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Sigmund Freud, Carl G. Jung y la masonería

15/06/2018- Por Antonio Las Heras - Realizar Consulta

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Sigmund Freud diseñó, para comenzar a difundir su obra psicoanalítica, una organización –la “Sociedad de los Miércoles”– edificada con una estructura llamativamente similar al de una logia masónica. Una vez constituido el grupo y ya avanzado en su trabajo en mayo de 1913, comenzó a regalar a cada integrante un anillo idéntico: una gema griega azul engarzada en oro portando la imagen de Edipo respondiendo el enigma de la esfinge… La adhesión de Freud a B'Naï B'Rith, como la participación de Jung en el Círculo Eranos, enmarcan el recorrido de ambos con particularidades para destacar…

 

 

 

                                

                                       B'Naï B'Rith                  Jung y Eliade *

 

 

 

  En una de sus novelas Agatha Christie hace decir a su distinguido detective Hercules Poirot: “A la gente hay que dejarla hablar, porque – finalmente – siempre terminan diciendo la verdad”.

 

  Esto es válido para la siguiente afirmación expresada en el seno de un reciente encuentro internacional de psicoanalistas: “Otro colega hace un paralelo entre la masonería y el comité secreto de la Internacional Psychoanalitical Association…” (4)

 

 

Freud y la Masonería


  Sigmund Freud (1856/1939, padre de la moderna psicología de lo inconsciente y creador del Psicoanálisis) y Carl Gustav Jung (1875/1961, primero su privilegiado discípulo y posterior disidente, amplificador de los hallazgos freudianos) fueron hermanos masones, iniciados en diferentes logias. Ambos alcanzaron el grado de maestros.

 

  Tal pertenencia a la Masonería Universal (sobre la que poca documentación histórica hay al alcance del mundo profano) ayuda –cual verdadero hilo de Ariadna– a entender algunos de los reales motivos –usualmente ocultos– de algunas de sus conductas y actitudes que todavía siguen siendo motivo de investigación y análisis para conseguir entender cabalmente uno de los momentos constitutivos y más apasionantes de la historia de la psicología del siglo XX.

 

  A nuestro juicio jamás podrá comprenderse cabalmente lo ocurrido sin atender al hecho de la pertenencia de ambos a la orden masónica, lo realizado en ella y como mucho de lo aprendido en el campo iniciático fue volcado tanto en sus vidas así como en sus respectivas obras.

 

  Es correcto que resulta muy difícil constatar en forma directa lo que aquí enunciamos. Ante todo, tengamos en cuenta que si bien algún material documental hubo, en su mayoría se perdió, fue destruido accidental o intencionalmente o todavía está guardado siguiendo ancestrales procedimientos.

 

  Hoy, la Masonería se define como “discreta”; pero tiempo hubo en que necesitó ser “secreta” como cuando fue perseguida –por el fascismo, el nazismo y el franquismo– y sus miembros (y familiares) asesinados, torturados o, en el mejor de los casos, encarcelados en condiciones lacerantes. 

 

  Cierto es que la pertenencia de Sigmund Freud a la Masonería puede confirmarse a través de la simple visita a varios lugares de Internet. Así, el sitio oficial de la Gran Logia de la Masonería de España lo incluye en un listado de “masones ilustres”.

 

  En el sitio de la Gran Logia de la Masonería de Israel, hay un artículo del R.: H.: José Schlosser, titulado “Cosmos e Inmortalidad” que hace referencia a una “conferencia de Sigmund Freud ante su Logia ‘Viena’ de la B'Naï B'Rith el 16 de febrero de 1915”.

 

  Freud perteneció a esta organización –que muchos no dudan en llamar “la masonería judaica”– desde el año 1895; aunque no lo hizo público hasta su septuagésimo cumpleaños, con un discurso leído en su nombre ante la sede del B'Naï B'Rith. (*)

 

 

La “Sociedad de los Miércoles”

 

  Sigmund Freud diseñó, para comenzar a difundir su obra psicoanalítica, una organización –la “Sociedad de los Miércoles”– edificada con una estructura llamativamente similar al de una logia masónica.

 

  Tanto es cierto esto que bien puede afirmarse que el psicoanálisis como institución tuvo su inicio a partir del otoño boreal de 1902 cuando el médico vienés empezó a reunir, en su casa, al anochecer de cada miércoles, a un grupo de médicos jóvenes con la intención de aprender, ejercer y difundir el psicoanálisis.

