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Angustia de castración y género

12/06/2025- Por Renata Passolini -

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El planteo freudiano sobre la diferencia sexual anatómica, y el ordenamiento que se desprende del complejo de Edipo y Castración, conllevan la idea de un destino fijado de antemano por la biología, pero el ser y el tener se ordenan de nuevas formas en la actualidad cuestionando el ordenamiento clásico de la diferencia sexual. En el presente trabajo se estudian las coordenadas en que se presenta la angustia de castración según los géneros y los posibles sesgos androcéntricos de la lectura freudiana sobre el tema. El desfasaje entre las dimensiones del género y de la sexualidad puede provocar una angustia que no se encuadra únicamente en torno de la castración sino como expresión de la falta de correspondencia entre “quien uno es en términos generizados” y las modalidades de satisfacción pulsional provenientes del campo de la sexualidad.

 

                                                                                               Foto: vadimguzhva/Getty Images/iStockphoto*

 

 

 

  El planteo Freudiano (Freud, 1993) sobre las consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica, y el ordenamiento que se desprende del complejo de Edipo y castración, conllevan la idea de un destino fijado de antemano por la biología. La disposición bisexual constitutiva del humano se produce y reproduce dentro de contextos y prácticas culturales que ofrecen a los sujetos posiciones posibles para unadoble asunción: identitaria yde orientación sexual.

 

  Según el desarrollo edípico propuesto por Freud, el complejo de Edipo (Freud, 1993) es una estructura fundamental de las relaciones interpersonales donde el sujeto encuentra un lugar y se lo apropia. A su vez el Edipo tiene una función normativa y prohibitiva en términos de la sexualidad y las condiciones eróticas que tendrá el sujeto en su vida sexual, así como también se define allí la orientación de su deseo sexual.

 

  Entendemos que una definición y asunción en términos de identidad no coincide con los datos biológicos del sexo, ni de la sexualidad inconsciente, verdadero objeto del psicoanálisis (Laplanche, 2006), incluso cuando estas instancias se presentan en apariencia armónica.

 

  El ser y el tener se ordenan de nuevas formas en la actualidad, cuestionando el ordenamiento clásico de la diferencia sexual (Laplanche, 2016). Según el Diccionario de psicoanálisis (Laplanche y Pontalis, 1996):

 

“… el complejo de Castración es la condición a priori que regula el intercambio interhumano como intercambio de objetos sexuales” y “… puede presentarse de distintas formas en la experiencia concreta, donde se formulan de diversas maneras los términos del sujeto y de otra persona, de perder y de recibir”.

 

  El complejo de castración fue relacionado en la descripción freudiana con la «teoría sexual infantil», que atribuye un pene a todo ser humano y explica la falta de pene por obra de la castración, otorgando así un elevado valor narcisista al órgano sexual masculino. Freud describe como el falo es considerado por parte del niño como una parte esencial de la imagen de su Yo y cómo la amenaza de castración pone en peligro dicha imagen.

 

  Hay dos hechos que deben darse para que el complejo se instale en el infante: la constatación por parte del niñx de la diferencia anatómica de los sexos y la existencia de una amenaza de castración. El agente de la castración es, en la explicación freudiana, el padre, autoridad a la que el niño va a adjudicar las diversas amenazas que pudieron haber sido formuladas por otras personas.

 

“La situación es menos clara en la niña, la cual quizá se sienta más privada de pene por la madre que amenazada por el padre” (Laplanche y Pontalis, 1996).

 

  Por otro lado, el complejo de castración resignifica las pérdidas de objeto anteriores, del mismo modo que la resignifica bajo la égida de la castración a las formas de angustia anteriores y se reproducirá posteriormente en su función de defensa.

 

  Si bien el concepto de Angustia ha recorrido una larga elaboración en la obra freudiana, en su definición metapsicológica, la “angustia de castración” es elaborada en relación al complejo de castración como un afecto experimentado diferencialmente por género, siendo experimentada a la salida del complejo de Edipo en el caso masculino o al ingreso del complejo en el femenino.

 

 

Desde una perspectiva de género

 

  La conceptualización del complejo de castración puede leerse desde una perspectiva de género como siendo producto efecto de una mirada androcéntrica histórica que atravesó a los autores del siglo pasado, ya que la angustia de castración se construye alrededor del caso masculino y la amenaza se organiza en torno de una anatomía que solo posee ese colectivo sexual.

 

  En segunda instancia se elabora el caso de la niña como si en ella ocurriese el reverso de lo que acontece en el varón: todo gira en torno del reconocimiento de su carencia. Dado que ella carece del miembro eje de la lectura freudiana, surge la pregunta sobre dónde podría recaer entonces el valor de lo perdible para la niña.

