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La excomunión02/12/2002- Por Elena Jabif - Realizar Consulta
Oscar Masotta en su Prólogo a la primera edición castellana del Seminario XI, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, había escrito que Lacan había sabido "convertir en proyecto teórico la anécdota que podría confundirse con mera política de instituciones". Historia de traiciones y lealtades, donde Lacan es echado de la Sociedad Psicoanalítica.
Esta historia de miserias del lazo social entre analistas, no se redujo a la historia pequeña de las Sociedades Psicoanalíticas porque Lacan produce con eso un proyecto teórico que ustedes van a recorrer a través de nuestro seminario, quizás podríamos aventurar que nuestro texto es el duelo mismo que Lacan atraviesa cuando la enseñanza es sometida por un organismo, llamado Comité Ejecutivo (de la Asociation Psychological International) a una proscripción, considerada nula en todo lo tocante a la habilitación de un psicoanalista, es más, le impone como condición que su afiliación a la I.P.A. sólo será aceptada si se dan garantías de que su enseñanza nunca (ésto lo resalta Lacan) podía por intermedio de la Internacional entrar de nuevo en actividad para la formación de analistas, dice Lacan, que este movimiento político se trató de algo comparable a lo que en otros sitios se llama Excomunión mayor (aclarando que cuando se usa este término siempre tiene posibilidad de remisión).
Cito a Lacan: "En lo que toca a los fundamentos del psicoanálisis mi seminario estaba implicado en ellos. Era uno de sus elementos, puesto que contribuía a fundarlo en concierto; puesto que formaba parte de la propia praxis, que le era inherente; puesto que estaba dirigido a lo que es un elemento de esta praxis a saber: la formación de psiconalistas". Excomunión mayor, define Lacan, término indicativo que transmite la arista, no sólo política sino también religiosa de esa decisión. Lacan aclara, que no está diciendo que la comunidad psicoanalítica es una Iglesia, "sin esfuerzos -nos dice esto- no es imposible ya que inexorablemente nos tenemos que preguntar lo que en ella hay de práctica religiosa.
Lacan se reconoce en la historia de Spinoza quien fue también objeto del Kherem (excomunión) el 27 de julio de 1956. ¿Quién era Baruch Spinoza? Spinoza nació, como muchos de ustedes sabrán, en 1632 y murió en 1677, a los 44 años. Spinoza, el filósofo proscripto. A trescientos cincuenta años del nacimiento de Baruch Spinoza, puede decirse que sus brillantes observaciones sobre la naturaleza humana se adelantaron en cierto modo a los descubrimientos del Psicoanálisis. Consciente de que su filosofía se encontraba ampliamente adelantada para su época, decidió vivir tan discretamente como le fue posible para no levantar excesiva polvareda. Aunque esto ocurrió con posterioridad a los hechos que hemos de relatar. Era descendiente de los judíos expulsados de la Península por los Reyes católicos. Se educó en la comunidad hebrea de Amsterdam y siguió las enseñanzas tradicionales del talmudismo. Adquirió un amplio conocimiento de la cábala y de la filosofía judía medieval, así como de la escolástica cristiana, las tendencias platónicas renacentistas y las nuevas ciencias con inclusión del cartecianismo. El medio del que procede y el ambiente en el que vivió son muy complejos. Dominan en él las preocupaciones religiosas, pero con ciertos matices que hay que precisar.
Los judíos portugueses, de los que procede Spinoza, para escapar a la Inquisición que los amenazaba fueron a establecerse a Amsterdam hacia fines del Siglo XVI. Casi todos eran descendientes de marranos (judíos obligados a convertirse al cristianismo) y que seguían siendo en su interior, judíos. Recibió una brillante educación. Estudió lenguas clásicas y hebreo, además de la historia política, religiosa y crítica del judaísmo. Estudió la Torá y el Talmud en la sinagoga como todos los jóvenes judíos de su tiempo. Por su despejada inteligencia su familia abrigaba la esperanza de que llegara a convertirse en un rabino. Su clara inteligencia le hizo entrever en la tradición judía una multitud de dudas que no le supieron resolver. Al contrario, sus atrevidas ideas causaron revuelo al ser conocida por el consistorio israelita de Amsterdam y se le pidieron explicaciones sobre las opiniones que se le atribuían. Tenía Spinoza quince años -una edad en que las conductas inhumanas de los hombres golpéan con más fuerza- cuando fue testigo de un episodio que lo marcaría para siempre e influiría sobre su propia conducta cuando le tocara pasar por una situación similar. Le tocó asistir a la pública humillación de Uriel da Costa, un judío que había sido educado católico en Portugal.
