forma de un bucle -círculo- que transforma lo que era un nudo en cadena de dos.
A su vez, la reparación puede ir en el lugar del lapsus –sinthome- o bien repararlo en otros lugares, con lo cual no se mantiene el trébol pero sí un nudo y se monta una cadena de dos.
Se pueden obtener distintas figuras por transformación o por deformación continua, al establecer la reparación en el punto exacto en donde se produjo el error. Por conversión, sin producir cortes ni discontinuidades unas estructuras se transforman en otras, pero la reparación en los lugares donde no se produjo la falla, da resultados diferentes a la realizada donde aquella se produjo.
En R.S.I., Lacan, dice que en el nudo bien hecho lo real pasa dos veces por encima de lo simbólico y esto porque remite a la angustia que viene de lo real y cruza lo simbólico y lo interrumpe; y, por la diferencia de los sexos, que constituye otro real. Para Larriera, dos reales que montan a lo simbólico y le generan problemas. Hay falla cuando el montaje de lo real sobre lo simbólico ha fracasado; o sea que en lugar de pasar dos veces por arriba pasa por debajo. Para que el nudo borromeo esté bien hecho, ninguno de los redondeles penetra al otro o sea que ninguno utiliza el agujero del otro. Todos pasan dos veces por encima del otro y ese modo peculiar de cruzarse hace que se sostengan, que queden encadenados sin desanudarse. Ahora, por el hecho de que lo real pase por debajo de lo simbólico, como consecuencia del lapsus, se produce lo siguiente: loa anillos de lo simbólico y de lo real no se sueltan y se encadenan en sentido vulgar, como en una cadena donde un eslabón penetra a otro. Y lo que se suelta es el imaginario que se va. La falla de lo imaginario tiene que ver con el cuerpo, con la indiferencia en relación al cuerpo; en esas condiciones se produce la fuga de lo imaginario.
También, pueden producirse dos lapsus del nudo y en este caso se sueltan los tres. Esto está en la base de la estructura neurótica. Ésta siempre falla y como ya dijimos no hay nudo perfecto en la estructura neurótica. Surge entonces la pregunta: ¿cómo es posible reparar los lapsus?, ¿cómo hacer para que el nudo vuelva a constituirse? Es algo que tiene que reconstruirse a través del sinthome. Se sueltan las tres dimensiones y el sinthome viene a reunirlas; en este caso, engrosando y reforzando lo real y realizando los entrecruzamientos necesarios con las otras dimensiones para poder sostener la estructura.
Es en este seminario, que utiliza el cuarto elemento para decir que no hay nudo, no hay cadena borromea si no hay un cuarto elemento, y en el final del seminario presenta las reparaciones por la inhibición, por el síntoma, por la angustia o sea las tres categorías freudianas.
En un primer momento, Lacan construye el nudo de cuatro eslabones críticamente respecto de Freud, diciendo que Freud tenía los tres redondeles dispersos y logró reunirlos recurriendo a un cuarto elemento, -al que denominó realidad psíquica, Nombre del Padre, o complejo de Edipo-. Lacan deshace el anudamiento con el Edipo, proponiendo una reparación entre simbólico y real a los que cruza de otra manera para que se sostengan. Pero, en el Seminario 23, utiliza el cuarto elemento, para decir que no hay nudo, no hay cadena borromea si no hay un cuarto elemento. Hay que aclarar, que este cuarto elemento tiene un origen en Inhibición, Síntoma y Angustia. Se trata de la reparación de distintas fallas. Cuando dos dimensiones tienen un error en el montaje, por ejemplo, dos de una dimensión sobre la otra, dos de otra dimensión sobre la otra, si están juntas de a dos, se producen dos lapsus reales, dos simbólicos, dos imaginarios; entonces, hay solución borromea. Pero si es un lapsus de un lado y otro de otro, la solución es que se encadenan los tres, y por lo tanto no es una solución borromea de a cuatro, armándose una cadena normal con interpenetración entre las dimensiones, -de diferentes maneras-, según dónde se rompa o se produzca el corte y el empalme.
