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Wilhelm Reich ¿Autor del pasado o también de este conflictivo presente?19/09/2002- Por Enrique Guinsberg - Realizar Consulta
Recientemente apareció en este
sitio, una “polémica” entre Freud y Reich -representados por Manfredo Teicher y
Enrique Foks- realizada el 7 de junio de este año 2002 dentro de su ciclo Freud
dialoga con sus disidentes, donde Reich
es presentado centralmente por su praxis del último período de su vida,
otorgándole menor importancia a sus propuestas conocidas como freudomarxistas de su etapa anterior. Por lo indicado en su
segundo párrafo, en el siguiente texto se considera que los aportes reichianos
contienen importantes y válidos aportes para nuestra época, muchos de los
cuales deben ser críticamente recuperados y desarrollados (E.G.)
Sin duda es muy importante la inclusión de Wilhelm Reich
en el estudio de temas vinculados a “democracia”, “autoritarismo” y el rol de
los intelectuales en los mismos**, tanto
por el prestigio que tuvo en la década de los veinte y comienzos de la de los
treinta, como por el que recupera, luego de unos años de relativo olvido, a
partir de los sucesos estudiantiles y políticos de 1968, donde junto con
Marcuse se convierte en uno de los líderes teóricos de ese fundamental
movimiento liberador y antiautoritario.
Pero, y esto es fundamental, porque muchos de sus planteos siguen siendo valiosos y centrales para
múltiples problemas de nuestra época, no tanto por las respuestas que él
diera a los mismos sino por haber
formulado interesantes y adecuadas preguntas que están todavía a la espera
de estudios e investigaciones pertinentes. Reich
no es por tanto un teórico del pasado sino un autor con valiosos aunque muy
contradictorios aportes para el presente y el cada vez más enigmático futuro.
Si siempre es necesario e imprescindible conocer la vida
y contexto histórico de la obra de un autor, esto se refuerza en el caso de
"una de las imáginaciones más volátiles del siglo XX" según uno de
sus biógrafos y críticos (Robinson, 1977:19), que claramente resulta ser producto y víctima del convulsionado mundo
en que vivió. Por eso es fundamental hacer una breve reseña de su compleja
y perseguida vida y de su obra antes de
entrar a una presentación y revisión crítica de su producción (Sinelnikoff,
1975; Suárez, A, 1978; Dahmer, H, 1983; Reich, 1993).
Nace en 1897 en una familia de granjeros de la Galitzia
austríaca, participa desde 1915 en la guerra europea como parte del ejército
austrohúngaro, donde alcanza el grado de teniente, y en 1918, al terminar la
misma, inicia estudios de medicina en Viena. Participa activamente en un
seminario de sexología, se apasiona por la obra de Freud y orienta sus estudios
hacia el psicoanálisis luego de conocer personalmente a Freud a fines de 1919.
Al año siguiente es admitido, con el apoyo de Freud, como miembro de la
Sociedad Psicoanalítica de Viena, y en 1922, luego de terminar sus estudios de
medicina, ingresa -lo que se convierte en un hecho de fundamental importancia
para su posterior evolución-, al recién creado Dispensario Psicoanalítico de
Viena, "donde toma un primer contacto con la miseria sexual y psicológica
de las masas proletarias" (Suárez, 1978:143). En el Congreso
Psicoanalítico Internacional realizado en Berlín este mismo año propone y es
aceptada la creación de un Seminario de Terapéutica Psicoanalítica, del que es
nombrado director en 1924.
En 1927 se produce un hecho trascendente para su vida al
ser testigo de lo que llamó "una lección práctica de sociología": un
grupo de derecha dispara contra una multitud produciendo varios muertos y
heridos, pero luego de algunos meses la justicia declara libres a sus autores
por lo estalla una huelga y hay manifestaciones en Viena, donde la policía del
gobierno socialdemócrata dispara ocasionando más de cien muertos y de mil
heridos. Esto hace que Reich se incorpore al Partido Comunista y estudie la
obra de Marx y de Engels, lo que implicará otro giro central en su obra.
En 1928 es designado subdirector del Dispensario
Psicoanalítico de Viena, funda la Sociedad Socialista de Consejo Sexual y de
Sexología (Sozialitische Gessellschaft
für Sexualberatung und Sexualforschung). Un año después organiza varios
centros de higiene sexual en Viena y escribe Materialismo dialéctico y psicoanálisis, uno de sus textos pioneros
y más polémicos sobre la vinculación entre ambos marcos teóricos.
1930 es otro año clave: las relaciones con Freud se
deterioran y casi llegan a una situación de ruptura por la obra original y
distinta de Reich, pero también porque critica fuertemente los planteos
freudianos sobre las causas de la producción de la cultura y las relaciones con
las neurosis. Se translada a Berlín donde, un año después y con la aprobación
del Partido Comunista Alemán, crea lo que puede entenderse como síntesis de sus
tres ejes básicos (sexualidad, psicoanálisis y marxismo): la Asociación para
una política sexual proletaria (Sexpol)
que en pocos meses llega a tener 40.000 adherentes y luego movilizar a
centenares de miles.
Su praxis en esta organización, junto con posturas
teórico-prácticas críticas que tiene sobre la política del Partido Comunista
Alemán (entre ellas su escrito Psicología
de masas del fascismo) le hacen entrar en conflicto con el Partido
"porque la labor de Sexpol tenía éxito, y se hizo insoportable para los
funcionarios" (Dahmer, 1983:281). Es expulsado del mismo, y un año después
es excluído también de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Como
respuesta a los ataques del Komintern escribe ¿Qué es la conciencia de clase?.
En 1933, luego del triunfo de Hitler, de se exilia en
Dinamarca, en donde no le renuevan la visa por sus prácticas profesionales y
políticas por lo que viaja primero a Malmö (Suecia) y luego a Oslo. Comienza en
esta época el desarrollo de su último período de producción teórica conocida
como orgónica -que implica el
prácticamente total abandono de los planteos psicoanalíticos y marxistas, pero
de manera alguna los de la sexualidad-, y en 1939 se translada a Estados Unidos
donde imparte clases en la New School for Social Research de Nueva York, funda
una editorial para sus libros, y con sus discípulos se instala en Rangeley,
Maine, cerca de la frontera canadiense.