En esas reuniones –presididas por el Maestro de Viena– se preparaban trabajos teóricos y se presentaban casos clínicos que constituyen los primeros pasos en la transmisión del psicoanálisis.

 

  Para su primer año la Sociedad de los Miercoles la componían cinco médicos: Alfred Adler, Max Kahane, Sigmund Freud, Rudolf Reitler y Wilhelm Stekel.

Tal como sucede en las tenidas masónicas, un secretario confeccionaba un acta reseñando lo ocurrido en cada encuentro.

 

  En la Masonería regular actual (donde se ha desechado la transmisión verbal) la concreción de este tipo de documentos –llamado entre los hermanos “la memoria del taller”– es obligatorio.

Merced a la existencia de tales actas de aquello que constituyó una verdadera logia psicoanalítica fue posible, posteriormente, publicarlas y contar con referencias ciertas del momento fundacional del psicoanálisis.

 

 

Crecimiento y vicisitudes de la logia freudiana


  La forma en que fue creciendo lo que en principio era, apenas, un pequeño círculo es, igualmente, de nítida raigambre masónica. Freud sostenía que: “el reclutamiento para la Sociedad de los Miércoles se realizaba por consentimiento unánime, pero en el clima cordial de los primeros años esto era sólo una formalidad. Un miembro presentaba a otro...”

 

  La similitud no puede ser mayor. Para ingresar a una logia masónica –como de hecho suele suceder con cualquier otra organización iniciática– es necesario que el profano sea presentado por algún hermano con grado no menor al de Maestro. Una vez concretada la solicitud, estando la logia debidamente reunida, se somete a votación el ingreso del postulante. El mecanismo usual, desde hace tiempo, es el de las bolillas blancas y negras. Para ser aceptado es necesario contar con el consentimiento unánime.

 

  Sigmund Freud parece estar refiriéndose a las cuestiones típicas que suelen darse en las organizaciones iniciáticas cuando escribe que “sólo hubo dos cosas de mal presagio... no logré crear entre sus miembros esa armonía amistosa que debe reinar entre hombres empeñados en una misma y difícil tarea, ni tampoco ahogar las disputas por la prioridad a que las condiciones del trabajo en común daban sobrada ocasión”.

 

  Al respecto cabe recordar que los maestros más sabios de cualquier orden esotérica, afirman que hay dos momentos claves en la vida de un hermano. Una es cuando ocurre su ingreso a la orden. La otra es cuando la orden ingresa en él. La primera puede determinarse con precisión. La segunda no siempre ocurre y, por eso, muchos iniciados terminan quebrando su camino al actuar con actitudes profanas.

 

  Eso es lo que un iniciado puede leer en el párrafo de Freud antes citado. A lo que se está refiriendo es a que –con su experiencia masónica– advierte que la Sociedad no ha ingresado en todos sus miembros; lo cual es imprescindible para que la “armonía amistosa” (expresión absolutamente iniciática) impere.

 

  Otros párrafos freudianos también merecen nuestra atención: “Sabía demasiado bien de los errores que acechan a quienes se consagran al psicoanálisis, y confiaba en que muchos de ellos podrían evitarse si se instauraba una autoridad dispuesta a aleccionar y a disuadir”. Si donde Freud escribe “psicoanálisis” pusiéramos “camino iniciático”, la frase seguiría siendo válida.

 

  El modo que propone para resolver la cuestión es, precisamente, el que usan las órdenes esotéricas: instaurar jerarquías. 

La filantropía y la fraternidad tampoco son asuntos que la logia psicoanalítica descuidase. El grupo se encargó de aquellos miembros necesitados.

 

  En 1907 Freud decide disolver la Sociedad de los Miércoles e invita a sus miembros a fundar otra organización cuya duración se limitaría a tres años; tras este período habría de disolverse para, en su momento, dar lugar a otra y así sucesivamente; siendo cada uno libre de asociarse o no a la nueva organización. La expresión “tres años” tampoco es ajena a la Masonería y hasta un recién iniciado la conoce. No ha ido casual –sino causal– que Freud eligiera esa cantidad.

