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La inclusión de la obra de Lacan en el discurso teórico de APA15/04/2003- Por Mirta Goldstein - Realizar Consulta
Intentaré un breve recorrido, reflexivo en
alguna medida, sobre la introducción de la obra de Lacan en la Argentina y en
la Asociación Psicoanalítica Argentina.
En esto de “estudiar a Lacan” me hallo desde los comienzos de mi
formación, la cual comenzó de modo paralelo a mis estudios sistemáticos de
grado y postgrado. Esto mismo le ocurría
a toda mi generación, es decir a los estudiantes de psicología entre los años
60 y 80. En esos 20 años ocurrieron muchas cosas en nuestro país y fuera de él.
Podemos “mapear”, entonces, lo acaecido con el psicoanálisis dentro de nuestra
sociedad, al mismo tiempo progresista y al mismo tiempo conservadora.
Si es cierta la influencia que ha tenido en
nuestra cultura que “los argentinos hayamos bajado de los barcos”, no menos congruente con ello es que añoremos,
casi con nostalgia extrema, a Europa. Aún el tango no puede abandonar a “la
madre” patria. ...O peor sería no dejar de mirarla?. Los primeros psicoanalistas
bajaron de los barcos y eso es ya una marca:
el psicoanálisis argentino se instaló y
desarrolló en comunidades transferenciales lo cual a constituye su síntoma.
Qué haya sido nada menos que Pichón Riviére
quien favoreciese la entrada en escena de Masotta y del “lacanismo” nos permite destacar la influencia que
ejercen en las instituciones no sólo los “que vienen”, sino los que “se van”.
Riviére de APA o Lacan de la IPA, no importa tanto la veracidad de los hechos
-si fueron expulsiones o renuncias- sino -a posteriori- importa qué leemos del
deseo que motorizó a cada uno.
Masotta se constituyó en el nombre de una
transformación llevada a cabo cuando el psicoanálisis ya se había instalado en
la cultura de algunas clases sociales. Esto quiere decir que hay un antes y un
después a la fundación de APA, y hay un antes y un después a Masotta. Y quizás
forme parte de los efectos producidos, que no se haya consolidado una ”escuela
argentina”.
No podemos desconocer que el
movimiento lacaniano es un movimiento de ruptura. Y por ello no podemos
desconocer que para afianzarse
imaginariamente en nuestro entorno, centró su lucha –en los comienzos-contra
dos enemigos: la IPA y Melanie Klein (traspié, a mi gusto, de una ruptura que
identificaba su lucha con la de Lacan, provocando omisiones de lectura bastante
graves para el devenir del psicoanálisis en Argentina).
En los inicios, los jóvenes lectores de Lacan
quedaban amarrados (por amor a las amarras) a la disputa incesante (que en
muchos aún hoy continúa), negando un diálogo posible entre “lacanianos y no
lacanianos”, o entre “IPA y no-IPA”.
Las resistencias también se hicieron sentir en
los núcleos más conservadores de APA. Ni unos, los miembros de APA, ni otros,
los lacanianos incipientes, quedan sin responsabilidad en los obstáculos para
el intercambio.
Sin embargo hay una otra historia que merece ser
contada.
Quiero contar una experiencia de transferencia
que anude tres nombres: Oscar Masotta, Willy Baranger y Raúl Sciarretta.
Desde
su entrada en APA, el movimiento de lectura-escritura lacaniano ha atravesado
diferentes etapas dentro de la política institucional y dentro del pensamiento
teórico-clínico.
Han
sido incluidos en el discurso de la institución conceptos y nociones
fundamentales de los distintos periodos de la enseñanza lacaniana. Ya es
habitual escuchar hablar -en las actividades científicas- en términos de
“sujeto dividido”, “castración simbólica”, “el deseo es el deseo del Otro”, “lo
inconsciente estructurado como un lenguaje”, “no hay relación sexual”, “La
Mujer no existe”, “las fórmulas de la sexuación”, “los cuatro discursos”, “el
objeto a”, etc. Algunos podrían objetar, que este uso puede corresponder a una
banalización, a lo cual respondería que si así fuera -y no lo es-, ello no es impedimento para transformar el pensamiento,
por el contrario, cada rectificación del discurso es ya una interrogación que
no permite el cierre ingenuo de los posicionamientos teóricos y clínicos.