Allí continúa con sus estudios biofísicos, que hacen que
a partir de 1947 la Federal Food and Drugg Administration comience a
"investigar las actividades de Reich, que ha hecho patentar unos
'acumuladores de orgón', capaces según su inventor, de curar la impotencia
orgástica, así como la esquizofrenia y el cáncer" (“Cronología” en Reich,
1993:IX). En 1954 se le condena a destruir todos esos acumuladores y se
prohiben sus libros, pero al negarse se le entabla un nuevo proceso y es
condenado a dos años de cárcel. Muere de una crisis cardíaca en la
penitenciaría de Lewisburg, Pennsylvania, el 3 de noviembre de 1957.
Es muy difícil presentar y discutir una obra tan amplia
como compleja y contradictoria, por lo que aquí se hará referencia a la primera
parte, la valiosa para la temática de este texto y la rescatable de Reich, con
sólo una breve referencia a la última etapa de su vida. Una obra donde, según
Dahmer, una extraña combinación de elementos teóricos del marxismo y del
psicoanálisis, la así llamada 'economía sexual', servía de base teórica al
intento de movilizar, sobre todo a la juventud obrera, mediante exigencias
político-sexuales de transición para la lucha anticapitalista-antifascista"
(Dahmer, 1973:73).
LA SEXUALIDAD COMO CENTRO DE LA VIDA INDIVIDUAL Y SOCIAL
Sin duda alguna existe una constante en la producción
reichiana que actúa como común denominador a través de sus distintas etapas:
como lo dice él mismo en una nota de su diario de 1919, "por mi propia
experiencia y por cuanto he podido observar en mí mismo y en los demás, estoy convencido de que la sexualidad es el
centro en torno al cual gira tanto la
vida social como la vida interior del individuo" (Reich, 1983:29).
Como dice uno de sus críticos, "el orgasmo era su idée fixe; se encontraba en el centro de su teoría del hombre y la
sociedad, y a la larga se convirtió en el tema sobre la base del cual
interpretaba todo el cosmos. La sencillez y coherencia de esa visión son a la
vez magníficas y aterradoras" (Robinson, 1977:22).
En palabras del mismo Reich: "Quiero recalcar
expresamente que la economía sexual no es el producto de una adición
constituída por el marxismo y el psicoanálisis [...] El núcleo de la teoría
económico-sexual, alrededor del cual se agrupan todas las demás ideas, dado que
surgen del mismo, es mi teoría del orgasmo. Este campo de hechos no se
encuentra ni dentro de la teoría económica marxista ni en la psicología
analítica, sino que corresponde a una manifestación biológica-psicológica que
traspasa todo lo viviente" (Citado por Dahmer, 1973:82). La importancia de
esto se muestra en uno de los señalamientos del autor: "Tocamos, pues, la
raíz de la enfermedad psíquica colectiva si planteamos la cuestión relativa al orden social de la vida sexual del ser
humano. Es la energía sexual la que gobierna la estructura humana del
sentir y del pensar. La 'sexualidad' (fisiológicamente hablando, la función
parasimpática) es la energía vital per se.
Su represión significa, no sólo en el aspecto médico sino más en general,
transtornos graves de las funciones vitales fundamentales. La expresión social
más importante de estas perturbaciones es la irracionalidad de la acción, la
locura, el misticismo, la disponibilidad para la guerra, etc. Por lo tanto, la
política sexual debe partir de esta pregunta: ¿cuál es el motivo de la represión de la vida de amor en el hombre?"
(Reich, 1993:20)
En muy rápida síntesis el eje de la postulación reichiana
es que la salud espiritual depende de la potencia orgásmica, es decir de la
capacidad de entrega y vivencia de la excitación sexual, y las enfermedades
anímicas son consecuencia de su perturbación. A su vez los actos antisociales
son originados por la represión de la vida natural y que sólo en la especie
humana contradicen a la sexualidad natural. La unidad y falta de contradicción
entre cultura y naturaleza, trabajo y amor, moral y sexualidad, así como la
aspiración a la democracia, seguirá siendo un sueño mientras los seres humanos
no permitan la exigencia biológica de la satisfacción sexual natural.
Es cierto que esa postura tan categórica y unilateral fue
planteada en su último período creativo, y hoy resulta tan exagerada que puede
pensarse que algo en definitiva tan simple e incluso primitivo no puede tener
gran valor para un análisis serio y riguroso. Sin embargo no es así porque ese
punto de partida, al menos en el primer período, lo vincula con la política y
la realidad social a través del psicoanálisis y el marxismo para formular
interesantes interrogantes que, como ya fuera mencionada, provocan posturas
cuestionables pero que muchas de ellas todavía hoy requieren ser de respuestas
adecuadas. Como ocurre con tantos creadores, lo importante es que Reich toca aspectos y relaciones centrales y
candentes, obligando a pensar sobre ellas, sin tampoco poder negarse que
algunas de sus posturas puedan ser válidas y abren caminos nuevos que deben ser
recorridos y repensados.
Con tal base la producción de Reich es muy variada y con
importantes proyecciones sociales y políticas. Una de las formas de
presentarlas es siguiendo su propio camino de aparición y resolución de las
problemáticas que se le abrían, que por razones de tiempo y de espacio serán
resumidas en este trabajo.
COINCIDENCIAS Y DIFERENCIAS CON FREUD Y EL PSICOANALISIS
Sin duda alguna el Reich más conocido es el que intenta
una vinculación entre psicoanálisis y marxismo, dos marcos teóricos y prácticos
de fuerte ascendiente en la década de los veinte: el primero ya asentado y
creciente en Viena y otros países europeos, y el marxismo triunfante en la
naciente Unión Soviética, con fuerte peso en otros países y esperanza de
importantes sectores populares luego de la hasta ese momento la guerra más
importante de la historia.