En Amsterdam posteriormente se había sometido a la circuncisión, ingresando a la comunidad judaica. Más tarde, desilusionado de la nueva fe, retornó al catolicismo. Pasado un tiempo, nuevamente quiso volver a la comunidad judaica, pero ésta -como da Costa había expresado dudas sobre la inmortalidad del alma- le exigió que antes sufriera un adecuado castigo. Lo que fue aceptado por él. El castigo consistía en una confesión en voz alta de sus errores. Mientras la comunidad cantaba, además fue amarrado a una columna y recibió treinta y nueve latigazos. Después debió acostarse en el umbral del templo y toda la congregación pasó por encima de él. Le dijeron luego que estaba perdonado. Volvió a su casa conmocionado y humillado, y se pego un balazo. Entre los rabinos que eran sus maestros en la Sinagoga se encontraba el famoso talmudista Moisés Morteira. Spinoza aprendió lo que constituye la educación literaria de su religión, es decir, hebreo, Filosofía judaica de la Edad Media, y la Cábala. Se dice que con sus preguntas y objeciones ponía en grave aprieto a los doctores israelitas, que veían en él, condiciones extraordinarias. La discrepancia, sin embargo, era más honda de lo que a primera vista parecía y ésto quedó demostrado al poco tiempo. El futuro rabino no sentía afección por aquellos estudios, y lo que a sus maestros al principio les pareció una genialidad prematura, trocóse en franca animadversión y odio, siendo pronto amenazado con la expulsión de la Sinagoga.
Nos adelantaremos a decir que al ser Spinoza excomulgado, tuvo la sensatez de no asistir a la ceremonia. Pero es preciso señalar que había hecho todo lo necesario para provocar tal excomunión. Cuando falleció su padre en 1654, se gano la vida con el pulido de cristales ópticos, como lo había hecho su admirado Descartes. Vivió en casa de un ex jesuita y librepensador de Amberes, Frans van den Ende, quien dirigía una Escuela Latina. Allí daba clase Spinoza a cambio de casa y comida. En ese ambiente estudiantil se discutían las ideas de Descartes y se leía asimismo a Maquiavelo y Hobbs. Spinoza se sentía atraído por esas ideas, sin ignorar el peligro que entrañaban para quienes las profesaban. Giordano Bruno había sido quemado en la hoguera por sus creencias y Galileo había acabado sus días bajo arresto domiciliario en una granja en las afueras de Florencia. Aunque en Holanda florecían sectas como los colegiantes y los menonitas, Adrien Koerbagh había sido juzgado únicamente por poseer una colección de "libros ateos que se mofaban de Dios". El fiscal había pedido una sentencia de 30 años, que le cortaran el pulgar derecho y le perforaran la lengua con una daga enrojecida al fuego. Koerbagh había sido condenado a diez años de prisión, pero en las condiciones pavorosas en que se encontraban las prisiones, murió al poco tiempo.
Compañeros de estudios relataron a Spinoza algunas de las opiniones poco ortodoxas que aquél sustentaba. Koerbagh había cometido el imperdonable crimen de leer a Maimónedes, a Ibn Ezra y a los filósofos de la España morisca que habían difundido la teoría panteista de la presencia de Dios en todas las cosas, y de todas las cosas en Dios. Los consejeros de la sinagoga le suplicaron que abandonara la lectura de libros peligrosos, así como la nuevas ideas y las amistades que podían llevarlo a la perdición. Spinoza se negó a obedecerles para disgusto de los rabinos que adoraban a ese alumno brillante pero rebelde. La Sinagoga Portuguesa contaba entonces con dos rabinos de gran prestigio. Menasseh ben Israel, alegre y gran estudios de la Cábala, y el ya mencionado Morteira, presuntuoso y arrogante. Este último lo citó en ausencia del primero -que hubiera podido interceder por él- y lo amenazó con la excomulgación. Este episodio, relatado por uno de sus primeros biógrafos -Colerus- dice que Spinoza, comprendiendo cabalmente la gravedad de la situación, se ofreció sin embargo a explicarle a Morteira cómo debían ser leídas las imprecaciones de la excomunión. La osadía de su ofrecimiento se refería al modo de pronunciación del hebreo contemporáneo, que no correspondía al de la época del origen de la lengua hebraica. La ironía que encerraba ese comentario, como ya puede preverse, enfureció a Morteira, que por mucho menos hubiera reaccionado, y quien ahora se retiró indignado de la sinagoga jurando que no regresaría hasta que pudiera pronunciar la excomunión a su modo.
Puede suponerse hasta qué punto era Spinoza apreciado dentro de su grupo, cuando a pesar de lo ocurrido, los miembros de la congregación le concedieron todavía treinta días para rever su posición. Era evidente que no querían perder a una tan notable personalidad. Además del plazo que él no había solicitado, le ofrecieron pagarle mil florines anuales para que continuara en la comunidad, mientras apareciera en la sinagoga sólo de tanto en tanto. Este estudiante pobre y ya enfermo de la tuberculosis que lo llevaría a la tumba, habría necesitado una enorme dosis de coraje moral para rechazar esa oferta. Pero...¿qué hubiera podido él escribir, no siendo lo que pensaba? ¿De qué le valían esas prebendas si no era libre para expresar verbalmente y por escrito su mundo de ideas?
Acusado por sus correligionarios de blasfemo fue expulsado de la comunidad -o de la sinagoga, como quiera interpretarse- en 1656 y residió en distintos puntos de Holanda. El 27 de julio de 1656, el Acta de Excomunión de Spinoza -tenía entonces sólo 24 años- fue leída por el rabino Morteira. "Con el juzgamiento de los ángeles y la sentencia de los santos, nosotros anatematizamos, maldecimos y expulsamos a Baruch Spinoza... Que sea maldecido de día y maldecido de noche, que sea maldecido al salir y que sea maldecido al entrar... que ninguno converse con él mediante palabra hablada o se comunique con él por escrito, que ninguno le preste servicio ni habite con él bajo el mismo techo, ni tampoco lea ningún documento dictado por él, ni escrito por su mano." Para simbolizar la muerte espiritual que esa excomunión lo condenaba, iban siendo apagadas una por una las velas de la sinagoga. Las terribles maldiciones del rabino fueron pronunciadas "inabsentia". Spinoza no era masoquista, y no estaba dispuesto a sufrir las humillaciones a que había sido sometido Uriel da Costa.