Abordar, entonces, el pensamiento actual de APA, no
puede hacerse sin atravesar la historia de una apertura y de algunas
resistencias. Solamente recorrer la Revista de Psicoanálisis, es ya un viaje
sorprendente, pues ella es testimonio de la confrontación permanente entre
quienes sustentan y transmiten la obra
de Lacan y quienes desde sus desacuerdos, recurren a la lectura silenciosa y/o
crítica o a la indagación contrarrestante.
Cualquier investigación psicoanalítica, en la
actualidad, no puede soslayar reconstruir el pensamiento desde de los orígenes,
pasando por los aportes de cada una de las escuelas, la enseñanza y los
escritos de Lacan y el desarrollo producido en la
Argentina por varias generaciones de analistas.
Voy a proponer desmenuzar la siguiente hipótesis:
el pasaje por la obra de Lacan ha transformado el
pluralismo científico institucional en un
movimiento hacia la pluralidad que insiste en el camino de los
re-hallazgos, las rupturas y las
invenciones. Si no hubiese habido “un” Lacan, se
hubiera creado algún otro nombre, puesto que no hay pluralismo sin diversidad y
sin polémica.
En este sentido, encuentro que se realizó en APA,
un pasaje de la homogeneidad a la pluralidad, lo cual no obvia, en ningún
sentido, que muchos otros autores -y no solamente Lacan-
hayan sido tanto idealizados como olvidados, retomados y también asimilados. En
ese “olvido” muchas veces fértil por sus consecuencias, encontramos los nombres
de maestros que en Buenos Aires, se dedicaron fervientemente a la transmisión.
Es difícil creer que las nuevas generaciones de
analistas desconozcan la obra de Bleger, Liberman y Racker, de la misma
manera en que desconocen a Melanie Klein y en algunos casos a Freud.
El
devenir de los efectos de producción que fueron engendrados a partir de la lectura de los Escritos y Seminarios de Lacan, no pudo ser ajeno al movimiento paralelo que
impartían los maestros freudianos y kleinianos en el
seno de APA, y los freudianos-lacanianos por fuera de
la institucionalización.
El
Psicoanálisis Argentino es el fruto de un pensamiento controvertido que
aceptaba y rechazaba, al mismo tiempo, los nuevos desarrollos.
Por
lo tanto, como señalé al comienzo, para descubrir el entramado que subyace a
una historia de Lacan en APA, voy a valerme del
comentario más que del método histórico, intentando construir una menos
ajustada a datos objetivos.
Es
indudable que lo ocurrido con la precipitación de la obra de Lacan en todos los estratos intelectuales, está
indisolublemente ligado al desarrollo del Psicoanálisis en la Argentina y a la
influencia de APA en Latinoamérica, fundamentalmente por ser APA la institución
madre. Después que la APA abriera sus puertas
y diese los primeros pasos hace 60 años, se constituyó en institución
modelo de la política de formación de analistas y pionera en el asentamiento y
aceptación del psicoanálisis en las culturas porteñas y del interior del país.
Primero se situó como única referencia del psicoanálisis y después de algunas
rupturas internas (Plataforma, Documento y Apdeba,
fundamentalmente) se convirtió en referencia obligada para los consensos y disensos.
Entre
los nombres que considero ayudaron a la difusión de Lacan,
Baranger fue el único que perteneció a la institución
y colaboró en su desenvolvimiento. En tanto Masotta y
Sciarretta formaron a varios de los que después
serían miembros de APA.
Seguramente
hay otros analistas cuya enseñanza fue irremplazable, sin embargo ellos tres,
abrieron el camino para despertar la curiosidad. Sobre estos nombres voy a
construir mi referencia historizante.
Masotta fue uno de los que introdujeron el pensamiento de Lacan y lograron difundirlo a través de la enseñanza
articulada entre Lacan y Freud.
En
un momento de la historia del psicoanálisis en la Argentina en que la teoría y
la clínica kleiniana hegemónizaban
la práctica, las lecturas de Masotta de los Escritos
de J. Lacan fueron determinantes y hasta
revolucionarias. Así comenzó a mediados de los años 60, un movimiento renovador
bajo el nombre de Retorno a Freud, este
significante ya atravesaba la enseñanza de Lacan en
Paris, y por añadidura, se erigió en un llamado a la renovación del movimiento
psicoanalítico de nuestro país.
