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La importancia de llamarse Ida, alias Dora: entrevista a Katharina Adler

17/05/2023- Por Pablo Zunino - Realizar Consulta

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Sobre Ida Bauer y sobre Dora, si se quiere la misma y, también, dos personajes distintos, elsigma.com le realizó el siguiente reportaje a Katharina Adler ‒su bisnieta‒, que ha escrito la biografía novelada "Ida". Queda plasmada una óptica diferente y enriquecedora de aquellos encuentros en Berggasse 19, versionando así desde su mirada crítica la incidencia de Freud en aquel tramo analítico de Dora, y dando cuenta de algunos datos biográficos de la familia.

 

 

     

                    Katharina Adler                                      Ida Bauer

 

 

  La “sordera” que Freud se atribuye respecto del intenso lazo libidinal entre Dora y la Sra. K fue decantando, con el paso de las décadas, en cierta doxa según la cual fue un tratamiento mayormente fracasado. Este último lugar común queda severamente cuestionado luego de la regocijante lectura de “Ida”, biografía novelada escrita por su bisnieta, Katharina Adler, que fue publicada por Otro Cauce, con traducción de Carolina Previderé, con apoyo del Goethe-Institut.

 

  A juzgar por la reconstrucción realizada por Katharina, la vida de Ida Bauer (alias Dora, para Freud, por razones de necesaria discreción) fue “más posible” luego del tratamiento con Freud, y eso que no la tuvo nada fácil en los capítulos posteriores al abandono del tratamiento, incluyendo intensos derrumbes económicos e inesperadas resurrecciones laborales, exilio en varias etapas, muertes cercanas, persecuciones y azotes varios magistralmente contados por Katharina y con la persistencia de tosecitas, jaquecas y asquitos que la hicieron consultar, pero ya con menor o con otra consistencia y sin que le impidieran hacerle frente con mejores armas a las dificultades de la vida, y vaya vida.

 

  La novela amplía muchos de los datos que aparecen en el historial e ilumina sobre todo lo que pasó luego del tratamiento hasta llegar a la muerte de nuestra heroína, ocurrida en 1945 en New York.

Sobre “Ida” y sobre Dora, si se quiere la misma y, también, dos personajes distintos, elsigma.com le realizó el siguiente reportaje a Katharina Adler, que estudió Historia de la Literatura Norteamericana en la Universidad de Munich y en el Instituto Alemán de Literatura de Leipzig.

 

                             

 

 -Por favor, díganos dónde nació usted, dónde vive actualmente y cómo llegó a escribir.

 

-Nací en Múnich, donde vivo actualmente después de un tiempo en Leipzig y Berlín. Estuve interesada en escribir toda mi vida y comencé a dibujar mis primeros textos durante mi adolescencia. Después de graduarme estudié escritura creativa en Leipzig.

 

-¿Cuáles son los géneros literarios a los que se dedicó?

 

-Me he probado en un par de géneros, pero ahora me he acostumbrado a escribir novelas. “Ida” fue la primera. También escribo guiones. No tengo otra ocupación aparte de eso, tampoco en la universidad.

 

-¿Cuándo fue la primera vez que supo de la existencia de su bisabuela? ¿Cómo describiría lo que usted sintió?

 

-Ella murió en 1945 y yo nací en 1980, o sea que, obviamente, no la conocí. Mi padre apenas llegó a conocerla. Él era un niño pequeño cuando ella falleció. Fue solo en mi adolescencia cuando pude atar cabos respecto de que mi bisabuela Ida y Dora, la paciente de Freud, eran la misma persona. Apenas se hablaba de ella en nuestra familia.

Mi padre se encontró con este hecho por casualidad casi, cuando un psicoanalista británico lo llamó y le pidió que le contara más sobre su abuela Ida, ya que era la Dora de Freud. Mi padre había leído el caso en la universidad sin saber que estaba leyendo acerca de su historia familiar. Después de la llamada, mi padre habló con su padre al respecto y mi abuelo Kurt, el hijo de Ida, lo negó todo. O mi abuelo no sabía sobre el tratamiento de su madre con Freud o se negó a hablar de ello. Dado que la historia que Freud cuenta es bastante íntima, incluso inquietante, es bastante comprensible que mi abuelo no dijera una palabra al respecto.