Como no quería añadir riesgos a los ya existentes, decidió abandonar Amsterdam,, que estaba resultando demasiado peligrosa. Ahora, adonde fuera, iba a ser doblemente proscripto: como judío y como judío excomulgado. Según Emile Bréhier en su "Historia de la Filosofía:, fue excluído de la comunidad judía por la autoridad civil, y no por los teólogos, "como a menudo se dice." (Esta distinción, sin embargo, parece ser la misma a la que se suele aludir para decir que la Inquisición no mataba a nadie; que sólo entregaba a los condenados para que se encargara de ellos el brazo secular). Recientes trabajos muy posteriores al año 1963, establecieron que el "herem" del filósofo, fue obra del "Mahamad", es decir, de la autoridad laica que gobernaba la comunidad judía de Amsterdam. Luego fue ratificado por los rabinos.
Los "messieurs" del Mahamad eran llamados los "parnassim" y el padre de Spinoza fue "parna" hasta su muerte en 1954. ¿Qué es el "herem"? En el Antiguo Testamento, el "herem" es utilizado para condenar a un ser o un objeto a la aniquilación o la destrucción. Entre el segundo y el quinto siglo, se convirtió en un castigo con una gradación que variaba según la gravedad de la falta cometida, y en algún caso podía ser llevada hasta su grado más alto: el "schamatta". En ningún caso el "herem" es comparable a la famosa excomunión católica, la cual procede de la autoridad religiosa del soberano pontífice, es decir, del derecho canónico. En otras ocasiones, como la que golpeó a Lutero, por ejemplo, era una exclusión pura y simple de la comunidad católica, mientras que la "excomunión menor", prohibía al condenado ciertas actividades. Jamás fue pronunciada una pena sin retorno, puesto que el arrepentimiento estuvo siempre inscripto en el corazón de la tradición cristiana.
Después de 1917, por la reforma del derecho canónico, la distinción entre las dos formas de sanción fue abolida. Solamente subsistió el principio de la excomunión como exclusión. Aunque Spinoza nació judío y jamás se convirtió, es en este entrecruzamiento ideológico y religioso donde va a nacer el deísmo spinoziano, que conducirá al ateísmo. A ese respecto, el marranismo simboliza el pasaje de la antigua fe a la nueva filosofía. Convertido sin cesar, el sujeto marrano es, en todas partes, un extranjero. Sin identidad, rompiendo consigo mismo y prisionero a la vez de su pasado de cristiano y de su porvenir de judío. En alguna forma, el freudismo se parece al spinozismo. Se constituye como universalismo, sobre un terreno cultural, o de donde la falta de identidad juega un rol de fermento a través del sistema de reniegos y de conversiones. En el fondo, el destino de un Karl Kraus o de un Otto Weininger, no está lejos de parecerse al de un Juan de Prado o un Uriel da Costa: el mismo desmembramiento de la conciencia, la misma fascinación por la destrucción o la renovación del mundo, la misma aspiración al suicidio, etc. A dos siglos de intervalo, todos los ingredientes son reunidos para una explosión filosófica sin precedentes.
El abandono definitivo, en el caso de Freud de la religión judía, evoca la disidencia spinoziana. Ni el filósofo ni el neurólogo son convertidos, fanáticos, misioneros o ascetas, pero ambos hacen brotar dentro de los idearios de su época las condiciones de una disidencia universalista. Ambos quedan marcados en su educación por una práctica del "lenguaje enmascarado", del sobreentendido, de alusión y de lo similar... El "herem" interviene en un momento en que Spinoza aún no ha publicado nada. Por lo tanto, el joven cuestiona ya la inmortalidad del alma, el carácter divino de las Estructuras y la existencia de la providencia. En resumen, rechaza los principios fundamentales de la fe judía y cristiana.
Un amigo le ofrece una herencia a la cual rehusa asimismo, con el objeto de conservar su perfecta independencia, renuncia a la cátedra de filosofía que le destinaban en Heidelberg. Vivió hasta e final de sus días con los 300 florines anuales que le producía su trabajo de óptica, incluída la venta de un aparato óptico de su invención. Desde entonces vivió silenciosamente, en un mundo que se le había mostrado tan lleno de fanáticos y de locos. Se instaló, después de intentar establecerse en varios sitios, en lo del artista Van der Spyck, en la Haya, donde se enamoró de la hija del dueño de casa. Esta lo rechazó, aunque entabló con él una amistad intelectual que lo apoyó en sus trabajos. La casa quedaba calle por medio con la de Rembrant y afirma una leyenda que el cuadro que muestra al rey Saúl escuchando a David tocando el arpa, es un retrato de Spinoza en su juventud. Escribió en los años siguientes sus dos libros, probablemente intuyendo que debía completar su obra porque no llegaría a la ancianidad.