Ya se vió en el esquema biográfico presentado al
comienzo la fundamental relación de
Reich con Freud y el impacto y consecuencias que para nuestro autor tuvo su
trabajo en el Dispensario Psicoanalítico de Viena, origen de su creación y de
la diferente perspectiva que llegará a tener del corpus psicoanalítico. Aunque
Sinelnikoff señala que entre 1920 y 1927 su postura está marcada "por las
tesis de Freud sobre la etiología sexual de las neurosis y la moral sexual
'cultural' y sus ideas no son en modo alguno las de un herético; puede decirse
todo lo más que constituyen una variante del sistema freudiano de antes de
1920" (Sinelnikoff, 1975:112).
Obviamente Reich es todo lo contrario a un ortodoxo
seguidor fiel de teorías y de líderes teóricos, por lo que casi de inmediato
comienza a plantear sus diferencias con las postulaciones de Freud y de la
Sociedad Psicoanalítica, como lo hará más tarde con las organizaciones
marxistas. No es este el lugar para el señalamiento detallado de todas ellas,
por lo que se mencionarán sólo las más importantes y las de mayor incidencia
para la temática del presente trabajo.
Algunas puede pensarse que son específicas del campo
psicoanalítico -por ejemplo sus diferencias con Freud respecto al masoquismo
(1) y su negación de la existencia del llamado período de latencia en la
evolución sexual (2), pero otras lo exceden completamente. Entre ellas su
radical diferencia con Freud y el psicoanálisis respecto a la importancia de la
sexualidad infantil, uno de los aportes trascentes y revolucionarios de esa
disciplina: mientras para estos los conflictos psíquicos están determinados por
perturbaciones en esas etapas, Reich
considera, sin negar la importancia de la sexualidad infantil, que lo
fundamental son las perturbaciones de la genitalidad, lo que produce un
cambio sustancial en su visión del psicoanálisis. En palabras de Reich en su
obra People in Trouble de 1944 “la
fijación a los tabúes sexuales de la infancia actuaba como un freno desde los
comienzos; pero era esencialmente la inhibición del último paso a la vida
amorosa natural, al llegar a la madurez, la que los volvía a arrojar por
completo en sus conflictos de la infancia. Tuve que introducir una primera
corrección decisiva desde el punto de vista psicoanalítico: el conflicto de la pubertad es el resultado
de la negativa que la sociedad opone a la vida amorosa del adolescente. Cuando
la vía del amor sano y normal queda cortada de golpe, el adolescente regresa a
la neurosis de la infancia en una forma más intensa, ya que está agravada por
el aumento y la frustración simultánea del deseo genital. Y esto el
psicoanálisis lo había desconocido por completo o, más bien, no se había
atrevido a rozarlo" (citado por Sinelnikoff, p. 17). Sobre esta diferencia
con Freud es pertinente señalar que la libertad sexual genital de nuestra
época, permitida e incluso promovida, no confirma la postura reichiana, siendo
más valiosos los aportes de Marcuse que los de Reich (Marcuse, 1985).
En esta último puede corroborarse lo anteriormente
señalado respecto a que una tesis unilateral da lugar a aperturas de gran
importancia. Porque Reich hace referencia a la represión sexual pero, al igual
que Freud aunque de manera más categórica y con mayores consecuencias, coloca el énfasis en la responsabilidad social
de esa represión y apunta a temáticas
que lo analistas no siempre quieren aceptar o tocar.
La situación de su época y el trabajo en el Dispensario
Psicoanalítico de Viena lo orientan a la conclusión de que "la represión sexual es de origen socio-económico
y no biológico, y su función es sentar las bases de la cultura autoritaria
patriarcal y la esclavitud económica" (Reich, 1983:183). Pero ser
consecuente con esta postura debe llevarlo inevitablemente a comprender que la búsqueda de solución a tal problema pasa
por terrenos sociales y políticos y no terapéuticos, hecho que asume
plenamente: "He intentado demostrar que las neurosis son un resultado de
la educación patriarcal, autoritaria, con su supresión sexual, y que el
verdadero problema está en la prevención
de las neurosis. En nuestro sistema social actual, faltan todos los requisitos
previos para un programa práctico de prevención; primero habrán de ser creados mediante una revolución básica en las
instituciones e ideologías sociales, cambio que dependerá del resultado de las
luchas políticas de nuestro siglo" (Reich, 1975:18) (3).
Y es el camino que seguirá ya que, escribe en La función del orgasmo: "En
conjunto, debemos decir que los resultados prácticamente importantes [de la
terapéutica analítica] son escasos en relación con la miseria sexual y
socioeconómica de nuestra época. Dado que la satisfacción sexual y la
sublimación, únicas salidas válidas de la neurosis y sus equivalentes, dependen
también del medio socioeconómico, el dominio del trabajo terapéutico se
encuentra considerablemente restringido", no confiando en tener en un
futuro previsible "facilidades para nuestro trabajo" (citado por
Sinelnikoff, p. 112) (4).
Observa también otro aspecto importante: "Ni en
psiquiatría ni en psicoanálisis se acostumbraba interrogar a los pacientes
acerca de su condición social. Todos
sabían que existía la pobreza y la necesidad, pero no parecían tener ninguna
importancia. En la clínica, empero, uno tropezaba de frente con esos factores.
A menudo la ayuda social era la primera intervención necesaria. De golpe se
hizo evidente la diferencia
fundamental entre la práctica privada y
la práctica en la clínica" (Reich, 1983:68). Y de inmediato reitera
sus dudas sobre el valor de las terapias analíticas: "Después de casi dos
años de trabajo en la clínica adquirí la convicción de que la psicoterapia individual tenía un radio de
acción limitado. Sólo una pequeña fracción de las personas psíquicamente
enfermas podían ser tratadas [...] Unicamente un pequeño grupo recompensaba por
los esfuerzos realizados. El psicoanálisis nunca ocultó tal infortunada
situación de la terapia" (Reich, 1983:69).