 

  Por esta razón, un año después, en 1908, usando como base al grupo de la Sociedad de los Miércoles, Freud funda la Sociedad Psicoanalítica de Viena.

Pero la propuesta de que se disolviera a los tres años no se cumplió.

Es a partir de entonces en que la participación institucional de Jung se hace más notoria.

 

  En la primavera de ese mismo 1908 se reúne en Salzburgo el Primer Congreso Internacional de Psicoanálisis donde surge el Jahrbuchfür psychoanalytische und psychopathologische Forschungen –primera publicación psicoanalítica regular– con Carl G. Jung como editor.

 

  La Sociedad de los Miércoles recibe nuevos integrantes. Sándor Ferenczi Budapest), los abogados Víctor Tausk y Hans Sachs y Carl Furtmuller (un profesor de escuela). Como miembros visitantes lo hacen A. A. Brill  (traductor norteamericano de Freud), su futuro historiador Ernst Jones, el italiano Edoardo Weiss, Max Eitingon, Carl Gustav Jung, Ludwig Binswanger, Karl Abraham, Oskar Pfister y Lou-AndreasSalomé.

 

 

El Comité Secreto

 

  Luego que Jung y sus discípulos se retiraran de las sociedades psicoanalíticas de Zurich y de Viena, Ernest Jones –en junio de 1912– propone primero a Ferenczi y luego a Freud la creación de un Comité Secreto. De ese reducido grupo, no casualmente de tres “hermanos”, habría de surgir lo que algunos han bautizado “la guardia pretoriana de El Profesor”; el célebre y enigmático Comité Secreto.

 

  Con Freud y Otto Rank en Viena el despliegue geopolítico de la ola psicoanalítica abarcaba Berlín (con Max Eitingon, Hans Sach y Karl Abraham), Budapest (Sandor Ferenczi) y Londres (Ernest Jones). Cada uno, a su turno, presidiría la Internacional o bien conduciría editoriales y publicaciones.

 

  “Lo que inmediatamente captó mi imaginación –expresa Freud– fue su idea de constituir un consejo secreto compuesto de los hombres mejores y de más confianza con que contamos y que tomaría a su cuidado el desarrollo ulterior del psicoanálisis y defendería la causa contra las personas y los obstáculos con que ésta podrá tropezar cuando yo ya no esté...” (6).

 

 

El anillo que identifica

 

  De la misma manera en que los miembros de una orden se distinguen entre sí al usar algún tipo de aditamento, los masones igual que los miembros de órdenes cristianas, pueden hacerlo con un distintivo en su solapa o bien con un anillo. Freud, una vez constituido el grupo y ya avanzado en su trabajo, comenzó a regalar a cada integrante un mismo tipo de anillo: una gema griega azul engarzada en oro. En mayo 25 de 1913 Freud entrega los famosos anillos a los miembros de este comité.

 

  El sello del anillo muestra a Edipo respondiendo el enigma de la esfinge. La imagen, con posterioridad, se convirtió en el logotipo de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

 

  Con el tiempo estos años fueron entregados igualmente a quienes ayudaron a la difusión de la obra psicoanalítica así como a personalidades distinguidas. Tales fueron los casos de Marie Bonaparte, Anna Freud, el poeta Rainer María Rilke o el filósofo Friedrich Nietzsche.

 

  Asimilándolo a la Masonería, podría decirse que el Comité Secreto hacía las veces de Cámara del Medio. Esta cámara consiste en la reunión de los hermanos maestros de una logia donde en sus deliberaciones deciden el futuro obrar de la misma. Lo ocurrido en la Cámara del Medio permanece en secreto para quienes aún no alcanzaron el tercer grado. 

 

 

Jung y la Masonería

 

  De C. G. Jung el dato más frecuente que puede hallarse es respecto de su abuelo –Carl Jung, médico cirujano de la Universidad de Basilea– quien fuera Gran Maestre en Suiza.

 

  Como para cualquier investigador avezado son innegables las múltiples huellas masónicas e iniciáticas que se encuentran en la vida y obra de este notable hombre, hay los que concluyen afirmando que se deben a “influencias” de su abuelo. Es decir, que su abuelo paterno le habría transmitido en conversaciones y lecturas dichos saberes y conocimientos. Lo que a nuestro parecer es altamente improbable.