Su primer libro, el "Tractatus theologico-politicus" apareció anónimamente. Y en 1674, cuando terminó la "Etica", su obra maestra, decidió repentinamente no publicar. Sus enemigos -él no lo ignoraba- estaban al acecho, y por su parte no tenía intenciones de convertirse en mártir. A la sociedad de su tiempo no le gustaba Spinoza. A partir de 1672, cuando fue linchado el regente Jan de Witt por una multitud enfurecida, al realizarse un inventario de la biblioteca de aquél, con el número 33 fue descripto "Un tratado político-teológico fabricado por un judío apóstata en colaboración con el Diablo en el Infierno, publicado con el conocimiento de Jan de Witt y sus cómplices.
A partir de entonces los manuscritos de Spinoza circularon privadamente a través de sus fieles amigos, que averiguaban a fondo los antecedentes de otros posibles lectores, antes de pasarlos a sus manos. Se cuenta que al enterarse de que a Leibniz le interesaba conocer su obra, él responde: "No conozco al tal Leibniz. Sería arriesgado revelarle mis escritos antes de saber con quién anda y tener una idea de cómo es su carácter". Ya en este momento, y a pesar de la vida de anacoreta en la que se había refugiado, Spinoza se había transformado en una luminaria de la filosofía europea. Más tarde, Leibniz se convirtió en uno de sus asiduos visitantes. Mantenía Spinoza asimismo correspondencia con eruditos de toda Europa sobre temas filosóficos y matemáticos. Estaba también en contacto con la "Royal Society" de Londres. Conocía al astrónomo Christiaan Huygens, el descubridor de los anillos de Saturno.
En 1673, al ofrecerle la cátedra de filosofía en Heidelberg, lo hicieron bajo la condición de que "no dijera nada que pudiera perturbar a la religión establecida." A esta altura de su vida y de su obra, esa propuesta significaba simplemente una burla, y así pareció considerarla él. Falleció cuatro años más tarde. Su médico y amigo juntó todos sus papeles y se los llevó al librero de Amsterdam Juan Rieuwertsz quien publicó la obra completa con el título de "Opera Posthuma". Sus libros habían sido prohibidos por el parlamento holandés, alegando que se cuestionaba en ellos la existencia de los milagros. (Un hecho de esta clase nos da una clara imagen del tema al que se alude en otra parte, la mezcla de ideología religiosa y política que había en ese momento, impide determinar exactamente en qué medida su excomunión fue determinada por los integrantes de la Sinagoga o del poder político). (En ese momento, las acusaciones de tipo religioso no se limitaban a producir conmoción en el ámbito "correspondiente". El poder político se sentía también sacudido).
Su primer biógrafo describió su filosofía como "el más pernicioso ateísmo que jamás se vio en el mundo." Hume, el filósofo escocés, dijo al hablar de sus enseñanzas "la hedionda hipótesis de su famoso ateo". ¡Ateo él, que estaba tan obsesionado por Dios! Posiblemente no lo habían leído. Porque leerlo no era fácil, ni entonces ni ahora. El famoso "Tractatus" y su "Etica" dan cuenta de sus ideas -al decir de Borges en su poema «Spinoza»- "en un libro más arduo que el Averno". Fue nada menos que un poeta romántico -Goethe, también genial- quien descubrió a Spinoza para que el mundo de su tiempo lo reconociera. Los científicos encontraban en él a un espíritu privilegiado. Qué astrónomos, qué físico nuclear hubiera podido resistirse a su teoría de que Dios es principio de la energía de un universo en constante expansión...!
A Einstein, cuando se le preguntó si creía en Dios, respondió: "Creo en el Dios de Spinoza". Para comparar su radiación con el "herem" de Spinoza, Lacan se apoya, sin citar sus fuentes, en una biografía del pastor Colerus, publicada en 1705, veintiocho años después de la muerte del filósofo. En los años '60 esta obra sirve de referencia mayor a todos los Spinozistas. Lacan está, por lo tanto, plenamente informado para su época, y retoma por su cuenta, los párrafos contenidos en dicha biografía. Por lo tanto, ésta se encuentra en el origen de la leyenda que ha transformado el "herem" (laico) de Spinoza en una excomunión (religiosa). Colerus, en efecto, da una versión "católica" de la exclusión del filósofo atribuyendo la sentencia a los rabinos y no a los "Mahamad". Es decir, utiliza el término "schmata" para circunscribir una noción de excomunión sin retorno, que se sabe que en realidad no existe, ni en el "herem", ni en la tradición cristiana. Si uno se atiene a los hechos hoy establecidos puede decirse que Spinoza fue excluido de la comunidad judía de Amsterdam, sin ser excomulgado. No fue víctima de una "schmata", porque esta sanción no fue aplicada en su caso.