Efectivamente, Freud ya en 1918 había señalado los
límites de los analistas y de la terapia analítica frente "a la enorme
miseria neurótica que existe en el mundo" (Freud, 1976:162). Lo que
también es cierto es el señalamiento del desinterés de los psiquiatras y
psicoanalistas por las condiciones sociales de vida de los pacientes, negación
que tiene y tendrá profunda importancia tanto para las terapias en sí como para
los mismos marcos teóricos.
Estas objeciones no lo inhiben para continuar, de manera
paralela, tanto el estudio teórico como la búsqueda de cambios fuera del ámbito
clínico. En el prólogo a la primera edición de El análisis del caracter reitera que la tarea central no es la
clínica sino la profilaxis (5), pero entiende también que "va implícito
que no es posible prevención alguna de la neurosis a menos de contar para ella
con un cimiento teórico; vale decir, el requisito previo más importante es el
estudio de los factores dinámicos y económicos de la estructura humana",
para lo cual "debe mejorarse nuestra técnica analítica" (Reich,
1975:18) (6).
No es este el lugar para el desarrollo de las propuestas
clínicas de Reich centradas en el análisis de las resistencias caracteriales,
sino señalar como incorpora aspectos sociales poco desarrollados por el
psicoanálisis hasta ese momento, pero al mismo tiempo destaca la incidencia de
lo psíquico sobre lo social y lo político, dialéctica que a partir de este
momento desarrollará respecto a la realidad política de su época, relación en la que fué incuestionable
pionero y que incluso hoy sigue postergada, poco desarrollada y en la búsqueda
de respuestas: "Si como se ha dicho, el hombre hace su propia
historia, dependiendo de ciertas condiciones económicas; si el concepto
materialista de la historia ha de partir de la premisa básica de la sociología,
la organización natural y psíquica del hombre, resulta claro que nuestra
investigación adquirirá en cierto punto una importancia sociológica decisiva.
El poder productivo más importante, la facultad
productiva, facultad de trabajo, depende de la estructura psíquica. Ni el
llamado 'factor subjetivo' de la historia, ni la facultad productiva, la
facultad de trabajo, pueden concebirse sin una psicología
científico-natural". Y de inmediato escribe algo que marca el inicio de
una diferencia y de una apertura: "Esto
presupone el rechazo de esos conceptos psicoanalíticos conforme a los cuales la
cultura y la historia de la sociedad humana se explican por los instintos"
(Reich, 1975:19; último subrayado mío).
Los planteos de Reich implican, como se mencionó, una
apertura que requiere ser continuada. Adelantándose a otras posturas, como por
ejemplo la del carácter social de
Fromm y la de los "antipsiquiatras" de la década de los '60,
considera que "todo orden social crea aquellas formas caracterológicas que
necesita para su preservación [...] Se trata de un proceso de profundos
alcances en cada nueva generación, de la formación de una estructura psíquica
que corresponda al orden social existente, en todos los estratos de la
población. La psicología y caracterología científico-natural posee, pues, una
tarea claramente definida: debe descubrir
los medios y mecanismos con los cuales la existencia social se transforma en
existencia psíquica y, con ella, en ideología" (Reich, 1975:20;
subrayado mío).
Establece pues una relación, pero también los campos
propios de cada ámbito de estudio: "Se debe distinguir entre la producción
social de ideologías y su reproducción en los miembros de la sociedad. Estudiar
el primer proceso es tarea de la sociología y la economía; estudiar el segundo,
de la caracterología psicoanalítica". En efecto, esta última "tiene
que estudiar los efectos de la situación económica inmediata (alimentos,
vivienda, vestido, procesos productivos), así como los efectos de la llamada
'superestructura social, esto es, de la moral, de las leyes e instituciones,
sobre el aparato de los instintos; debe definir, en forma tan completa como sea
posible, los numerosos eslabones intermedios entre 'base material' y
'superestructura ideológica'" (Reich, 1975:20).
En síntesis, "la
estructura de carácter es, pues, la cristalización del proceso sociológico de
una determinada época. Las ideologías de una sociedad pueden llegar a tener
poder material sólo a condición de que alteren efectivamente las estructuras de
carácter". Huelga señalar la importancia de esta vinculación que, se
reitera, hoy sigue postergada, y valga como ejemplo el que plantea el propio
Reich y que estudiará años más tarde: "Este anclaje caracterológico del
orden social explica la tolerancia de los oprimidos ante el dominio de una
clase superior, tolerancia que algunas veces llega hasta la afirmación de su
propio sometimiento" (Reich, 1975: 22 y 21).
Otra diferencia con Freud es posterior pero muy
importante ya que provoca la ruptura con él. Se vincula con la génesis de la cultura que Freud plantea en su obra El malestar en la cultura, libro que
según Reich surge para responder a sus argumentos y posturas que planteaba en
las reuniones que se realizaban en la casa de Freud (Reich, 1983:156 y 165). A
la conocida tesis freudiana de que la civilización surge y existe por la
represión y sublimación de las pulsiones, Reich opone la suya, muy diferente:
con base en los trabajos de Malinovski que considera que "una satisfacción
de la libido genital es perfectamente compatible con la civilización, y sólo la
cultura burguesa, por motivos económicos, se apoya en la represión sexual"
(Sinelnikoff, p.147). Su planteo es
entonces el ya señalado respecto a la necesidad de posibilitar la satisfacción
genital, lo que considera posible al no estar en contra del mantenimiento de la
civilización (sobre esto veáse La
revolución sexual, p. 38 a 47).
