» Historia Viva

Psicoanálisis en Uruguay

26/04/2006- Por Saúl Paciuk -

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

Simultáneamente al inicio de la formación universitaria, ocurría la constitución de un grupo psicoanalítico, una iniciativa que buscaba nacer desde 1945 y que se concreto hacia 1950 con la venida de Willy y Madé Baranger (Madeleine) desde Buenos Aires. El naciente grupo psicoanalítico recibió en ese entonces una fuerte influencia de las direcciones que tomaba el psicoanálisis en la Argentina, impulsado por la APA, a la que el grupo uruguayo tomó como modelo. Al tiempo que se formó la Asociación Psicoanalítica Uruguaya, el psicoanálisis iba tomando fuertes posiciones en el campo de los estudios de psicológia infantil (iniciados por esos años) y también en la Clínica Psiquiátrica.

Psicoanálisis: el caso de Uruguay

Psicoanálisis: el caso de Uruguay

 

La tapa es multicolor, plural y armoniosa. Llama con colores brillantes y habla de un clima primaveral amenizado por ritmos que cantan algo renaciente como, por ejemplo, un remozado interés por el psicoanálisis, maestrías reconocidas oficialmente o en trámite de serlo. Es lo manifiesto y es también lo dado a ver. Claro que todo ello en un tono acorde con “lo uruguayo”.
(¿Lo uruguayo? Quizá sea uno de los rasgos más notorios del espacio humano de la Provincia Oriental: la manifestación amortiguada de sus entusiasmos y también de sus enconos. Medianía que germina, se dice, en el tamaño, en el ambiente provinciano. Pero ¿eso explica que Buenos Aires esté tan lejos que no sea posible abrirse a un ámbito tan vital y fecundo como el que tiene y ofrece la ex ¿ex? capital del Virreinato?

Y bien, el rasgo de “lo uruguayo” atraviesa casi toda la producción cultural local y solo parecen serle ajenos (un poco, pero sobra con eso) la pasión o la paranoia por la celeste futboleras y por “Gardel y La Cumparsita uruguayos”.
En armonía con el contexto que aleja de los extremos y la notoriedad y que alimenta el clima “de entre casa”, el campo psi en Uruguay ha desarrollado características que replican a las generales en ámbitos centrales de los que es tributario (Buenos Aires en un comienzo, Londres vía Buenos Aires luego, París después. ¿Y ahora?).

Por los ‘50. La formación en psicología apareció en el ámbito universitario hacia 1950 y fue parida por lo que era entonces la Facultad de Humanidades y Ciencias. Psicología se ubicó en la pata de las Humanidades, lo cual era (y es) una opción. Ello no dejó de representar un fuerte beneficio, porque en la formación de las primeras generaciones de psicólogos universitarios pesó mucho el horizonte de la filosofía y, por lo tanto, de la reflexión; pero al mismo tiempo los formandos recelaban de todo lo que fuera sospechado de “cientificismo”. El idilio con el pensamiento se disolvió con la llegada de la dictadura, tiempo en que se cerraron los estudios de psicología. Estos se reanudaron luego, pasando a habitar una Facultad propia, pero entonces no solo quedó perdido todo apoyo en la ciencia (un egresado poco sabe de un media o una correlación) sino que también se disolvieron los lazos con la filosofía. Desde entonces la psicología privilegia su diálogo con “lo social”, como corresponde a tiempos “progre”.
Simultáneamente al inicio de la formación universitaria, ocurría la constitución de un grupo psicoanalítico, una iniciativa que buscaba nacer desde 1945 y que se concreto hacia 1950 con la venida de Willy y Madé Baranger (Madeleine) desde Buenos Aires. El naciente grupo psicoanalítico recibió en ese entonces una fuerte influencia de las direcciones que tomaba el psicoanálisis en la Argentina, impulsado por la APA, a la que el grupo uruguayo tomó como modelo.
A la vez, el psicoanálisis fue una de las asignaturas en el plan de estudios de psicología, y se constituyó desde un inicio en una atracción para los estudiantes, en lo cual le cabe un gran mérito a las condiciones docentes de Willy Baranger.
Al tiempo que se formó la Asociación Psicoanalítica Uruguaya, el psicoanálisis iba tomando fuertes posiciones en el campo de los estudios de psicológia infantil (iniciados por esos años) y también en la Clínica Psiquiátrica.
En efecto, el grupo psicoanalítico era una opción para muchas de las mejores cabezas de la psiquiatría uruguaya, ante lo cual un sector de ésta reaccionó con furia y tomó como bandera prohibir el análisis lego. Ello dio lugar a una serie de discusiones públicas que finalmente ganaron los identificados con la APU y a continuación fue significativo el número de psiquiatras que se interesaron en la formación psicoanalítica.

