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Sándor Ferenczi: una operación de rescate. Intercambios con Lía Roth

05/10/2023- Por Pablo Zunino - Realizar Consulta

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Hace pocos meses tuvo lugar en la hermosa Budapest una reunión internacional en conmemoración de los 150 años del nacimiento del gran psicoanalista húngaro. Acerca de esa figura un tanto olvidada, conversamos con Lía Roth, que presentó un trabajo en ese encuentro, así como también nos contó cómo es oficiar en los Estados Unidos y cómo es la actual inscripción del legado freudiano en esa cultura.

 

              

                                             Lía Roth

 

 

 

  La doctora Lía Roth se graduó en la Facultad de Psicología de la UBA. Es miembro de la APA y comenzó a trabajar como psicóloga en el Hospital de Clínicas y, cuando se mudó a los Estados Unidos, se desempeñó en el Hospital Barnes Jewish en St. Louis, Missouri.

 

  Asistió a sobrevivientes del 9/11 y trabajó en diferentes agencias ayudando a sobrevivientes de violencia doméstica y tráfico de personas, entre otros afectados, antes de abrir su consultorio privado en 2010. Desde entonces, también ha colaborado en casos forenses relacionados con inmigración, familia, derechos humanos y tortura.

 

  Colabora con la China American Psychoanalytic Alliance (CAPA) y ha publicado varios libros, incluyendo El esfuerzo de estar presente (2001), Breve historia del concepto de imagen corporal (2017), y Psychoanalytic Perspectives on Gaze, Body Image, Shame, Judgment and Maternal Function: Being and Belonging, publicado por Routledge Publishing, con sede en el Reino Unido. Su último trabajo, Ferenczi, un genio muy modesto, fue presentado en el encuentro que se celebró este año en Budapest con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Sándor Ferenczi.

                                                                                                   

 

 

  Poniendo el foco en la situación actual del psicoanálisis en los Estados Unidos y en su interés por la vida y la obra del gran psicoanalista húngaro, mantuvimos la siguiente conversación vía mail con Lía Roth, que contestó desde los Estados Unidos.

 

- ¿Desde cuándo reside en St. Louis y cómo es oficiar de psicoanalista allí, en una cultura tan distinta a la nuestra?

 

- Vine en 2004 para hacer un master en la Washington University de St. Louis, llamada aquí la Harvard del midwest. St. Louis, Missouri, es una ciudad muy pintoresca, con mucha historia y es poco visitada por el turismo. Carmen González Táboas hace tiempo escribe desde la Argentina sobre el efecto determinante que ha tenido la influencia afro-indo-luso-hispana en la creación subjetiva de nuestra América. Lo cual la hace un medio muy rico para el psicoanálisis. Estados Unidos tiene una cultura en la que aún se pueden encontrar los vestigios de la influencia puritana. Porta rasgos de sociedad individualista, operativa y de rendimiento. Lo que me llevó a interesarme por ese temor al rechazo que es parte de la vergüenza y en la función materna como moderadora del sadismo del superyó. Tema de mi tesis de doctorado y del libro que escribí posteriormente. 

 

- ¿Cómo definiría la inscripción del psicoanálisis en los Estados Unidos? ¿O depende de cada región?

 

- Sí, se puede decir que es regional. Pero si de prestigio se trata, le diré que este campo está muy saludable. Tenga en cuenta algunas figuras prominentes actuales, como Thomas Ogden, Howard Levine, Nancy Williams, Beatrice Beebe. Es más: la Research Training Project de la Asociación Psicoanalítica Internacional, de la cual fui beneficiaria, se encuentra en distintos lugares de los Estados Unidos. Recuerde dos cosas: muchos estadounidenses mostraron interés por Freud. A su conferencia en la Clark University asistieron personalidades como el antropólogo Franz Boas y Emma Goldman, una destacada feminista, y tantos otros. Muchos vieron al psicoanálisis como algo liberador.

