» Historia Viva
¨La Peste¨, un significante verosímil05/06/2013- Por Daniel de los Santos - Realizar Consulta
En el presente artículo, Daniel de los Santos analiza uno de los mitos de orígenes del psicoanálisis: la anécdota, contada por Lacan, de la llegada de Freud y Jung a EEUU para llevarles "la peste". A pesar de que las evidencias históricas demuestran el carácter ficcional de tal relato, el autor se esfuerza en demostrar y documentar que en tal ficción operaría una verdad: la recuperación del carácter subversivo del psicoanálisis en la operación de retorno a Freud llevada adelante por Lacan.
“Así es como la frase de Freud a Jung, de cuya boca la conozco, cuando, invitados los dos en la Clark University, tuvieron a la vista el puerto de Nueva York y la célebre estatua que alumbra al universo: "No saben que les traemos la peste", le es enviada de rebote como sanción de una hybris cuyo turbio resplandor no apagan la antífrasis y su negrura La Némesis, para agarrar en la trampa a su autor, sólo tuvo que tomarle la palabra. Podríamos temer que hubiese añadido un billete de regreso en primera clase”.
Jacques Lacan[1]
1. ¿Un invento de Lacan?
Entre otras consideraciones, esta frase de Lacan introdujo una “novedosa” anécdota que, a partir del momento en que fue relatada, se extendió como escena mítica, como símbolo del espíritu subversivo del Psicoanálisis.
Aparentemente el episodio no habría tenido lugar de la manera relatada por Lacan. Todo lo que Freud habría dicho sería: "Se sorprenderán cuando sepan lo que vamos a decir" o bien: “¡Qué sorpresa van a llevarse cuando oigan lo que tengo que decir…!”, tal es la frase que Jung relata en sus Memorias[2].
Los historiadores en general coinciden en que no existen registros biográficos, documentos o archivos que respalden las palabras de Jacques Lacan. La hipótesis de Elizabeth Roudinesco al respecto es contundente:
“…Lacan inventó pues una ficción más verdadera que la realidad…”[3]
Sin embargo, no era desconocida la metáfora pestífera entre aquellos primeros psicoanalistas: los nuevos simpatizantes o adeptos al psicoanálisis conquistados por las primeras estrategias políticas de la naciente disciplina eran festejados como nuevos “infectados”. Esa era la inequívoca señal de una buena recepción.
Este chiste freudiano, la peste, se constituye entonces, en una narración maravillosa, pintando un Freud a la manera de un conquistador heroico. ¿Interpreta el origen y/o determinación del lugar del psicoanálisis en el mundo?
“En la historia corriente de las escuelas y los movimientos científicos, el valor de verdad de una idea nunca garantiza automáticamente su difusión, y la voluntad de hacerla escuchar se cruza, tarde o temprano, con pago de aranceles. El progreso del psicoanálisis, no queda exceptuado de este destino común.”[4]
2. Freud subversivo
Hugo Vezzetti considera la escena relatada por Lacan como “falsa e inverosímil” aunque destaca que ha resultado paradójicamente “verdadera” con respecto a los intentos de desmentirla por los hechos.[5]
Ateniéndonos a la tiranía de la comprobación por los hechos, aceptaríamos la posibilidad de que tal acontecimiento fuera falso. Ningún documento u otro tipo de prueba irrefutable lo avalan. Pero: ¿por qué inverosímil? Vezzetti describe a un Freud con aspiraciones de ser considerado “un hombre de ciencia para la posteridad” y no se muestra de acuerdo con la figura que intenta transmitir Lacan, la de Freud subversivo, poniendo de cabeza sociedad y cultura.
Según el Diccionario de la Real Academia Española: Verosímil…
1. adj. Que tiene apariencia de verdadero.
2. adj. Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad[6].
Tomando en cuenta ambas definiciones, en principio podríamos considerar que la escena relatada por Lacan tiene apariencia de verdadera, bien pudo haber ocurrido a bordo del vapor George Washington en su entrada al puerto de New York. Resulta también creíble porque no ofrece, por sí misma, indicio alguno de falsedad. En la actualidad aún se toma por verdadera la anécdota motivo de nuestro análisis, al menos en sus efectos y en aquello que intenta transmitir. Muchos psicoanalistas la tomaron durante mucho tiempo por cierta hasta que las investigaciones de los historiadores establecieron las dudas razonables para convalidarla. Tan clara fue hasta entonces su verosimilitud.
