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La crueldad como herencia: genealogías de la maternidad

21/04/2026- Por Elizabeth Ceneri, Alejandra Akar, Mariana Buceta y Marina Kotliar -

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Este trabajo incorpora aportes desde la perspectiva de género para una clínica psicoanalítica situada. Se pretende problematizar aspectos vinculados a la construcción histórica de las subjetividades sexuadas como femeninas y el ejercicio de la maternidad, ubicando el lugar de la crueldad como categoría conceptual en clave intergeneracional, en el vínculo entre madres e hijxs. Desde lo epistemológico se toman los aportes en diálogo de las teorías de género y psicoanálisis, con una mirada en clave histórica desde una dimensión política teniendo en cuenta las posiciones de poder, una epistémica vinculada a la producción de conocimiento y una ética que propone al otrx como semejante en paridad. ¿Esta crueldad se instala como una modalidad vincular, entre otros aspectos por las diferencias desigualadas de género?

 

                         

                           Foto del colectivo “Historias Desobedientes”, por Soledad Quiroga*

 

 

 

“Si las cosas siguen así −le dijo a Eréndira− habrás pagado la deuda dentro de ocho años, siete meses y once días.

Volvió a repasar sus cálculos con los ojos cerrados rumiando los granos que sacaba de una faltriquera de jareta donde tenía el dinero y precisó:

- Claro que todo eso sin contar el sueldo y la comida de los indios, y otros gastos menores.

Eréndira, que caminaba al paso del burro agobiada por el calor y el polvo, no hizo ningún reproche a las cuentas de la abuela, pero tuvo que reprimirse para no llorar.

- Tengo vidrio molido en los huesos −dijo−.

- Trata de dormir.

- Sí, abuela.

Cerró los ojos, respiró a fondo con una bocanada de aire abrasante, y siguió caminando dormida”.

 

(fragmento del cuento: “La increíble y triste historia de la Candida Eréndira y de su  abuela desalmada”, de Gabriel García Márquez)

 

 

  Son múltiples los desafíos en la sociedad contemporánea que conducen a una continua revisión crítica por parte del psicoanálisis en relación a sus fundamentos. Se hace necesario revisar qué aportes puede continuar sosteniendo en tiempos complejos en donde el reconocimiento del semejante en tanto sujeto ético (Bleichmar, 2000) parece estar en jaque y se modifica de modo permanente aquello que da sentido al sostenimiento del lazo social.

 

  Asimismo, en escenarios sociales actuales, transversalizados por la pluralidad, se observa la proliferación de voces esencialistas que buscan desdibujar y anular la agenda de derechos en su sentido más amplio, lo que hace carne en cada persona que llega a los espacios de análisis. Derroteros de crueldades y violencias macro estructurales que se encarnan en lo cotidiano y determinan relaciones intersubjetivas.

 

  Este trabajo pretende problematizar aspectos vinculados a la construcción histórica de las subjetividades sexuadas como femeninas y el ejercicio de la maternidad. Se plantea la discusión teórica-clínica acerca del lugar de la crueldad como categoría conceptual en clave intergeneracional, en el vínculo entre madres e hijas.

 

  Como discusión epistemológica, se toman los aportes en diálogo de las teorías de género y psicoanálisis que proponen una mirada en clave histórica, desde una dimensión política que tiene en cuenta las posiciones de poder, una epistémica, vinculada a la producción de conocimiento sobre el tema, y una ética que propone al otro como semejante en paridad.

 

  Las viñetas clínicas incluidas en este trabajo se inscriben en la casuística construida por las autoras a lo largo de más de veinte años de práctica en consultorio. No se trata de la exposición literal de historias clínicas ni de pacientes identificables, sino de recortes y reelaboraciones narrativas con fines estrictamente académicos y teóricos, elaboradas a partir de la experiencia profesional acumulada.

 

  En todos los casos se han suprimido o modificado datos singulares que pudieran permitir cualquier forma de reconocimiento, preservando la confidencialidad y el secreto profesional. Dado que muchas de las situaciones referidas corresponden a procesos ya concluidos y reconstruidos de modo no identificable, su inclusión responde a criterios éticos de resguardo de identidad sin comprometer su validez clínica.