En lo particular, recuerdo esos años como de un
arduo trabajo para desembarazarse de los restos kleinianos
que portábamos; fundamentalmente lo hacíamos en las supervisiones y en pequeños
grupos clínicos. Recuerdo los debates con Hugo Levin
con quien más tarde confluyéramos en la Reunión Lacanoamericana
de Psicoanálisis.
Willy Baranger fue el
iniciador de un caso muy peculiar de lectura: la interpretación de la obra de Lacan por los sectores freudiano-kleinianos.
Si
bien en esos albores nadie podía denominarse lacaniano,
hay una divergencia estructural entre los alumnos de Masotta
y Baranger. Los primeros confluyeron en la
construcción de una clínica lacaniana y de
instituciones lacanianas. Los segundos, conformaron
un grupo de apertura dentro de las estructuras ya instituidas de APA.
A
partir de ellos hoy APA puede situarse como iniciadora -dentro de la IPA- de la
articulación Freud-Klein-Lacan. Esta articulación no implica borrar sus diferencias,
por el contrario, impone una lectura crítica, la cual conduce tanto a la
convergencia como a la divergencia. Lo más alentador de todo lo ocurrido, es la
posibilidad de rescatar el trabajo realizado y la continuidad del mismo hasta
el presente.
Sciarretta, caso muy particular, trabajó en
las fronteras; más de 300 alumnos pasaron por sus grupos de filosofía primero,
grupos que después se dedicaron al estudio de los seminarios de Lacan.
Si
la enseñanza de Lacan en seminarios anuales se
constituyó en un semillero, así Sciarretta regó con
su sabiduría la inquietud intelectual de la segunda generación de lectores.
Hubo
un traspaso generacional entre Masotta y Sciarretta.
Si
bien mi lectura de la obra de Lacan comienza a fines
de los 60 y se continúa casi sin interrupción hasta hoy, esta determinación no
me alejó del estudio profundo de la obra freudiana y de los autores nacionales
e internacionales más relevantes del movimiento psicoanalítico. Algo semejante
le pasó a muchos otros que habiéndose formado en APA, y conocedores de la
historia de las ideas y conceptos del psicoanálisis de la segunda posguerra del
siglo XX, no pudieron resistirse al movimiento filosófico e intelectual que
surgía en Europa.
En
la facultad de Psicología, cuyos orígenes ideológicos los hallamos en la
intelectualidad progresista, terminaron enfrentándose las ideas del
existencialismo por un lado religioso y, por otro, más politizado, con ideales
comunitarios y socialistas; se gestaba una lucha interna que si bien la
represión de Onganía condujo al alejamiento de las
cátedras, de profesores valiosos y de pensadores relevantes, comenzó y continuó
por largo tiempo.
Althusser, Foucault, Fanon, Sartre, M. Ponty, Marx, Hegel,
habían sido referencias obligadas para los jóvenes estudiantes. Cuando se
instala el miedo, comienza a decrecer la lectura.
Muchas
cátedras universitarias de psicoanálisis comenzaron a obviar a Freud, al pensamiento argentino y a los líderes
intelectuales de los inicios. A partir de esta experiencia errónea y equivocada,
las instituciones psicoanalíticas se cerraban ideológicamente, a pesar de que
se multiplicaban y diversificaban; muchas lo hacían en torno al nombre de Lacan. Llamativamente Buenos Aires se convirtió en uno de
los centros psicoanalíticos más importantes.
Los
grupos de estudio de la obra de Lacan se
transformaban paulatinamente en pequeñas Instituciones. De los grupos de Masotta se gestó La
Escuela Freudiana de Buenos Aires que derivó en la hoy llamada Escuela
Freudiana Argentina, de la cual se volvía a separar una otra Escuela Freudiana
de Buenos Aires que emprendía su propio rumbo
Sciarretta por su condición autodidacta, dirigió
-quizás sin saberlo- un movimiento intelectual que traspasó los límites del
psicoanálisis porque reconocía la exigencia de conocimiento y responsabilidad a
la que obligaba la lectura de Lacan. El sentido
crítico y a la vez poético con que abordaba la filosofía, el psicoanálisis y la
política, influyó -de una manera u de otra- en todos los que concurrían a
escucharlo. Diré que lo escuchábamos por horas casi sin respirar. Algo
semejante y paralelo -por fuera del lacanismo-,
ocurría en el consultorio de Gregorio Baremblit. La
convulsión ideológica de los años 70 penetraba en el seno de los grupos
psicoanalíticos. Más que una revolución en sentido político, se estaba gestando
una revolución dentro mismo del psicoanálisis.