 

  Pero, aun así, cuando las pruebas concretas no están al alcance de todos, igualmente es posible investigar a través de indicios y datos que surgen de hechos que, a ojos profanos, han de pasar inadvertidos.

 

 

Labrar la piedra bruta

 

  Labrar la piedra bruta es una manera simbólica de manifestar el deseo que todo buen masón tiene, permanentemente, por desarrollar su espíritu e intelecto, convertirse cada día en mejor persona. La imagen, utilizada actualmente en las logias, está tomada de los masones operativos, aquellos que trabajaban en las canteras y construían catedrales. Pero, sin dudas, procede de mucho antes porque, en verdad, es una idea funcional a la Alquimia: a medida que se hace la obra externa va aconteciendo la Obra interna.

 

  Estas consideraciones previas las hacemos para que resulte comprensible por qué pulir piedras que arrojaba el lago próximo a su residencia fue algo tan esencial y permanente en la vida de Carl G. Jung. Es más, al igual que aquellos originarios masones operativos, el sabio suizo construyó –en buena parte con sus propias manos– la Torre de Bollinghem; una edificación sin electricidad, ni gas, ni agua corriente que utilizaba para aislarse a veces por semanas, a veces por meses.

 

  El estilo de la torre –erigida exclusivamente en piedra tallada manualmente– así como los símbolos grabados personalmente por Jung nos remiten directamente a un profundo conocimiento masónico.

Su capacidad para esculpir y tallar la roca no disminuyó con el paso de su vida. A los 75 años manejaba muy bien los materiales y la piedra.

 

  Cuenta su discípula Marie-Louise von Franz: “… me decía el hijo de un picapedrero de la comarca: ‘Los albañiles no saben ya trabajar con piedra natural; pero el viejo Jung, allá abajo, junto al lago, sí que sabía aún cómo se maneja bien la piedra’”.

 

  Von Franz, que trabajó al lado del sabio suizo, comprendió enseguida las dificultades que éste tenía para transmitir sus conocimientos. Advirtió que había un lenguaje “secreto” en muchos de sus trabajos. Ella entiende que “cuando descubrió a los antiguos alquimistas halló finalmente una forma con la que expresar y comunicar sus vivencias y convicciones más personales conectándose con una tradición histórica” (3).

 

  Desde nuestra óptica –y como se verá al final del artículo no somos únicos en pensar de este modo– el lenguaje junguiano es, esencialmente, esotérico e iniciático, por lo cual en el mismo se encuentran claves alquímicas –es verdad– pero en ningún modo ajenas a las habituales del universo masónico. 

 

 

El Círculo Eranos

 

  De acuerdo a nuestras investigaciones –cuyas fuentes mantendremos en el anonimato pues así nos lo han requerido– el sabio suizo alcanzó el grado de Venerable Maestro; es decir llegó a la presidencia de una logia sobre cuyo nombre –también– mantendremos silencio.

 

  Lo aprendido en esta tarea le permitió convertir a un encuentro anual, organizado y financiado por una holandesa, en una organización paramasónica dedicada a tratar aquellos asuntos que desde siempre interesaron a la Orden. Se trató del Círculo Eranos. Creado en 1932 y que siguió reuniéndose hasta 1988, casi tres décadas después de fallecido C. G. Jung.

 

  Cada año Eranos procuraba reunir a destacados representantes de diversas culturas y disciplinas para ocuparse de un tema en especial. Las cuestiones que fueron tratadas en aquellos años realmente asombran; pues son los asuntos que hoy, ya en el Siglo XXI, siguen requiriendo respuestas. Investigar hacia qué dirección apunta la evolución humana, que contexto le es propio al hombre, los condicionantes de la cultura o los procesos para una Europa unificada.

 

  Los trabajos expuestos en cada ocasión fueron reunidos en la publicación Eranos Jahrbücher cuya lectura muestra las nada comunes formulaciones y los todavía menos comunes tratamientos de dichos temas que apuntaban al esclarecimiento de los modos de ser, de pensar y de sentir.