 

 

El consultorio atravesado por la crueldad

 

“Llegaste con una sonrisa enorme y blanca de dientes perfectos, en una boca rojo bermellón. Tu pelo negro azabache, tu ropa humilde y prolija. Te acomodas en la silla y me cuentas de tus historias de abuso y encierro, cuando tu padre te violó y al segundo intento no pudo porque tu madre se dio cuenta y lo echó de la casa. Luego vino el encierro, ¿cómo modo de cuidarte?, acompañado por la frase “¡Quién te va a querer violada!” Por más de una década no saliste de tu casa más que para hacer mandados con tu madre”.

 

  ¿Qué efectos trajo este encierro? Podemos decir que hemos observado en nuestra clínica como el encierro dejó marcas subjetivas y también efectos visibles en la expresión y en el lazo con otros. En algunas pacientes se puede observar dificultades en el habla, cierta trabazón en la pronunciación y obstáculos para articular con claridad algunas palabras. En el plano vincular, pueden advertirse modalidades de relación atravesadas por una confianza poco mediada, una posición de notable ingenuidad y una escasa posibilidad de filtrar o resguardar lo propio frente al otro.

 

  Nora Levinton (2000), sobre la cuestión del superyó femenino en tanto ordenador subjetivo e intrapsíquico de normas y valores, sostiene que la etapa preedípica es muy importante ya que es la madre quien transmite, tanto de manera conciente como inconsciente, sus propias normas, valores y expectativas sobre lo que significa ser mujer.

 

  Asimismo, la madre actúa como modelo de feminidad para la hija a través de sus comportamientos, actitudes, elecciones y acciones. En este sentido podemos decir entonces, que la madre transmite un modelo de feminidad que dentro de los imaginarios patriarcales supone también un modelo de cómo ser madre, en tanto uno de los mitos de la feminidad es mujer=madre.

 

bbAna María Fernández (1993) remarca el carácter socio histórico de las significaciones en torno a la maternidad, donde los imaginarios sociales sostienen mitos biologicistas y esencialistas. Las estructuras que sostienen este mito sobre lo innato del instinto materno se refieren en primer término a la ilusión de naturalidad, ligada a la condición biológica del aparato reproductor femenino. En este aspecto se toma la maternidad como destino y se puede ver el efecto del mito, que invisibiliza otras formas de maternar, pautando modelos hegemónicos a seguir.

 

  Si la maternidad es mandato y destino, si no hay espacio posible para elegir, ¿en qué condiciones algunas mujeres maternan? Si hay “deseo de no hijo”, cómo conceptualiza Graciela Reid (2019), ¿cómo se resuelve cotidianamente la gestión de la maternidad? ¿Qué se transmite?

 

  Podríamos decir que las modalidades de crianza cuando se tornan crueles, pueden producir un anudamiento entre deseo y dolor en las niñeces. Un anudamiento que puede facilitar el armado de vínculos atravesados por el sometimiento, quedando el sujeto objetualizado y a merced del otrx. Esta posición lx ubica en clara desventaja en los modos de relación con lxs otrxs y con el mundo.

 

  Si estas modalidades son rastreadas en la historia familiar en una genealogía de mujeres, podemos decir que la crueldad es herencia y también mandato. En tanto es lo único que se conoce y es naturalizado como modos de “maternar” (Lo Russo et al., 2022).

 

Una genealogía de mujeres en una familia en diferentes épocas, toma decisiones crueles respecto de sus hijas, echando a una hija por quedar embarazada por fuera del matrimonio, obligando a otra a casarse con su violador y a otra encerrándola por más de una década.

 

  En su canción “¿A dónde van?”, Silvio Rodríguez se pregunta por “las palabras que no se quedaron”, y esa formulación poética abre un interrogante decisivo para pensar la dimensión psíquica de lo no dicho. No se trata solamente de palabras ausentes, sino de aquello que no encuentra autorización para advenir en el campo del lenguaje: lo prohibido, lo no habilitado, lo que no puede ser formulado sin amenaza de pérdida, castigo o desamor.