En cuanto a la noción de "sans retour" (sin retorno), incluso en su "herem", ésta no emana de un suplemento de pena, sino de una situación de hecho en la que el proceso de exclusión es a la vez querido por el "Mahamad" y aceptado explícitamente por el filósofo. Lacan especula sobre el mantenimiento casi religioso de los términos empleados para estudiar la experiencia analítica, se pregunta si los conceptos fundamentales freudianos son conceptos en formación, en movimiento, si se pueden revisar -y concluye diciendo- que la mayoría de los conceptos que heredaron los post-freudianos, han sido falseados, quebrados, adulterados, es más -afirma- "los que son más difíciles se archivan en un cajón". Fundamentos del psicoanálisis que Lacan designa al modo de la cábala, donde el psicoanálisis se deslizaría a una inscripción religiosa de su praxis ¿qué es la Cábala?. Les haré una pequeña reseña del significado: CABALA: significa "tradición" en hebreo. En la interpretación de los textos el método de la cábala llega a interpretaciones muy sutiles de textos, anagramas, letras. él llevar hasta el límite esas interpretaciones, ha hecho que la cábala fuera considerada una arte supersticioso. Pero al prolongar casi indefinidamente sus meditaciones y las meditaciones sobre las meditaciones, los cabalistas judíos desarrollaban muchos temas filosóficos -o si se quiere, metafísico-especulativos-.
La Cábala surgió hacia el Siglo XIII en España y en Provenza como doctrina esotérica. Es posible que tuviera sus antecedentes en doctrinas muy antiguas de la filosofía judía, el Séfer Yesirah. La doctrina de la Cábala considera a la Biblia como un libro sagrado. Pero no en el sentido en que podríamos entenderlo con nuestra mentalidad moderna, sino que lo considera perfecto palabra por palabra. Está escrito de un modo determinado y de ningún otro modo. Supone que es sagrado también en lo que atañe al lenguaje, no sólo al contenido. Es decir, su forma es sagrada. Es éste un concepto oriental y a nuestra mentalidad occidental le resulta muy difícil entenderlo. Algo similar sucede con lo árabes ortodoxos que consideran mágico el Corán. Creen que es un libro anterior a la lengua en que fue escrito, por lo que no puede ser estudiado históricamente ni filológicamente, ya que es anterior a todo: a los árabes, a su lengua, al universo mismo.
El Corán es para los musulmanes ortodoxos un atributo de Dios como su ira o su misericordia, (en esto sería similar a Spinoza que hable del universo y del hombre como atributos de un Dios indivisible). Y en el Corán se habla de "la madre del Corán", que es un arquetipo que está en el cielo donde es venerado por los ángeles. En un libro sagrado no sólo lo son sus palabras sino cada una de las letras conque está escrito. Y ese concepto lo aplican los cabalistas al estudio de la escritura. La aplicación de la Cábala a la lectura de las Escrituras posibilitó la incorporación de pensamientos gnósticos a la mística judía. Buscaron ese "modus operandi" que llevaba hasta el límite la creencia en la sacralidad del Pentateuco, (lo que hoy expresaríamos así: al ser más papista que el Papa esperaban que los "especialistas" de las Escrituras los dejaran investigar sin ser molestados).
La Torá (el Pentateuco) es obra de una inteligencia infinita que ha descendido a la tarea humana de redactar un libro. "El Espíritu ha condescendido a la literatura", dice Borges. No menos increíble que el hecho de que un Dios se haga hombre, agrega. En ese libro nada puede ser casual. Desde la primera letra que es una "B" y corresponde a "bendición". Dios crea el mundo mediante palabras. Se cree que primero hubo letras y después dicción. Borges supone que con la Cábala ocurre lo mismo que con la filosofía de Spinoza: que el orden geométrico fue posterior a su teoría y nació para justificarla. Es decir, no sucedió al revés: el orden geométrico no fue lo que llevó a formular esa teoría determinada. Suponen los cabalistas que la Escritura es un texto absoluto y en él nada puede estar librado al azar: "Nada puede ser casual en un texto absoluto", observa Borges. En la Cábala se dice que "el Nombre de Dios es todo el Pentateuco", salvo que están barajadas las letra. Y la tarea humana es poner en orden esas letras hasta que puede deletrearse el Nombre de Dios. Entre las razones de su excomunión figura el haber sostenido que, según los textos, la Biblia no enseña ni la espiritualidad de Dios ni la inmortalidad del alma.
Al entrar en contacto con los cristianos, cambio su nombre por el de Benito. Dice Lacan: "Un objeto de renegación no es, sin duda, para un ser humano una situación insólita, pese a la retórica sobre la dignidad humana y lo Derechos del Hombre. Todos somos negociables, ya que la estructura social nos revela el intercambio de individuos, siendo el arte de la política, el negociar quizás por cientos de miles a los ciudadanos. Esto puede sólo leerse en la aprehensión de la naturaleza de S, el análisis demuestra que su carozo, es un objeto por naturaleza velado, hacer surgir ese objeto, es propiamente el elemento de lo cómico puro. Ese obsceno objeto del deseo, se revuelve como entripado, en la guerrilla interna y ex-comunión vida y muerte del psicoanálisis que habita en las entrañas de la historia del Psicoanálisis en Francia.
GUERRILLA INTERNA Y "EX-COMUNION"
A partir de diciembre de 1962 surge una nueva fuerza en el interior de la tercera generación. De modo que todavía confuso ésta tiende a designarse a sí misma con el nombre de "movimiento lacaniano". Al lado de los juniors disidentes, por una parte y los simples por la otra, el lacanismo se constituye "políticamente" para asegurar el relevo ortodoxo del freudismo.