 

  Para entender mejor qué era el Círculo Eranos y cual la tarea desempeñada allí por C. G. Jung, transcribimos a Mircea Eliade:

 

“Este verano en Azcona se ha hablado mucho de Job y Yahvé; el último libro de Jung se llama, en efecto, Respuesta a Job. Como todos los años desde 1932, el profesor Jung ha pasado la segunda quincena de agosto en Ascona, a orillas del Lago Mayor, para asistir a las conferencias organizadas por el círculo Eranos. Algún día tendrá que escribirse la historia de este círculo tan difícil de definir. Fue Rudolf Otto quien le dio nombre: en griego, eranos significa «comida frugal donde cada uno aporta su parte».

 

  Eranos es la creación del entusiasmo, de la voluntad y de la perseverancia de la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn, holandesa educada en Inglaterra pero establecida en Ascona desde hace treinta años. Interesada por el simbolismo, apasionada por las investigaciones de Jung, la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn se ha propuesto invitar todos los años a un cierto número de sabios para discutir un tema común desde la perspectiva de la especialidad de cada uno de ellos. Así, se han tratado temas tan diferentes como El Hombre y la Máscara, la Gran Diosa, la Meditación en Oriente y Occidente, el Tiempo, el Yoga, los Ritos, etc.

 

  La intención de Eranos consiste en considerar el simbolismo desde todos los ángulos posibles: psicología, historia de las religiones, teología, matemática e incluso biología. Sin dirigirlo directamente, Jung es el spirítus rector de este círculo al que ha comunicado sus primeras investigaciones sobre la alquimia, el proceso de individuación y, recientemente (1951), sus hipótesis concernientes a la sincronicidad.

 

  Un editor con coraje y clarividencia, el Dr. Brody, se ha encargado de publicar los textos de estas conferencias. Hoy en día los veinte volúmenes de Eranos-Jahrbücher constituyen con sus ocho mil páginas una de las mejores colecciones científicas referidas al estudio de los simbolismos”. (1)

 

  Otra visión de lo que fue el Círculo Eranos la tenemos en los siguientes párrafos:

 

  “La inmensa cultura de Jung, la amplitud de su mirada capaz de abarcar gran parte de la historia de la Humanidad, no sólo de Occidente sino también de Oriente, procedió de sus propios estudios, de sus viajes, pero también del encuentro anual, desde 1933 hasta su muerte en el lago de Ascona, con los mejores estudiosos de las más diversas tradiciones espirituales.

 

  Si bien Jung era el espíritu rector del grupo Eranos, cuya historia está aún por descubrir pero de la que ya están apareciendo monografías (así, por ejemplo: Steven M. Wasserstrom, Religion after Religion. Gershom Scholem, Mircea Eliade and Henry Corbin at Eranos, Princeton University Press 1999, para citar la última), tampoco hay duda de lo enriquecedores que debían resultar las conversaciones con un iranólogo como Corbin, un historiador de las religiones como Eliade o un estudioso de la mística judía como Scholem.

 

  En ambientes como el de Eranos se conservó y preservó una tradición espiritual tremendamente amenazada por un materialismo creciente en el mundo del entorno y por un nihilismo hueco. Su absoluta certeza de la grandeza del alma humana, en la que está impresa la imagen de Dios, convirtió a Carl Gustav Jung en ese puente que une las antiguas tradiciones con un futuro que no podrá seguir renunciando al hombre como un ser íntegro y total”. (2)

 

  La interrelación entre la descripción de la Psicología Junguiana y la simbología masónica, ya ha sido advertida por el masón Juan Goldwaser de la Respetable Logia Simbólica La Fraternidad Nº 63 de Tel Aviv (Israel) quien en su trabajo “Masonería y Psicología” señala:

 

“La Logia de los Compañeros se sitúa en sentido figurado y según Jung, en la camara central del Templo del Rey Salomón que representa el alma, con muchas características del inconsciente personal y ese trabajo en el Segundo Grado entraña un serio trabajo psicológico.

 

  Continuando con la terminología de Jung, la logia del Maestro Masón representa un modo general al inconsciente colectivo. Esta logia se encontrara “en la puerta de acceso hacia el sancta sanctorum”, la parte de la psique que está en intimo contacto con el cuerpo. Glosemos a Jung afirmando que el trabajo en los planos superiores de esa estructura psicológica, puede abrir la conciencia del individuo para considerar la omnipresencia de la divinidad.

 

  El ritual, pleno de positivos conceptos intelectuales, es un verdadero desafío para que los mismos se experimenten en la realidad del mundo profano e integren la conciencia de aquel que busque el real significado de ser masón”.