 

  En ese punto, la pregunta por el destino de las palabras retenidas puede enlazarse con el destino de la pulsión hostil cuando su manifestación queda vedada. Si la hostilidad no puede tramitarse, ligarse o encontrar inscripción simbólica, no desaparece; se repliega, se silencia y puede transformarse en un malestar sordo, persistente, a veces naturalizado, que se vuelve parte del suelo mismo de la subjetividad.

 

  Así, aquello que no pudo decirse ni desplegarse como conflicto retorna bajo otras formas: inhibición, padecimiento, silenciamiento de sí, o modalidades vinculares organizadas alrededor de una renuncia excesiva.

Pensar las subjetividades alojadas en el silencio exige entonces interrogar no sólo lo que fue callado, sino también el destino psíquico de una hostilidad que, al no poder ser reconocida ni simbolizada, queda encapsulada y produce sus efectos desde la sombra.

 

  Siguiendo los aportes de Mabel Burin (1996) se plantea que se inscriben en el psiquismo desde edades tempranas diferentes mandatos que se ligan a una posición de sometimiento en las relaciones de poder. Esto se traduce en que se asignan posiciones específicas en la manera en que las mujeres van a poder despegar su condición deseante y la afectividad. Esto va a involucrar aspectos disímiles como lo hostil o lo amoroso. El fin de la pulsión hostil cae bajo la represión o se vuelve contra sí misma.

 

  Ciertos lugares que otorgan identidad a lo femenino, adjudicados por la cultura patriarcal, no pueden ser interrogados: la maternidad, la sumisión, la abnegación, los cuidados de lxs otrxs, la bondad, la dulzura. Queda así el ser femenino subyugado, adherido a estos mandatos. No hay lugar así para el cuestionamiento, la contradicción ni para la expresión de las mociones hostiles.

 

 

La herencia de la mala sangre

 

En la primera entrevista le cuesta hablar, no para de llorar. Una compañera del trabajo la insulta y hostiga constantemente desde hace tiempo. Dice que ya no aguanta más. Tuvo una crisis al salir del trabajo, se descompuso estando en la calle, se desmayó, llamó a su madre, alguien llamó al SAME. Ante los médicos que la asisten y le sugieren una consulta con psiquiatría y psicología, le dice a su madre que se quiere morir. Esta le contesta “matate”.

 

  ¿Qué es la herencia? ¿Qué heredan lxs hijxs de sus madres? Hay quienes relacionan lo hereditario con los genes. La sangre establece el parentesco entre generaciones como hilo conductor. La herencia también implica modelos, una cierta cultura familiar, formatos, modos de relación, mandatos. Aquello que se transmite tempranamente en la crianza. Una herencia, que por momentos se torna mortífera, inscripta en la novela familiar como algo que insiste en la sangre y también como modelo vincular.

 

  En la obra de Griselda Gambaro (1982), La mala sangre que es un muestrario de humillaciones y hostigamientos contra los más débiles, aparece el silencio cómplice y quienes pagan con su propia vida el propio deseo y las ansias de lucha y libertad. Al igual que algunxs de lxs hijxs de genocidas de la última dictadura militar, que han solicitado a la justicia retirar el apellido de sus progenitores (Mannarino, 2017).

 

  Ellxs han sido acompañadxs en un recorrido personal y social en el que organismos de Derechos Humanos han marcado un camino de reparación, memoria, verdad y justicia. Son hijxs de la crueldad genocida, pero han elegido dejar de serlo (Rodríguez, 2005).

 

  “La crueldad siempre implica un dispositivo sociocultural" (Ulloa, 2005, p.1). Y podríamos agregar que con impactos en la organización psíquica. En este sentido, quien debe transitar individualmente, se encuentra en una situación diferente. Allí donde el estigma y la crueldad se instalan en lo singular, la psiquis padece y el cuerpo se enferma. En algunas ocasiones la sangre se crispa cuando la herencia es mortífera.

 

  En el consultorio, nos hemos encontrado con mujeres, hijas, nietas que han sido maternadas con crueldad, algunas de ellas presentan trombosis, púrpura o lupus, todas enfermedades autoinmunes vinculadas con la sangre. Sostenemos que en análisis la propuesta es desanudar estos modos alienantes que se establecen en lo vincular.

