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Una Historia del Psicoanálisis en la Argentina

26/09/2001- Por Samuel Arbiser -

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El peculiar desarrollo, en extensión y profundidad del psicoanálisis y su práctica en la Argentina ha suscitado el interés y la curiosidad en los más diversos ámbitos. En estos medios se ha instalado la pregunta acerca de los determinantes de este fenómeno expansivo de una disciplina de vanguardia y de una práctica tan sofisticada en este lugar periférico del planeta. No se pretende con este artículo responder a interrogantes que entrañan una complejidad digna de un abordaje por parte de disciplinas especializadas. Se trata -más bien- de brindar una escueta crónica testimonial, introductoria a la realización del 1er. Congreso Latinoamericano de Historia del Psicoanálisis que se realizará los días 5 y 6 de Octubre de 2001, en el Museo Histórico Roca, Vicente López 2220 de la Ciudad de Buenos Aires.

Respecto del origen de su población y su raigambre cultural, la Argentina, en especial su capital, Buenos Aires, es bastante atípica con relación a los demás países de Latinoamérica y la mayor parte de su propio territorio interior. Su población proviene en gran medida de la inmigración europea y, como resultado de las luchas de la organización del Estado se impuso en el país, desde la segunda mitad del siglo XIX, la corriente "porteña" ligada a los ideales de progreso y los valores culturales europeos. Durante esa época las clases dirigentes que gobernaban la nación estaban imbuidas por ideales intelectuales progresistas. Baste recordar que desde los años 80 regía la ley de enseñanza universal, laica y obligatoria. Además, condiciones coyunturales le permitieron al país, desde las últimas décadas del mencionado siglo XIX hasta la crisis económica mundial del año 1930, gozar de una envidiable prosperidad. Buenos Aires, se convertiría así, en un polo de atracción para la implantación de las ideas de vanguardia que se desarrollaban en el continente europeo.

Con fines expositivos se enumeran varios períodos:

Período preinstitucional. Desde 1922, circulaba en Buenos Aires la traducción al español de López Ballesteros de las Obras Completas de S. Freud. De este modo nuestros ávidos intelectuales, profesionales y diletantes contaban con un tema apasionante para debatir. A favor o en contra pueden recordarse los nombres de José Ingenieros, Aníbal Ponce, Nerio Rojas, Belbey, Gregorio Bermann entre muchos más.

Período pionero. En 1942 se funda la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), y recién con ella se inicia el psicoanálisis institucional en la Argentina. Al entusiasta grupo local constituido por Arnaldo Rascovsky, Enrique Pichon Rivière y Ferrari Hardoy, se asociaron dos analistas formados en Europa, el argentino Celes Cárcamo que venía formado de París y el español Angel Garma egresado del Instituto de Berlín. Este grupo fundador contó con la colaboración y el talento psicoanalítico de varias de las esposas: Matilde Wencemblat de Rascovsky, Arminda Aberastury de Pichon Rivière y Elizabeth Goode de Garma. Pronto se agregaron a este grupo - por cierto bastante endogámico - Lucio Rascovsky, Marie Glas de Langer, Luisa Alvarez de Toledo y Heinrich Racker. En contraste con el período precedente en que el esfuerzo de aplicación de las ideas freudianas era aislado e inorgánico, se instala en la sociedad una prestación clínica encausada en los preceptos teóricos, técnicos y éticos acordes a los que regían en los demás centros psicoanalíticos mundiales.

Período de consolidación
El período abarca en forma aproximada la extensión de la década de los años 60. El retorno a la democracia, desafortunadamente precaria y transitoria, a partir de 1958, simultaneo a uno de los momentos más brillantes de la historia contemporánea de la Universidad de Buenos Aires, brindó, sin embargo, un marco favorable a la emergencia de una segunda generación de psicoanalistas. Surgen en esta época los nombres e ideas, que en alguna medida definirían la identidad de una eventual Escuela Argentina, si cabe tal pretensión. De todos modos es indiscutible que se asiste al nacimiento de una obra original que en las décadas siguientes conformaron lo medular e idiosincrático del pensamiento psicoanalítico local. Estas ideas y nombres deberían constituir un reparo orientador seguro ante la abundancia algo anárquica de paradigmas que caracteriza el momento actual. Así a los nombres y contribuciones del período pionero, comienzan a trascender, local e internacionalmente, los nombres de León y Rebeca Grinberg, Willy y Madelaine Baranger, Jorge Mom, Jorge García Badaracco, Mauricio Abadi, Edgardo Rolla, Fidias Cesio, José Bleger, David Liberman, Joel Zac, Horacio Etchegoyen, Ricardo Avenburg, y seguramente muchos más, dado que no he realizado una enumeración exhaustiva.

Aunque las tendencias teóricas preponderantes de este período circulaban alrededor de los autores ingleses que se centraban en "las relaciones objetales", Bowlby, Balint, Fairbairn y Winnicott no podían, sin embargo, competir con la intensa pregnancia de las contribuciones de Melanie Klein y sus más cercanas colaboradoras: Paula Heimann, Hanna Segal y Susan Isaacs, para nombrar solamente a las más leídas. También hacen su aparición los post-kleinianos, cuyos aportes fueron acogidos de manera similar a lo que ocurrió con los kleinianos. D. Meltzer, W. Bion y H. Rosenfeld fueron ocupando así paulatinamente el centro de la escena, complementado las ideas kleinianas y a veces desplazándolas.