 

 

Conversaciones en lenguaje masónico

 

  Ciertos dichos de Jung, que resultan entre sorprendentes e incomprensibles para los profanos, son diáfanos por alguien avanzado en el campo iniciático. Así el escritor Colin Wilson (5) explica que no puede entender la repuesta del sabio suizo a Charles Lindbergh y al General Spaazt (de la fuerza aérea norteamericana) mientras discutían sobre la naturaleza de los ovnis: “Hay una gran cantidad de cosas que están sucediendo en la tierra, sobre las cuales Ud. y el Gral. Spaatz no tienen idea”.

 

  Antes de seguir, conviene recordar que un antiguo documento masónico, de entre los que todavía se conservan (Edimburgo, 1638) afirma: “Pues lo que prevemos no es evidente, ya que somos hermanos de la Rosa Cruz; tenemos la Palabra del Masón, y la clarividencia, lo que va a pasar podemos predecir correctamente”.

 

  Ahora aclaremos lo que Colin Wilson ignoraba. El diálogo entre Jung, Spaazt y Lindbergh no puede entenderse si, primero, no conocemos que el mismo está sucediendo entre tres destacadísimos masones que hicieron historia con sus vidas quedando inscriptos en las páginas recientes de la Historia del Siglo XX: C. G. Jung, Charles Lindbergh y Carl Spaatz.

 

  Lindbergh fue el aviador solitario que cruzó el Atlántico, en una proeza que llevó a la tumba a sus antecesores. Un hombre controvertido e influyente en la política de su tiempo. De acuerdo a la información oficial proporcionada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, Carl Spaatz fue promovido a general el 11 de marzo de 1945. En julio asume el comando de la U. S. Air Forces in the Pacific, con sede en Guam. Luego, es el supervisor de los aspectos estratégicos finales para el bombardeo a Japón con los B 29, incluyendo las dos misiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

 

  Queda en claro que el sabio suizo estaba hablando con dos hombres muy especiales. Y lo hacía en el protegido lenguaje de los iniciados.

 

 

Freud/Jung: ¿razones masónicas para un distanciamiento?

 

  Es bien conocido que tras los años (1908/1913) de intenso y fecundo trabajo en conjunto (hubo tiempos en que intercambiaron cartas todos los días y, hasta, varias en una misma jornada) Freud y Jung se distanciaron de manera abrupta y desagradable. Mucho se ha escrito y dicho sobre esto. Quizás sus orientaciones dentro de la Masonería también tuvieron su influencia.

 

  Tras poner Freud en marcha la Asociación Psicoanalítica Internacional, la primera presidencia recayó en otro masón; pero de distinta vertiente: Carl Gustav Jung. El Maestro de Viena diría años después que esa elección resultó desgraciada. Y efectivamente lo fue. Pero, según entendemos, no por lo que suele afirmarse desde la historia del movimiento psicoanalítico, sino porque Sigmund Freud –un claro exponente de lo que puede llamarse la vertiente masónica racional– encontró en Carl Gustav Jung a un claro exponente de la vertiente masónica esotérica.

 

  Jung –por ejemplo– no vacila en explicar que las sociedades secretas pueden ser a veces un adecuado paso intermedio en el camino de la individuación, sobre todo en una época en que el individuo se encuentra amenazado por el anonimato.

 

  El Maestro de Viena tenía un sincero y especial interés en colocar al psicoanálisis bajo la protección del respeto académico como una manera de conseguir su más rápida aceptación. Para Jung lo que importaba era desarrollar un modelo de trabajo psicoanalítico que, decididamente, sirviera a quien se sometiera a este método tal como si se tratara de un proceso iniciático y que, por ende, permitiera alcanzar resultados ciertamente transformadores. A esto Jung lo denominó “proceso de individuación”.

 

  La última carta importante que el sabio suizo escribe a Freud (18/12/1912) incluye un párrafo que ha llamado la atención de algunos historiadores del psicoanálisis (8). Su esclarecimiento requiere remitirse al lenguaje masónico.

