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Pichon Rivière. Entre “amagues”, recortes de una vida de película

02/08/2016- Por Alberto Santiere - Realizar Consulta

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A propósito del film “El Francesito” de Miguel Kohan, auspiciado por elSigma. Enseñanzas, discípulos, anécdotas, de un hombre en migración contínua... en palabras recreadas de Andrés Rascovsky, Isidoro Vegh, Fernando Ulloa, de Alfredo Moffat y de Raimundo Salgado, que transitan estas páginas. Cuidados trazos que hablan de “la tribu de los hijos”, el "tío" Enrique y la Historia, del psicoanalista “barrero” que pone el cuerpo y enseña en toda cancha, del joven desestimado como paciente pero impulsado como analista, del Maestro Zen y la transmisión, de nuevos paradigmas, y de “La carta robada” del trío Pichon-Lacan-Massota.

 

 

 

                                     

 

 

Cada año la Asociación Psicoanalítica organizaba un partido entre “alumnos” y “maestros”.

El partido iba cero a cero. Estaban jugando cuando Pichon cae abruptamente después de un contacto físico y el árbitro cobra penal.

Pichón se acerca al arquero, que era Pérez Morales, y le dice: "Este es un partido amistoso. Estamos cero a cero. Terminémoslo así, en empate, y será un acto democrático. Pichón dice: "Yo voy a patear. ¿Cuál es tu mejor lado?" El arquero dice: "El derecho". "OK. Yo pateo a la derecha, vos atajás, el partido termina, y vamos todos a comer un asado."

El árbitro toca el silbato, Pérez Morales se tira a la derecha, salta... y Pichon patea a la izquierda.

Pérez Morales reacciona violentamente. Se acerca a Pichon y comienza a increparlo. Pichon dice: "Hoy se trataba de ganar. Y siempre se puede aprender una lección: Nunca confíes en tus maestros.”[1]

 

                                   

 

Valga esta figura como reseña biográfica de un hombre que en reiteradas ocasiones amagaba dirigirse hacia un costado y aparecía en otro.

La imagen futbolera de la gambeta, el amague, tal vez simbolice -como el juego mismo-, una refutación de lo lineal, de la repetición… de la muerte. El personaje produce un acontecimiento donde no lo esperan.

 

Provenían sus padres del sur de Francia y él llega al norte de Argentina –habiendo nacido en Suiza– a sus tres años. 1910 para más señas, marcaría la migración que no alumbraría para el caso ninguna estrella sino el cometa Halley en su visita a este planeta de mares –mal llamado Tierra-. La amalgama familiar, se nutría tanto de los poetas malditos (Baudelaire y Rimbaud) como de las ideas socialistas. Y también del secreto que conociera años más tarde –tal vez una de las causas de la despedida de Europa–: era la sencilla cuestión de que sus cinco hermanos provenían del anterior vínculo de su padre con la hermana de la madre de Enrique, que al fallecer marcó el casamiento de ambos cuñados, naciendo éste a posteriori y siendo único hijo de esa unión.

Instalado en el marco propio de la cultura guaraní, cierta huella mágico animista determinó avatares de su curiosidad e investigaciones. De la espesura de la selva… a la del sujeto. De Europa al Chaco. Y de esa colisión estelar se armó algo nuevo que desembocó en sus días. Luego Goya, Corrientes… más tarde Rosario y la medicina. Finalmente Buenos Aires. El hospicio. Pensar la locura… y poner el cuerpo.

Conoció a Roberto Arlt, a las vanguardias poéticas de la gran urbe y no perdió el rastro del Conde de Lautreamont, de lo siniestro y de la muerte (como bien resalta el film)… Gana espacios en la prensa de entonces escribiendo en Crítica (notas de arte y deportivas desde 1930). Los ’40 enmarcando los comienzos psicoanalíticos y fundacionales.

Del ’46 al ’47 presidió la Asociación Psicoanalítica Argentina luego de Rascovsky, Cárcamo y Garma. Los ’60 y sus columnas en revistas de actualidad. La psicología social. Su transmisión.

Una historia que nos concierne en la aventura "selvática" de inventar... un recorrido singular entre Isidoro Ducasse -Conde de Lautréamont- y la locura, entre el Hospital, lo social, instituciones y rupturas... Los comienzos y la presidencia de APA, su encuentro con Lacan. Un suizo-argentino de raíces franco-guaraníes... los hijos, la noche, el futbol, el periodismo, las mujeres y las teorías... Un fundador... "gambeteando" y espiando a la muerte...