PSICOANALISIS, MARXISMO, "FREUDOMARXISMO"
Si bien en lo anterior ya son visibles puntos de contacto
entre psicoanálisis y marxismo (7), será recién en 1929 que Reich escribe una
de sus obras más famosas, Materialismo
dialéctico y psicoanálisis, intentando una sistematización de las
relaciones entre ambos marcos teóricos. Para comprender esta obra debe
recordarse que toda la tarea de Reich estaba cuestionada por las instituciones
marxistas y la psicoanalítica, y la situación no cambió con este escrito: la
revista comunista que lo publicó incluyó una nota señalando que no compartía
las ideas del autor sobre el psicoanálisis, y en la defensa que ese mismo año
hizo Reich ante la Academia de Ciencias de la URSS se le ratificó la idea
oficial soviética de negación de las características materialistas y
dialécticas del psicoanálisis (Sinelnikoff, p. 166-167).
¿Cuáles son las características que posibilitarían esa
vinculación? Según el resumen que hace uno de los estudiosos del planteo
"freudomarxista" (Suárez, p. 143 y sig.), en principio son
discernibles analogías: a) de propósitos: ambas serían empresas
crítico-desmitificadoras (de ilusiones en Freud, de ideologías en Marx) y
emancipadoras (del neurótico reprimido; del proletariado oprimido); b) de medios: toma de conciencia (de los
mecanismos represores que obligaban a lo reprimido a retornar como síntomas,
autoengaño, sufrimiento; de las relaciones de producción opresoras) recuperando
el sujeto el dominio sobre lo que lo enajenaba; c) de método: materialista (el motor último de la historia serían los
instintos; las formas de producción en la historia social); dialéctico (lucha
de contrarios: instinto y defensa, de clases, etc); histórico (destinos de los
instintos en el proceso individual, de la humanidad por la sucesión de modelos
de dominación); de modelos: tópico
(entre instancias y estratos psíquicos, entre infraestructura y
superestructura) y dinámico (pulsiones antagónicas, lucha de clases).
Pero se trata también de la búsqueda de complementariedades: a) en la práctica analítica: todo lo
señalado respecto a la incidencia de los factores sociales y políticos en la
producción de "normalidad" (8) y patología. "A nivel de la
terapia, si el psicoanálisis lograba liberar al individuo de sus síntomas e
inhibiciones permitiéndole recuperar su capacidad de trabajo y de goce [...],
si se quería cumplir hasta el fin el programa emancipador, que implicaba
profilaxis y cura, era preciso historizar el principio de realidad a nivel
teórico y transformar la realidad social histórica, lo que forzaba al
psicoanálisis a integrarse en la teoría y en la praxis del materialismo
histórico" (Suárez, p. 145-146). A lo que debe agregarse la vinculación
con b) en la práctica político-ideológica,
relacionado con lo visto sobre producción de ideología, formas válidas de
agitación de masas que se verá más adelante, etc.
Es imposible por razones de espacio detallar las
propuestas polémicas pero apasionantes que Reich formula, por lo que sólo se
presentarán algunas, comenzando por el señalamiento de límites y vínculos entre
ambos marcos teóricos: "Por el lado del marxismo, la crítica a la
aplicación de los descubrimientos psicoanalíticos a la sociología es correcta
en parte. Las contadas aportaciones que los psicoanalistas han hecho a dicho
tema carecen de una orientación adecuada respecto a los problemas fundamentales
del materialismo dialéctico, y además ignoran totalmente el problema central de
la sociología marxista: la lucha de clases. Debido a esto, tales trabajos
carecen de utilidad para la sociología marxista, de la misma manera que
resultaría inútil para el psicoanalista un trabajo acerca de los problemas
psicológicos donde no se tomaran en consideración los factores del desarrollo
sexual infantil, de la represión sexual, de la vida psíquica inconsciente y de
la resistencia sexual" (Reich, 1976:3-4).
Una larga pero fundamental cita textual al respecto:
"Tan pronto como se abandona el dominio propio del psicoanálisis para
aplicarlo a los problemas sociales, se le convierte en una Weltanschauung (concepción del mundo); Weltanschauung psicológica (contrapuesta a la marxista) [...] El
psicoanálisis, según la definición de su propio creador, no es sino un método
psicológico que trata de describir y explicar la vida psíquica,considerándola
como un dominio específico de la naturaleza, con los medios que son propios a
las ciencias naturales" por lo que no puede ser una concepción del mundo
ni reemplazar a la marxista. "El
objeto propio del psicoanálisis es la vida psíquica del hombre socializado.
La vida psíquica de la masa sólo le concierne en tanto aparecen fenómenos
individuales en ella (por ejemplo el problema del líder), también le conciernen
fenómenos del 'psiquismo colectivo', como el miedo, el pánico, la obediencia,
etc. en tanto pueda explicarlos por sus experiencias con individuos. Pero
parece que difícilmente le es accesible el fenómeno de la conciencia de clase.
Problemas como los del movimiento de masas, la política, la huelga, que son
objeto de la sociología, no pueden ser objeto de su método. Consecuentemente, no puede sustituir a la
sociología ni puede desarrollar por sí mismo una sociología. Pero lo que sí
puede lograr es convertirse en una ciencia auxiliar de las ciencias sociales,
por ejemplo como psicología social. Así, por ejemplo, puede revelar los motivos
irracionales que indujeron a un líder a integrarse precisamente en el
movimiento socialista o nacionalista; además, puede explicar el efecto que las
teorías sociales producen en el desarrollo psíquico del individuo. De manera
que tienen razón los críticos marxistas cuando acusan a algunos representantes
del psicoanálisis de tratar de explicar con este método lo que no puede
explicar; pero cometen un grave error
cuando identifican el método del psicoanálisis con quienes lo aplican y cuando
le atribuyen los errores que éstos cometen" (Reich, 1976; subrayados
míos) (9).