 

“… mi estimado profesor, mientras Ud. transmita este tipo de cosas, no doy un rábano por mis acciones sintomáticas; ellas desaparecen ante el formidable rayo de luz de mi hermano Freud.”(7)

 

  “… el formidable rayo de luz de mi hermano Freud.” Solamente en clave iniciática –y, más todavía, masónica– puede entenderse en su cabal amplitud lo que ambos “hermanos” se están transmitiendo. El “rayo de luz” que conduce a la comprensión trascendente. Los “hermanos” tienen perfecta conciencia de haber recibido “la luz”.

 

 

  Para agradecer el homenaje que su logia le rinde, en su septuagésimo cumpleaños, Freud responde con las siguientes palabras en el:


  Discurso a los miembros de la Sociedad B'Nai B'Rith” (1926)

  “¡Ilustrísimo gran presidente, ilustres presidentes, queridos hermanos!


Gracias por el honor que hoy me habéis demostrado. Sabéis todos por qué no puedo responderos con el sonido de mi propia voz. Habéis oído hablar de mi labor científica a uno de mis amigos y discípulos; pero es difícil abrir juicio sobre estas cosas, al punto que quizá por mucho tiempo no se pueda pronunciarlo con certeza. Permitidme agregar algo al discurso de aquel que es también mi amigo y solícito médico. Quisiera contaros brevemente como me hice B.B. y qué busqué entre vosotros.

 

  Fue en los años siguientes a 1895 cuando dos poderosas impresiones coincidieron en mí para despertar un mismo efecto. Por un lado, había alcanzado mi primera visión de los abismos de la vida instintiva humana, había contemplado muchas cosas susceptibles de desilusionarme y, al principio, aun de asustarme; por el otro, la exposición de tan desagradables comprobaciones tuvo la consecuencia de que me viera privado de la mayor parte de las relaciones humanas que cultivaba en esa época.

 

  Me sentía como un proscrito, repudiado por todo el mundo. En ese aislamiento se despertó en mí el anhelo de un círculo de hombres selectos y de elevadas ambiciones que me recibieran amistosamente, a pesar de mi temeridad. Me fue indicada vuestra Sociedad como el lugar donde podría hallar tales hombres.

 

  El que vosotros fuerais judíos sólo podía serme grato, pues yo mismo era judío y siempre consideré, no sólo indigno, sino directamente absurdo tratar de negarlo. Debo confesaros aquí que no me ligaba al judaísmo ni la fe ni el orgullo nacional, pues siempre fui un incrédulo, fui educado sin religión, aunque no sin respeto ante las exigencias de la cultura humana que consideramos "éticas".

 

  Cuando me sentía inclinado al orgullo nacional, siempre procuré dominarlo por funesto e injusto, amedrentándome el amenazante ejemplo de los pueblos en medio de los cuales vivimos nosotros los judíos.

 

  Con todo, bastante quedaba aún para tornarme irresistible la atracción del judaísmo y de los judíos: cuantiosas potencias sentimentales oscuras, tanto más poderosas cuanto más difícilmente dejábanse expresar en palabras; la clara consciencia de una íntima identidad, la secreta familiaridad de poseer una misma arquitectura anímica. A ello no tardó en agregarse la comprensión de que sólo a mi naturaleza judía debo las dos cualidades que llegaron a serme indispensables en el difícil sendero de mi existencia.

 

  Precisamente por ser judío me hallé libre de muchos prejuicios que coartan a otros en el ejercicio de su intelecto; precisamente, como judío, estaba preparado para colocarme en la oposición y para renunciar a la concordancia con la ‘sólida mayoría’.

 

  Así, pues, llegué a ser uno de los vuestros; así tomé parte en vuestros intereses humanitarios y nacionales, conquisté amigos entre vosotros y convencí a los pocos amigos que aún me quedaban para que ingresaran a nuestra Sociedad. Ni siquiera podía pensar en convertiros a mi nueva doctrina; pero en una época en que nadie en Europa me escuchaba y cuando ni en Viena tenía un solo discípulo, vosotros me ofrecisteis vuestra benévola atención. Así fue como hallé aquí mi primer auditorio.


  Cerca de las dos terceras partes del largo tiempo transcurrido desde mi ingreso me mantuve escrupulosamente junto a vosotros, obtuve en vuestro medio estímulo y confortamiento. Hoy habéis tenido la gentileza de no echarme en cara el que en este último tercio de dicho período me haya mantenido alejado.

