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Los cuatro conceptos fundamentales: psicoanálisis y terapia familiar en la Argentina (1960-1979)21/06/2012- Por Florencia Adriana Macchioli - Realizar Consulta
Sistematizar los inicios de la terapia familiar en la Argentina implica no solo abordar las transformaciones del grupo familiar a mediados del siglo XX, sino también qué ciencias humanas se ocuparon de la historia de la familia y, especialmente, cuáles fueron los desarrollos elaborados por las disciplinas psi para establecer la trama en la que se desplegaron ciertos saberes y prácticas clínicas sobre la familia como objeto de intervención. Para ello, es necesario atender el sesgo particular del psicoanálisis local y la matriz interpretativa kleiniana dominante durante los cincuenta y parte de los sesenta, así como los puentes tendidos en dicho período entre el psicoanálisis y diversos ámbitos sociales y culturales. Este ámbito de producción pone en dialogo diversas disciplinas que entre los sesenta y los setenta permiten establecer cuatro modelos que se destacan en el ámbito local: la familia-grupo, la familia-sistema, la familia-estructura y la familia-comunidad. El presente trabajo se propone poner de relieve los cruces interdisciplinarios presentes en estos cuatro conjuntos teórico-clínicos y señalar el carácter específico que adquirió el psicoanálisis en cada uno de ellos.
Introducción.
El presente trabajo se ocupará de delinear los inicios de la terapia familiar en
Brevemente, cabe tener en cuenta para este recorrido la inauguración de
Entretanto, la familia como objeto de intervención terapéutica, incluida en el nuevo paradigma de la salud mental inaugurado en la segunda postguerra, traza su primer contorno a partir de diversas prácticas (pediatría, psicoanálisis de niños y psicoterapia grupal, entre otras) que generan un espacio de producción que pone en dialogo diversas disciplinas (tales como la cibernética, la lingüística, la antropología estructural y la teoría de la comunicación). Este escenario permitió que se configuraran entre la década de 1960 y 1970 cuatro modelos que se destacan en el ámbito local sistematizados en una investigación anterior (Macchioli, 2010a): la “familia-grupo” a partir de las concepciones y prácticas de Enrique Pichon-Rivière en el cruce de la familia como grupo interno y dinámica grupal; la “familia-sistema” representada por Carlos Sluzki en su rol de difusor de la teoría de la comunicación humana norteamericana; la “familia-estructura” concebida por Isidoro Berenstein a partir del confluencia de S. Freud, M. Klein y C. Lévi-Strauss; y la “familia-comunidad” ideada por Jorge García Badaracco, a partir de un nuevo dispositivo clínico para la psicosis fundado en el tratamiento familiar.
Los objetivos específicos del presente trabajo son dos: 1) poner de relieve los cruces interdisciplinarios presentes en los cuatro conjuntos teórico-clínicos que abordaron terapéuticamente a la familia; 2) señalar el carácter particular que adquirió el psicoanálisis en cada uno de ellos.
La familia-grupo.
En primer lugar se abordará la familia-grupo representada por los aportes de Enrique Pichon-Rivière. Sus diversas pertenencias institucionales y su rol como difusor del psicoanálisis en la sociedad y la cultura de la década de 1960 lo colocan como figura faro de las disciplinas “psi” en
Respecto al psicoanálisis en particular, el abordaje familiar planteado por el psiquiatra argentino (bastante original y complejo, por cierto) hace coexistir de un modo relativamente pacífico al inconsciente freudiano con las fantasías inconscientes kleinianas. No obstante, esta suerte de convivencia no deja de presentar sus dificultades. Su interés por la psicosis en particular lo llevó a incorporar en el núcleo de su obra la clave kleiniana desde 1951, en especial los objetos internos y sus relaciones, que lo llevó poco después a reformular la concepción de relación de objeto por la noción de vínculo (Pichon-Rivière, 1970: 9). Estos deslizamientos, generalmente implícitos en su obra, parecen haber dejado al inconsciente subsumido en diversos conceptos como el de “fantasía inconsciente”, “vínculo” y “grupo interno”. No obstante, aunque estos términos coinciden en algunos aspectos, difieren en muchos otros.