 

De niña su madre la maltrataba verbalmente, le decía que hacía todo mal, que no servía para nada, la molestaba haciendo comentarios sobre su cuerpo, le negaba comida para que adelgazara, la insultaba, no le permitía llorar.

 

  Si la maternidad es el destino de la mujer, ¿cuántas de ellas quedaran atrapadas en la encerrona cruel de aquello que les fue designado por lo transmitido, por mandato? Atravesamiento social, transgeneracional, intergeneracional.

 

 

Los efectos de la crueldad y el des-auxilio

 

  El modo cruel traspasa generaciones y los linajes de la crueldad se repiten normalizando así el vínculo, arrasando subjetividades y configurando un cierto modo de lazo.

 

  En sesión esta paciente se referirá sobre su hija diciendo: “es una pelotuda”, la analista le señala esto y ella reconoce ese modo violento y cruel que le fue dado/heredado estoy haciendo lo mismo, yo no quiero eso”. Del mismo modo en que había criado su abuela a su madre. Crianzas/crueldad que se repiten generacionalmente.

 

  Ulloa (2002) diría, golpean con las palabras. Crueldad, modo vincular que atraviesa generaciones que establece modo de ser y pertenecer en los vínculos, quedando atrapada en una lógica de repetición que no cesa de no inscribirse en la trama familiar, naturalizando e invisibilizando el maltrato.

 

  Hay madres que no pueden ayudar porque no han sido ayudadas. El des-auxilio, la ausencia amorosa del otro, la indiferencia, el destrato son modos de humanizar, socializar y subjetivar, entonces ¿cómo salir de esa encerrona cruel? Será la pregunta en análisis que posibilite otro posicionamiento subjetivo como promoción de su propia verdad. Pensar la crueldad para no psicopatologizar.

 

  Cuando el Otro de los primeros cuidados, por diferentes razones, se ve impedido de ofrecerle al niñx su cuidado amoroso y a su vez éste, no puede llenar aquellos vacíos libidinales, se puede configurar un Yo de manera reactiva, una herida siempre abierta. En psicoanálisis, el analista intentará pasar de la herida a la cicatriz como una forma de reparación.

 

 

A modo de conclusión

 

  Las viñetas compartidas en este artículo, nos muestran una genealogía de mujeres que sostienen diferentes crueldades, desalojos reales y subjetivos, encierros, culpas y humillaciones.

 

En este recorte casuístico, podemos observar que en el proceso de análisis, las pacientes que traen padecimientos vinculados a madres crueles y ellas mismas se reconocen “repitiendo la historia”, hay presente un linaje de mujeres que maternaron en des auxilio.

 

  No se trata de un juicio moral, sino de una lectura clínica que intenta aportar a la conceptualización de este fenómeno que aparece con más frecuencia en la consulta. Si desnaturalizamos la maternidad y la ubicamos en el lugar de deseo, nos permitiremos interrogar(nos) sobre el lugar abnegado, tierno y de entrega absoluta de una madre. 

 

  Hemos asistido a diferentes modos de heredar y entendemos que se puede recibir una herencia y problematizar en tanto que el espacio de análisis como territorio de lo reparatorio y amoroso habilita la posibilidad de armar una trama intergeneracional y singular que permite recomponer lo dañado.

La sangre nos hace parientes, pero no nos hace familia (Butler, 2004) y esto abre posibilidad a elegir con quien armar lazo y trama afectiva.

 

  Como analistas, se requiere poder ofrecer una escucha atenta y minuciosa, alojar al sujeto y su sufrimiento, reconocerlo. Pesquisar y resignificar pequeños detalles se torna necesario para restaurar la trama dañada. Dar entidad al dolor. El tiempo que transcurre en el espacio de análisis, el encuentro entre paciente y analista, abre la trama discursiva, las palabras van entretejiendo la historia del sujeto, en la búsqueda reparatoria de su propio existir. Reescribir lo propio.

 

  ¿Cuál es nuestra posición como analistas frente a la crueldad? El lugar de la terceridad por la vía del amor de transferencia, el rescate subjetivo posibilitado por el reconocimiento y el alojamiento de esos dolores será la tarea a seguir para reparar esas subjetividades devastadas, arrasadas, la fragilidad yoica, la dependencia, la dificultad en lo vincular.

