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La inclusión de la obra de Lacan en el discurso teórico de APA

15/04/2003- Por Mirta Goldstein - Realizar Consulta

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Influencia de Lacan en el discurso científico de APA

 

Intentaré un breve recorrido, reflexivo en alguna medida, sobre la introducción de la obra de Lacan en la Argentina y en la Asociación Psicoanalítica Argentina.

En esto de “estudiar  a Lacan” me hallo desde los comienzos de mi formación, la cual comenzó de modo paralelo a mis estudios sistemáticos de grado y postgrado. Esto mismo  le ocurría a toda mi generación, es decir a los estudiantes de psicología entre los años 60 y 80. En esos 20 años ocurrieron muchas cosas en nuestro país y fuera de él. Podemos “mapear”, entonces, lo acaecido con el psicoanálisis dentro de nuestra sociedad, al mismo tiempo progresista y al mismo tiempo conservadora.

Si es cierta la influencia que ha tenido en nuestra cultura que “los argentinos hayamos bajado de los barcos”,  no menos congruente con ello es que añoremos, casi con nostalgia extrema, a Europa. Aún el tango no puede abandonar a “la madre” patria. ...O peor sería no dejar de mirarla?. Los primeros psicoanalistas bajaron de los barcos y eso es ya una marca:

el psicoanálisis argentino se instaló y desarrolló en comunidades transferenciales lo cual a constituye su síntoma.

Qué haya sido nada menos que Pichón Riviére quien favoreciese la entrada en escena de Masotta y del “lacanismo”  nos permite destacar la influencia que ejercen en las instituciones no sólo los “que vienen”, sino los que “se van”. Riviére de APA o Lacan de la IPA, no importa tanto la veracidad de los hechos -si fueron expulsiones o renuncias- sino -a posteriori- importa qué leemos del deseo que motorizó a cada uno.

Masotta se constituyó en el nombre de una transformación llevada a cabo cuando el psicoanálisis ya se había instalado en la cultura de algunas clases sociales. Esto quiere decir que hay un antes y un después a la fundación de APA, y hay un antes y un después a Masotta. Y quizás forme parte de los efectos producidos, que no se haya consolidado una ”escuela argentina”.

No podemos desconocer que el movimiento lacaniano es un movimiento de ruptura. Y por ello no podemos desconocer que  para afianzarse imaginariamente en nuestro entorno, centró su lucha –en los comienzos-contra dos enemigos: la IPA y Melanie Klein (traspié, a mi gusto, de una ruptura que identificaba su lucha con la de Lacan, provocando omisiones de lectura bastante graves para el devenir del psicoanálisis en Argentina).

En los inicios, los jóvenes lectores de Lacan quedaban amarrados (por amor a las amarras) a la disputa incesante (que en muchos aún hoy continúa), negando un diálogo posible entre “lacanianos y no lacanianos”, o entre “IPA y no-IPA”.

Las resistencias también se hicieron sentir en los núcleos más conservadores de APA. Ni unos, los miembros de APA, ni otros, los lacanianos incipientes, quedan sin responsabilidad en los obstáculos para el intercambio.

Sin embargo hay una otra historia que merece ser contada.

Quiero contar una experiencia de transferencia que anude tres nombres: Oscar Masotta, Willy Baranger y Raúl Sciarretta.

Desde su entrada en APA, el movimiento de lectura-escritura lacaniano ha atravesado diferentes etapas dentro de la política institucional y dentro del pensamiento teórico-clínico.

Han sido incluidos en el discurso de la institución conceptos y nociones fundamentales de los distintos periodos de la enseñanza lacaniana. Ya es habitual escuchar hablar -en las actividades científicas- en términos de “sujeto dividido”, “castración simbólica”, “el deseo es el deseo del Otro”, “lo inconsciente estructurado como un lenguaje”, “no hay relación sexual”, “La Mujer no existe”, “las fórmulas de la sexuación”, “los cuatro discursos”, “el objeto a”, etc. Algunos podrían objetar, que este uso puede corresponder a una banalización, a lo cual respondería que si así fuera -y no lo es-, ello no es  impedimento para transformar el pensamiento, por el contrario, cada rectificación del discurso es ya una interrogación que no permite el cierre ingenuo de los posicionamientos teóricos y clínicos.