Particularmente el grupo interno se convirtió en un escenario fecundo para Pichon. Por un lado, lo ubicó en su concepción de series complementarias, constitutivas del aparato psíquico y fue uno de los principios de
En palabras de Pichon: “toda la vida mental inconsciente, es decir, el dominio de la fantasía inconsciente debe ser considerado como la interacción entre objetos internos (grupo interno), en permanente interacción dialéctica con los objetos del mundo exterior” (Pichon-Rivière, 1971: 172). La operación pichoneana suelda a la noción de inconsciente freudiano la fantasía inconsciente, el mundo interno, las relaciones objetales y el grupo interno, así como abre dicha noción a su relación con el mundo externo. Esta maniobra diversifica, subsume y transforma la misma idea de inconsciente, aunque sin quedar explicito en toda su obra y prolongándose casi imperceptiblemente en las siguientes generaciones de profesionales.
La familia-sistema.
Alrededor de este conjunto pueden plantearse dos líneas de abordaje. En primer lugar, el proceso de implantación del paradigma sistémico en
En segundo lugar, al analizar sus producciones intelectuales puede rastrearse una zona de superposición a nivel conceptual. Por una parte, a lo largo de la década de 1960 desarrolla diversas investigaciones sobre interacción familiar, en consonancia con los preceptos del Mental Research Institute (MRI)[6], para los que el inconsciente pierde importancia. Pero, por otra parte, su tarea en el equipo de investigación de E. Verón (reconocido como el introductor de Lévi-Strauss en
Para el objetivo del presente trabajo, se considerará brevemente esta obra en la que la familia como agente socializador básico se encuentra en el punto de origen de las neurosis (para las que el inconsciente freudiano es piedra angular de toda la teoría), combinada indisolublemente con el “deuteroaprendizaje” de G. Bateson.[7] En Comunicación y neurosis puede observarse un desplazamiento de los interrogantes alrededor de la relación entre familia y psicosis, para ampliarse a los de familia y neurosis. No obstante, es un modelo que incluye en su concepción de los desordenes psiquiátricos individuales no sólo una etiología biológica y psicológica sino fundamentalmente una etiología basada en la interacción familiar. La cristalización, como neurosis individual, de un conflicto transicional no resuelto en el seno familiar se asocia enteramente a los propios conflictos neuróticos de los agentes socializadores: los padres.
El análisis de Verón y Sluzki pone en sintonía diversos modelos psicoanalíticos para pensar e intervenir a nivel familiar. El cruce entre teoría de la comunicación (que además de G. Bateson incluye a F. de Saussure) con un psicoanálisis de corte inglés como el de M. Klein y W. Fairbairn, así como los aportes psicoanalíticos locales de E. Pichon-Rivière y D. Liberman, hace factible la idea de un inconsciente a nivel familiar que permite trazar el vínculo entre familia, neurosis y comunicación, así como el desplazamiento de la conflictiva edípica a la problemática de la autonomía, logrando una de las síntesis más creativas en el área de la terapia familiar local. Sin embargo, la integración de estas ideas no perduró en las siguientes generaciones de profesionales.[8]
La familia-estructura.
Este modelo se ubica en el cruce particular entre el psicoanálisis kleiniano y el estructuralismo de C. Lévi-Strauss, inaugurado por Isidoro Berenstein. Su original teorización sobre “estructura familiar inconsciente”, que se sostiene en el concepto de “avunculado” del antropólogo francés[9], permite una triple operación que funda las bases de un psicoanálisis familiar estructural. Por una parte, supedita la concepción de “sistema” a la de “estructura”. Por otra, la obra de C. Lévi-Strauss habilita una concepción de “inconsciente” que será no sólo individual sino también social. Y por último, la incorporación teórica de la familia materna, vía el avunculado, traza el pasaje de la endogamia a la exogamia, basada en la prohibición del incesto, que sienta las bases estructurales inconscientes de la organización familiar. Vale remarcar que los desarrollos de Berenstein sobre estructura familiar inconsciente se establecen a partir de su encuentro con la obra de Lévi-Strauss en 1970 y no de J. Lacan.[10]
Respecto a la primera maniobra, en 1976 retoma dos nociones de sistema: la primera de la teoría de la comunicación humana de P. Watzlawick, J. Beavin y D. Jackson (1967), la segunda de la lingüística de F. de Saussure (1916). Su operación intelectual será supeditar la primera acepción (que entiende como las relaciones familiares a nivel empírico) a la segunda (la estructura familiar como sistema relacional latente). Para Berenstein la noción de sistema se funda en la de estructura inconsciente y en esta estructura se combinan los integrantes de acuerdo a un plan que tiene prescripciones para el pasaje de un estado a otro. El conocimiento de los diversos estados permite trazar regularidades y desviaciones respecto al sistema familiar. Así, la noción de estructura familiar refiere a los modelos construidos según los índices de evidencia empírica de las relaciones (sistemas) familiares. En suma, el sistema para Berenstein no es una dimensión empírica (como le adjudica a los autores de la corriente sistémica), sino que posee una dimensión inconsciente (trazando esta genealogía desde la lingüística saussuriana), acreditándose en S. Freud y C. Lévi-Strauss que lo lleva a postular la “Estructura Familiar Inconsciente”.