Masotta en los 60, durante el primer periodo de
destrucción de la universidad, y Sciarretta en los
70-80 cuando atravesábamos la época de oscuridad política y silenciamiento de
las ideas, no se sintieron con derecho a desentenderse de la gravedad de las
circunstancias a las que asistían.
Masotta no sólo contribuyó al psicoanálisis, sino que
siendo uno de los intelectuales más controversiales de esos años, alentó el desarrollo
de lo que fuera el “Di Tella”, reconocido centro de
la vanguardia argentina.
Baranger estuvo comprometido con el movimiento
institucionalizado de Latinoamérica. Sus ideas y sus propuestas llegaron a
Paraguay, Uruguay, Perú, etc., lugares en los cuales ayudó a fundar
asociaciones y a extender el psicoanálisis de la IPA. El movimiento
latinoamericano le debe mucho.
En
los años 70, ocurría en APA un hecho político: la Reforma del 74 que liberó la
formación y la elección de curricula. Willy y Madelaine Baranger lideraron junto con un grupo de analistas
cercanos, esta tendencia de apertura al pluralismo y de defensa del trípode
freudiano.
La
entrada del pluralismo no solamente modificó la historia institucional y al
Instituto de Formación, sino que dio lugar tanto a escisiones como a nuevas
instancias de reflexión.
Mientras
tanto, algunos nombres surgían como líderes teóricos del lacanismo:
Germán García, Indart, Macci,
Pascualini; debemos recordar también los grupos de
trabajo coordinados por Sara Glassman y Diana Rabinovich y la formación en las escuelas Freudiana
Argentina, Eol, etc.
A
pesar del enfrentamiento público que algunos mantenían con APA por considerarla
representante de un psicoanálisis oficializado, el intercambio se sostenía en
los divanes, supervisiones y grupos de lectura.
En
APA, sin embargo, ocurrían transformaciones qué sólo mucho después pudieron ser
leídas y analizadas. Szpilka -quien fuera después uno
de sus presidentes- participaba de los llamados “grupos de Lacan”
y surgía en los años 80 -en tanto fuerza política dentro de APA- el Grupo
Freudiano del cual, más tarde, se desprendiera el Grupo de Investigación
Bisagra Freud-Lacan.
No
podemos olvidar la influencia en los más jóvenes, de Martínez Luque, Gustavo Dima y Genoveva Llarín,
los tres fallecidos prematuramente en los 90.
A
las reuniones de la Bisagra comenzaron a concurrir los psicólogos -a los cuales
se les permitió la entrada en APA en 1985-86-, ellos empezaban la formación
provistos de un extenso recorrido psicoanalítico que no podía pasar inadvertido
en las discusiones y en los seminarios.
A
la “Bisagra” como se la conocía- también se acercaban analistas de afuera de la
institución con los cuales se construyeron lazos de trabajo. Por ejemplo,
muchos de nosotros -entre ellos Osvaldo Apreda-
fuimos parte de la Reunión Lacanoamericana de
Psicoanálisis. Nos era imprescindible atravesar las fronteras para crecer. Los
que recién ingresaban en APA, se agruparon en torno a los seminarios de
Instituto, seminarios que comenzaban a tener un sesgo lacaniano
no siempre admitido públicamente.
Los
nuevos lacanianos de APA eran cuestionados en los
medios más radicalizados, sin embargo algunos empezaban a destacarse por sus
ideas, por sus escritos y por la clínica que sostenían.
No
olvidemos a los que eligieron acercarse al movimiento milleriano
y contribuían con sus ideas a las discusiones en plenarios.
Debo
destacar, que los plenarios científicos de APA, en los cuales se reúnen hasta
hoy día más de 200 analistas, dieron lugar al desarrollo controversial de los
conceptos fundamentales del psicoanálisis
El
panorama de los lectores de Lacan en APA se complejizaba ,
ya sea por las filiaciones extramuros, ya sea por las rivalidades intramuros.
De hecho muchos lacanianos de las primeras horas
renunciaron a APA motivados por el ideal de “un Lacan
más puro”, u otros se desdibujaban por las exigencias de adaptación a los
consensos y mayorías.