Me permito rescatar fragmentos de su biografía que “viven” en elSigma.

 

La “tribu” de los hijos

 

                                           

 

Recorte del Homenaje a Enrique Pichon Rivière a cien años de su nacimiento en palabras de Andrés Rascovsky, en agosto de 2007[2]

 

Andrés Rascovsky: Conocí a Enrique Pichon Rivière como el tío Enrique, y su esposa en aquellos  tiempos era la tía Negra. Compartíamos con Pinto, Quino y Marcelo (sus hijos) una tribu, un club o una logia marginal que mucho tiempo después, comprendimos era consecuencia de una formación diferente.
En nuestro transcurrir, éramos a veces cowboys en un saloon que habían creado en aquel departamento de Santa Fe 1379 donde habitaban los Pichon, y donde la magia se extendía; otras, éramos los buenos en combate con los enemigos imaginarios.
Luego algunas confidencias de esas cosas difíciles de creer…
En aquel saloon, con puertas vaivén, espacio rediseñado escenográficamente, había un teléfono interno que nos permitía pedir más y más provisiones de cowboys a la cocina. Habíamos recreado la película. En aquella casa de Enrique iniciamos los juegos de descubrimiento, las verdades de la vida se compartían, accedíamos a un saber que los otros chicos no tenían; nos avivaron tempranamente. Éramos parte de los chicos con pocos límites. Nosotros pertenecíamos a otra galaxia.

Enrique era, en mi imaginación, la estirpe del hombre serio, su reflexión sombría me sorprendía, una serena afirmación y una calida inseguridad me inspiraban respeto, sus pipas eran para mi un objeto de pasión, sin duda un enigma viril, de ese hombre interesante y no siempre accesible. Recuerdo su imagen mirando un cuadro que sostenía entre sus manos mientras apretaba entre sus labios, la pipa humeante, era para mi; uno de los sabios.

Muchos años más tarde, mucho más tarde en todo, Oscar Massota me relataba, el tiempo de recuperación, en el que había vivido en la casa de Enrique, ahora ya era la calle Copérnico; y ahí, se había repuesto de graves episodios regresivos que había padecido luego de la muerte de su padre. Enrique lo cobijó y le dio acceso a los textos que Lacan le enviaba, recordando aquel clima de la infancia aquella tópica de la creación infantil, entre estímulos enigmáticos, excesos, caos y libertad, pude quizás aventurar algunas de las condiciones que le permitieron recuperarse, y  simultáneamente erigir, a través de Enrique, la figura y obra de Lacan que seguramente reemplazó al padre perdido de Oscar

 

 

Pichon, el psicoanalista “barrero”

 

                                                        

 

Pasajes de la entrevista que le realizara Emilia Cueto a Isidoro Vegh en noviembre de 2001[3].

 

Isidoro Vegh: El psicoanálisis que él transmitía llegaba distinto. Había algo en el modo en que él lo hacía. Era un psicoanálisis que, ponía en acto algo del espíritu freudiano, por ejemplo en la relación con la poesía. Si hay algo que le debo a Enrique, es el contacto con todo el movimiento surrealista y lo que significaba eso. Pichon hizo una investigación sobre la vida del Conde de Lautréamont, por ello fue invitado después por el grupo surrealista de André Breton en París, y luego por las vueltas de la vida significó también un encuentro de él con Lacan. Cuando estuvo de visita en París en la casa de Lacan, él le dijo: "tengo preparada una sorpresa para Ud.". ¿Qué?, le dijo Pichon. "Vamos a ir a cenar juntos, Ud. y yo con Tristán Tctará", que fue otro de los pilares del Surrealismo, y antes de eso fue uno de los fundadores del Dadaísmo. Pichon trasmitía todo eso en su modo de moverse en el mundo, en su modo de intervenir. El solía decir que la mejor interpretación del analista es cuando no se nota que es una interpretación.

Recuerdo una anécdota: una vez había ido a Tucumán, él tenía ahí grupos de estudio, y un discípulo de él, que lo recibe en el aeropuerto, le dice: "¡Doctor, no sabe el lío que se armó! ¡Dos grupos se dividieron! y empezaron a enfrentarse... ¿cómo se lo puedo trasmitir para que Ud. entienda la gravedad de la situación? Mire: es como si Ud. fuera River y yo fuera Boca. Entonces Pichon le dice: "primero vamos a aclarar las cosas: Ud. será River, yo soy Boca". Eso es una interpretación, porque es una manera de decirle sin decirle, saquémosle la gravedad, vamos a darle un poco de tono de juego. Esa fue una marca muy importante en mi vida. A Pichon le gustaba mucho el fútbol e hizo varios trabajos sobre la psicología del fútbol; en eso estaba influenciado por alguien que él admiraba que era George Mead, el psicólogo americano que trabajó, en toda la psicología social, cosas que Pichon abordó también, creo que en un intento por desasirse de cierto instintivismo naturalista kleiniano.

