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Los acontecimientos históricos y las guerras en la vida de Sigmund Freud

11/11/2008- Por Emiliano del Campo -

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Invitamos a realizar el recorrido que el autor nos propone, en cuanto al contexto histórico en la vida y obra de Freud. Emiliano del Campo señala en su artículo diferentes ejes posibles para la lectura de los acontecimientos en la vida de Sigmund Freud: el término conflicto (bélico – psíquico), la literatura (Nietzsche, Goethe – el inconsciente y sus formaciones), el malestar (en la cultura y el deseo), y lo originario (en la humanidad y en el aparato psíquico). Conoceremos a través de las letras del autor personajes paradigmáticos en la vida de Freud y en sus contemporáneos como Lutero y Goethe, que nos permitirán apreciar la historia europea y su influencia en la fundación del psicoanálisis.

Sigmund Freud nació en Moravia el 23 de septiembre de 1856, perteneciente a los países Checos, poblados de alemanes con afán de progreso. Esta situación fue aprovechada por los intelectuales para fomentar una mayor conciencia nacionalista en el pueblo checo; así la guerra estuvo en los comienzos de la vida de Freud. En 1848 fue la primera ciudad de Austria en alzarse contra el poder central en pos de una reforma, con el fin de lograr la unión de checos y eslovacos, pero tras la formación en 1867 del Imperio Austrohúngaro, fueron equiparados a Austria y Hungría. 

Freud iniciará la carrera de Medicina en 1873, su gran amigo Paneth estaba fuertemente vinculado con Nietzsche, conocía su pensamiento, lo visitaba y se lo transmitió a Freud. Inesperadamente fallece en 1890, cuando Nietzsche entra en la demencia. ¿Fue determinante del silencio de Freud ante Nietzsche? Es el tiempo que Freud, por sus conjeturas sexuales de las neurosis, ha quedado aislado del medio científico vienés y  comienza ha establecer su novedosa y creativa relación epistolar con Fliess en 1887; se ha distanciando de Breuer.

Son los años de la Guerra Franco-Prusiana y La Comuna de Paris. Fue un conflicto desde julio de 1870 hasta mayo de 1871. Esta guerra triunfal prusiana, dio lugar a que se aliaran a Prusia todos los estados alemanes, acorde con los planes de Bismarck; fue la que produjo la unión política de Alemania. Bismarck impuso una dura paz a Francia: le fueron arrebatadas las provincias de Alsacia-Lorena, ricas en minas de carbón, además de imponérsele el pago de grandes sumas de dinero en concepto de reparaciones de guerra. En esos años aconteció La Comuna de París, 1871, que ha sido sin duda, uno de los mayores acontecimientos revolucionarios del proletariado de la historia. Por primera vez el proletariado fue capaz de derrocar el poder establecido, formar sus propios órganos de gobierno y reemplazar al Estado monárquico-burgués capitalista. Esto nunca lo perdonaron los asustados burgueses-capitalistas, que vieron en La Comuna la posibilidad de perder todos sus privilegios económicos y sociales. También explica la fuerte represión sufrida por los comuneros, y que gran parte del mundo lo viera como una simple revuelta de “vagos” proletarios. La represión fue tan grande que, incluso este acontecimiento tan importante, fue olvidado por los libros de historia, nombrándose casi como una anécdota de la Guerra Franco-Prusiana que derrocó a Luis Napoleón III, que trajo la III República a Francia y la unión de Alemania.

En 1882 Bismarck  creó la Triple Alianza, compuesta por Prusia, Austria e Italia, por otro: el Imperio Austro-Húngaro, que se consideraba el heredero del Sacro Imperio Romano Germánico. En oposición a este bloque, Francia formó la denominada Alianza Dual con Rusia. Al mismo tiempo Gran Bretaña y Francia, dominantes en el colonialismo, creaban la Alianza Cordial, que llegó a convertirse en la Alianza Cordial entre Francia, Inglaterra y Rusia.