Los
que nos quedamos, tanto en APA como en el discurso freudiano-lacaniano, lo hicimos
convocados por re-hallar, paso a paso, la transferencia de trabajo que
anhelábamos.
Por
suerte el periodo más resistencial por parte de lacanianos y no lacanianos se
está derrumbando e ingresamos a un periodo de circulación interdiscursiva
e interinstitucional. Hoy debemos destacar la conformación del Espacio Lacan y su inserción plena dentro del intercambio
científico.
De
todo este recorrido se precipita y confirma que no hay apertura sin
resistencias, por lo tanto debemos poner nuestro acento en la producción
teórico-clínica realizada en más de 25 años de contacto con el pensamiento de Lacan.
Entiendo que hablar de la inserción de la obra de
J. Lacan en nuestra institución no puede desanudarse
de la implementación, no sin vacilaciones, del pluralismo.
Si
APA fue pionera en consolidar un enlace con el pensamiento extra-muros de APA
y, a la vez, con el pensamiento lacaniano de sus miembros, podemos decir que hoy es pionera
de la transmisión de esa historia. No es casual que se haya despertado el
interés por la historia.
Algunos
quieren abrir o cerrar fronteras, otros desean marcar fronteras. A mi gusto
podemos dar un paso más: decir que si hubo fronteras entre el discurso lacaniano y el discurso “oficializado” por la práctica
mayoritaria de los miembros de APA como institución perteneciente a la IPA, hoy
debemos trasladar la polémica a los efectos acaecidos en la clínica. Todavía no
hubo un debate sobre la influencia del discurso lacaniano
de APA en la práctica de las direcciones de análisis; pero fundamentalmente, no
hubo aún una resignificación de los efectos de los análisis didácticos con
analistas lacanianos. Estos debates, a mi gusto
necesarios, están todavía suspendidos.
Hay
otro debate histórico que entiendo continúa pendiente y que concierne
directamente a los lectores y seguidores de Lacan; es
la reflexión sobre los modos de enseñanza de la obra de este autor dentro del
Instituto de Psicoanálisis.
Resumiendo,
pienso que hay cuatro periodos que podemos discriminar en la historia de la
inserción de la obra de Lacan: un primer periodo de
información y estudio llevado a cabo por unos pocos por fuera de APA, un
segundo periodo de reunión de los interesados en torno a grupos como la Bisagra
Freud-Lacan, en los cuales
la discusión sobre la producción de textos permitió la comprensión, la
identidad y la pertenencia, un tercer periodo donde se afianzó la lectura en
los seminarios del instituto de psicoanálisis, lamentablemente proponiendo una
lectura muchas veces temática que dio lugar a la difusión pero también al reduccionismo, y un cuarto periodo de confrontación entre
los mismos lacanianos que podemos ubicar en el
presente, cuya característica más relevante es la jerarquización
del pensamiento y la transmisión. Estos cuatro periodos se superponen con una
fuerte tendencia a la concreción, sobre todo en los últimos tiempos, de lazos
sociales y de intercambio con las instituciones de formación sistemática de
psicoanalistas. En ellas incluyo a las agrupaciones lacanianas
que sostienen escuelas y seminarios.
Como
dije anteriormente, los tiempos que señalo no remiten a una historización
objetiva y/o cronológica ya que carezco de muchos datos. Los señalo a la manera
de un mapeo, es decir, del compromiso que se fue entramando a lo largo de los
años. Compromiso de profundización por parte de los lacanianos,
y compromiso de inclusión por parte de los no lacanianos.
Quiero volver a destacar -principalmente- que estos tiempos se superponen, se
conectan, se atraviesan y confluyen.
¿Por
qué mapeo? Un mapa es una superficie que desconoce su espesor. Así el
Inconsciente lacaniano fue mapeado
en una superficie unilátera: la cinta de Moëbius. Sólo la interpretación como un corte, revela la
pérdida de la función moebiana, o sea, de la continuidad entre consciente e
inconsciente.
Considero
que ha sido escrita en APA la
historia de una práctica de intercambio que debemos
transmitir y comunicar a los lacanianos del mundo y a
los no lacanianos del mundo. Esta historia es la
práctica de un diálogo y de un malestar.
¿Cómo
medimos el malestar? Por los residuos de etiquetamiento que aún subsisten. “Ser
o no ser” lacaniano es una falsa oposición. No hay
“ser” lacaniano.