Respecto a la segunda operación, será justamente la “estructura familiar inconsciente” la intermediaria entre el inconsciente del aparato psíquico y la cultura, entre las ideas del fundador del psicoanálisis y del autor de Antropología estructural (1958). Este maridaje le permite dar cuenta de un inconsciente individual y social a la vez, sostener la idea de estructura inconsciente (en oposición a la corriente sistémica), y utilizar esta configuración para trazar posteriormente los cuatro lugares de la estructura familiar (madre, padre, hijo y dador).
Por último, la incorporación del cuarto término o dador (aquel representante de la familia que entrega la mujer a otro hombre para constituir una nueva familia), es una de las ideas fundamentales de su recreación conceptual. El avunculado le permite, por un lado, ampliar el recorte familiar de dos generaciones a tres para incluir a la familia materna, y por otro, el dador admite poner de relieve en el análisis el carácter inconsciente de la estructura familiar, el intercambio entre familias y aquello no manifiesto pero que tiene efectos en la estructura.
En este sentido, Berenstein, a partir del enlace entre un psicoanálisis kleiniano y la antropología estructural, será quien logrará a nivel teórico profundizar uno de los abordajes psicoanalíticos más estudiados hasta la actualidad en diversas instituciones de tradición psicoanalítica en el país.
La familia-comunidad.
Este conjunto se basa en el dispositivo de comunidad terapéutica planteado por Jorge García Badaracco, en el que la familia es uno de los principales ejes sobre los que se sostiene el criterio de salud y enfermedad. Dicho modelo se basa en los desarrollos de M. Jones sobre Psiquiatría Social (1962)[11], así como el modelo de
Este último dispositivo, diseñado para psicosis y neurosis graves, plantea un abordaje de carácter ecléctico que ubica a la familia en múltiples intervenciones a la vez: el individuo, el grupo y la institución. Aquí pueden señalarse dos cuestiones. La primera, ciertas dimensiones novedosas de la clínica como la coterapia, el rol del terapeuta al trabajar en equipo y el enfoque intergeneracional que opera en la concepción misma del dispositivo. La segunda, ciertas reconceptualizaciones psicoanalíticas que establece García Badaracco a partir de necesidades clínicas, básicamente alrededor de la reacción terapéutica negativa, el complejo de Edipo y lo que él denomina “narcisismo familiar” e “interdependencia patológica y patógena” (Macchioli, 2009b).
Especialmente en el complejo de Edipo en el paciente psicótico, se ve claramente la operación intelectual que traza García Badaracco para el psicoanálisis. Parte de las etapas anteriores al complejo, ya que se necesita desarrollar una buena relación objetal con la madre para una “resolución verdadera” del complejo de Edipo. Pero ocurre que si la madre misma no alcanzó una buena resolución del complejo, reactiva sus propios aspectos en el hijo, estableciendo así implícitamente una relación narcisística patológica (a modo de relación libidinal pregenital) que detendrá el crecimiento del niño, y dará lugar a la constitución de la psicosis por quedar éste atrapado en un vínculo simbiótico. De modo tal que la persistencia de la sexualidad infantil de los padres y la no resolución de su propia conflictiva edípica, da lugar a la patología del hijo. En esta operación el psicoanalista argentino hace confluir el planteo freudiano con los aportes pichoneanos, diferenciándolos a la vez de los aportes estructuralistas de C. Lévi-Strauss y J. Lacan, a la que agrega la lectura intergeneracional: la no resolución del complejo de Edipo en una generación se repetirá en la siguiente (García Badaracco & Zemborain, 1979). Al día de hoy, el dispositivo de los grupos multifamiliares se utiliza en diversas instituciones dedicadas a la salud, tanto a nivel público como privado.