Reitera que los deseos son reprimidos por la sociedad
(10), analiza el papel social psicoanálisis, y aquí también se convierte en
claro vidente de lo que ya pasaba en su época y se acrecienta en el presente al
considerar que "la cuestión es: ¿puede tolerar la burguesía el
psicoanálisis a la larga sin sufrir daño, esto es, sin que sus conocimientos y
formulaciones sean adulterados y su sentido diluído?". Y, preocupado,
responde que "si el mundo burgués no condena al psicoanálisis, ¿cuál es
entonces la actitud que adopta frente a él? Por un lado está la ciencia, sobre
todo la psicología y la psiquiatría y, por el otro, el público lego. De ambos puede decirse lo que una vez dijo
Freud a manera de broma: no se sabe si aceptan el psicoanálisis para defenderlo
o para destruirlo" (Reich, 1976:75-76; subrayado mío).
Lamentablemente la realidad del psicoanálisis dominante
actual confirma estos temores de Reich: se trata de una versión cooptada por
las formas dominantes al aceptar lo que fue la peste según la definición de Freud: unas premisas en su momento
revolucionarias de los conocimientos anteriores -las nociones de inconciente y
de sexualidad, sobre todo infantil-, pero que hoy se ha convertido en domesticado e incluso light, al olvidar los cuestionamiento
crítico a las formas sociales concretas
de cada marco social y sus consecuencias sobre el psiquismo (11).
Respecto a este intento "freudomarxista" (12)
son múltiples las opiniones, más allá de los rechazos señalados de los campos
oficiales psicoanalíticos y marxistas. Entre ellas, si para Dahmer "Reich
queda envuelto en sus manifestaciones sociológicas, esencialmente dentro de un
materialismo naturalista (biologismo, psicologismo)" (Dahmer, 1973:106),
para Robinson es "quizás el trabajo de más compacta argumentación que
nunca haya escrito", aunque plantea importantísimas reservas: "El
resultado no fue un cuerpo coherente o acabado de teoría social, pues Reich
carecía de la paciencia, la disciplina y, es preciso admitirlo, la inteligencia
primordial de un teórico social verdaderamente grande. Su síntesis resultaba a
menudo poco más que una tosca unión de comunismo y psicoanálisis. Había muchos
cabos sueltos, argumentos insuficientemente digeridos y hasta contradicciones
lisas y llanas. Pero una vez hechas estas concesiones, queda, según creo, mucho
de incisivo en el esfuerzo de Reich por cerrar la brecha existente entre las
dos tradiciones intelectuales dominantes en los siglos XIX y XX"
(Robinson, p.42).
Esfuerzo
donde, como ya fuera señalado, más que las respuestas quedan vigentes muchas de
las preguntas, que todavía esperan su resolución.
FASCISMO, CRISIS DEL MARXISMO, AUTORITARISMO
Pero el estudio sobre tal temática no se limita a esa
obra sino que continúa y se proyecta en otras vinculadas de manera directa con
la situación política de su época: "La división y la derrota paulatina del
movimiento obrero que conduciría a la victoria sin lucha de los nazis, junto al
triunfo, teóricamente inesperado, del comunismo en Rusia, puso sobre el tapete
la problemática del 'factor subjetivo' en la revolución. Cuando las
'condiciones objetivas' para la revolución socialista parecían dadas, algo 'no
marchaba' en los 'sujetos históricos' (líderes y masas) en tanto daba tan
paradójicos resultados" (Suárez, p. 142).
Aquí se produce una de las tantas contradicciones en los
planteos reichianos, en este caso entre los discutibles objetivos que en
definitiva se propone y los lúcidos análisis que realiza sobre las causas del
fracaso de la izquierda y de los sectores democráticos y el éxito de la derecha
autoritaria nazi. Análisis que hoy,
sesenta años después, pueden ser útiles en momentos en que existe una situación
obviamente no igual pero sí parecida.
Discutibles objetivos porque, en función de su idea fija
acerca de la primordial importancia de la sexualidad, sus planteos
"estaban destinados a servir a un solo fin: de otorgar autoridad
científica a su llamado a una revolución sexual"; y esto porque
consideraba que "la abstinencia sexual exigida a los adolescentes en la
sociedad represiva llevaba a la delincuencia juvenil, a la neurosis, a las
perversiones y a la apatía política" (Robinson, p. 51 y 52). Por ello el movimiento político que
intentó (la famosa Sexpol)
"debía dar la salida del callejón de la política staliniana reformista y
neorreformista a las grandes organizaciones obreras tradicionales; esperaba
movilizar sobre todo para el combate anticapitalista y antifascista a las
juventudes obreras mediante demandas transitorias" (Dahmer, 1983:280).
Pero antes de ver el análisis reichiano del fascismo y
las causas de su éxito, veamos sus críticas a las organizaciones políticas de
izquierda que desarrolla junto con
tal análisis. De entrada considera que "cada vez era más evidente que la
propaganda política de masas, que se limitaba a la discusión de los procesos
socioeconómicos objetivos (modo de producción capitalista, anarquía económica,
etc) no alcanzaba más que a la pequeña minoría de gente ya ganada para la causa
de izquierda". Por tanto "se imponíala conclusión de que la
propaganda y la concepción de conjunto del socialismo entrañaban serias lagunas
que explicaban sus 'errores políticos'.El defecto marxista estribaba en la
imposibilidad marxista de captar la realidad política, defecto que el
materialismo dialéctico hubiera permitido eliminar, si hubiera hecho uso de sus
posibilidades digamos, para anticipar un poco, que la política marxista no había tenido en cuenta en su práctica política
la estructura caracterológica de las masas y los efectos sociales del
misticismo" (Reich, 1973b:13-14) (13).
Entiende entonces que "como tantas grandes obras de
nuestros pensadores, el marxismo ha degenerado en un conjunto de fórmulas vacías,
y entre las manos de los políticos marxistas ha perdido su contenido científico
revolucionario [...] Los métodos vivos se han coagulado en fórmulas, las
investigaciones científicas en esquemas hueros [...] Ha degenerado en 'marxismo
vulgar', que es el nombre que muchos excelentes políticos marxistas han dado al
'economicismo', que pretendía reducir toda la existencia humana al problema del
paro y de los niveles de salario". Y se hace entonces una pregunta todavía
hoy central: "Veíase aparecer una divergencia entre la evolución de la
base económica, que empujaba hacia la izquierda, y la ideologías de las masas,
atraídas por el extremismo de derechas" (Reich, 1973b:16-17) (14).