 

-¿Cómo y por qué se le ocurrió la idea de escribir una biografía novelada acerca de Ida?

 

-Antes de estudiar escritura creativa, estaba inscripta en cursos de literatura estadounidense en Munich. Inspirada por estos cursos, comencé a leer la amplia literatura teórica estadounidense sobre el Caso Dora, mientras que en alemán hay muy poco material por el estilo. Cuando leí esos textos, me di cuenta de que todo el mundo estaba escribiendo sobre la Dora de Freud, mientras que casi nadie estaba interesado en Ida, la verdadera persona detrás del caso. Pero yo sabía que su vida era interesante más allá de su corto tiempo en Berggasse 19. Mientras tanto, también me sumergí en la escritura de ficción y, en algún momento, estos dos intereses míos se fusionaron. Una vez que tuve la idea, me llevó diez años investigar y escribir la novela.

 

-¿A qué fuentes recurrió para recrear la historia de Ida? ¿Colaboró vuestra familia en el proyecto?

 

-Sigo diciendo que, respecto a las fuentes que utilicé, cualquiera podría haber investigado la historia de Ida. La información estaba ahí: archivos históricos, correspondencia, etcétera. Mi familia no pudo colaborar, porque mi abuelo, el único hijo de Ida, ya había muerto en 1988 y nadie más había llegado a conocerla. Incluso si mi abuelo hubiera estado vivo, supongo que no habría hablado de ese tema, con lo cual tampoco hubo ninguna posibilidad de algún tipo de transmisión oral a lo largo de las generaciones. Parte del proyecto consistía, entones, en iluminar la vida de Ida no sólo para mí sino también para mi familia.

 

-¿Cuándo leyó el historial psicoanalítico escrito por Freud? ¿Qué impresión le causó?

 

-La primera vez que leí el Caso Dora fue a los veinte años, así como también la amplia bibliografía sobre el estudio del caso. Por aquel entonces sólo sentía curiosidad por la historia de mi familia. Más tarde, como preparación para escribir la novela, lo releí varias veces. Por un lado y en primera instancia, me impresionó lo matizado que era el texto. Por otro lado, cuanto más profundizaba en el texto más percibía la mirada patriarcal y la misoginia no sólo de Freud sino también de la época.

 

-¿Lo volvió a leer después de escribir su libro?

 

-Como pasé tanto tiempo con el Caso Dora antes de mi libro, casi me sé de memoria al texto. Por eso no volví a leerlo. Para mi novela decidí darle voz a Ida. En los capítulos que tratan acerca de su psicoanálisis decidí que Freud sólo hablara de un modo indirecto, mientras que las palabras de Ida son en lenguaje directo.

 

- ¿Qué opina de las conclusiones de Freud sobre el tratamiento de Ida?

 

-Ha habido varias lecturas feministas acerca del tratamiento de Ida. Y en general me uno a esas opiniones respecto de que las conclusiones de Freud sobre Ida son muy problemáticas, por no decir otra cosa. Ida tenía todo el derecho a poner fin a su tratamiento. Por otro lado, hay que tener en cuenta que mi bisabuela fue una paciente muy temprana en la carrera de Freud, quien revisó sus técnicas de psicoanálisis a lo largo de los años, así como también su visión respecto de las mujeres.

Dicho esto, es importante subrayar que Freud estaba más interesado en publicar sus descubrimientos y en ganarse una reputación de pionero que en proteger a su paciente. Nunca pidió permiso para escribir sobre Ida y parece que estaba más interesado en dar un ejemplo vívido a su “Interpretación de los Sueños” que en ayudar a Ida. También tengo la sensación de que Freud sentía cierto resentimiento hacia Ida, que terminó abruptamente su tratamiento, lo que debió de herir la vanidad de Freud. Además, perdió una fuente de ingresos en una época en la que apenas ganaba dinero y tenía una familia numerosa que mantener.