 

  El psicoanálisis ha sido una herramienta para pensar que ejerció una profunda influencia en una amplia gama de disciplinas, desde arte y literatura, hasta las ciencias políticas, antropológicas y el feminismo. Además, los Estados Unidos se beneficiaron de la inmigración de renombrados psicoanalistas judíos que escaparon de la persecución durante la Segunda Guerra.

 

  En Boston se estableció la Boston Psychoanalytic Society & Institute, mientras que en Nueva York se fundó el New York Psychoanalytic Institute y, una paciente de Ferenczi, Clara Thompson, fundo el William Alanson White Psychoanalytic Institute. Franz Alexander, junto con Karen Horney, lideró la creación del Chicago Psychoanalytic Institute. Años después el movimiento llegó hasta California. Aquí y en muchas otras partes de los Estados Unidos existen institutos psicoanalíticos. Recuerde que St. Louis, Missouri, siempre ha sido muy rica. Las empresas más importantes tienen su casa central aquí. 

 

  Considero que una diferencia crucial con los desarrollos psicoanalíticos en la Argentina es que aquí se propagó más el psicoanálisis de las relaciones objetales y el trabajo de fortalecimiento yoico, sobre todo con los aportes de Kernberg y Kohut. Y en eso, se trata de una clínica diferente a la de, por decirlo así, hacer conciente lo inconsciente, como sugería Freud.

Pero le pregunto: ¿acaso la Argentina no está haciendo un giro hacia la generación de recursos yoicos, la resiliencia y la adaptabilidad? 

 

- Sí, lo cual a mi entender no se inscribe en las orientaciones psicoanalíticas que hacen pie en el sujeto dividido. Lo dejamos para desarrollar en la próxima. Usted realizó una enumeración histórica de distintos enclaves y momentos del psicoanálisis en los Estados Unidos. Luego de todo ese proceso: ¿quedó algo de la peste freudiana o quedó vacunada y/o descafeinada?

 

- La Argentina tiene una notable influencia de Lacan. La idea de sujeto dividido abre entonces a un trabajo de exploración analítica. La cultura argentina da lugar a la tolerancia de las imperfecciones. Creo que aquí el psicoanálisis sigue existiendo, pero es más pragmático. Se orienta a dar soluciones específicas, como la adaptación del individuo a las normas sociales y culturales predominantes. La psicología del Yo y las teorías de las relaciones objetales han ganado más terreno en esta región, centrándose en fortalecer las defensas del Yo más que explorar la división subjetiva.

 

  Recuerde que las imperfecciones son causa de una enorme angustia. Los temores dejan poco espacio para sostener la propia tolerancia. La tensión propia de hacer conciente lo inconsciente existe en ambos países, lo que cambia es la cultura. El aceptar la ignorancia y el hecho de que el Yo no controla todo es más difícil en los Estados Unidos, creo. Así que hay una tendencia a buscar modos más directos y concretos para manejar los síntomas y adaptar al individuo al entorno social.

 

 

 

Vicisitudes del bilingüismo

*     

 

- ¿En qué idioma oficia? ¿Español, inglés, ambos? ¿Cómo es “escuchar” en un idioma distinto de la lengua madre? ¿Cómo se las arregla, por ejemplo, con los lapsus, con los chistes, con los sueños al oficiar en inglés?

 

- Oficio en ambos idiomas, lo que de hecho es muy interesante. Dos idiomas con dos mentalidades, dos culturas muy diferentes. Le doy un ejemplo: hago mucho trabajo sobre la vergüenza, pero la vergüenza en los Estados Unidos, país puritano, es algo muy diferente a la experiencia argentina, donde la gente se encuentra con los amigos todos los fines de semana, los asaditos, los ñoquis del 29 y demás prácticas de grupo. Así que me cuesta encontrar un término para traducir shame al castellano. En castellano connota timidez. Por eso hago hincapié en el temor al rechazo que es propio de la vergüenza. El shame implica angustia y vulnerabilidad. Influye en la capacidad que una persona tiene para integrarse y, sobre todo, sentirse integrada en sus diferentes contextos sociales. 