Y la
respuesta es tan contundente como actual: "El marxismo vulgar establece una verdadera cámara aislante
entre el ser económico y el ser social, pretendiendo que la 'ideología' y la
'conciencia' de los hombres están determinados exclusivamente y directamente
por el ser económico. De este modo llega a una oposición mecánica entre economía
e ideología, entre 'base' y 'superestructura'. Deduce la ideología de la
economía de un modo esquemático y unilateral, e ignora la dependencia de la
evolución económica con respecto a la ideología" (Reich, 1973b:25). En su lugar propone un espacio válido para
el presente, y que las organizaciones populares y progresistas se niegan a
entender (15): "Sólo la psicología surgida del análisis del carácter
puede cubrir esta laguna [...] y aprehender el 'factor subjetivo', que escapa
al entendimiento del marxista. La psicología política se ocupa de un campo
claramente delimitado. Es incapaz de explicar la génesis de las clases en la
sociedad o el modo de producción capitalista (cuando se aventura en ese terreno
sus hallazgos no son otra cosa que estupideces reaccionarias, como cuando
explica, por ejemplo, el capitalismo por la codicia de los hombres). Pero es ella, y no la economía social, la
que podrá investigar cómo es el hombre de una cierta época, cómo puensa y cómo
actúa en función de su estructura caracterológica, cómo repercuten en él las
contradicciones de su existencia, y cómo intennta dominar su vida
(subrayado mío: EG). Cierto que no examina más que al hombre individual; pero
cuando se especializa en la exploración de procesos psicológicos típicos y comunes a toda una capa, clase o
categoría profesional, descartando toda diferenciación individual, se
transforma en psicología de masas"
(Reich, 1973b:27).
Es que comprende que "la ideología de cada formación
social no solamente tiene como función reflejar el proceso económico, sino
también enraizarlo en las estructuras
psíquicas de los hombres de esa sociedad". Plantea también que
"la psicología reaccionaria se dedica a descubrir motivaciones
irracionales para explicar el robo o la huelga [pero] para la psicología social
el problema se presenta de modo inverso: no se ocupa de las motivaciones que
impulsan al hombre hambriento o explotado al robo o a la huelga, sino que
intenta explicar por qué la mayoría de los hambrientos no roba y por qué la mayoría de los explotados no va a la huelga". Conclusión lógica de esto último:
"¿No es hora de preguntarse qué pasa
en el seno de las masas para que éstas no reconozcan o no quieran reconocer
el papel del fascismo?" (Reich, 1973b:29, 31, 33).
Una primer respuesta tiene que ver con lo anterior:
"Mientras nosotros exponíamos a las masas magníficos análisis históricos y
disquisiciones económicas sobre las contradicciones imperialistas, ellas se
entusiasmaban por Hitler desde lo más profundo de sus sentimientos"
(Reich, 1970:122), por lo que plantea una acción muy diferente: "No
resulta osado afirmar que el movimiento obrero se hubiera ahorrado una sarta
interminable de sectarismo, elucubraciones, escolasticismo, formación de
fracciones y escisiones, y habría acortado el camino espinoso a lo que es más natural, el socialismo, si hubiera extraído su propaganda, su
táctica y su política, no sólo de los libros sino ante todo de la vida de las
masas". Esto porque "al trabajador medio alemán o al empleado no
les interesaba el plan quinquenal de la Unión Soviética 'en sí' sino la cuestión de la satisfacción
intensificada de las necesidades" (Reich, 1970:133 y 136; los últimos
dos subrayados míos). Para Reich la política comunista tenía que reencontrar
"la conexión con la vida y los deseos cotidianos, pequeños, banales,
primitivos y simples de la gran masa con todas sus diferencias de terruño o
estrato. Sólo de este modo puede lograrse
que confluyan el proceso sociológico objetivo con la conciencia subjetiva del
hombre y colmar la brecha que los separa" (citado por Dahmer,
1983:280).
¿Pero que pasaba con el fascismo? "El estudio de la
eficacia psicológica de Hitler sobre las masas debía partir de la idea de que
un 'führer', o representante de una idea, no podía tener éxito más que si sus conceptos personales, su ideología o
su programa se encontraban en armonía con la estructura media de una amplia
capa de individuos integrados en la masa". Lo que lo lleva a que
"precisamente de lo que se trata es de saber cómo fue posible engañar, desorientar y sumir a influencias
psicóticas a las masas [y] es éste un problama que no se puede resolver si
se ignora lo que sucede en el seno de las
masas". Y reconoce algo importante: "Que el éxito coronara a esta organización de masas es un hecho imputable
a las masas y no a Hitler. Lo que le ha permitido a su propaganda ganarse a
las masas ha sido la estructura autoritaria, antiliberal y angustiada de los
hombres" (Reich, 1973:52, 53, 58).
Pero antes de ver que fue lo que ganó a esas masas es
necesario incluir otro fundamental aporte de Reich para la comprensión del
fenómeno, y que se inscribe dentro de su preocupación por los aspectos de
intermediación en la formación de la subjetividad: "En esta conjunción de
hechos económicos y estructurales, la familia autoritaria representa la célula
productiva más inmediata y la más importante del pensamiento reaccionario: constituye la fábrica de la ideología y de
la estructura reaccionarias. Por este motivo, toda política cultural
reaccionaria plantea como primer punto de su programa la 'protección a la
familia', es decir a la familia autoritaria y numerosa" (Reich, 1973:84;
subrayado mío).