 

  El trabajo llegó a abrumarme; imponíanse las obligaciones relacionadas con el mismo, y mis jornadas ya no podían prolongarse con la asistencia a las reuniones; además, el cuerpo no tardó en exigir la observancia estricta de mis horas de comida. Finalmente, llegaron los años de esta enfermedad que también hoy me impide presentarme ante vosotros.

 

  No sé si llegué a ser un verdadero B. B. en el sentido en que vosotros lo entendéis. Me inclino a dudarlo, pues en mi caso intervinieron excesivas condiciones particulares. Puedo aseguraros, sin embargo, que habéis significado mucho para mí, que ha sido mucho lo que me habéis dado en los años que os pertenecí. Así, recibid mi más cálido agradecimiento por los días pasados tanto como por el día de hoy”.

In W. B. & E.

Vuestro
SIGMUND FREUD

 

 

Nota*:

a) Imagen de difusión antigua de B'Naï B'Rith 

b) Fotografía del encuentro entre Mircea Eliade y Carl Jung, el 9 de octubre de 1952.

 

 

Referencias:

 

  (*) Buscaremos explicar qué es la B'Naï B'Rith (“Hijos del Pacto”) aunque como bien sabemos quién no forma parte de una institución no siempre puede explicar cabalmente su significado. Algunas veces se la asocia con un círculo elitista dentro de la comunidad judía pero no siempre resulta así y si bien tiene algunas estructuras organizacionales parecidas a la orden masónica (logias, hermanos) no se puede comprobar una relación directa con la Masonería.

 

  Es una institución judía a nivel mundial, encargada de realizar actividades educativas, humanitarias y filantrópicas entre los judíos del mundo. Creada en 1843 en USA siguiendo la organización de la Masonería. Son funciones de la B'Naï B'Rith –según lo declara su fundador Enry Johns– unir al pueblo judío en un solo corazón en pos sus las más sagrados ideales y a su tierra.

 

  Mejorar el pensamiento y la moral su defensa. Crear un sentimiento de amor para con todos los valores que caracterizan al pueblo judío. Colmar los requerimientos de los pobres y necesitados, Visitar enfermos. Ayudar a la viuda y al huérfano según los principios de la razón humanitaria, apoyarlos y defenderlos. Es un movimiento espiritual educativo que tiene como objetivo difundir las ideas del judaísmo en el mundo en el que cohabitan. Su principal órgano es la Gran Logia radicada en Washington USA.

 

  Organizaciones derivadas de la misma son La Liga Antidifamatoria que combate el racismo por los derechos de los ciudadanos, los Institutos Hilel para estudiantes y sociales, organizaciones juveniles, campañas culturales para mayores, organizaciones para el trabajo y preparación profesional.

 

  Antes de 1948 se dedicó a recaudar fondos para ayudar en el establecimiento del Estado de Israel. Hoy ayuda financieramente a centros culturales, bibliotecas, hogares para ancianos. Realiza, cada tres años, un congreso mundial.

El símbolo es la Menora, el candelabro de siete brazos. Cada uno de éstos representa un símbolo: Luz, Justicia, Paz, Justicia social (Tzdaka), Fraternidad, Unión y Verdad.

 

 

Bibliografía

 

(1) ELIADE, Mircea. “Rencontre avec Jung”, Combat, París, 9 de octubre de 1952

(2) CIRLOT, Victoria. “Carl Gustav Jung. Ese gran constructor”. Revista Virtual de Cultural Lateral, septiembre de 2.000 Nº 69, España.

(3) VON FRANZ, Marie-Louise. C. G. JUNG Fondo de Cultura Económica. México, 1982

(4) ALBERTI, Sonia. “Pequeño Informe del Coloquio: Los Estados Generales del Psicoanálisis”. www.estadosgerais.org

(5) WILSON, Colin. Carl G. Jung Señor del mundo subettáneo. Urano, Barcelona, 1988

(6) JONES, Ernest: Vida y obra de Sigmund Freud. Ed. Nova. Buenos Aires, 1960. Tomo II.

(7) McGUIRE, William (Org.) A Correspondencia Completa de Sigmund Freud e Carl G. Jung. Imago, Río de Janeiro, 1993

(8) RODRIGUE, Emilio. Sigmund Freud. El Siglo del Psicoanálisis. Sudamericana, Buenos Aires, 1996

 

 

 


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