El tenía algunas apelaciones, cuestiones que tienen que ver con el fútbol y que me llevaron a mí a decir, hablando de él, que era un psicoanalista "barrero". ¿Qué quiere decir barrero? Podríamos dividir a los futbolistas en dos grupos: los que sólo juegan cuando la cancha está bien, es decir, cuando no hay barro y los futbolistas más de potrero que juegan con la cancha en cualquier estado.
Él nos enseñaba a jugar con la cancha en cualquier estado, a no rehuir la escena del juego. Esas son marcas de Pichon que valoro y que de algún modo siguen operando en mí.
 

Mi interpretación es que Pichon buscó en la psicología social americana una salida para un encuentro en el vínculo con el otro, que el instintivismo kleiniano se ahorraba. 

 

 

Ulloa en busca de análisis… se llevó derivación y Maestro

 

                                                           

 

De la entrevista que le realizara Emilia Cueto a Fernando Ulloa en diciembre de 2003[4]:

 

Fernando Ulloa: El comienzo de mi relación con Pichón parte de una conferencia que él daba. Ya había empezado a hablar sobre psicosis, y en esa época tendría 51 o 52 años, estaba en todo su vigor y hacía cosas muy curiosas: cada vez que quería realizar la apoyatura de un concepto “dibujaba el lomo de un bisonte en las cuevas de Altamira”. El hablaba mucho de enfermedades y ponía palabras inconclusas, letras. Para mí fue como tener un poco la primera impresión de lo que era el inconsciente. Pichon hablaba mucho de enfermedad única, un concepto que no es muy célebre pero que lo caracterizaba. 

Cuando termina la clase me acerco y le digo: mire Doctor yo lo conocí a través de la lectura de sus artículos sobre Lautréamont y pensé que usted era medio diabólico, ahora me doy cuenta que es nada más que mefistofélico. Se guía por Goethe, por toda la tradición que él tiene con aquello de “apodérate de lo que de tus padres has heredado”. Esa frase celebre en el psicoanálisis.

Luego tuve algunas entrevistas con Pichón, en la segunda hay una historia muy graciosa que seguramente es de las más conocidas. Sucede que el cambiaba los lugares, yo me senté en el lugar espacial que ahora era su sillón, entonces me realizó una interpretación que fue la única que me hizo en la vida, me dijo: “todavía no”, con lo cual me abría “algún día sí”. Nos reímos de eso. En la última entrevista me dice que no me analice con él, que estudie con él. Le llevo dos horas convencerme. Le había dicho: claro usted piensa que no tengo suficiente dinero para pagarleYo nunca le mentí a nadie. -Y bueno, mejor, dice…

Tal vez su primer enseñanza fue al decirme:“mire Ulloa, el doctor -refiriéndose a un paciente-, lo va a tomar a usted como su hijo, porque usted conoce al hijo y él anda buscando a ese hijo, no tiene importancia mientras usted no se lo crea, esa es la verdad del psicoanálisis”, y así me describió la transferencia. 

 

Pichon, un Maestro Zen

 

 

                                                       

 

Del Homenaje a Enrique Pichon Rivière mediante la entrevista a Alfredo Moffat que realizara Emilia Cueto en agosto de 2007[5]

 

Alfredo Moffat: Fue mi maestro fundamental porque me transmitió un nuevo paradigma en el enfoque de la problemática de salud mental. De base existencial donde el hombre es una historia que se proyecta hacia su futuro, esto permite afrontar la nueva patología basada en el concepto de incertidumbre, camino muy directo hacia la resolución de las crisis agudas.

Su concepción humanista con una enorme sensibilidad para el dolor y su disponibilidad para curar fuera de los moldes académicos convencionales.
De Pichón se puede decir que, como un maestro Zen, transmitía sus saberes a través de anécdotas paradojales. 

Una vez le dije: “Enrique vos sos como un padre para mí” (un padre intelectual) me miró a los ojos y me dijo: “¿Sabés una cosa? a veces quisiera ser hijo tuyo”. En el momento yo me desconcerté y después me di cuenta que me otorgaba el permiso de crecer y ser padre y él descansar pudiendo ser hijo.