Pero sobre todo no resulta inverosímil pues parece resumir en una sola expresión: “la peste”, la gran e innegable conmoción causada por el descubrimiento freudiano. ¿No encontramos en la obra freudiana numerosas referencias al impacto que causó el psicoanálisis, provocando polémicas y controversias ante el conocimiento establecido del psiquismo, del ser humano, sociedad y cultura que se tenía hasta la llegada de Freud, como asimismo trastornando, revolviendo y subvirtiendo la moral de su época? Revisemos solamente algunos de los indicios del efecto escandaloso y de difícil aceptación que el mismo Freud podía conjeturar en su obra.
“…el psicoanálisis es creación mía, yo fui durante diez años el único que se ocupó de él, y todo el disgusto que el nuevo fenómeno provocó en los contemporáneos se descargó sobre mi cabeza en forma de crítica.”[7]
“…Y como desde hace tiempo he reconocido que el inevitable destino del psicoanálisis es mover a contradicción a los hombres e irritarlos, he sacado en conclusión que yo debo de ser el verdadero creador de todo lo que lo distingue...”[8].
“Frente a la mala acogida que mí tesis sobre la etiología sexual de las neurosis halló aun en el círculo íntimo de mis amigos -pronto se hizo el vacío en torno de mi persona-, me sirvió de consuelo pensar que había empeñado batalla en favor de una idea nueva y original”.[9]
“Entendí que en lo sucesivo pertenecería al número de los que “han turbado el sueño del mundo” (…) y no me estaba permitido esperar objetividad ni benevolencia (…). Me resolví a creer que había tenido la dicha de descubrir unos nexos particularmente importantes y me dispuse a aceptar el destino que suele ir asociado con un hallazgo así.”[10]
“Una acogida particularmente mala halló el psicoanálisis, que empezó a ser desarrollado hace unos treinta años por quien esto escribe, (…) Su carácter de novedad es indiscutible (…) Pero concatenaciones que al comienzo no podían vislumbrarse llevaron al psicoanálisis mucho más allá de su meta inicial. Al final pretendió haber colocado sobre una nueva base toda nuestra concepción de la vida anímica y, por eso, revestir importancia para todos los campos del saber que se fundan en una psicología, Tras ser ignorado por completo durante un decenio, de pronto pasó a ser objeto del interés más universal y (...) desencadenó una tormenta de indignada repulsa.”[11]
A los efectos de no caer en exceso, como última cita, no podemos dejar de prestar atención a un factor que incidió desde un comienzo pero que cobró especial relevancia en épocas de guerra y en las consecuencias que acarrearía en la posguerra, en lo que hace al destino del psicoanálisis en Europa y a las condiciones de difusión, recepción e implantación del mismo en el resto del mundo.
“Por último, el autor, con las reservas del caso, tiene derecho a plantear esta cuestión: quizá su propia personalidad, como judío que no quiso ocultar su judaísmo, tuvo algo que ver en la antipatía de los contemporáneos hacia el psicoanálisis. Rara vez se expresó en alta voz un argumento de este tipo, pero por desdicha nos hemos vuelto tan recelosos que no podemos dejar de conjeturar que esa circunstancia no ha sido del todo ajena. Y, por otro lado, acaso no fue mera casualidad que el primer sostenedor del psicoanálisis fuera un judío. Para abrazarlo hacía falta cierta aquiescencia frente al destino de encontrarse aislado en la oposición, un destino más familiar al judío que a los demás.”[12]
Sería un exceso afirmar que Freud se considerara a sí mismo como un descubridor subversivo. Sus ideas no persiguieron el ideal de una rebelión que trastornara a la cultura. Pero aquí cabe la expresión usada por él mismo: el buscador halló a menudo más de lo que habría deseado hallar. Expresión que se ajusta para describir la recepción, el modo de implantación y difusión de la teoría psicoanalítica.