 

  Pero usted pregunta sobre el trabajo clínico. La escucha en un idioma distinto al materno puede ser, al principio, un reto, pero con el tiempo, se convierte en una habilidad que permite percibir matices únicos en la comunicación. Me llevó tiempo aprender a trabajar en inglés, sin traducir, a menos que en la traducción exista cierta riqueza. Pero los lapsus, los chistes, los sueños, todos ellos se manifiestan de manera diferente en cada sujeto. Los chistes me cuestan más. Es esencial tener una comprensión profunda de la cultura y las normas lingüísticas para captarlos. 

 

  Creo que mi experiencia bicultural y bilingüe ha sido una herramienta invaluable en mi práctica clínica y forense. De haberme quedado en la Argentina, no hubiese tenido la oportunidad de trabajar los casos que he visto en los Estados Unidos. No me habría sorprendido, por ejemplo, respecto del concepto de “vergüenza”. No me había imaginado que la población estadounidense sufriera tanto. Hay una profunda soledad.

 

  Así que no es sólo cuestión de idioma. Pero es un tema muy significativo en qué idioma elige expresarse alguien que creció en un país hispanohablante. En ocasiones y dependiendo de cuál use, puede ser una forma de contacto, de añoranza, de despliegue yoico, por ejemplo. Hay que prestar atención cuando alguien cambia de idioma respecto de su lengua madre.

 

 

Una gran figura olvidada

   

                             

 

- ¿Qué la llevó a escribir el trabajo sobre Sándor Ferenczi y, lo más resumidamente que pueda, ¿cuáles son sus principales ejes temáticos?

 

- Fue cuando leí su diario y no vi comentarios como los que yo hice sobre su modestia, su autocrítica y su personalidad maternal. Tiene frases muy claras que se dejan asociar con el temor al rechazo. Me di cuenta de que su autocrítica ponía de manifiesto un sentido de alienación típico de la vergüenza. Cada vez que le anuncia a Freud que escribió algo, minimiza su trabajo diciendo que es un “pequeño artículo”. Sin embargo, con Groddeck logra expresar su fantasía de grandeza. 

 

  Mi papel me permitió, creo, exponer cómo la vergüenza es previa a alcanzar el registro simbólico. Ferenczi fue un pionero al descubrir un lenguaje inicial de ternura. Es decir, aquello sensorial imaginario, donde yo ubico a la vergüenza. Simplifico acá para ser breve, la vergüenza nos interpela en tanto ser deseables, aceptados y pertenecer. Luego, una vez alcanzada la capacidad de representación y atravesada la fase especular, la culpa viene a cumplir la misma función que la vergüenza, pero a nivel simbólico. La culpa nos interroga en nuestro hacer. De ahí que la culpa y la vergüenza sean tan cercanas.

 

  Ferenczi fue el primero en enseñarnos que con todos los pacientes no se trabaja igual. No todos hacen lapsus ni comparten sueños. Hay mucha gente que no tiene capacidad simbólica para hacer uso del lenguaje. Y en el encuentro de Budapest hubo varios trabajos muy interesantes al respecto.

 

- ¿Por qué cree que la figura de Sándor Ferenczi está bastante olvidada, al menos en la Argentina?

 

- En la Argentina y en muchos otros lugares también. Puede estar vinculado a una serie de factores históricos y políticos. Principalmente, el legado de Freud fue protegido, entre otras formas, tildándolo a Ferenczi de loco. A eso le siguió la posición de Hungría bajo el régimen comunista de la Unión Soviética. Fueron como siete décadas de regulación y censura estrictas. A pesar de eso, algunos psicoanalistas húngaros se encontraban a estudiar en secreto. A la represión y el control gubernamental le siguió un largo proceso de reconstrucción que apenas está comenzando a florecer en los últimos años.

