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Oscar Masotta y la fundación de la Escuela Freudiana
08/11/2000- Por
Anabel Salafia -
Anabel Salafia
Nuestra Escuela fue fundada por Oscar
Masotta y otros en 1974 con el nombre de Escuela Freudiana de Buenos Aires. Cuando
una parte de sus miembros resolvió no seguir con el espíritu que él imprimía a
su práctica, O. Masotta -poco antes de morir- decidió, para quienes seguiríamos
con su concepción de Escuela, darle a ésta el nombre de: Escuela Freudiana de
la Argentina*, nombre con el cual hoy se la conoce. Una y otra Escuela tienen
pues el mismo Acta de Fundación. Es claro que este hecho supone una división difícil
de aceptar, de pensar incluso, ya que, muy habitualmente, se llama a una de las
Escuelas "Escuela de la Argentina" y, a la otra, "Escuela freudiana". Detrás de
estos usos se constituye un mito de origen que responde a lo real imposible de
toda fundación. Sabemos que, en lo que respecta al significante, su resonancia
se despliega una y otra vez en el tiempo y tengo la impresión de que en aquel
momento, quienes estábamos en el país, no escuchábamos, o no sabíamos que escuchábamos,
que con el "Argentina", decía Oscar Masotta, el nombre de su exilio. Por su parte,
Masotta ya había hecho muchas otras cosas en otras tierras y terrenos, como para
dejar librado aquí, al deseo de cada Uno, el hacer Escuela. Aún así, quienes compartimos
la experiencia -incluso la de eso que, pretenciosamente llamamos escisión-
teníamos una percepción clara de lo que el significante "Escuela" comportaba,
como opción y ficción, como blasón incluso, que nos permitía hacer frente al Dios
Oscuro de la dictadura militar. Los promotores de esa religión exterminadora no
comprendían nuestra práctica, nuestro estilo y nuestra escritura a condición de
que tuviéramos la precaución -en la presentación a la policía que nos imponían
cada semana de las cuestiones a tratar- de no escribir, por ejemplo, el término
"Subversión" cuando se trató de la "...del sujeto y la dialéctica del deseo en
el inconciente freudiano"; Lacan no está lejos de Maimónides en cuanto a la relación
entre "La persecución y el arte de escribir", como diría Leo Strauss.Indudablemente, nada o casi nada se
ha escrito de esta historia, y esta nota, sólo puede esbozar el anhelo de que
esto se intente entre quienes practicamos en psicoanálisis porque sin duda hay
de todo esto muchas marcas aún y, quizás, algunas de ellas merecen transformarse
en otra cosa.Puede
decirse que en los últimos años hemos hecho en la Escuela ciertos progresos en
el sentido de abrir su práctica en toda la medida de lo posible en lo que se refiere
a la relación con otros grupos de la comunidad analítica que se mostraron en igual
interés y disposición. La experiencia de integrar miembros de otra Escuela en
los respectivos jurados o carteles de Pase es algo que parece permitir avances
en el psicoanálisis que practicamos y contribuye a la validación de un ejercicio
que debe ser serio -como abierto, honesto y cotidiano, si su destino es que el
analista no se enfeude- ni pueda ser por otros, enfeudado en su imagen.Regresemos,
ahora, a nuestro signo, ya no en su contingencia, sino en su arbitrariedad: el
significante en su función imperativa, la de hacer lazo: Escuela a nuestro
entender es un significante bajo el cual se ponen quienes deciden una práctica
-antes, por ejemplo, que una asociación de profesionales- y ella existe en la
medida en que se la practica. De este modo la Escuela es cada vez, actual, aunque
quienes somos sus miembros estudiemos, nos formemos con ella, como instrumento
desde hace 25 años.Alguna vez propuse considerar a la
Escuela como el "caso" -en el sentido gramatical del término- en el discurso de
Lacan. En primer término, porque su enseñanza "declina" la interpretación del
lazo social, 'con' la Escuela -como ocurre cuando se trata de un dativo
instrumental, (algo se hace con "algo", el instrumento se confunde con la preposición
con y el objeto, ese "algo"- cae como la verdad se desencadena en acto).
En segundo lugar, porque es difícil concebir que Lacan llegara a formulaciones
como por ejemplo, la de los cuatro discursos, sin su práctica de Escuela. De cualquier
manera es claro, en lo que respecta al orden de lo institucional, Lacan hizo siempre
ex-istir el psicoanalista, a la institución.Práctica de Escuela quiere decir que
la Escuela se practica como se dice que uno practica el psicoanálisis. La Escuela
no se confunde con el acto analítico, ni con el psicoanálisis, la Escuela supone
en otra parte el acto analítico, y puede ser de él, un efecto, lo cual no
es lo mismo. Es esta suposición la que hace necesaria la Escuela en lo que respecta
al Pase.Se necesita para esto de un dispositivo,
del cual el acto analítico tampoco podría prescindir, sin consecuencias de todo
tipo para quien quisiera intentarlo. No se trata de exigencias de tipo formal
sino de la condición del acto, el cual requiere de un artificio en la medida en
que no se pretenda que el psicoanálisis sea el descubrimiento de algo como el
corazón del ser o del alma: Ese tipo de propuesta se instalaría, automáticamente,
si se optara por prescindir del artificio de la ficción que es condición del acto
analítico, y en esto reside el hecho de que nuestra práctica no se desplace hacia
el delirio. Al revés de lo que el sentido común piensa, ninguna lógica sería posible
si la verdad no tuviera estructura de ficción: de la naturaleza no se puede obtener
más que significantes y si rechazamos esta proposición en procura de la madre
naturaleza nos toparemos con la ficción sadeana y si ésta nos resultara todavía
poco "verdadera", entonces sí, encontraríamos los campos de exterminación.La Escuela, entonces, es un dispositivo
con el cual se dice el psicoanálisis como una enseñanza.Construir
las condiciones de discurso que hacen posible la Escuela puede ser poner en juego
el giro que hace al pasaje de cada uno de los discursos al otro, en la medida
en que estos se escuchen y un discurso no se tome por el otro, es decir, en la
medida en que se sepa en cuál de ellos se está. Una simple modificación en el
dispositivo de una práctica produce un cambio de discurso, esto nos ofrece una
enseñanza cuya experiencia no tendríamos de otro modo. El topos de la Escuela
en el psicoanálisis, no el origen, es, como problema crucial, uno de los legados
que introdujo y nos dejó, J. Lacan.
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