Pero debemos detenernos en dos personajes paradigmáticos en la vida de Europa y en Freud: Lutero y Goethe.

Comencemos por Lutero, una figura clave y central de la historia de Europa y en especial de Alemania, Lutero desmembró el Sacro Imperio Romano; entre 1519 y 1523, la historia europea pasó por Lutero. 

“Lutero fue una mezcla de cuatro grandes clases de la sociedad medieval: el campesinado, el artesano, el monje y el santo. Por la fuerza de su carácter, así como de sus acciones, formó la Alemania moderna y el alemán moderno” (2.196)  Más aún: “durante un breve tiempo, la historia de La Reforma y la historia de Alemania y de Europa, se habían fundido con el destino personal de Martín Lutero” (2.253)

Desbancó los principios de la Iglesia Romana, afirmando: “lo único y verdadero es la Palabra de Dios mismo”, así afirma la supremacía del  Derecho del Estado sobre el Derecho Imperial del Sacro Imperio; la única palabra es la de Dios y la Biblia, el fundamento de la ley. Sostiene que, en la naturaleza del hombre coexisten la libertad y la obediencia al Estado; este doble vínculo será omnipresente en la historia de Alemania. Hay un hecho crucial: Lutero quiere liberar los estudios científicos y humanísticos de las cadenas escolásticas y eclesiásticas; las consecuencias fueron más allá de sus propósitos.

En el territorio del Sacro Imperio Romano, se produce el conflicto entre Austria y Prusia: La Guerra de los Siete años, que termina con el triunfo de Bismark sobre Austria en 1866, que estableció la división en Europa entre el Norte Protestante y el Sur Católico; de modo que el protestantismo fue adquiriendo un progresivo poder. Así como Lutero defendió con toda su fuerza su Reforma Protestante, significó el fin del predominio católico en Europa. Lutero no tuvo piedad ni con la revuelta de los campesinos, para él solo predominaba y predominó el poder del Protestantismo. El burgués alemán fue su prototipo, así como ante el Estado prusiano todos eran sus fieles esclavos. Esta fue la razón histórica que nos permite afirmar que, con Lutero, fue posible que todo ciudadano alemán tenía el deber de su absoluta obediencia al Estado; solo así fue posible el nazismo, así el Estado prusiano fue el antecesor del nazismo.

Es por ello que, para comprender a Freud, debemos conocer los acontecimientos de su época, la que va de Lutero a Goethe, solo así es posible abordar el pensamiento freudiano. Freud se sirvió de un testimonio: La Guerra del 14, lo escribió en 1915: De guerra y la muerte. Temas de actualidad. Esta guerra le bastó para conocer cómo era el hombre. Sorprende lo poco que se lo ha leído, ya que Freud se adelanta, con un realismo y una claridad que conmueven sobre la pulsión de muerte, como para dar cuenta de los fundamentos éticos del ser humano, se trata de lo que acontecía y acontece con el ser humano desde sus orígenes hasta el ser humano actual; en nada lo distingue ante la muerte como su despliegue “hipócrita-genocida:

“Es indiscutible que nuestra cultura presente favorece en extraordinaria medida la conformación de ese tipo de hipocresía. Podría aventurarse esta aseveración: está «edificada sobre esa hipocresía », y tendría que admitir profundas modificaciones en caso de que los hombres se propusieran vivir de acuerdo con la verdad psicológica. Existen, por tanto, muchísimos más hipócritas de la cultura que hombres realmente cultos. Y aun podría examinarse este punto de vista: Es posible que la aptitud para la cultura ya organizada en los hombres de hoy sea insuficiente para conservar esta, y por eso siga siendo indispensable cierto grado de hipocresía. Por otra parte, la conservación de la cultura, aun sobre una base tan precaria, ofrece la perspectiva de propender en cada generación nueva, en cuanto portadora de una cultura mejor, a una reforma más vasta de las pulsiones.” (TXIV. 280)