 

  Además, las epístolas de Freud y Ferenczi no vieron la luz del día por mucho tiempo, para no comprometer a los nombrados. En lo personal, al leer las cartas descubrí que la imagen que me había hecho de Freud tenía mucho de la personalidad de Ferenczi. Quizá Ferenczi no haya estado presente en el discurso psicoanalítico contemporáneo, pero supo dejar una huella indeleble: sus conceptos sobre alineación, proyección, identificación con el agresor (un término usualmente atribuido a Anna Freud) y muchas otras contribuciones siguen siendo pilares fundamentales en nuestro campo. A Ferenczi solo lo vemos cuando prestamos atención. Está en los rincones más sutiles del psicoanálisis, esperando ser redescubierto y apreciado en toda su profundidad. Como un viejo amigo al que le conocemos las travesuras, pero, así y todo, siempre podemos recurrir a sus consejos. 

 

- Cuéntenos de ese congreso del que usted participó en Budapest. 

 

- Tuvo lugar en junio de este año, para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de Ferenczi. Organizado por la Sociedad Sándor Ferenczi, en colaboración con la Sociedad Psicoanalítica Húngara y la Asociación Libre de Lisboa, este encuentro fue una verdadera celebración de su obra.

 

  Los ejes temáticos propuestos tuvieron como base la obra de Ferenczi y algunos de los trabajos presentados fueron sobre el hijo mal recibido (o no deseado), la realidad post-covid, la meta-realidad virtual y hasta sobre la realidad psicodélica; inmigración, intersubjetividad, trauma, identidad y géneros, fragmentación, la relación con el agresor, etcétera. Jorgelina Corbatta, argentina, presentó un diálogo entre la narrativa de Manuel Puig y la intersubjetividad clínica de Ferenczi. Fueron tres días muy intensos, muy ricos. 

 

- ¿Qué podría decirnos acerca de la inscripción del psicoanálisis en Hungría? 

 

- Durante la época imperial, Hungría no debía eclipsar a Austria. Hungría siempre fue un importante centro multicultural y, a la vez, se ha tenido que mantener reducida, minimizada para no hacer sombra. En mi artículo creo que queda clara mi sugerencia de que Ferenczi no podía sobrepasar a Freud.

 

  Fíjese en las primeras cartas a Freud, la devoción que tiene por él. Freud le dio un lugar en la familia, fue el único invitado a pasar vacaciones con ellos. Ferenczi comenzó a padecer bloqueos: a pesar de haber sido un prolífico escritor, con más de 100 artículos publicados, luego pasó años sin producir más que notas y fragmentos.

 

  Yo tengo una hipótesis: creo que buena parte de su producción fue previa a tomar contacto con Freud. Momento en que se reedita su neurosis infantil y sufre de bloqueos, tiene un sueño al que llamó “Favete Linguis”, práctica que, en la época de los romanos, significaba participar pero manteniendo silencio para dar lugar a lo sagrado. 

 

  Pero Ferenczi fue el primero en enseñar psicoanálisis en una facultad de medicina. La Sociedad Psicoanalítica Húngara era muy rica en producción y era multidisciplinaria. Ferenczi mismo había crecido en un hogar que era centro de reunión de prominentes figuras de las más diversas disciplinas. Tras la Primera Guerra, Hungría quedó devastada y muy pobre. La Segunda Guerra la aisló aún más bajo el régimen comunista.

 

  Muchos psicoanalistas húngaros emigraron a los Estados Unidos y a Australia. Así y todo, cuenta con personalidades como Lorand, Géza Róheim, Alexander, Michael y Alice Bálint y tantos otros. A pesar de las circunstancias adversas, Hungría ha podido resurgir como un importante centro de pensamiento y práctica psicoanalítica. Gracias al temple de Judit Mészáros, la conferencia en Hungría fue muy rica y exitosa.

 

 

Nota: Link al texto completo de “Ferenczi, un genio muy modesto”, presentado en Budapest este año Ferenczi - Un genio muy modesto - Agosto 2023.pdf - Google Drive

 

 

 

 


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