3. Política lacaniana
Dice Vezzetti en el artículo ya citado: “la historia apócrifa revelaba más a Lacan que a Freud”. Es probable que así sea. Quizás se haya sentido convocado por el mismo Freud:
“Algunos decenios después, otro, infaliblemente, tropezaría con esas mismas cosas para las cuales ahora no habían madurado los tiempos, haría que los demás las reconociesen y me honraría como a un precursor forzosamente malogrado.”[13]
Lacan nos explica con sus palabras, que Freud no se había equivocado. El psicoanálisis no sería una revolución para Norteamérica, y en realidad Norteamérica había devorado su doctrina, la había acomodado al “american way of life” sustrayéndole su espíritu subversivo.
Las palabras de Lacan acerca de la peste constituyeron fundamentalmente en Francia un mito refundador del freudismo y fundador del lacanismo. Es en ese país que la doctrina de Freud ha sido considerada "subversiva" como rechazo lacaniano a toda forma de psicología adaptativa.
Así, Jacques Lacan, ejerciendo la función de un lector activo que establece el sentido de una obra, se presentó sin duda como más freudiano que las diversas corrientes del freudismo de la década de 1950. Lanzó sus palabras en épocas en que diversos autores autodenominados psicoanalistas se desviaban de la doctrina freudiana. Crítico de todo aquello que él no consideraba psicoanálisis y aspirando a rescatar la pureza original de la teoría, logró que el lacanismo ocupe, a partir de su propia obra, un lugar único en la historia del psicoanálisis de la segunda mitad del siglo XX. Su propuesta fue la de alzar la bandera freudiana, asimilándola a una revolución o a una peste subversiva.
“Jacques Lacan trató de introducir la peste, la subversión y el desorden en el corazón de ese freudismo atemperado del que era contemporáneo. Un freudismo que, después de haber sobrevivido al fascismo, había sabido adaptarse a la democracia hasta el punto de no reconocer ya la violencia de sus orígenes”[14]
Fue principalmente el freudismo norteamericano el blanco de sus agudas críticas. El psicoanálisis en los Estados Unidos se asimiló a un culto de la felicidad y la salud, tan contrario al eterno y poderoso malestar en la cultura. El psicoanálisis tal cual Freud lo había concebido no pudio implantarse como tal en los Estados Unidos.
El principal exponente norteamericano de esta desviación lo constituyó la Ego Psychology, entendida por Lacan como una versión edulcorada y adaptativa del mensaje freudiano, y a la cual le opuso “la peste”, es decir, una visión contestataria y subversiva de la teoría de Freud, centrada en la primacía del inconsciente y el ello en detrimento del yo.
De particular relevancia fueron también los avatares en las relaciones de Lacan y la International Psychoanalytical Association (IPA). En ese campo de batalla, el maestro francés emprendería su cruzada, proponiendo que la IPA también se había desviado de los orígenes del psicoanálisis y que sus proposiciones sólo conservaban la doctrina freudiana bajo la forma de negación.
Al respecto, una particular reflexión de Héctor López:
“No sabemos si Freud impulsó la IPA con el propósito de que su descubrimiento fuera renegado, y así garantizar su preservación, con esa garantía infalible que otorga el mecanismo de la represión. Lo que sí sabemos es que esa suposición audaz de Lacan es en todo coherente con la teoría psicoanalítica.”[15]
4. “La Peste” mito fundador
Excedería a este trabajo una profunda consideración acerca del concepto de real tanto en la obra de Freud, como en los posteriores desarrollos lacanianos. Bástenos tomar en cuenta el estudio y análisis que Lacan hizo de la obra de Jeremy Bentham y su teoría de las ficciones con la cual pudo determinar, por ejemplo, que la expresión fictitious no remite tan fácilmente a la ilusión o el engaño, sino que tiene como objetivo determinar que la verdad posee estructura de ficción. Por ello no debemos confundir verdad con verosimilitud.
Jacques Lacan, subvirtiendo todo canon, pudo haber apelado al poder de la fantasía. Las fantasías, constituyen cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad, poseen una suerte de realidad: realidad psíquica, por oposición a una realidad material. El psicoanálisis nos ha enseñado que para analizar los diversos efectos que encontramos en la realidad actual, no se trata simplemente de establecer la realidad histórica de un acontecimiento: la realidad psíquica es la decisiva. Pues bien, los mitos fundadores también poseen la característica de pesar más que la realidad objetiva de los hechos. Subvirtiendo el canon, Lacan logró efectos de verosimilitud.