 

-¿Usted pasó por la experiencia de un tratamiento psicoanalítico? ¿Cree que su libro ha contribuido de algún modo al psicoanálisis?

 

-No me sometí a psicoanálisis. Francamente, no creo que me hubiera ayudado a escribir mi libro. Desde 1900, cuando Ida acudió a Freud, el psicoanálisis se ha desarrollado en muchos sentidos. Como ya dije, justo luego de que Ida terminó su tratamiento, Freud mismo cambió fundamentalmente su técnica: mientras que en las sesiones con Ida hablaba mucho, poco después decidió que debía escuchar más y dejar que el paciente sacara la mayoría de las conclusiones. Creo que mi novela ha contribuido a la historia del psicoanálisis en la medida en que ilumina los primeros años de Freud y da voz y una vida matizada a una paciente suya, que fue reducida a la “paciente Dora" durante demasiados años.

 

-¿Qué parte o detalle de la historia de Ida le sorprendió más?

-Sabía que había sido una famosa paciente de Freud y conocía sus momentos duros, como cuando tuvo que huir de los nazis por ser una judía austriaca. Lo que no sabía y lo que realmente me sorprendió es que era muy hábil en los negocios y que dirigía un salón de bridge comercial que mantenía a toda su familia, incluido su marido, que no tenía talento para ganar dinero.

 

-¿En qué se parecen Ida y Dora? ¿Y qué diferencias hay entre ellas?

 

-Dora es una figura artificial de Freud. La modeló para que sirviera a sus propósitos. Quería mostrar cómo funcionaba su teoría de los sueños en la práctica. Además, Dora, una adolescente, sólo existió durante un breve período mientras Ida se sometía a tratamiento y Freud escribía acerca de ella. Ida, sin embargo, vivió hasta los 63 años. Se casó, fue madre de un hijo y tuvo una gran actividad política, muy influida por su hermano, Otto Bauer, que fue un destacado marxista austríaco, así como también Ministro de Asuntos Exteriores de Austria tras la Primera Guerra Mundial. Ida gestionó las pertenencias de su hermano cuando Otto tuvo que exiliarse y se convirtió ella misma en una refugiada, que tuvo que emigrar primero a Francia y luego a los EE. UU vía Marruecos. Se estableció en Chicago, donde vivía su hijo, mi abuelo, que llegó a ser director de la Opera de Chicago, y ella también fue testigo del nacimiento de sus dos nietos. En cierto modo, su vida encarna el típico destino judío de principios del siglo XX.

 

-Por su gran espesor, son todos personajes muy atrapantes esos que aparecen en su novela, que además tiene un estilo de escritura muy cinematográfico, con descripciones muy detalladas, yendo por ejemplo desde el vestuario hasta la arquitectura, pasando por las comidas y por todo tipo de usos y costumbres de la época; al leer uno se imagina perfectamente los “escenarios” donde transcurrió la existencia de Ida: principalmente Viena o Chicago tal como eran esas grandes ciudades en el siglo pasado, así como también los lagos y lugares de vacaciones donde los “protagonistas” solían pasar los veranos. ¿Ha pensado alguna vez en adaptar la historia para alguna miniserie de plataformas tipo Netflix?

 

-Hubo cierto interés en convertir la historia de Ida en una película o en una miniserie. Por desgracia, las historias históricas son muy difíciles de financiar, ya que suelen ser muy caras. Sin embargo, hay una serie actualmente en Netflix que está relacionada de alguna manera con Ida. “Transatlantic” cuenta la historia del Comité de Rescate de Emergencia, que ayudó a artistas e intelectuales a escapar de los nazis, entre ellos el pintor Max Ernst, los filósofos Hannah Arendt y Walter Benjamin, y Marcel Duchamp. Ida Adler, de soltera Bauer, también se contó entre esos asistidos que tuvieron que irse al exilio. Gracias a este comité pudo embarcar en uno de los últimos buques que salían de Marsella.

 

 

 


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