Para la SFP , este movimiento juega el rol que en 1951 había perdido los alumnos en rebeldía, compuesto por la masa de profesionales recién recibidos (bisoños) y de los invitados, todos ellos desprovistos del derecho a voto, este movimiento en número y se ve en la necesidad de afirmar la unidad de una práctica y de una doctrina centradas alrededor de un maestro y de una causa. Progresivamente este movimiento lacaniano va a rechazar el conjunto de la negociación y a recusar a la vez al liberalismo "lagasiano" y a los principios organizacionales de la IPA, para oponerles un modelo institucional inspirado directamente por la primera sociedad vienesa. Para él, el retorno a Freud debe estar acompañado de una revalorización transferencial e iniciática del maestro, en detrimento de la oligarquía de los barones.
En esta óptica, la afiliación a la IPA deja de ser un objetivo prioritario, y la apertura hacia el extranjero, está guiada por el autorreconocimiento de una identidad lacaniana, es decir, freudiana, del psicoanálisis. Igualmente, toda separación arbitraria entre una técnica y una doctrina, entre una cura personal y una formación didáctica, entre una enseñanza y la práctica de su autor, son rechazados en nombre de una identificación simbólica a un padre viviente, encarnación de la ley y vehículo de una gloriosa reconquista. A los ojos de este joven movimiento, la IPA semeja un diablo rengo, surgido de (las inseguridades) de Freud. No solamente es necesario combatirla, sino rechazar su "oukases" a fin de promover una fuerza subversiva capaz de transmitir en toda su pureza el escándalo del descubrimiento freudiano reintentado por Lacan. En el momento mismo en que Lacan desplaza su peones hacia un horizonte más amplio, el movimiento lacaniano construye su identidad política e ideológica en una lucha de guerrilla que va a conducir al estallido definitivo de la SFP. Frente a las alianzas tradicionales, moviliza la insti-tución la masa de no votantes, con el fin de desestabilizar el conjunto. militantes de la causa, "portadores de valija" (pinches, personajes secundarios), reuniones semiclandestinas, reniegan de la "política politizada".
Aparecen cajas con cartas anónimas y una camaradería de "maquis". Tales son los principales elementos de la barricada invernal del 11 de Diciembre., que toma el nombre de "grupo de estudio del psicoanálisis". Jean Clavreul, un bretón apasionado por la navegación, es el primer representante oficial. Dejémosle la palabra. "Yo hice mi análisis con Lacan entre 1948 y 1953, luego de una tuberculosis pulmonar. Esta cura me salvó. Venía de hacer las sesiones a domicilio o en el hospital, cuando yo estaba enfermo. De inmediato hice con él un control colectivo y luego una segunda serie (de sesiones). Con Lagache y Favez-Boutonier aprendí lo que el psicoanálisis no era. Desde el principio supe que esta negociación no podía llegar a término, y por otra parte lacan me había dicho que no creía en esto, y lo dejaba ("laissez-faire") a Leclaire. En diciembre de 1963, me eligieron como secretario en la GEP porque yo no me había involucrado en ningún trato político.
Después de la creación del GEP, lacan me escribió en estos términos: "Usted es «un resto», usted sabe el alcance que yo le doy a esta palabra. Esta es su oportunidad, tómela". En esta época Lacan concentró él, "los restos" de la SFP es decir, en los profesionales en formación y en los alumnos que no habían participado en las diferentes mociones. No hay otra elección. A este título, Piera Aulagnier, Audouard, Beirnaert y otros, participaron con Leclaire y Derrier en la creación del GEP. Pero sus posiciones no reflejan necesariamente las de Clavreul o las de las bases. El conjunto, lo mismo que Lacan, estaba en favor de la negociación, y hostil a una escisión en la que sabían que reducirían a la nada diez años de trabajos fructíferos. Se decidieron a la ruptura completa a partir de la directiva de Stockholm, cuando se vieron obligados a tomar posiciones. Suscitaron entonces el GEP en la medida en que la división de la SFP en dos tendencias obligó a cada uno a endurecer su postura.
El 17 de diciembre, en momentos en que un frío siberiano continuaba abatiéndose sobre Europa, Clavreul difunde un programa en el que anuncia que el GEP ha reunido ya varios grupos de trabajo y se apresta ya a acoger a todos los miembros de la SFP que desearan participar en él. De pronto, el nuevo "bureau" mayoritario reacciona, acusando a la GEP de fraccionismo y de anonimato. Se trata de un grupo que se ha constituido como un embrión de sociedad, se ha organizado como tal y tiende, desde ahora, a imponer una elección y una coincidencia entre sus actividades y las de la SFP. Bajo el pretexto de un proyecto que se dice no político, incluso antipolítico y "puramente psicoanalítico", se trata de una empresa que tiene en vista instalar definitivamente una lucha fraccionadora en el seno de nuestra sociedad, y plantear todas las cuestiones en los términos de una lucha por el poder.