Este planteo venía de antes, cuando escribió que
"ella influencia al niño en el sentido de ideología reaccionaria, no solamente
como institución de carácter autoritario sino por obra y gracia de su
estructura propia: es el enlace entre la estructura económica de la sociedad
conservadora y su superestructura ideológica; su atmósfera reaccionaria se
incrusta inexorablemente en cada uno de sus miembros" (Reich, :95). La
típica familia autoritaria alemana "creaba en los niños una estructura
cuya característica era el deber compulsivo, la renunciación y la obediencia
absoluta a la autoridad [...] El fascismo tomó en cuenta tanto la fijación a la familia como la rebelión
contra ella. Porque el fascismo imprimió profundamente en el pueblo la
identidad emocional de la 'familia', el 'Estado' y la 'nación', la estructura
familiar del pueblo pudo continuarse fácilmente en la estructura nacional
fascista. En verdad ello no resolvía un solo problema de la familia real o las necesidades reales de la nación, pero hacía posible
que masas de gente transfirieran sus lazos familiares desde la familia
compulsiva a la familia más grande llamada 'nación'. 'Madre Alemania' y
'Padre-Dios-Hitler' se conviertieron en los símbolos de emociones infantiles
profundamente reprimidas" (Reich, 1983:191).
El análisis del fascismo que hace Reich es mucho más
completo pero no es posible exponerlo aquí por razones de espacio. Sí es
importante remarcar como ubica con claridad el apoyo que tuvo en los sectores
de la pequeña burguesía, y un aspecto que merece ser continuado por su
trascendencia: "En realidad, Hitler no era más que la expresión de un
conflicto trágico en las masas, el
conflicto entre el anhelo de libertad y el miedo real a la libertad"
(Reich, 1983:186) (16).
Problemas
estos que no se limitan al fascismo y que, aunque de manera no mecánica y
comprendiendo múltiples variantes y sutilezas, pueden adaptarse a formas
políticas y sociales de nuestro tiempo. Al respecto es interesante la observación de Robinson de que
"resulta evidente que Reich no tenía un interés especial en trazar las
vicisitudes de la historia alemana; la suya era una misión más elevada: diagnosticar
las enfermedades de la humanidad en su conjunto" (Robinson, p. 47).
TRES LAMENTABLES FINALES
El destino final de Reich ya fue indicado en el bosquejo
biográfico inicial: su expulsión del Partido Comunista y de la Asociación
Psicoanalítica, y su relativo abandono de estas propuestas para volcarse al
estudio y divulgación de su teoría del orgón.
No es necesario decir más de su separación del Partido
Comunista, y sólo algo de la Asociación Psicoanalítica: entre ellas la
complejidad de su relación con Freud donde este lo estimó tanto como para
incluirlo en su círculo íntimo de amigos y discípulos, y aquel "parece
haber seguido el esquema clásico de enamoramiento y desilusión tan
característico de las amistades psicoanalíticas" (Robinson, p. 33) (17).
Pero en su crítica del período "freudomarxista" siempre reconoció sus
valores frente a los ataques stalinistas: "Si se quisiera criticar los
errores científicos de Freud 'marxistamente' desenmascarándolo como
reaccionario, se sería un tonto. En cambio, si se demuestra objetivamente dónde
es Freud científico naturalista de categoría genial y dónde es filósofo burgués
del matiz más antiguo, entonces se ha realizado una auténtica y fecunda labor
marxista y revolucionaria" (Reich, 1970:215). Algo diferente a la lamentable
acusación de Freud de que un trabajo de Reich (El carácter masoquista) fue escrito al servicio del Partido
Comunista, y a la acusadora nota que la revista psicoanalítica colocaba,
mintiendo como lo indica la historia de Reich, al publicar sus artículos antes
de expulsarlo (18).
Mucho y poco puede decirse de sus posturas a partir de
1935. Mucho porque deja una obra abundante, y poco porque se reduce a planteos
elementales donde el orgón se convierte en la materia primordial de la que
surge toda la realidad. En rápida síntesis "abandona la terapéutica
psicoanalítica por los métodos de resolución directa de las tensiones
musculares correlativas, según él de la coraza caracterial, con objeto de
restablecer la movilidad vegetativa, y especialmente la potencia orgástica
[...] Por otra parte emprende experiencias de biofísica, cuya interpretación, y
la misma concepción, nos han parecido volverse rápidamente paranoides.
Correlativamente su 'freudo-marxismo' se transforma en una filosofía de la
naturaleza cada vez más maniquea" (Sinelnikoff, p. 1 y 2).
Los cambios son casi totales: en los términos que antes
usaba como consecuencia de su abandono del marxismo (19), en los planteos
políticos donde -aspecto hoy retomado por varios sectores- cuestiona el valor
de los partidos y defiende una especie de actividad autogestionaria de las
masas y propone consignas tipo ¡Acabemos
con la política! ¡Ocupémonos de las tareas de la vida social!, en los ya
señalados aspectos terapéuticos finales donde, "después del fracaso del
análisis del carácter y de la vegetoterapia, el paciente se sentaba dentro de
la caja y absorbía radiación orgónica concentrada" (Robinson, p.66).
Como señala Robinson, "tal fue el triste pero
(imposible dejar de creerlo así) final de una carrera tan absolutamente seria y
tan desesperadamente grandiosa, que poco a poco fue cayendo en la farsa"
(Robinson, p. 67). Final que no quita la imperiosa necesidad de una recuperación crítica de una obra
creativa y válidamente herética hacia las verdades dogmáticas que, se reitera,
mantiene tanto el valor de los interrogantes que formulara como incluso de
muchas de sus respuestas, y que siguen siendo campo de una investigación
lamentablemente abandonada por la mayoría de los psicoanalista domesticados. Pero que requiere de su
continuación por quienes no renuncian a que el psicoanálisis sea recuperado
para una perspectiva crítica que hace mucho perdió.
Este texto fue parte del Seminario de Especialización Democracia, Autoritarismo, Intelectuales. Reflexiones para la política al final del milenio, organizado por la Facultad Latinoamericano de Ciencias Sociales (FLACSO), el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, y el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), realizado en México en 1996 y publicado en la Revista Subjetividad y Cultura (México)
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