Abordar, entonces, el pensamiento actual de APA, no puede hacerse sin atravesar la historia de una apertura y de algunas resistencias. Solamente recorrer la Revista de Psicoanálisis, es ya un viaje sorprendente, pues ella es testimonio de la confrontación permanente entre quienes sustentan y transmiten  la obra de Lacan y quienes desde sus desacuerdos, recurren a la lectura silenciosa y/o crítica o a la indagación contrarrestante.

Cualquier investigación psicoanalítica, en la actualidad, no puede soslayar reconstruir el pensamiento desde de los orígenes, pasando por los aportes de cada una de las escuelas, la enseñanza y los escritos de Lacan y el desarrollo producido en la Argentina por varias generaciones de analistas.

Voy a proponer desmenuzar la siguiente hipótesis: el pasaje por la obra de Lacan ha transformado el pluralismo científico institucional en un  movimiento hacia la pluralidad que insiste en el camino de los re-hallazgos, las  rupturas y las invenciones. Si no hubiese habido “un” Lacan, se hubiera creado algún otro nombre, puesto que no hay pluralismo sin diversidad y sin polémica.

En este sentido, encuentro que se realizó en APA, un pasaje de la homogeneidad a la pluralidad, lo cual no obvia, en ningún sentido, que muchos otros autores -y no solamente Lacan- hayan sido tanto idealizados como olvidados, retomados y también asimilados. En ese “olvido” muchas veces fértil por sus consecuencias, encontramos los nombres de maestros que en Buenos Aires, se dedicaron fervientemente a la transmisión.

Es difícil creer que las nuevas generaciones de analistas desconozcan la obra de Bleger, Liberman y Racker, de la misma manera en que desconocen a Melanie Klein y en algunos casos a Freud.

El devenir de los efectos de producción que fueron engendrados a partir de  la lectura de los Escritos y Seminarios de Lacan, no pudo ser ajeno al movimiento paralelo que impartían los maestros freudianos y kleinianos en el seno de APA, y los freudianos-lacanianos por fuera de la institucionalización. 

El Psicoanálisis Argentino es el fruto de un pensamiento controvertido que aceptaba y rechazaba, al mismo tiempo, los nuevos desarrollos.

Por lo tanto, como señalé al comienzo, para descubrir el entramado que subyace a una historia de Lacan en APA, voy a valerme del comentario más que del método histórico, intentando construir una menos ajustada a datos objetivos.

Es indudable que lo ocurrido con la precipitación de la obra de Lacan en todos los estratos intelectuales, está indisolublemente ligado al desarrollo del Psicoanálisis en la Argentina y a la influencia de APA en Latinoamérica, fundamentalmente por ser APA la institución madre. Después que la APA abriera sus puertas  y diese los primeros pasos hace 60 años, se constituyó en institución modelo de la política de formación de analistas y pionera en el asentamiento y aceptación del psicoanálisis en las culturas porteñas y del interior del país. Primero se situó como única referencia del psicoanálisis y después de algunas rupturas internas (Plataforma, Documento y Apdeba, fundamentalmente) se convirtió en referencia obligada para los consensos y disensos.

Entre los nombres que considero ayudaron a la difusión de Lacan, Baranger fue el único que perteneció a la institución y colaboró en su desenvolvimiento. En tanto Masotta y Sciarretta formaron a varios de los que después serían miembros de APA.

Seguramente hay otros analistas cuya enseñanza fue irremplazable, sin embargo ellos tres, abrieron el camino para despertar la curiosidad. Sobre estos nombres voy a construir mi referencia historizante.

Masotta fue uno de los que introdujeron el pensamiento de Lacan y lograron difundirlo a través de la enseñanza articulada entre Lacan y Freud.

En un momento de la historia del psicoanálisis en la Argentina en que la teoría y la clínica kleiniana hegemónizaban la práctica, las lecturas de Masotta de los Escritos de J. Lacan fueron determinantes y hasta revolucionarias. Así comenzó a mediados de los años 60, un movimiento renovador bajo el nombre de Retorno a Freud, este significante ya atravesaba la enseñanza de Lacan en Paris, y por añadidura, se erigió en un llamado a la renovación del movimiento psicoanalítico de nuestro país.