El episodio de “la peste” no resulta de ninguna manera inverosímil pues resume en una sola expresión, la incuestionable conmoción causada por el descubrimiento freudiano. Encontramos en la obra de Freud numerosas referencias al impacto que causó el psicoanálisis, provocando polémicas y controversias ante el conocimiento establecido del psiquismo, del ser humano, sociedad y cultura que se tenía hasta su llegada, trastornando, revolviendo y subvirtiendo asimismo, la moral de su época. Lacan por su parte, ante un psicoanálisis en crisis producto de la guerra, la posguerra, como así también por lecturas antojadizas y tendenciosas, tanto por parte de la IPA como del pretendido psicoanálisis norteamericano, introdujo una “novedosa” y revulsiva anécdota que, a partir del momento en que fue relatada, se extendió como escena mítica, símbolo del espíritu subversivo del Psicoanálisis.
Palabras del fundador. Para finalizar incluyo algunas sintéticas y significativas palabras de Sigmund Freud correspondientes a la única alocución grabada que existe del fundador del psicoanálisis, realizada por la BBC (British Broadcasting Corporation) en el año 1938:
I started my professional activity as a neurologist trying to bring relief to my neurotic patients… I discovered some important new facts about the unconscious… the role of instinctual urges and so on. Out of these findings grew a new science, psychoanalysis, a part of psychology, and a new method of treatment of the neuroses. I had to pay heavily for this bit of good luck. People did not believe in my facts and thought my theories unsavory. Resistance was strong and unrelenting. In the end, I succeeded… But the struggle is not yet over.[16]
Bibliografía
A) Citada en el texto
Baños Orellana, J. El escritorio de Lacan. Oficio Analítico. Buenos Aires. 1999.
Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición. © Real Academia Española, 2003 © Espasa Calpe, S.A., 2003 Edición electrónica Versión 1.0 .El texto del
Diccionario corresponde a la segunda tirada, corregida, de la vigésima segunda edición
Freud, S. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914). Obras Completas. Tomo XIV. Amorrortu. Buenos Aires. 1995.
Freud, S. Conferencias de introducción al psicoanálisis Parte III. (1916-17 [1915-17]) 18ª conferencia. La fijación al trauma, lo inconciente. Obras Completas. Tomo XVI. Amorrortu. Buenos Aires. 1998.
Freud, S. Las resistencias contra el psicoanálisis (1925 [1924]). Obras Completas. Tomo XIX. Amorrortu. Buenos Aires. 1997.
Lacan, J. La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis (1955). Escritos 1. Siglo veintiuno. Argentina 1988.
López, H. Psicoanálisis, un discurso en movimiento. Derivas del descubrimiento freudiano. Biblos. Buenos Aires. 1994.
Rodrigué, E. Sigmund Freud. El siglo del Psicoanálisis. Tomos I y II. Sudamericana. Buenos Aires. 1996.
Roudinesco, É. Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Fondo de Cultura económica. Buenos Aires. 2005.
Vezzetti, H. La peste, el psicoanálisis y los psicoanalistas. Diario Página 12. Buenos Aires. 27-08-98.
B) De referencia
Clement, C. Vidas y leyendas de Jacques Lacan. Anagrama. Barcelona. 1998.
Dagfal, A. (2004). Para una”‘estética de la recepción” de las ideas psicológicas. Frenia, Revista de Historia de la Psiquiatría, 5 (1), 1-12.
Freud, S. Cinco conferencias sobre psicoanálisis (1910 [1909]). Obras Completas. Tomo XI. Amorrortu. Buenos Aires. 1997.
Freud, S. Una dificultad del psicoanálisis (1917 [1916]). Obras Completas. Tomo XVII. Amorrortu. Buenos Aires. 1997.
Freud, S. El porvenir de una ilusión (1927). Obras Completas. Tomo XXI. Amorrortu. Buenos Aires. 1996.