 

  La amenaza narcisista se articula en el varón como la posibilidad de pérdida de una parte preciada de su cuerpo, pero esa no es una posibilidad para la niña, por lo que se concluye que lo más valioso que puede tener una niña como para sentirse amenazada y angustiarse por la posibilidad de perderlo, son los objetos de amor. Es decir, ella no tendría una parte del cuerpo tan valiosa como para sentirse amenazada ante la posibilidad de su perdida.

 

  Jean Lampl de Groot (1933), llega plantear que las mujeres no tenían superyó, debido a la pasividad inherente al cambio de objeto en la niña ocurrido en el complejo de Edipo. Por ese motivo, su conducta sexual se regía por el deseo de ser amadas y aprobadas por los objetos de amor. Más adelante, se disculpó por esto.

 

  Así como Freud, la autora se apoyó en la diferencia sexual anatómica como rectora a nivel del psiquismo, cuando en realidad se apoyan en construcciones de índole imaginaria sobre la diferencia sexual. La niña entonces teme la pérdida del amor de sus vínculos primordiales.

 

  Sin negar lo angustiante que pueden ser ambas posibilidades de pérdida, vemos que la angustia de castración así descripta, ofrece al infante la posibilidad de ordenarse en el sistema de género de nuestra cultura, de modo diverso: el niño teme perder algo valioso de sí mismo, mientras la niña ve lo valioso en sus vínculos de amor.

 

Vemos que el sesgo androcéntrico ubica valor del lado del niño, por lo que la niña quedará ubicada culturalmente en un lugar subalterno, carente en relación al varón, en continuidad con el modelo griego de la niña concebida como un varón fallido o castrado (Meler, 2005).

 

  La repartición del valor que se desprende de la teoría freudiana, deja a cada género con posiciones diferenciadas, él amenazado, defensivo y temeroso por lo que tiene y ella carenciada, dependiente y envidiosa por lo que le falta. Si imaginamos un escenario hipotético en donde se realizarán los temores que angustian a la niña, ella sufriría entonces de dos carencias, una dada de entrada a nivel del cuerpo ya castrado, y otra posterior: la orfandad que podría experimentar por la pérdida del amor.

 

  La amenaza de castración en el caso del varón, lo ubicaría en la salida edípica renunciando a sus deseos incestuosos, y sometiéndose al orden cultural exogámico. En el caso de la niña, quien ya ha sido castrada desde el inicio de su vida (Freud, 1908), y culpa por ello a su madre, se encuentra frente tres posibilidades de resolución edípica: la inhibición sexual o neurosis, el complejo de masculinidad o la feminidad normal de la mano de la maternidad (Freud, 1980).

 

  Dio Bleichmar (1985) plantea que tener un hombre, constituye un ideal organizador para las mujeres, y esa dependencia de establecer un vínculo de pareja derivaría del valor fálico asignado a ser la mujer de un hombre. Es decir, el compañero adquiere así un valor de suplencia fálica de la cual la mujer, en contextos tradicionales, se habría sentido carente.

 

  Si bien Freud se encarga de no quedarse en descripciones puras o simplistas, y aclara que lo femenino y lo masculino son categorías de contenido incierto, es importante resaltar la necesidad de deconstruir conceptos que puedan operar en nosotros a modo de sesgo androcéntrico.

 

  Muchos sujetos que demandan hoy día un análisis, presentan en su discurso manifiesto malestares y angustias provenientes de conflictos intrapsíquicos e intersubjetivos, enmarcados en los conflictos “edípicos”, pero hay muchos otros en donde se presenta una angustia que no se ordena mediante ese eje simbólico centralizado alrededor del concepto fálico, y que podría denominarse una “angustia por el género”, entendida como expresión de una falta de correspondencia entre “quien uno es en términos generizados” y las modalidades de satisfacción pulsional provenientes del campo de la sexualidad.

 

  Las aspiraciones de un Yo generizado, no siempre están en sintonía con las modalidades de satisfacción pulsional, ni con las formas en que el deseo se orienta hacia su objeto, lo que no debe traducirse obligatoriamente en un conflicto identitario ni en una Disforia de género (DSM-V, 2014).

 

  Las formas en que la identidad se cristaliza a nivel del Yo y se sostiene en el transcurso de la vida, suele verse afectada por las modalidades fluctuantes de la sexualidad y por las condiciones histórico-culturales de la época en que el sujeto habita. Estas variables, modelan las prácticas sociales, sexuales y las formas en que se expresa el género, así como los modos de vinculación permitidos entre las personas.

 

  La falta de correspondencia entre los ideales y mandatos epocales, a los que adscribe un sujeto en una determinada cultura y las exigencias provenientes de la sexualidad, dieron lugar a aquello que Freud (1908) denominó doble moral sexual cultural (Von Ehrenfels, 2018) abriendo camino al estudio de las causas de la nerviosidad en la época moderna y el malestar en la cultura.