En lo particular, recuerdo esos años como de un arduo trabajo para desembarazarse de los restos kleinianos que portábamos; fundamentalmente lo hacíamos en las supervisiones y en pequeños grupos clínicos. Recuerdo los debates con Hugo Levin con quien más tarde confluyéramos en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis.

Willy Baranger fue el iniciador de un caso muy peculiar de lectura: la interpretación de la obra de Lacan por los sectores freudiano-kleinianos.

Si bien en esos albores nadie podía denominarse lacaniano, hay una divergencia estructural entre los alumnos de Masotta y Baranger. Los primeros confluyeron en la construcción de una clínica lacaniana y de instituciones lacanianas. Los segundos, conformaron un grupo de apertura dentro de las estructuras ya instituidas de APA.

A partir de ellos hoy APA puede situarse como iniciadora -dentro de la IPA- de la articulación Freud-Klein-Lacan. Esta articulación no implica borrar sus diferencias, por el contrario, impone una lectura crítica, la cual conduce tanto a la convergencia como a la divergencia. Lo más alentador de todo lo ocurrido, es la posibilidad de rescatar el trabajo realizado y la continuidad del mismo hasta el presente.

Sciarretta, caso muy particular, trabajó en las fronteras; más de 300 alumnos pasaron por sus grupos de filosofía primero, grupos que después se dedicaron al estudio de los seminarios de Lacan.

Si la enseñanza de Lacan en seminarios anuales se constituyó en un semillero, así Sciarretta regó con su sabiduría la inquietud intelectual de la segunda generación de lectores.

Hubo un traspaso generacional entre Masotta y Sciarretta.

Si bien mi lectura de la obra de Lacan comienza a fines de los 60 y se continúa casi sin interrupción hasta hoy, esta determinación no me alejó del estudio profundo de la obra freudiana y de los autores nacionales e internacionales más relevantes del movimiento psicoanalítico. Algo semejante le pasó a muchos otros que habiéndose formado en APA, y conocedores de la historia de las ideas y conceptos del psicoanálisis de la segunda posguerra del siglo XX, no pudieron resistirse al movimiento filosófico e intelectual que surgía en Europa.

En la facultad de Psicología, cuyos orígenes ideológicos los hallamos en la intelectualidad progresista, terminaron enfrentándose las ideas del existencialismo por un lado religioso y, por otro, más politizado, con ideales comunitarios y socialistas; se gestaba una lucha interna que si bien la represión de Onganía condujo al alejamiento de las cátedras, de profesores valiosos y de pensadores relevantes, comenzó y continuó por largo tiempo.

Althusser, Foucault, Fanon, Sartre, M. Ponty, Marx, Hegel, habían sido referencias obligadas para los jóvenes estudiantes. Cuando se instala el miedo, comienza a decrecer la lectura.

Muchas cátedras universitarias de psicoanálisis comenzaron a obviar a Freud, al pensamiento argentino y a los líderes intelectuales de los inicios. A partir de esta experiencia errónea y equivocada, las instituciones psicoanalíticas se cerraban ideológicamente, a pesar de que se multiplicaban y diversificaban; muchas lo hacían en torno al nombre de Lacan. Llamativamente Buenos Aires se convirtió en uno de los centros psicoanalíticos más importantes.

Los grupos de estudio de la obra de Lacan se transformaban paulatinamente en pequeñas Instituciones. De los grupos de Masotta se gestó  La Escuela Freudiana de Buenos Aires que derivó en la hoy llamada Escuela Freudiana Argentina, de la cual se volvía a separar una otra Escuela Freudiana de Buenos Aires que emprendía su propio rumbo

Sciarretta por su condición autodidacta, dirigió -quizás sin saberlo- un movimiento intelectual que traspasó los límites del psicoanálisis porque reconocía la exigencia de conocimiento y responsabilidad a la que obligaba la lectura de Lacan. El sentido crítico y a la vez poético con que abordaba la filosofía, el psicoanálisis y la política, influyó -de una manera u de otra- en todos los que concurrían a escucharlo. Diré que lo escuchábamos por horas casi sin respirar. Algo semejante y paralelo -por fuera del lacanismo-, ocurría en el consultorio de Gregorio Baremblit. La convulsión ideológica de los años 70 penetraba en el seno de los grupos psicoanalíticos. Más que una revolución en sentido político, se estaba gestando una revolución dentro mismo del psicoanálisis.