Hay “Lacan”, sólo si su enseñanza se verifica en la praxis.
Un mapeo de la situación actual del psicoanálisis
no puede soslayar la comprensión de los múltiples intercambios producidos. No
podemos menos que destacar como en el último simposio de APA, por ejemplo, los
Espacios Winnicott y Lacan,
ejercieron el derecho a la interlocución.
La
situación actual es la siguiente: por un lado algunos analistas lacanianos sostienen los seminarios de formación, por otro,
los espacios y grupos de trabajo tales
como: La posición del analista, La práctica clínica desde
la perspectiva inter-institucional, el Grupo
Encuentro, Fragmentos, los grupos que desde el departamento de
historia se dedican a investigar, etc. todos sostienen la interlocución y,
en conjunto, al recientemente creado Espacio Lacan.
Este
movimiento participa de la actividad científica de Secretaría Científica, los
estamentos y departamentos y la membresía. A este mapa debemos agregar los
nombres de algunos sucesores de los Baranger; éstos,
sin alistarse en una definición de pertenencia, guardan un profundo
conocimiento y respeto por la obra de Lacan; me refiero al esfuerzo que realizan Raquel Zac de Goldstein en Argentina, y Myrta Casas de Pereda en Uruguay, por articular vertientes
disímiles de la teoría psicoanalítica.
No
abrigo ilusión de un porvenir sin malestar, lo cual no me hace desistir de
apostar al trabajo de interlocución teórica y a la actualización de los debates
clínicos.
La
constitución en el año 2000 del Espacio Lacan -bajo
la presidencia de Abel Fainstein, la Secretaria
Científica de Andrés Rascovsky y el apoyo de los
integrantes de Comisión Directiva, y especialmente el asesoramiento de Federico Aberastury
y mío, formaliza la escritura de un pasado y de un futuro; de ambos: de la
historia pasada y del futuro por venir, somos todos responsables.
No
menos importante es la inclusión del pensamiento freudiano-lacaniano
a través de los departamentos de psicosis, niños y adolescente, familia y
pareja, etc. en los cuales se favorece el intercambio pluralista en la
construcción clínica.
La práctica teórica-ideológica
institucional es una construcción de la pluralidad, cuya arquitectura se va
diseñando en el intercambio con el afuera y en la revisión crítica de la
historia de lo producido hacia adentro. Cada hito del diálogo genera nuevas
significaciones y nuevos sentidos que luego se exportan como un discurso
abierto, producido en la transparencia de la interlocución intergeneracional,
interdisciplinaria, e interteórica.
Hay en la institución
acontecimientos que tardan en ser reconocidos en su valor significante para el
pensamiento; esto se debe a que se genera una tensión entre la inercia al
cambio y la aceptación de lo nuevo. El discurso se cierra cuando se obstruye o
destruye la tensión entre lo que hay de producido y lo ideal.
No olvidemos que Lacan sostuvo un diálogo permanente con la producción
psicoanalítica. Convirtió el Retorno a Freud en
significante amo, pero no olvidó a Ferenczi, a Klein, a Winnicott, y a tantos
otros, no siempre nombrados, con los cuales entraba en diálogo silencioso.
La tensión no es una polaridad
absoluta, sino el intervalo entre uno y otro de los puntos de encuentro y
desencuentro. Al sostenerse la tensión puede haber anudamiento entre la
posición analizante, la posición del analista y la
práctica en extensión. No hay nudo que no esté mantenido por la transmisión,
siempre contingente. La transmisión es un acontecimiento que se va historizando lentamente; por ello historiar la historia de Lacan en APA es una empresa fragmentada, que cada
re-hallazgo discursivo vuelve a escribir.
Actualizar
este mapa de situación, no predice el futuro ni puede dar cuenta cabal del
presente. Soy consciente que he omitido nombres, circunstancias, hechos.
Construir
un circuito que enlace por un lado, los pioneros y los motivos discursivos que
llevaron a la apertura y al retorno a Freud dentro de
APA, y por otro lado, la fuerza con que la obra de Lacan
se propagaba en los hospitales y universidades, nos puede ayudar a entender
algo de la aventura que constituye hoy transmitir el psicoanálisis en nuestro
medio.
El
mail de la autora es mirgols@tutopia.com
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