En este período de consolidación, la formación "oficial" psicoanalítica seguía en manos del Instituto de Formación de la APA, aunque hacen sus primeras apariciones las primeras escuelas extra-IPA de Psicoanálisis, que miembros de la propia institución fundan respondiendo al desfasaje entre una desbordante demanda y las políticas restrictivas de la Asociación.

Otro acontecimiento singular de este período lo constituye el ingreso del psicoanálisis a los servicios de los hospitales generales, disputando el terreno a la psiquiatría organicista clásica heredada de la tradicional psiquiatría francesa y alemana. El nombre de Mauricio Goldenberg, un maestro de la psiquiatría dinámica, es el emblema de esta movida de significativas consecuencias teóricas y sociales: por una parte se establecen los puentes entre esta especialidad médica y el psicoanálisis y por la otra expande la atención psicoanalítica a amplios contingentes sociales.

También en esta década se crea la Facultad de Psicología en Buenos Aires con una programación curricular de marcada preponderancia psicoanalítica. Todos estos movimientos expansivos, por una parte introducían en la sociedad el interés por el psicoanálisis, tanto en su sentido terapéutico, como en el sentido de fomentar una cultura psicoanalítica en amplias capas de la sociedad. Pero, importantes sectores interesados en una formación institucional sistemática se vieron frustrados de ingresar a tal formación por la política restrictiva de la APA y por la legislación que impedía a los psicólogos el ejercicio clínico. Este pudo ser uno de los factores - entre muchos otros - que puede explicar el convulsionado periodo siguiente.

La crisis de los 70. Con la década del 70 se inicia un período de altísima tensión en el país y en el campo psicoanalítico que nos ocupa. El mundo entero se sacude con el vértigo de cambios ideológicos y políticos. Baste recordar el Mayo francés de 1968 y su repercusión en el cono sur de una América Latina crónicamente afectada por la inestabilidad política y económica. El psicoanálisis no podía sustraerse a estas circunstancias en que las posturas pasionales sofocaban todo pensamiento mesurado. Así desertaron de la APA significativos nombres en esta confusa coyuntura y se albergaron preponderantemente en los movimientos Documento y Plataforma. Finalmente, las posiciones antagónicas entre los psicoanalistas en las distintas concepciones del psicoanálisis y de la formación se fueron acentuando hasta culminar en el cisma que dividió la APA y dio lugar al nacimiento de APdeBA en 1977.

En este escenario se van a introducir las ideas de Lacan; ideas que van a convocar a legiones de partidarios, no sólo por el valor de algunas de sus concepciones, sino por el sesgo anti-institucional que encarnaba, acorde con el momento contestatario ambiental y la imposibilidad de muchos psicólogos de integrarse en las instituciones oficiales.

Momento actual. Podríamos situar arbitrariamente este período a partir de los años iniciales de la década del 80, con el retorno de la democracia. En el país funcionan seis instituciones psicoanalíticas de la API. Tres en Buenos Aires y las otras en ciudades del interior del país. En contraste con los períodos previos, el psicoanálisis en los últimos años debe luchar denodadamente para diferenciarse y evitar diluirse dentro de un complejo e intrincado "Mundo Psi". A los casi 2000 analistas de la API se le sumaron varias decenas de miles que conforman ese heterogéneo "Mundo Psi ".

El monopolio en la formación de psicoanalistas, que ostentaban las instituciones psicoanalíticas oficiales durante el primer y segundo período declinó sensiblemente a favor de la proliferación de numerosos centros de enseñanza extra-IPA. Por otra parte el ritmo de la demanda, que parecía inagotable en años anteriores, fue mermando en forma alarmante a partir de los años 90.
Sin embargo, todos estos rasgos, que configuran una inocultable crisis de la práctica psicoanalítica de nuestros días, contrastan con una actitud laboriosa y fecunda por parte de la mayoría de los psicoanalistas. La producción y la creatividad en el campo de las ideas, sin bien por una parte muestra una poco disimulada disputa por el magro mercado de pacientes, por la otra revela una indeclinable vitalidad del psicoanálisis. Entre las líneas que últimamente han enriquecido el espectro de los intereses locales puede citarse el arraigo cada vez mayor de las ideas de D. W. Winnicott, que décadas atrás competían en desventaja con la prevalente influencia kleiniana. También la Psicología del Self de H. Kohut encontró un importante sector de psicoanalistas que se dedican a su estudio y desarrollos. Los más interesados en la patología borderline frecuentan y utilizan los aportes de Otto Kernberg. También los disidentes lacanianos como André Green, Piera Aulagnier, J. Laplanche han encontrado un lugar en que sus ideas son altamente valoradas y seguidas. Los interesados en medicina psicosomática recurren a las importantes contribuciones de P. Marty y M'Usan.
Soy consciente de haber cometido, en este sucinto recorrido, injustas omisiones; pero creo que es inevitable y será probablemente salvado y complementado con las crónicas que otros también escriban.

Nota: el presente texto es síntesis del artículo presentado en Versalles en Julio de 2000, titulado "Psicoanálisis en la Argentina"

El autor es miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires

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