El hombre ignora su propia muerte, solo sabe la de la muerte del otro, tal como lo asevera en 1930: que le llevó quince años admitir la existencia de la pulsión de muerte. Pero ¿qué ocurre con el hombre desde sus orígenes?:

“La historia primordial de la humanidad está, pues, llena de asesinatos. Todavía hoy lo que nuestros niños aprenden en la escuela como historia universal es, en lo esencial, una seguidilla de matanzas de pueblos. El oscuro sentimiento de culpa que asedia a la humanidad desde tiempos primordiales, y que en muchas religiones se ha condensado en la aceptación de una culpa primordial, un pecado original, es probablemente la expresión de una culpa de sangre que la humanidad primordial ha echado sobre sus espaldas. En mi libro Tótem y tabú (1912-13), siguiendo las indicaciones de W. Robertson Smith, Atkinson y Charles Darwin, me he empeñado en desentrañar la naturaleza de esta antigua culpa, y opino que la doctrina cristiana de nuestros días nos permite inferirla retrospectivamente. Si el Hijo de Dios debía ofrendar su vida para limpiar a la humanidad del pecado original, entonces, según la ley del talión (la venganza con lo mismo), ese pecado ha sido una muerte, un asesinato. Sólo esto pudo exigir como expiación el sacrificio de una vida. Y si el pecado original fue un agravio contra Dios Padre, el crimen más antiguo de la humanidad tiene que haber sido un parricidio, la muerte del padre primordial de la horda primitiva, cuya imagen en el recuerdo fue después trasfigurada en divinidad”. (293)

¿Pero qué acontecía con los psicoanalistas?: Freud escribe en 1914:

“Me estaba deparado aprender que en los psicoanalistas puede ocurrir lo mismo que en los enfermos bajo psicoanálisis” (T. XIV 47) Luego Freud agrega respecto de sus detractores: “El análisis nada tiene que ver con ese disparate”; no dudo que sería la opinión de Freud si hubiera leído la “jerga lacaniana”. Pero en nuestro país se leyó a la inversa lo que Freud advertía en 1914, la contratransferencia era el saber del analista sobre el inconsciente del paciente, así nos fue lo que la padecimos en la APA. Freud afirmaba:

“Nos hemos visto llevados a prestar atención a la «contratransferencia» que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no estamos lejos de exigirle que la discierna dentro de sí y la domine. Desde que un número mayor de personas ejercen el psicoanálisis e intercambian sus experiencias, hemos notado que cada psicoanalista sólo llega hasta donde se lo permiten sus propios complejos y resistencias interiores, y por eso exigimos que inicie su actividad con un autoanálisis y lo profundice de manera interrumpida a medida que hace sus experiencias en los enfermos. Quien no consiga nada con ese autoanálisis puede considerar que carece de la aptitud para analizar enfermos.” (T. XI.136)

Retomemos un hecho histórico que cumplió con los designios de Lutero: la República de Weimar. Allí Hindenburg asumió la presidencia, aunque monárquico inicia los gobiernos presidenciales. En 1930 nombró canciller a H. Brüning. Debido a que Adolf Hitler presionaba como nazi, en 1933 Hindenburg debió designarlo como canciller a Hitler, que iniciará el nazismo como ente político hegemónico. Tras el incendio del edificio del Reichstag, acusó a los judíos, así firmó un decreto que suspendía los derechos fundamentales de los judíos, dejando vía libre a la actuación arbitraria de los nacionalsocialistas. Finalmente, el 24 de marzo de 1933 se promulgó una ley que concentró todos los poderes del Estado en el Führer (Ermächtigungsgesetz), liquidando así de hecho, la República de Weimar y dando paso a las consecuencias históricas de la Alemania nazi. No podemos ignorar estos hechos en la vida de Freud, mientras está escribiendo El Malestar en la Cultura.