 

  Creemos que la ternura puede pensarse como la contracara de lo cruel, en tanto vía privilegiada de lo ético, allí donde el otro adviene como semejante y no como objeto de descarga, dominio o mortificación. Desde esta perspectiva, en ciertas genealogías femeninas lo que insiste y se transmite no es una disponibilidad amorosa hacia el cuidado, sino un pacto siniestro que organiza los modos de maternar y de tramitar la maternidad bajo la lógica de la crueldad.

 

  En esas tramas, la ternura aparece obturada, como si no hubiese condiciones psíquicas para habitarla, recibirla o transmitirla. Así, más que un accidente o una excepción, la ausencia de ternura se vuelve un organizador silencioso de los vínculos, reproduciendo modalidades de sufrimiento que se heredan menos como mandato explícito que como forma incorporada de relación con el otro.

 

  En el trabajo clínico, alojar estos padecimientos supone abrir una interrogación decisiva: que la herencia no equivale al destino, que aquello recibido no clausura la posibilidad de una invención subjetiva, y que allí donde una trama generacional fijó la repetición de lo cruel, puede advenir también la posibilidad de producir otra cosa.

 

 

Bibliografía de referencia:

 

Bleichmar, S. (2000). Clínica psicoanalítica y neogénesis. Buenos Aires: Amorrortu.

Burin, M. (1996) “Género y Psicoanálisis: subjetividades femeninas vulnerables. Psicoanálisis, estudios feministas y género”. Disponible en: http://www.psicomundo.com/foros/genero/subjetividad.htm

Butler, J. (2004). Deshacer el género. Cap. 5 “¿El parentesco es siempre heterosexual de antemano?” Buenos Aires, Paidós.

Fernández, A. (1993). La mujer de la ilusión, Buenos Aires: Paidós.

García Márquez, G. (1972) La increíble y triste historia de la Candida Eréndira y de su abuela desalmada, Buenos Aires, Sudamericana.

Gambaro, G. (1982) La malasangre. Obra teatral. Disponible en:

https://dramaticas.una.edu.ar/assets/files/file/artes-dramaticas/2015/2015-ad-una-gambaro-griselda-la-malasangre.pdf

Levinton, Nora. (2000) El Superyó femenino. La Moral de las Mujeres. Madrid, Biblioteca Nueva.

Lo Russo, A; Arias, D; Borquez, D; Ceneri, E; Rur, A (2022) “Modalidades Vinculares de la Crueldad”. Disponible en:

https://www.elsigma.com/genero-y-psicoanalisis/modalidades-vinculares-de-la-crueldad-en-la-gestion-de-la-maternidad-intervenciones-de-analistas-con-perspectiva-de-genero/14234

Mannarino, J. (12 de mayo de 2017) “Mariana, la hija de Etchecolatz. Marché contra mi padre genocida”. Revista Anfibia. https://www.revistaanfibia.com/marche-contra-mi-padre-genocida/

Reid, G. (2019) Maternidades en tiempos de des(e)obediencias. Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Ed. Noveduc, Buenos Aires.

Rodríguez, C. (10 de agosto de 2005). “No puedo perdonarle que nos haya acariciado cuando volvía de matar”. Página 12. https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-54880-2005-08-10.html

Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires: Prometeo libros.

Ulloa, F. (2002) “Salud mental como variable fundamental en política”,

Conferencia en la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires.

Ulloa, F. (2005) “Sociedad y crueldad”. En Seminario internacional La escuela media hoy. Desafíos, debates, perspectivas. Huerta Grande, Córdoba.

Panel: “Brecha social, diversidad cultural y escuela”. Disponible en:

http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL002016.pdf

 

 

Arte*: Soledad Quiroga es fotógrafa profesional y narradora visual. Aborda tópicos esenciales y entrelazados de: espacios, vínculos y memoria. @laimagencomopregunta @behance.net/solequiroga

https://latinta.com.ar/2018/06/07/hijas-e-hijos-de-genocidas-la-historia-se-reconstruye/

 

 

 

     


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