El estado de crisis se perpetúa durante las vacaciones de navidad, Lacan prepara activamente su nuevo seminario sobre "Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis". lee la biografía de Spinoza escrita por Colerus y prepara el discurso inaugural que debe pronunciar el 15 de enero en el ENS. Para dar más relevancia a su cambio y encontrar en la misma situación sin salida, la fuerza para una nueva intervención, Lacan invita a la sesión inaugural a personalidades de peso, entre ellas a Claude Levi-Strauss y Heri Ey. El primero simboliza la edad de oro del estructuralismo francés al cual Lacan acaba de conectar diez años de su enseñanza, y el segundo aporta el testimonio, no solamente de una fiel camaradería, sino también, de una presencia del saber psiquiátrico, siempre inscripta en el corazón de las relaciones entre los dos hombres. La Sala Dussane, en la que se desarrolla esta escena de teatro, lleva el nombre de una comediante que daba, en otros tiempos lecciones de dicción a los alumnos de la escuela. De pie detrás del pupitre Lacan declama en tono grave y algún gesto "gaullien" (que recuerda a de Gaulle). Sin citar el nombre de Althusser, al cual le debe este nuevo sitio, agradece a Robert Flacelière, al director del ENS y a Fernand Braudel, del cual lamenta la ausencia. Luego rinde homenaje a Levi-Strauss y a Ey. A este propósito él recuerda el incidente a raíz de la publicación de "Cura-tipo": "Me será tanto más fácil de evocar, puesto que está presente, el verdadero encarnizamiento que se puso de manifiesto con el fin de hacer retirar de dicha enciclopedia dicho artículo, hasta el punto de que él mismo, del cual cada uno sabe las simpatías que me dedica, fue, en suma, impotente para detener esta operación concebida por un comité director, en el que se encontraban, precisamente, psicoanalistas. La última batalla del viejo león ha sido entablada.
Además, él transformaba su fracaso en victoria, y dirige sus golpes contra el conjunto de una comunidad que ha firmado su proscripción. Se hace un silencio. La primera fila está ocupada por la corte de fieles con los miembros de la familia. Más lejos repartidos en los sitios disponibles, los combatientes del GEP. En el fondo, los alumnos de ENS, impacientes por escuchar a aquel cuyos textos comienzan a descifrar. Algunas elegantes vestidas de pieles y con echarpes de seda, se aprestan a tomar notas en papeles con su membrete. Miran a los otros, quienes las observan a su vez. A partir de este día, la sala Laussane será durante cinco años el sitio privilegiado de reunión de una nueva Francia freudiana más cultural., más filosófica y más resplandeciente que la precedente; "Un formidable hervidero teórico, abierto a la juventud intelectual de este país".
Un sorprendido Claude Levi-Strauss asiste por primera vez a una sesión del seminario. No volverá más, "Lo que es conmocionante es esta especie de resplandor que emana a la vez de la persona física de Lacan y de su dicción, de sus gestos. Yo he visto no del todo mal a los chamanes en sus sociedades exóticas y reecontraba aquí una especie de equivalente del poder chamánico. Confieso francamente que yo mismo, al escucharlo, en el fondo, no comprendía. Y me encontraba en medio de un público que me parecía comprender". Antes de pasar a su enseñanza teórica, Lacan sitúa para su auditorio, su lugar dentro del movimiento psicoanalítico. En una frase soberbia, él se compara con Spinoza, reanudando de ese modo un lazo con una figura filosófica que marcó su adolescencia y sus obras de juventud. Por lo tanto, él no convoca al spinozismo, pero se refiere al acontecimiento del 27 de julio de 1656, fecha en la cual el filósofo fue excluido de la comunidad judía de Amsterdam.
Lacan afirma que Spinoza fue excomulgado de la sinagoga, siendo objeto de un "herem", o "excomunión mayor", luego de un "schamatta", o exclusión sin retorno posible". Según el orador, este doble procedimiento, de rebote, correspondería al exilio pronunciado contra él por la IPA, y ratificado por la SFP: "Yo no estoy diciendo, agrega -pero ésto no sería posible- que la comunidad psicoanalítica se una Iglesia. Entretanto, incontestablemente, surge la cuestión de saber lo que en ella puede ser acá el eco de una práctica religiosa". Lacan dice todavía que en todo este asunto él ha ocupado el lugar de un "negociado", y que el carácter "cómico" de esta posición, no pertenece al registro de la excomunión. Para apreciar el valor significante de esta magistral comparación, y saber cuál es el estatuto, para la historia del psicoanálisis, de la exclusión de Lacan, es necesario, por lo pronto, volver a trazar el asunto de la excomunión del joven Baruch Spinoza.
Lacan se encuentra radiado de toda actividad didáctica, sin estar jamás excluido de la comunidad psicoanalítica. Es invitado a permanecer como miembro de la SFP y a proseguir su enseñanza a condición de que ésta no sea convalidada como formación didáctica; en otras palabras, la IPA evita cuidadosamente colocar a Lacan en posición de mártir. Desea que, permaneciendo como un teórico reconocido, acepte por sí mismo y sencillamente, renunciar a sus funciones didácticas. A este título el Ejecutivo se incomoda por la difusión de notas de Perrier, en la medida en que éstas recelan que exista un proceso de excomunicación. Además, Lacan hace fracasar el juego de la IPA. Utiliza para su provecho una verdad oficiosa: las discusiones del hotel Westminster y las notas de Perrier. Puede ahora identificarse con el Spinoza de Colerus y afirma que ha sido víctima, no de otro simple exilio, sino de una exclusión sin retorno de la comunidad psicoanalítica. Para transformar su derrota en victoria, anuncia que "ha sido negociado". Puede de esa manera frente a su auditorio, enmascarar su participación en la política de Leclaire, y aparece como un teórico puro y duro, al margen de todo compromiso con los opresores. Como cada uno sabe en la SFP que no quiso ceder a todas las exigencias de la IPA, la adecuación al caso Spinoza es aceptable, puesto que el filósofo rechazó los compromisos que se proponían. Diez años después del Discurso de Roma, Lacan sustituye a la aventura de la reconquista barroca, la metáfora de la excomunión spinoziana. A través de ella, y más allá de la identidad "cristiana" de la SFP, él restablece vínculos con la gran figura freudiana de la disidencia judía. El soberano ortodoxo se convierte en un jefe rebelde, y el jefe rebelde, puede ahora desde lo alto de su universalismo solitario, proclamarse soberano de una nueva diáspora conforme a los ideales militantes del psicoanálisis original.