Schejtman, recuerda que en la introducción por Lacan, en su enseñanza, del nudo borromeo, -al considerarlo como encadenamiento significante-, lo aplica inicialmente a la psicosis; o sea, que le sirve para “representar” la cadena psicótica, mientras que propone a la neurosis como encadenamiento “olímpico” no borromeo. En esta primera etapa, el desencadenamiento es tratado en términos de “corte de un eslabón” o como “reventón” de uno de los anillos. Dice Schejtman que en una etapa posterior invierte su abordaje y restringe el borromeo al campo de las neurosis: “a la par de afianzar y desplegar las consecuencias del enlace borromeo de los registros –y ya no de los significantes-, se refiere cada vez menos a la posibilidad del desencadenamiento por “corte” o “reventón”: en su lugar vendrá lo que denominó “lapsus del nudo”.[8]
Entonces, la combinación por Lacan de la topología con los nudos, se justifica por su imposibilidad de presentar sujeto, significante y significado en el mismo plano. Los nudos muestran las articulaciones del sujeto con los tres registros y la topología es su manifestación visual, proyectada en el espacio plano tanto bidimensional como tridimensional
Lacan postula el nudo borromeo como un instrumento de transmisión, exploración y escritura de lo real. Los nudos se sitúan en el borde de la superficie significante, haciendo posible que emerja un decir no representativo. La función de los nudos en la transmisión del psicoanálisis corresponde a la fórmula lacaniana según la cual “lo imposible de decir se puede escribir”. Los nudos junto a la topología combinatoria, operan en el límite del sentido imaginario, o sea en el no-sentido o el fuera de sentido –hors- sens- y su eficacia en la transmisión del psicoanálisis procede de su posición de borde con respecto a lo simbólico y a lo real.
Considerando, ya en particular, las relaciones entre los nudos y la filosofía y/o antifilosofía, Lacan en el Seminario 24, (Clase del 11-1- 1977) dice: “Quiero decir que no creo hacer filosofía pero siempre se la hace más de lo que se cree. Nada hay más resbaloso que ese dominio. Ustedes la hacen también a su vez y ciertamente no es aquello en lo que han de regocijarse más”.
Precisamente, el psicoanálisis lacaniano hizo comparecer a la filosofía ante el saber de la experiencia analítica. En muchos tramos de su enseñanza, Lacan, recurrió a la filosofía y utilizó conceptos filosóficos, a los que pasó por su propio tamiz. Sin embargo, hay momentos del desarrollo de su teoría en los que plantea una exclusión radical de la filosofía y se dice antifilósofo. Para Lacan, la filosofía académica, es el ejemplo característico del saber institucional, que materializa el discurso universitario -teoría de los cuatro discursos- en estrecha vinculación con el discurso del amo, al que otorga justificación y cuyo agujero tapa. El filósofo trabaja para producir conocimiento y también, para satisfacer las necesidades políticas del presente. Dice A. Badiou: “La filosofía tapa el agujero de la política”; el psicoanálisis, precisamente, da cuenta de este agujero, producto de la estrategia de la política del amo. El psicoanálisis que parte de la “falta en ser” sospecha de cualquier ontología que implique su sustancialización.
Es el nudo borromeo el que le permite a Lacan presentar lo real propio del psicoanálisis. Siguiendo lo expresado por Miller y Laurent, en El otro que no existe y sus comités de ética, a este real Lacan lo vuelve” visible, palpable, manipulable sobre la forma del nudo borromeo”.[9]
Tanto en Los Nombres del Padre -Les non dupes errent- como en R.S.I., marca la distancia radical con la filosofía; en el primer caso al referirse al decir como acontecimiento, rechaza de que se trate de un momento del conocer afirmando: “No(es) un acontecimiento superficial, no un momento del conocer. Para decirlo todo, no es filosofía” (clase 4, 18/12/ 1973). En el segundo, al referirse a la ek-sistencia, dice: “la existencia emerge… para que yo haga de ella algo que se escribe de otro modo y que sea ahí que sea algo palpable, tangible en algo que se defina por el nudo…” y agrega: “yo no creo que eso sea algo de una naturaleza como para ponerme… en continuidad con una interrogación filosófica, sino más bien en un modo de ruptura que es también lo que se impone, si la emergencia del inconsciente como un saber propio de cada uno, … es de una naturaleza para cambiar completamente las condiciones en las cuales la noción misma de saber ha dominado digamos desde los tiempos más antiguos…” (Clase 6, 18/2/ 1975).
También en “El fracaso del Un-Desliz es el amor”, al referirse a lo verdadero, dice: “Lo verdadero es lo que uno cree por tal” y agrega: “El psicoanálisis… es la forma moderna de la fe… a la deriva, he ahí donde está lo verdadero cuando se trata de real”. Completa su aserción diciendo que no hay conocimiento, y que el único saber, consiste en saber que uno se equivoca, “un desliz es de lo que se trata… giro en redondo de la filosofía…” (lección 2, 14/|12/ 1976). Y, propone “sustituir por otro sentido, el término sistema del mundo, que hay que conservar, aunque de dicho mundo no se puede decir nada del hombre sino que está caído” (Ibid).