Aún así debemos ocuparnos del “mundo del pensamiento filosófico” vigente en aquellos años. Si el pensamiento francés dependía de la razón y el inglés de la experiencia, con Leibintz en Alemania la razón debe ser corroborada por las leyes de la naturaleza, no en vano Freud se inspira en Goethe y Haekel, lejos del dogmatismo religioso. Recordemos que fue un poema de Goethe lo que llevó a Freud a estudiar Medicina, así su figura estará presente en toda la vida de Freud; no en vano recibió el Premio Goethe. Khaler sostiene:

“Goethe empeñó en esta aventura: «superar la crisis», más que su mera existencia. En cierto sentido, también empeñó la existencia de Alemania. Si Goethe se hubiese suicidado en 1775 o si se hubiese arruinado físicamente en 1787, entonces la literatura alemana y la conciencia alemana acaso nunca habrían llegado a ser lo que él ayudó a que fueran. El clasicismo alemán –no el teórico clasicismo de Schiller– brotó de las realizaciones de Goethe después de su viaje a Italia. Una vez más, como en el caso de Lutero vemos pasar la evolución del pueblo alemán por estrecho desfiladero de un destino personal. La época de Goethe fue rica en hombres de notable talento literario; pero desde el Sturm und Drang hasta el romanticismo, siempre fue Goethe la figura cumbre. Sólo él alcanzó la perfección del clasicismo alemán y, al mismo tiempo, la única genuina realización de la nacionalidad alemana. Al vencer el caos de su propia vida personal, Goethe también venció al caos inherente a la vida germánica en su conjunto. “Antes de él, nadie había logrado tal integración del escindido espíritu germánico; y después de él nadie volvería a lograrla” (1309)

Debemos leer lo que afirma Paul-Lauren Assoun, que nos hace saber que no fue Darwin el artesano del darwinismo, sino que fue Haekel en Austria, con un moderado auge; en Berlín fue llevado al extremo, mezclado con el nacionalismo prusiano. Haekel brindó al antropismo darwiniano su tono romántico, reafirmando que no hay oposición entre lo humano y la naturaleza; “Goethe es presentado como habiendo «vislumbrado proféticamente» desde finales del siglo XVIII la idea de evolución”. Hasta tal punto que Haeckel puede declarar con entusiasmo: "Hemos llegado en este momento, a finales del siglo XIX, a este método científico monista que Goethe había reconocido como el único conforme a la naturaleza." Así, compara estrechamente la visión de la naturaleza (Naturanschauung) de Goethe y de Darwin.

¿Cómo se producirá la evolución epistémica de Freud? Esta vez, Jones nos proporciona una indicación muy pertinente cuando señala de paso la heterogeneidad en cierto modo geográfica de las corrientes cientificistas. Observa que "los métodos de investigación (en el seno de la fisiología física) se transformaron en Weltanschauung asegurando la función de substituto de la filosofía, y precisa: "Esta convicción era más o menos intensa según los sabios y los lugares. Fue en Berlín, con Du-Bois-Reymond, donde este estado de ánimo fue llevado a su extremo y mezclado extrañamente con cierto nacionalismo prusiano. En Austria, la Naturphilosophie nunca tuvo gran auge.” (2. 201)

Pero llegó el momento del gran giro freudiano: fue en 1915 cuando Freud rompió este ideal darwininiano-haekeliano, es ahora, ante La Guerra del 14, cuando su pensamiento filosófico se anuda con el pensamiento psicoanalítico. Como nadie lo había develado, Freud fue el disparador del ser humano genocida, tal como lo afirmó: “el ser humano desde sus orígenes hasta el ser humano actual, en nada lo distingue, tanto ante la muerte como su hipocresía”.

          

Nota: Este texto es la versión completa de aquel publicado en la revista Imago-Agenda Nº 124 del mes de octubre, que Emiliano Del Campo nos legara días pasados antes de su deceso. Valga pues como homenaje de ElSigma al reconocido psicoanalista y autor.

 

 

Bibliografía

 

1.- Erich Khaler. Los Alemanes. Fondo de Cultura Económico. México 1977

2.- Paul-Laurent Assoun Introducción a la epistemología freudiana. Siglo Veintiuno editores. 1982   

 


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