A modo de cierre.
Estos cuatro conjuntos, dejarán diseñadas las bases para la profesionalización de la terapia familiar en
Delinear estos trazos, generalmente imperceptibles, permite devolverle a la terapia familiar argentina el carácter distintivo de sus inicios: sus polifacéticas relaciones con el psicoanálisis. No obstante, como aquí pudo señalarse, no se trata del psicoanálisis, sino de los psicoanálisis que hicieron posible un mapa de saberes e intervenciones heterogéneas. Sin embargo, por distintos motivos, el panorama suele dividirse en una suerte de tablero de blancas y negras representado por la vertiente psicoanalítica y la sistémica, tal como lo revelan las escasas historias de la terapia familiar argentina, perdiendo de vista toda la riqueza que los diversos cruces, combinaciones y yuxtaposiciones hicieron viables para abordar un objeto tan complejo como la familia.
Bibliografía.
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[1] La mención a intervenciones y disciplinas “psi” refiere a lo psicológico en sentido amplio, aludiendo a todo aquello que se ocupe de lo psíquico, sin presuponer necesariamente las relaciones de inclusión o exclusión entre psiquiatría, psicoanálisis y psicología (Dagfal, 2009: 28).
[2] Sobre historia de las disciplinas “psi” a nivel local entre las décadas de
[3] No es el objetivo de este trabajo detenerse en la figura de Pichon-Rivière. Vale aquí solamente destacar que fue uno de los fundadores de
[4] El Policlínico de Lanús “Dr. Gregorio Araoz Alfaro”, radicado en
[5] Las páginas de Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, han sido el escaparate desde su fundación en 1954 hasta mediados de los setenta de innumerables propuestas innovadoras en salud mental, posicionándose como el órgano de difusión de la psiquiatría reformista de los cincuenta a los setenta.
[6] El Mental Research Institute fue fundado por D. Jackson en 1959 en Palo Alto (California, Estados Unidos). Esta institución en sus inicios formalizó un método de terapia familiar a partir del patrimonio terapéutico acumulado por el equipo de investigación dirigido por G. Bateson. La “Escuela de Palo Alto” se difundió durante las décadas de 1960 y
[7] El “deuteroaprendizaje” refiere al aprendizaje que se adquiere de la propia situación en que se aprende (Bateson, 1985: 187). Para Verón y Sluzki esta modalidad de aprendizaje permite constituir las “estructuras de conducta”, es decir, las configuraciones típicas de respuestas ante situaciones, personas o cosas, aprendidas por el individuo en el curso de su socialización (Verón et al, 1963, p. 302).
[8] Esta cuestión es tratada en profundidad en: Macchioli, F. (en preparación). La familia: entre la neurosis y la comunicación. Reflexiones históricas sobre psicoanálisis, sistema y estructura. En Talak, A. M., García, L. y Macchioli, F. El niño y la familia en la psicología argentina, 1900-1970. Perspectivas históricas y cruces disciplinares.
[9] Este concepto fue utilizado por Lévi-Strauss para referir al tío materno que ocupa un lugar de privilegio en el sistema de parentesco. Entre otras funciones, representa la figura de quien entrega a la mujer a otro hombre (Lévi-Strauss, 1968: 30).
[10] Respecto a esta cuestión, es llamativo que los autores que se dedicaron a la psicoterapia familiar en
[11] Maxwell Jones propuso en Inglaterra el modelo de “comunidad terapéutica” como alternativa al manicomio. Sus principios se basaban en la vida social y comunitaria de los pacientes, incluida la familia del enfermo, y en un trato de paridad con los profesionales como eje de la curación. A partir de sus experiencias con pacientes esquizofrénicos, sostuvo que las patologías mentales eran de origen social y que la cura consistía en un ambiente facilitador que contribuyera a “desarrollar” su enfermedad para llegar a la cura (Jones, 1962).
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