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¿Una ética en psicoanálisis? Freud con Sade. Sade con Kant. Freud con Lacan24/01/2020- Por Sebastián Sánchez Segura - Realizar Consulta
El presente trabajo pretende evidenciar los puntos álgidos de la postura de Lacan en torno a la ética en su escrito Kant con Sade (1962), para ello se indicarán los pasos de construcción del argumento lacaniano estableciendo las relaciones entre Freud, Sade y Kant con sus respectivas consecuencias.
Sade Kant Lacan Freud
Al comienzo del texto el autor se pregunta por la relación Freud-Sade, este punto es crucial, puesto que, si el psicoanálisis debe cuestionarse sobre una ética, solo sería posible desde los planteamientos del fundador. Sin embargo, este vínculo no deberá establecerse desde la perspectiva psiquiátrica clásica de las perversiones, es decir, en el sentido del establecimiento de un listado de conductas anormales respecto al acto sexual tradicional.
¿Qué dice Freud de estas perversiones en el primero de sus “Tres Ensayos sobre Teoría Sexual”[1] (1905)? Introduce la dimensión de la perversión en el campo de la sexualidad cotidiana, puesto que ella se constituye desde el campo pulsional que no posee un objeto asociado naturalmente, tras lo cual, especifica que esta relación con lo sexual es la que sostiene el síntoma anclado en la fantasía.
¿Cuál es la importancia de esta perspectiva de la sexualidad? Sade no se adelantaría a Freud respecto a un catálogo de las perversiones, sino respecto a la importancia en el hombre de la elaboración de un saber en torno a lo sexual: a falta de un objeto natural de la pulsión será necesaria una construcción de saber, es decir, contar con la injerencia de la palabra en la posible relación con el objeto. Por esto, dice Lacan, la filosofía de Sade se acerca a la enseñanza de las antiguas escuelas griegas que se preocupaban por establecer un estilo de vida.
En la vía de esta pregunta respecto a la ética se introduce una novedad: no puede concebírsela disociada del principio del placer. Hay que recordar que este principio es una tendencia a la descarga cuando se incrementa el nivel de energía en el aparato psíquico, una tendencia a buscar objetos de satisfacción que la posibiliten, sin perder de vista que la vía motriz es secundaria respecto a la búsqueda de descarga a través de los representantes psíquicos, de desviaciones impulsadas por la exigencia de adecuación de la descarga aplicada por el principio de realidad, estos dos principios son indisolubles para la satisfacción.
Tampoco hay que olvidar, que en relación con ese principio del placer, hay un más allá que establece una segunda relación Sade-Freud: la posibilidad de afirmar que es posible estar bien en el mal. Para Lacan es factible examinar esta problemática desde el mismo Kant, a condición de tener en cuenta el deseo singular de cada uno de los sujetos.
En este segundo paso se establece una operación con la cual podría leerse una verdad kantiana: Si Freud y Sade permiten pensar una relación de la ética con la sexualidad pulsional y el saber, entonces, ésta “x” que es la pulsión en una función determinada, permitiría ver con claridad que Kant espera un estar bien en el mal pero desde otro lugar, permitiría evidenciar en qué se agrupan Kant y Sade.
Puede especificarse lo anterior de otra manera. Si se relacionan Freud y Sade se obtiene que la sexualidad no es natural, que hay lo pulsional, por tanto, una interrogación al saber:

Existe en esta relación la develación del campo pulsional que en búsqueda de la satisfacción se orienta hacia un objeto a, no natural (causado por la palabra), que es interrogado por el saber. Según lo anterior el estar bien en el mal corresponde a la relación con el a y la pulsión.
En un segundo momento la agrupación Kant y Sade produce algo diferente:

El resultado de esta operación es la exclusión de Freud en la relación, evidenciando su diferencia y novedad para el campo de la ética. Quedando Freud fuera de la ecuación se aclara la especificidad del deseo, como se verá más adelante.
Lo importante de esta última relación es que, si bien Sade cuenta con la noción de sexualidad sin objeto natural, liga la satisfacción a una Ley universal, es decir, hace desvanecer el a, que se había revelado antes en la primera operación, en el I(A), el objeto a es absorbido por el Ideal.
En Sade se encuentra la Ley de la naturaleza que los sádicos tratan de educar en sus víctimas, además, de instrucciones de enseñanza que buscan formar en la Ley del goce, es así como el sádico supone tener un saber que restauraría el goce que falta, supone un Otro sin pérdida y que puede reintroducirse lo nunca-habido en el Otro con el forzamiento del goce en la víctima.
El sádico se sostiene así en la relación a un conjunto Universal, de forma que, el estar bien en el mal depende del imperativo categórico que lo establece.
La tercera operación es lo especificado en Freud con los recursos de Lacan:

En esta relación se vuelve sobre la pulsión, pero, Lacan revela que ella es efecto de la demanda del Otro, el sádico demanda gozar, pero, en el circuito de la pulsión, se produce un resto, el a, ese a resto es la causa de deseo, es lo que relanza la pulsión, es un objeto que no es reintegrable al Otro ni puede ser absorbido por el Ideal [I(A)], hace de vacío al interior de estos.
Por lo anterior, no puede sostenerse el conjunto Universal sin extraer un elemento, no habría saber sin castración, el significante remite al Otro barrado que no da cuenta de un saber sobre el sexo. Si no hay saber sobre la proporción sexual, no hay Ideal que sostenga el Bien de la satisfacción con el Otro sexo, el resultado del Otro barrado es la relación de cada quién con su deseo y la responsabilidad posible frente a este.
Freud y Lacan muestran que hay particulares y no universales, conflicto interno para la ética, puesto que no hay una indicación general del bien y del mal ¿Hay entonces una ética en psicoanálisis? El estar bien en el mal en esta última operación responde a la relación que cada quién tendría con el deseo y sus consecuencias. Es con esta perspectiva que Lacan desarrolla el escrito Kant con Sade.
El bien imperativo de Kant-Sade es un Bien que se impone a cualquier objeto, que debe dar la medida, es el efecto de hacer la conjunción de I(A) con a. La potencia del deber radica en la exclusión que hace de la referencia afectiva o pulsional respecto a cualquier objeto de nuestra satisfacción.
Este impulso por objetos particulares, del afecto, pulsionales y del deseo son para Kant “patológicos”. Este objeto patológico es el que interesa a Lacan y en alguna medida también a Spinoza.
Una mirada a ese Bien universal hace que los otros bienes (los pequeños a particulares) sean menos respetables, pero, Lacan desnuda el factor pulsional que le subyace, pues, este Bien no se realiza en el punto en que el sujeto está ante un objeto material, no es en el mundo que se encuentra su satisfacción, se haya, para Lacan, a nivel del significante y lo pulsional de la “voz”, de la conciencia moral o de la indicación sádica (voz del superyó desde el Otro), que ordena el quehacer ético y la voluntad.
Es interesante, porque si bien Lacan dice que Kant desprecia las satisfacciones de los bienes particulares de cada deseo, no afirma que por esto se prescinde de los efectos de la pulsión, ella queda articulada al imperativo significante de la Ley universal. Con esto parece decir que no hay exclusión de la satisfacción en Kant, sino más bien, un tipo diferente de ella.
Como hay conjunción de I(A) con a se produce entonces satisfacción con el Ideal, goce del sometimiento a los imperativos del Otro.
Sade, siguiendo a Kant, universaliza el Bien de autorizarse el disfrute del cuerpo del otro sin límite. Sostiene una antimoral en respuesta a Kant, pero no hace en realidad ninguna revolución, el uno podría pensarse opuesto del otro, pero no hay ningún cambio en la lógica, la lógica es la misma, hacer valer un universal por encima de cada sujeto, cada satisfacción, cada posición subjetiva, cada gusto, cada pequeña perversión, etc.
En esta vía, entre Kant, Sade y Freud, es más bien el último (con Lacan) el que hace revolución, sin dejar de lado que los primeros son quienes abonan el camino para hacerla posible.
Freud revela esa dimensión pulsional del sujeto en vínculo al objeto causa de deseo (no reintegrable), y por tanto, posibilita cuestionar si es posible una ética que no tenga que ver con un máximo bien universal sino con una posición ante el deseo como operación completamente singular, que cuenta con un objeto causa de deseo que produce un vacío estructural y que, además, hace opaca la relación al saber sobre las satisfacciones y la felicidad ¿Habría una relación de la felicidad con el Bien universal?
Es lo que espera Kant de la ética, sin embargo, la primera no responde a la segunda, y tal vez no se deba esperar que la felicidad sea un Ideal, mucho menos en psicoanálisis. Las decisiones que cada analizante toma implican un tipo de responsabilidad particular, aun si no encuentran allí la felicidad, el compromiso del hombre con el deseo es de otro tipo.
La razón por la que Lacan se interesa en Antígona tiene que ver con esto, ella representa la inconsistencia del Otro, muestra cómo alguien responde desde una particularidad (no sin el Otro, los dioses en este caso) para poner en jaque las disposiciones universales de la sociedad.
En este punto se muestra la dimensión mortífera del deseo que tiende en última instancia a la desaparición, por tanto, a diferencia de Kant, no hay tendencia natural a la vida y al supuesto bien, en el trasfondo la elección particular puede llevar a la destrucción desde el campo de la particularidad.
Kant sostendría una panacea que no coincide con la verdad íntima de cada ser humano, con esas relaciones que cada uno tiene con su satisfacción, donde el Otro no puede no tropezar y fracasar en el saber esperado.
Hay belleza en Antígona porque ella delata la intensa relación del hombre con su deseo, esa posición oscura donde hay caída de LA Ética como universal de la tradición filosófica.
Referencias
Lacan, J (1962). “Kant con Sade” en Escritos 2. Siglo XXI Editores. Argentina. 2003
[1] Freud, Sigmund. “Tres Ensayos sobre Teoría Sexual” en Obras Completas Tomo VII. Amorrortu Editores. Argentina. 1978
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