El comienzo no podía ser más alentador, dada la abierta y hasta entusiasta recepción a nivel de la población culturosa (léase: pacientes). Y también por el brillo intelectual y la capacitad analítica de muchos de los integrantes de APU que encontraron en la disciplina un campo de reflexión y creación y nos beneficiaron a todos con sus enseñanzas que aun hoy muestran vitalidad y valor impares. Me refiero a los trabajos de Baranger pero también de Koolhaas, Galeano, Agorio, Rey, Garbarino, una producción en su mayor parte recogida en las paginas de la Revista Uruguaya de Psicoanálisis, cuya nacimiento una audacia: una revista para un grupo que no debía exceder los treinta integrantes es contemporáneo con la creación de la APU.

El bajón. La bonanza decrece a medida que se evaporan los años de la década de los ‘60. La de los años ‘70 y parte de la siguiente estuvo marcada por los cambios. Cambios considerables en lo lo político, los que para algunos fueron el factor decisivo: la dictadura pasó a ser la culpable de todo. Pero debe tenerse en cuenta que también fueron años de intensos cambios en el mundo del psicoanálisis local que a su vez fueron eco de cambios ocurridos en una geografía más amplia. Muchos colocaron la orientación kleiniana en posición de marginal y, para otros, ella fue simplemente “superada” (como en el fútbol, algo es derrotado) y el psicoanálisis venido de fuentes francesas, sobre todo el pensamiento de Lacan, y la ilusión de leer a Freud sin necesidad de mediación alguna, tomó un lugar central. Se “volvió a Freud” como si fuera posible asistir al momento en que los pensamientos de Freud incondicionados y eternos se gestaban en sus mentes.
En Uruguay estas desorientaciones o reorientaciones no dieron lugar a mayor conflicto. Dentro de la APU, si bien hubo interés en la obra de Lacan, quienes se dedicaron a estudiarla no llegaron a formar una capilla y en la Asociación pudieron convivir varios lenguajes (freudismo, kleinismo, eclécticos, lacanismo, winnicottianos) lo cual no implica asegurar que se entendieran entre si más allá de lo que se manifiesta en el nivel que impone la cortesía.
Por otro lado, por fuera de la APU, interesados en psicoanálisis desarrollaron una óptica radicalmente lacaniana, desechando todo lo que la excediera. Ellos hicieron tienda aparte y constituyeron grupos que, siguiendo lo que parece ser la regla en ese ámbito, rápidamente se fragmentan dando lugar a la formación de nuevos grupos o al menos de nuevas etiquetas en torno a alguna persona¿lidad?
Un camino optativo se abrió con la constitución de AUDEPP, que reúne a quienes ejercen la psicoterapia psicoanalítica y no se integran en APU. Se trata de una institución amplia que desarrolla intensa labor de formación.
Y bien, en este panorama las instituciones principales mencionadas conviven en paz y en algunas ocasiones hasta desarrollan actividades conjuntas.

Por el título. Los integrantes de APU y AUDEPP son también psicólogos o médicos, pero esta exigencia es incierta en el caso de los otros grupos. Al mismo tiempo, en lo relativo a la formación de psiquiatras y psicólogos, si bien el psicoanálisis se enseña en las carreras de psicología de dos universidades (de la República y Católica), ha perdido terreno en ambas, dejó de ser la estrella y para muchos queda como un campo de estudios casi arqueológico. Tanto la psiquiatría biológica como otras corrientes (gestalt, cognitivismo ahora, etc.) surgen como alternativas más “fáciles”, sintonizando muy bien con esta era del inmediatismo.
A pesar de los índices de caída en el interés, la producción local de títulos psicoanalíticos es abundante, basta para aquilatarla revisar las paginas de la revista de APU (una 400 páginas, publicada dos veces al año) y en otras publicaciones (libros, revista de AUDEPP, revista Relaciones, etc.)
Varios de los grupos psicoanalíticos APU y AUDEPP, precisamente, los más importantes numéricamente hablando han emprendido la senda de la masterizacion: ofrecen estudios terciarios y hasta maestrías en psicoanálisis, lo cual atrae a parte de esa despistada masa de estudiantes de psicología que egresan de las Facultades sin saber qué rumbo tomar y buscando títulos que los diferencien. En el corto plazo, el sistema sirve para esconder la anemia del flujo de interesados en la formación. En el largo plazo, quien viva verá qué habrá de ocurrir cuando los magísteres reclamen su posición de maestros del psicoanálisis. Lo cual no será nada inédito por esta orilla (¿y por la otra?): aquí no hay “escuela”, y ello ocurre porque nadie se declara alumno de, mientras son multitud los que se colocan como maestros de todos.