Masotta en los 60, durante el primer periodo de destrucción de la universidad, y Sciarretta en los 70-80 cuando atravesábamos la época de oscuridad política y silenciamiento de las ideas, no se sintieron con derecho a desentenderse de la gravedad de las circunstancias a las que asistían.

Masotta no sólo contribuyó al psicoanálisis, sino que siendo uno de los intelectuales más controversiales de esos años, alentó el desarrollo de lo que fuera el “Di Tella”, reconocido centro de la vanguardia argentina.

Baranger estuvo comprometido con el movimiento institucionalizado de Latinoamérica. Sus ideas y sus propuestas llegaron a Paraguay, Uruguay, Perú, etc., lugares en los cuales ayudó a fundar asociaciones y a extender el psicoanálisis de la IPA. El movimiento latinoamericano le debe mucho.

En los años 70, ocurría en APA un hecho político: la Reforma del 74 que liberó la formación y la elección de curricula. Willy y Madelaine Baranger lideraron junto con un grupo de analistas cercanos, esta tendencia de apertura al pluralismo y de defensa del trípode freudiano.

La entrada del pluralismo no solamente modificó la historia institucional y al Instituto de Formación, sino que dio lugar tanto a escisiones como a nuevas instancias de reflexión.

Mientras tanto, algunos nombres surgían como líderes teóricos del lacanismo: Germán García, Indart, Macci, Pascualini; debemos recordar también los grupos de trabajo coordinados por Sara Glassman y Diana Rabinovich y la formación en las escuelas Freudiana Argentina, Eol, etc.

A pesar del enfrentamiento público que algunos mantenían con APA por considerarla representante de un psicoanálisis oficializado, el intercambio se sostenía en los divanes, supervisiones y grupos de lectura.

En APA, sin embargo, ocurrían transformaciones qué sólo mucho después pudieron ser leídas y analizadas. Szpilka -quien fuera después uno de sus presidentes- participaba de los llamados “grupos de Lacan” y surgía en los años 80 -en tanto fuerza política dentro de APA- el Grupo Freudiano del cual, más tarde, se desprendiera el Grupo de Investigación Bisagra Freud-Lacan.

No podemos olvidar la influencia en los más jóvenes, de Martínez Luque,  Gustavo Dima y  Genoveva Llarín, los tres fallecidos prematuramente en los 90.

A las reuniones de la Bisagra comenzaron a concurrir los psicólogos -a los cuales se les permitió la entrada en APA en 1985-86-, ellos empezaban la formación provistos de un extenso recorrido psicoanalítico que no podía pasar inadvertido en las discusiones y en los seminarios.

A la “Bisagra” como se la conocía- también se acercaban analistas de afuera de la institución con los cuales se construyeron lazos de trabajo. Por ejemplo, muchos de nosotros -entre ellos Osvaldo Apreda- fuimos parte de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Nos era imprescindible atravesar las fronteras para crecer. Los que recién ingresaban en APA, se agruparon en torno a los seminarios de Instituto, seminarios que comenzaban a tener un sesgo lacaniano no siempre admitido  públicamente.

Los nuevos lacanianos de APA eran cuestionados en los medios más radicalizados, sin embargo algunos empezaban a destacarse por sus ideas, por sus escritos y por la clínica que sostenían.

No olvidemos a los que eligieron acercarse al movimiento milleriano y contribuían con sus ideas a las discusiones en plenarios.

Debo destacar, que los plenarios científicos de APA, en los cuales se reúnen hasta hoy día más de 200 analistas, dieron lugar al desarrollo controversial de los conceptos fundamentales del psicoanálisis

El panorama de los lectores de Lacan en APA se complejizaba , ya sea por las filiaciones extramuros, ya sea por las rivalidades intramuros. De hecho muchos lacanianos de las primeras horas renunciaron a APA motivados por el ideal de “un Lacan más puro”, u otros se desdibujaban por las exigencias de adaptación a los consensos y mayorías.