 

 

Pichon y “la carta robada”

 

                                                         

 

Del relato de Raimundo Salgado (fundador y Director de la librería Letra Viva en 1967) a Silvia Fendrik –y a quién suscribe–[6] en julio de 2004…

 

Raimundo Salgado: ¿Te conté mis anécdotas con Pichon Rivière? ¿Te conté de Pichon Rivière y Masotta?

Resulta que los comienzos del masottismo –en ese entonces, me había presentado a Masotta, Isidoro Vegh–, se me ocurrió publicar “La carta robada” –el cuento– y lo regalaba a los clientes. Entonces, llegó a manos de Masotta el cuentito, y ocurrió que mandaba a todos sus amigos a Letra Viva para que compraran libros, y yo les regalaba “La carta robada”. Ese fue el comienzo con Masotta, la  relación fue a través de La carta robada. Resulta que Pichon Rivière venía a la librería siempre. Charlábamos mucho con Pichon. Cuando llegaba –pobre, estaba enfermo ya– agarraba un libro y se lo llevaba en una bolsa. Después me llamaba por teléfono la secretaria de Pichon y me decía: “Vi que llevó libros de su librería. ¿Cuánto le debe Pichon Rivière?” Yo le decía tanto y me lo pagaba. Pero él se lo llevaba directamente y a mi jamás se me ocurrió cobrarle los libros a Pichon. Bueno, vas a ver. Hablando, un día le digo: “Dígame, ¿usted sabe quién es Lacan?” “Eh, cómo no voy a saber –dice–, pero claro, sé quién es Lacan”. Estuvo hablando y me contó que tenía una carta de Lacan. Dice: “Lacan me escribió una carta y la tengo en el estudio”. “Tengo la carta”. “¡Ah –le dije– por qué no me la trae! La quiero ver”. “Esa carta es para usted –me dijo–. Yo se la voy a regalar, se la voy a traer, se la voy a obsequiar a usted”. Fenómeno, macanudo. Vino al otro día y le digo: “¿Pichon se acordó de la carta de Lacan?” “No, pero se la voy a buscar”. Bueno, fenómeno. Vino otra vez y le digo: “¿Pichon me trajo la carta?” Y me dice: “¿Sabe? No la encuentro. La tenía en el escritorio y no la puedo encontrar”. “Pero, qué macana. Búsquela bien”. 

Pichon murió. Pasa el tiempo y un día viene Jorge Jinkis a la librería y me dice: “Che, Ray, ¿sabés una cosa?, Masotta tenía una carta que le escribió Lacan a Pichon Rivière”. ¡Era mi carta! Se la afanó Masotta a Pichon. Sabés que Pichon Rivière le prestó a Masotta su ámbito para que diera clases. Habrá ocurrido que vio la carta y se la llevó… Esa fue “la carta robada”.

Les iba a contar que Pichon Rivière era bastante… no sé, tenía sus cosas raras, porque me dijo: “Nunca vaya a leer a Lautréamont. No lea a Lautréamont nunca”. Le digo: “¿Por qué Pichon?” “Y –dice– porque yo todas mis ganancias se las debo a Lautréamont”.

 

 

Testimonios oceánicos acerca de “El francesito” –para sus amigos–, quien con toda la extranjería a cuestas, deseaba inventar algo de acá. Rivière, “de la rivera”, siempre cerca de orillas, migrando, de una posición a otra pero fiel a descubrir… Revulsivo crisol de raíces distantes, polémico, fundante y empecinado en la aventura de extraer teoría de la praxis.

El personaje produce un acontecimiento donde no lo esperan. Cómo en su futbol, amagando en una dirección y disparando hacia la otra.

¡Ahora fue al cine!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Tal el relato-semblante acerca de Enrique Pichon Rivière que -entre tantas notas de color- porta el film de Miguel Luis Kohan: “El Francesito. Un documental (im)posible sobre Enrique Pichon Rivière”[1] que ha sido seleccionado para el BAFICI (Festival cinematográfico de Buenos Aires) de reciente estreno en cines. 

 

[2] http://www.elsigma.com/historia-viva/homenaje-a-enrique-pichon-riviere/11512

[3] http://www.elsigma.com/entrevistas/entrevista-a-isidoro-vegh/1496

[5] http://www.elsigma.com/entrevistas/homenaje-a-enrique-pichon-riviere-entrevista-a-alfredo-moffat/11516

[6] http://www.elsigma.com/historia-viva/conversaciones-entre-silvia-fendrik-y-raimundo-salgado-en-torno-a-las-historias-del-psicoanalisis/12850


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