En 1953, Lacan había dejado con dolor una sociedad internacionalista marcada por su pertenencia a la identidad judía del psicoanálisis. Un decenio más tarde, él llama a sí a los disidentes de todos los extremos, a fin de volver a emprender nuevas conquistas. Cristianos en ruptura con la iglesia, marxistas en ruptura con el partido, judíos en ruptura con la sinagoga, alumnos en ruptura con la IPA: todos se comprometerán en combate contra la "religión oficial", Síntoma de todas las "desviaciones". Todos son llamados a convertirse en lacanianos, en las buenas y en las malas. En este sentido, el empleo de la metáfora de la excomunicación accede el texto de Colerus. Sin conocer los trabajos modernos sobre el "herem" de Spinoza, Lacan interpreta "en términos spinozianos" su ruptura histórica con la comunidad internacional. El no fue, ni excomulgado ni excluido de esa sociedad, sino obligado a una elección inaceptable. La IPA quería transformarlo en maestro sin alumnos, sin descendencia y sin derecho a la formación. A modo de respuesta, él actuó un proceso de excomunicación y puso en obra una disidencia sin posibilidad de retorno. De ese modo pudo fundar "políticamente" el lacanismo, de la misma manera que Spinoza abrió el campo al spinozismo. En el otoño de 1963, tres soluciones se ofrecen a Lacan, cambiar su práctica, aceptar su radiación, entrar en disidencia.
Si hubiera elegido la primera, hubiera debido simular que se sometía, renunciando a su teoría de la cura. Si hubiera optado por la segunda, hubiera firmado su sentencia de muerte, reconociéndose él mismo inapto para la formación. reteniendo la tercera vía, se vio obligado a fundar una escuela "lacaniana" del psicoanálisis, pero en este preciso punto aparece una contradicción que va a desarrollarse todo a lo largo del período siguiente. Se sabe, en efecto, que la originalidad de la lectura lacaniana de Freud, reside en la afirmación de su ortodoxa freudiana y en su rechazo de todas las "desviaciones" post-freudianas. Según esta óptica la puesta en disidencia no es posible, si no es renovando nuevamente la ruptura freudiana y nunca de otro modo que ése. Por lo tanto, creando una escuela con su nombre, Lacan se encuentra obligado, si no a confesarse lacaniano, por lo menos a convalidar la existencia política de un "lacaniano". Por este autorreconocimiento, su movimiento entra en contradicción con la doctrina que lo sostiene y que se quiere freudiana.
Harán falta dieciseis años para que este movimiento se aperciba de que esta contradicción estaba inscripta en el corazón mismo de su gesto fundador. Al final de su viaje, y del tiempo necesario para comprender, elegirá su propia disolución. En el alba del nuevo año, ya ningún reconocimiento puede modificar el destino histórico del lacanismo. Lacan se equivocó una vez acerca de sus alumnos y acerca de la IPA. Creyó que los unos lo sostendrían, y que la otra aceptaría escucharlo. Pero con respecto a la GEP ya no se equivoca. En el momento en que él pierde su batalla americana, ya ha ganado su campaña en Francia, y esa bella victoria él no la debe solamente a sí mismo, sino a la fuerza innovadora de su enseñanza que reúne a sus alumnos a su alrededor. El amor como tope freudiano, hizo diferencia con el odio como pulsor lacaniano. Herederos de Dios, herederos del diablo, también lacanianos. Los "Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis", fue una invención de Lacan atravesada, no sin consecuencias, para la historia del Psicoanálisis. Invención que se desliza por la trama de un duelo, hasta el límite máximo del texto, es decir, hasta el fin. Los espero en los tramos finales de este seminario para trabajar juntos, fin de análisis.
Texto corregido por Elena Jabif.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
Revista "Crónica de Holanda", Año XXXIX, 1983.
"Historia de la Filosofía" de Emile Brèhier.
"Diccionario de Filosofía" de Ferrater Mora.
Conferencia sobre "La Cábala" pronunciada por Jorge Luis Borges en el Teatro Coliseo, el 21 de Julio de 1977.
"Enciclopedia Espasa Calpe"
"Historia General de la Filosofía" de Alfred Fouillée.
Diccionario Hispano Americano"
"Diccionario Salvat"
"Historia del Psicoanálisis en Francia" Traducción de Elizabeth Ruodinesco, Ediciones du Seuil, 1986. Tomo II, 1915/1985.
Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, J. Lacan.
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