Los que nos quedamos, tanto en APA como en el discurso freudiano-lacaniano, lo hicimos  convocados por re-hallar, paso a paso, la transferencia de trabajo que anhelábamos.

Por suerte el periodo más resistencial por parte de lacanianos y no lacanianos se está derrumbando e ingresamos a un periodo de circulación interdiscursiva e interinstitucional. Hoy debemos destacar la conformación del Espacio Lacan y su inserción plena dentro del intercambio científico.

De todo este recorrido se precipita y confirma que no hay apertura sin resistencias, por lo tanto debemos poner nuestro acento en la producción teórico-clínica realizada en más de 25 años de contacto con el pensamiento de Lacan.

Entiendo que hablar de la inserción de la obra de J. Lacan en nuestra institución no puede desanudarse de la implementación, no sin vacilaciones, del pluralismo.

Si APA fue pionera en consolidar un enlace con el pensamiento extra-muros de APA y, a la vez,  con el pensamiento lacaniano de sus miembros, podemos decir que hoy es pionera de la transmisión de esa historia. No es casual que se haya despertado el interés por la historia.

Algunos quieren abrir o cerrar fronteras, otros desean marcar fronteras. A mi gusto podemos dar un paso más: decir que si hubo fronteras entre el discurso lacaniano y el discurso “oficializado” por la práctica mayoritaria de los miembros de APA como institución perteneciente a la IPA, hoy debemos trasladar la polémica a los efectos acaecidos en la clínica. Todavía no hubo un debate sobre la influencia del discurso lacaniano de APA en la práctica de las direcciones de análisis; pero fundamentalmente, no hubo aún una resignificación de los efectos de los análisis didácticos con analistas lacanianos. Estos debates, a mi gusto necesarios, están todavía suspendidos.

Hay otro debate histórico que entiendo continúa pendiente y que concierne directamente a los lectores y seguidores de Lacan; es la reflexión sobre los modos de enseñanza de la obra de este autor dentro del Instituto de Psicoanálisis.

Resumiendo, pienso que hay cuatro periodos que podemos discriminar en la historia de la inserción de la obra de Lacan: un primer periodo de información y estudio llevado a cabo por unos pocos por fuera de APA, un segundo periodo de reunión de los interesados en torno a grupos como la Bisagra Freud-Lacan, en los cuales la discusión sobre la producción de textos permitió la comprensión, la identidad y la pertenencia, un tercer periodo donde se afianzó la lectura en los seminarios del instituto de psicoanálisis, lamentablemente proponiendo una lectura muchas veces temática que dio lugar a la difusión pero también al reduccionismo, y un cuarto periodo de confrontación entre los mismos lacanianos que podemos ubicar en el presente, cuya característica más relevante es la jerarquización del pensamiento y la transmisión. Estos cuatro periodos se superponen con una fuerte tendencia a la concreción, sobre todo en los últimos tiempos, de lazos sociales y de intercambio con las instituciones de formación sistemática de psicoanalistas. En ellas incluyo a las agrupaciones lacanianas que sostienen escuelas y seminarios.

Como dije anteriormente, los tiempos que señalo no remiten a una historización objetiva y/o cronológica ya que carezco de muchos datos. Los señalo a la manera de un mapeo, es decir, del compromiso que se fue entramando a lo largo de los años. Compromiso de profundización por parte de los lacanianos, y compromiso de inclusión por parte de los no lacanianos. Quiero volver a destacar -principalmente- que estos tiempos se superponen, se conectan, se atraviesan y confluyen.

¿Por qué mapeo? Un mapa es una superficie que desconoce su espesor. Así el Inconsciente lacaniano fue mapeado en una superficie unilátera: la cinta de Moëbius. Sólo la interpretación como un corte, revela la pérdida de la función moebiana, o sea, de  la continuidad entre consciente e inconsciente.

Considero que ha sido  escrita en APA la historia  de una  práctica de intercambio que debemos transmitir y comunicar a los lacanianos del mundo y a los no lacanianos del mundo. Esta historia es la práctica de un diálogo y de un malestar.

¿Cómo medimos el malestar? Por los residuos de etiquetamiento que aún subsisten. “Ser o no ser” lacaniano es una falsa oposición. No hay “ser” lacaniano.  Hay “Lacan”, sólo  si su enseñanza se verifica en la praxis.