Freud, S. El malestar en la cultura (1930 [1929]). Obras Completas. Tomo XXI. Amorrortu. Buenos Aires. 1996.
Gay, P. Freud. Una vida de nuestro tiempo. Paidós. Buenos Aires. 1996.
Hale, N. (1978). De Berggasse 19 al Central Park West: la americanización del psicoanálisis.1919-1940. Journal of the History of the Behavioral Sciences, 14, 299-315.
Lacan, J. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953). Escritos 1. Siglo veintiuno. Argentina 1988.
Lacan, J. Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconciente freudiano (1960). Escritos 2. Siglo veintiuno. Argentina 1988.
Lacan, J. El Seminario. La ética del Psicoanálisis (1959 – 1960). Libro 7. Paidós. Buenos Aires. 2005.
Millet, J. El psicoanálisis en los Estados Unidos. En Wahl, Ch. y otros (1968). Historia del psicoanálisis. Tomo VII. Buenos Aires. Paidós.
Plon, M y Roudinesco, É. Diccionario de Psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires. 1998.
Roudinesco, É. La batalla de cien años. Historia del psicoanálisis en Francia (1925-1985). Tomo 2. Madrid: Fundamentos. 1993.
Roudinesco, É. ¿Por qué el psicoanálisis? Buenos Aires. Paidós. 2000.
Steiner, R. De Viena a Londres y Nueva York. Emigración de psicoanalistas durante el nazismo. Nueva Visión Buenos Aires.2003.
[1] Lacan, J. La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis (1955). Escritos 1. Siglo veintiuno. Argentina 1988. Pág. 386.
[2] Para mayor información remitirse a: Rodrigué, E. Sigmund Freud. El siglo del Psicoanálisis. Tomo I. Sudamericana. Buenos Aires. 1996. Pág. 519 y siguientes.
[3] Roudinesco, E. Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Fondo de Cultura económica. Buenos Aires. 2005. Pág. 390.
[4] Baños Orellana, J. El escritorio de Lacan. Oficio Analítico. Buenos Aires. (1999). Pág. 49.
[5] Vezzetti, H. (1998). La peste, el psicoanálisis y los psicoanalistas. Diario Página 12. Buenos Aires. 27-08-98.
[6] Diccionario de la lengua española Vigésima segunda edición © Real Academia Española, 2003 © Espasa Calpe, S.A., 2003 Edición electrónica Versión 1.0 .El texto del Diccionario corresponde a la segunda tirada, corregida, de la vigésima segunda edición del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española.
[7] Freud, S. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914). Obras Completas. Tomo XIV. Amorrortu. Buenos Aires. 1995. Pág. 7.
[8] Op. Cit. Pág. 8.
[9] Op. Cit. Pág. 12
[10] Op. Cit. Pág. 20
[11] Freud, S. Las resistencias contra el psicoanálisis (1925 [1924]). Obras Completas. Tomo XIX. Amorrortu. Buenos Aires. 1997. Pág. 228.
[12] Op. Cit. Pág. 235
[13] Freud, S. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914). Obras Completas. Amorrortu. Buenos Aires. 1995. Pág. 21
[14] Roudinesco, E. Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Fondo de Cultura económica. Buenos Aires. 2005. Pág. 11.
[15] López, H. Psicoanálisis, un discurso en movimiento. Derivas del descubrimiento freudiano. Biblos. Buenos Aires. 1994. Pág. 40.
[16] Ver Web page del Sigmund Freud Museum Wien < http://www.freud-museum.at/ >
Traducción aproximada:"Comencé mi actividad profesional como neurólogo tratando de dar alivio a mis pacientes neuróticos… Descubrí algunos nuevos hechos importantes sobre el inconsciente… el rol de los impulsos instintivos etc. A partir de estos hallazgos se desarrolló una nueva ciencia, el psicoanálisis, una parte de la psicología, y un nuevo método para el tratamiento de las neurosis. Tuve que pagar caro por este poco de buena suerte. La gente no creyó en los hechos que descubrí y consideró a mis teorías ofensivas. La resistencia fue fuerte y tenaz. Finalmente, tuve éxito… Pero la lucha aún no ha terminado."
© elSigma.com - Todos los derechos reservados



