 

  Hoy en día, nos encontramos con problemáticas diferentes, como puede ser la diferencia existente entre la autopercepción que un sujeto tiene de su propio género, es decir, el género asumido subjetivamente y el sexo o género asignado al nacer, pudiendo configurarse esa diferencia como una fuente de sufrimiento. Si bien Freud hizo hincapié en como la diferencia sexual anatómica genera consecuencias psíquicas, y sobre esa diferencia en los cuerpos se centralizó la conceptualización del complejo de Edipo y de castración, hoy en día podemos permitirnos pensar en fuentes diferentes y diversas de la angustia que no reconduzcan únicamente al ordenador central del dimorfismo sexual.

 

 

Para seguir pensando…

 

  Las formas de satisfacción pulsional que se le imponen a un sujeto en tanto sexuado, expresan la multiplicidad y superposición de procesos, tantos intersubjetivos como intrapsíquicos, que dialogan con las elecciones generizadas del Yo. La sexualidad es un monólogo que, sin pretensiones de conversar, busca posibilidades de expresión.

 

  El desfasaje entre las dimensiones del género y la sexualidad puede provocar diversas tensiones y malestares que no se encuadran únicamente en la clásica definición de angustia “de castración” como salida del complejo de Edipo en el niño, o la entrada al Edipo en la niña.

 

  La angustia de una niña cuando recibe un trato diferenciado al que observa en el recibido por el varón; o cuando es desfavorecida en una aspiración de su Yo, sólo por ser niña, es una angustia que la sorprende −al menos inicialmente− sin recursos defensivos, y se reconduce a motivos de su género, anteriores al atravesamiento edípico.

 

  Nuestras aspiraciones actuales como sujetos, se ven moldeadas por la cultura vigente: las adjudicaciones y despliegue de los roles de género, así como la asunción de la diferencia sexual conllevan efectos subjetivos y desigualdad social (Fernández, 2022).

 

  Poder ampliar el concepto de angustia a otras vertientes que la las vías históricamente señaladas por el Edipo, nos permite como analistas abrir la escucha a malestares que efectivamente se experimentan y no se corresponden únicamente con una diferencia sexual anatómica simbolizada, sino con una desigualdad social que reparte lugares, roles de género y funciones opresivas o limitantes que podemos proponernos trabajar para no continuar siendo pasivos espectadores de escenarios naturalizados que describir y busquemos develar las “formas cristalizadas de las asimetrías de poder” (Meler, 2023).

 

  Para ello es importante reconocer los límites de nuestro discurso mediante la apertura al campo interdisciplinario y a los necesarios procesos de actualización frente a aquello que hoy en día interpela nuestro saber.

 

 

Bibliografía:

 

American Psychiatric Association (2014): Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5 (5.a ed.), Washington, D.C.

Dio Bleichmar, E., (1985): El feminismo espontáneo de la histeria. Madrid ADOTRAF, 1985.

Fernández, A. M. (2022): Psicoanálisis.De los lapsus fundacionales a los feminismos del siglo XXI. “2da. Edición, Buenos Aires, Paidós.

Freud, S. (1980): “Conferencia 33: La feminidad”. “Nuevas conferencias introductorias al psicoanálisis”. En Obras completas, tomo XXII. Buenos Aires, Amorrortu.

------------- (1959) “Sobre las teorías sexuales infantiles”, en Obras Completas, tomo IX. Buenos Aires, Amorrortu.

------------- (1993): “El sepultamiento del complejo de Edipo”. En O. C., tomo XIX. Buenos Aires, Amorrortu.

Lampl de Groot, J., (1933): “Contribuciones al problema de la feminidad”. Y “La evolución del Complejo de Edipo en las Mujeres”. Buenos Aires. En Psicoanálisis y sexualidad femenina, Hormé/ Paidós, 1967.

Laplanche, J. (2016): “El género, el sexo, lo sexual”. En Revista Alter. 5 de septiembre.

Laplanche, J. y Pontalis, J. B., (1996): Diccionario de Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós.

Meler, I., (2005): “El estatuto teórico del cuerpo en los estudios psicoanalíticos de género”. Actualidad Psicológica, Buenos Aires, año XXIX, N° 335.

---------  (2023): Géneros y deseos en el siglo XXI, Buenos Aires, Paidós.

Von Ehrenfels, C. (2018): “Ética sexual”, disponible en “books.google.es”

 

 

Foto*: https://expansion.mx/tendencias/2018/05/04/por-que-las-ninas-pueden-ser-masculinas-pero-los-ninos-no-pueden-ser-femeninos

 

 

 


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