Por las novedades. El discurso psicoanalítico en Uruguay participa poco de los debates del medio intelectual lo hace en ocasiones en el campo de la literatura y las ideas psicoanalíticas no parecen apasionar a quienes enseñan o estudian antropología, comunicación, letras. En cambio participa de manera creciente en los debates mediáticos sobre temas de la actualidad, sobre todo en los que están sobre el tapete referidos a la actual condición social (pobreza, marginalidad, adolescencia, exclusión, violencia, por ejemplo).
Lo social, la incidencia de las condiciones socioeconómicas, es hoy un motivo de interés para la exploración por parte de los psicoanalistas. Psicoanalítica o no, como era de esperar esta dirección que va en el sentido de los prejuicios en uso, tiene predicamento en la prensa, libros, actos y conferencias, especialmente con el cambio del viento político.

Rengueras varias. Si todo esto es lo manifiesto, ¿dónde está lo latente? Pues precisamente allí donde los fulgores mediáticos no alcanzan para esconder las zonas que desde hace décadas muestran señales de estancamiento en lo conceptual, cuando no de empobrecimiento. A mi juicio, el psicoanálisis crece en la dirección de una versión ideologizada, que renuncia a parte del descubrimiento freudiano. Así, por ejemplo, se embarca con entusiasmo en las proclamas que hacen de la pobreza o la violencia “adolescente”, manifestaciones de protesta tomadas como justas (y compartidas entonces) contra un orden injusto, (de la sociedad, de los padres, del capital) que debe modificarse.
Este desarrollo, inesperadamente, se despliega asentado en el anca de una hipótesis que parece una renuncia al conocimiento que funda el psicoanálisis: la sociedad o su organización son tomados como los causantes lo cual es entendido como “los culpables” de las diversas insatisfacciones en curso. Por lo tanto y de acuerdo con esta hipótesis, se denuncia y se exige que “ellos” se modifiquen (ni pensar que nos modifiquemos nosotros, que somos las víctimas o los amigos de los denunciantes y, por ello mismo quedamos al margen de toda sospecha).
Con todo lo cual parece olvidarse que el paciente viene con una tesis de cuya verdad trata de convencer al psicoanalista, tesis que dice que el mundo o los demás o alguien, es malo y lo daña. Pero el rol de psicoanálisis y lo nuevo de su propuesta consistió en escuchar detrás del reclamo cuál es la participación que ha tenido el sujeto en ese malestar que sufre y, ademas, escuchar qué hace con ese malestar desde las oportunidades en que lo genera o lo fomenta hasta sus resistencias a cambiar su situación y lo razonable que tiene para el sujeto de esa resistencia.
Pero no solo parece haber allí una pérdida de la posición del psicoanálisis. También la hay en lo interno, donde el psicoanálisis en Uruguay tiene debates pendientes.
Por ejemplo, encararse con los supuestos de las varias posiciones que lo pueblan, considerar sus diferencias a la luz de las fuertes diferencias en las antropologías que las sustentan.
Por ejemplo, hacer lugar el debate no se permitió cuando silenciosamente quedó dejado de lado el paradigma kleiniano, dado por “superado” (?) alegremente y sustituido sin la imprescindible crítica que permitiera su superación. Simplemente, se cambió de modelito abandonando el overol inglés para envolverse de nuevo en el aroma de ese París tan entrañado en nuestra cultura desde que se esfumaron los charrúas.

El mail del autor es relacion@adinet.com.uy

 

 

Saúl Paciuk es fundador de Relaciones, publicación uruguaya con más de 17 años de historia.

 


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas

La Tercera: Asistencia y Docencia en Psicoanálisis

SEMINARIOS

Modalidad online. Sábados de 11 hs.

Leer más
Realizar consulta

Del mismo autor

No hay más artículos de este autor

Búsquedas relacionadas

No hay búsquedas relacionadas.