Lacan distingue la consistencia que plantea el nudo de la evidencia a la que apunta el conocimiento filosófico; al encadenar los registros no se trata de hacerlo según un orden o una sucesión; a Lacan le importa lo real del nudo, en el que precisamente la consistencia se refiere a su anudamiento y no a su distinción; el discurso analítico se distingue así del discurso filosófico; lo real del nudo borromeo es ser tres, hacer trenza (tresse), permitir la proximidad. Con el nudo redefine la “posición del inconsciente”. La topología sólo supone la consistencia en lo relativo al espacio, consistencia que es elaborada a partir de la proximidad, de la vecindad. La noción de vecindad que está en la base de la topología implica la triplicidad y se funda en que lo que une cada uno de los elementos triples es sólo el hecho de pertenecer a la misma vecindad. Partiendo de la noción de que el saber del inconsciente es topológico, Lacan considera que éste no depende del orden sino de la “proximidad de la vecindad” (…), por eso intento decir, fundar que es nodal”. S XXI (lección del 15/1/ 1974). El saber inconsciente se soporta en las marcas que deja aparecer la repetición, se escribe en el nudo borromeo y no puede hacerlo cuando uno de los redondeles de cuerda se rompe. Así, Lacan sitúa lo escrito en el límite de lo real. Lo real, tal como es concebido es integrado como un tercer término, por el sólo hecho de que el nudo no existe sino con la condición de ser un nudo de tres, que haga trenza. O sea que la posición de lo real es reelaborada a partir del anudamiento. Para Lacan el inconsciente en tanto saber, no se revela ni se descubre sino que al escribirse se “inventa” S. XXI, (lección del 19/2/ 1974). Siendo lo real un agujero en él no hay nada que descubrir. El movimiento consistirá, en concebirlo como tal agujero, y esto, a través de su escritura, escritura que le provee la lógica nodal. Así el agujero pertenece al nudo mismo ya que su carácter es estructural.
Para Lacan si hay un saber en lo real, éste funciona sin que podamos saber lo qué es y contrariamente, a la posición que toman la religión y la metafísica, que es ordenar lo real con un pensamiento ordenador, el saber inconsciente no proviene más que de la” disarmonía entre el pensamiento y el mundo” S. XXI, (lección del 21/5/ 1974) y por otra parte, no apunta a alcanzar ninguna integración. A esto hay que agregar que lo real comporta la exclusión de todo sentido. Por ello, puede decir Lacan “… contrariamente a lo que se dice no hay verdad sobre lo Real, ya que lo real se perfila excluyendo el sentido. Aún sería mucho decir que hay Real, porque decir eso es suponer un sentido” S XXIV, (lección del 15 /3/ 1977). Lo real no constituye un universo, excepto si está anudado a lo simbólico y a lo imaginario. Dice Lacan. “Lo real (…) sólo está unido por una estructura, si planteamos que estructura no quiere decir otra cosa que nudo Borromeo”. S. XXIV, (lección del 8/3/ 1977). En definitiva, lo real no aparece sino por medio de un artificio ligado al hecho de que existe la palabra. Esto lleva a Lacan a afirmar, que partiendo del origen de lo real en el decir, es imposible decir (toda) la verdad, que entonces sólo puede ser medio-dicha, con lo que también cae cualquier concepción totalizadora sobre la verdad que apunte al completo descifrado del saber inconsciente.
Lacan del nudo, dice que es necesario hacerlo; sabemos que hacerlo apunta a la escritura. Como al nudo borromeo no es fácil verlo funcionar es necesario escribirlo y es la escritura la que deviene soporte del pensamiento; es a ésta a la que el nudo, en definitiva, le da autonomía.
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Sinthome: Ensayos de Clínica Psicoanalítica Nodal. Grama ediciones, Buenos Aires, 2013.
[1] Fabián Schejtman, Sinthome: Ensayos de clínica psicoanalítica nodal, Grama ediciones, Buenos Aires, 2013
[2] Presentación: “Elaboraciones Lacanianas sobre la psicosis”. Junio de 2013 Escuela Lacaniana de
Psicoanálisis del Campo Freudiano. ELP Madrid.org. (consultado en línea).
[3] En lo siguiente utilizaré indistintamente la denominación nudo “Bo” o nudo borromeo.
[4] Lacan. Seminario XX, Aún, 1972-1973 (Capítulo X, Redondeles de cuerda) Texto establecido por J. A. Miller.
Ediciones Paidós, Buenos Aires- Barcelona- México, 2011.
[5] Charles Melman. “Estudio crítico del seminario RSI de J. Lacan”, 2002, (lección del 14/12/81).
[6] Jaques Lacan Seminario 22. R.S.I. “Sobre una versión crítica del Seminario R.S.I.”, Ricardo E. Rodríguez Ponte.
(versión crítica del seminario para circulación interna de la E.F.B.A., traducción de la transcripción francesa, en la versión de M. Cholet). Noviembre de 1989.
[7] Schejtman F. Compilador, “Elaboraciones Lacanianas sobre la Psicosis”. Cátedra de Psicopatología. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires.
[8] Schejtman, Fabián. “Encadenamientos y desencadenamientos neuróticos: inhibición, síntoma y angustia”. ANCLA 3. Encadenamientos y desencadenamientos II. Revista de la Cátedra II de Psicopatología. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires. Setiembre de 2010.
[9] J. A. Miller, E. Laurent, El otro que no existe y sus comités de ética.
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