Un mapeo de la situación actual del psicoanálisis no puede soslayar la comprensión de los múltiples intercambios producidos. No podemos menos que destacar como en el último simposio de APA, por ejemplo, los Espacios Winnicott y Lacan, ejercieron el derecho a la interlocución.

La situación actual es la siguiente: por un lado algunos analistas lacanianos sostienen los seminarios de formación, por otro, los espacios  y grupos de trabajo tales como: La posición del analista, La práctica clínica desde la perspectiva inter-institucional, el Grupo Encuentro, Fragmentos, los grupos que desde el departamento de historia se dedican a investigar, etc. todos sostienen la interlocución y, en conjunto, al recientemente creado Espacio Lacan.

Este movimiento participa de la actividad científica de Secretaría Científica, los estamentos y departamentos y la membresía. A este mapa debemos agregar los nombres de algunos sucesores de los Baranger; éstos, sin alistarse en una definición de pertenencia, guardan un profundo conocimiento y respeto por la obra de Lacan;  me refiero al esfuerzo que realizan Raquel Zac de Goldstein en Argentina, y Myrta Casas de Pereda en Uruguay, por articular vertientes disímiles de la teoría psicoanalítica.

No abrigo ilusión de un porvenir sin malestar, lo cual no me hace desistir de apostar al trabajo de interlocución teórica y a la actualización de los debates clínicos.

La constitución en el año 2000 del Espacio Lacan -bajo la presidencia de Abel Fainstein, la Secretaria Científica de Andrés Rascovsky y el apoyo de los integrantes de Comisión Directiva, y especialmente el asesoramiento  de Federico Aberastury y mío, formaliza la escritura de un pasado y de un futuro; de ambos: de la historia pasada y del futuro por venir, somos todos responsables.

No menos importante es la inclusión del pensamiento freudiano-lacaniano a través de los departamentos de psicosis, niños y adolescente, familia y pareja, etc. en los cuales se favorece el intercambio pluralista en la construcción clínica.

La práctica teórica-ideológica institucional es una construcción de la pluralidad, cuya arquitectura se va diseñando en el intercambio con el afuera y en la revisión crítica de la historia de lo producido hacia adentro. Cada hito del diálogo genera nuevas significaciones y nuevos sentidos que luego se exportan como un discurso abierto, producido en la transparencia de la interlocución intergeneracional, interdisciplinaria, e interteórica.

Hay en la institución acontecimientos que tardan en ser reconocidos en su valor significante para el pensamiento; esto se debe a que se genera una tensión entre la inercia al cambio y la aceptación de lo nuevo. El discurso se cierra cuando se obstruye o destruye la tensión entre lo que hay de producido y lo ideal.

No olvidemos que Lacan sostuvo un diálogo permanente con la producción psicoanalítica. Convirtió el Retorno a Freud en significante amo, pero no olvidó a Ferenczi, a Klein, a Winnicott, y a tantos otros, no siempre nombrados, con los cuales entraba en diálogo silencioso.

La tensión no es una polaridad absoluta, sino el intervalo entre uno y otro de los puntos de encuentro y desencuentro. Al sostenerse la tensión puede haber anudamiento entre la posición analizante, la posición del analista y la práctica en extensión. No hay nudo que no esté mantenido por la transmisión, siempre contingente. La transmisión es un acontecimiento que se va historizando lentamente; por ello historiar la historia de Lacan en APA es una empresa fragmentada, que cada re-hallazgo discursivo  vuelve a  escribir.

Actualizar este mapa de situación, no predice el futuro ni puede dar cuenta cabal del presente. Soy consciente que he omitido nombres, circunstancias, hechos.

Construir un circuito que enlace por un lado, los pioneros y los motivos discursivos que llevaron a la apertura y al retorno a Freud dentro de APA, y por otro lado, la fuerza con que la obra de Lacan se propagaba en los hospitales y universidades, nos puede ayudar a entender algo de la aventura que constituye hoy transmitir el psicoanálisis en nuestro medio.

 

 

 

El mail de la autora es mirgols@tutopia.com                                            

 

 

 

 

 

 

 

 


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