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Lógica del fantasma e interpretación

16/10/2006- Por Guido Crivaro - Realizar Consulta

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¿Cómo pensar, para un análisis, un punto de detención para la deriva significante que la cadena misma impone? Para Lacan, y una vez que el símbolo mata la cosa, falta la referencia: cuanto mucho, esta referencia que falta puede plantearse que es el agujero mismo, la falta misma como referencia. Se trata de la operación de separación, donde la relación del sujeto a su objeto en el fantasma viene a rescatarlo de la deriva afanisíaca que la alienación a los significantes del Otro instaura. La interpretación analítica, por tanto, interroga la satisfacción pulsional, apuntando también al objeto en el fantasma. Este trabajo interroga la estructura e incidencias clínicas de esa operación fundamental de nuestra práctica que llamamos interpretación.

Ethan Frome

 

 

 

Jacques Lacan comienza su curso del año 1966, dedicado a La lógica del fantasma, recordando la relación que existe entre la estructura del fantasma y la estructura del significante en tanto tal. Allí también sostiene que hablar de estructura del lenguaje constituye un verdadero pleonasmo, ya que identifica estructura a lenguaje: toda estructura es estructura significante. Siguiendo esta línea, J-A. Miller, en su seminario La lógica del significante, dirá que, estrictamente hablando, sólo hay lógica del significante, “toda lógica implica, en sí misma, una desvalorización del significado” (1). Por esta razón a Lacan, por su parte, le resulta imposible articular nada de una lógica del fantasma sin una referencia a la escritura. En este intento de dar cuenta de la estructura en términos de lógica, Lacan se sirve de los desarrollos de la lógica matemática, donde el significante llega a despojarse completamente del significado.

El significante, que Lacan define como representando a un sujeto para otro significante, responde, en su operatoria, a un axioma fundamental: “que ningún significante, aún siendo reducido a su forma minimal, que llamamos letra, podría significarse a sí mismo” (2). El principio diacrítico de Saussure, que hace que el significante sólo pueda definirse en su oposición y diferencia con el resto de los significantes del sistema, se radicaliza en el sentido de una no identidad del significante consigo mismo. Si un sujeto sólo puede ser representado por un significante para otro significante, falla la “supuesta identidad” de dicho sujeto, que resulta incapaz de ser nombrado por un único significante. La prueba quizás más sensible para este hecho la constituye el campo de las identificaciones: si hay identificación es porque no existe principio de identidad para el sujeto que habla. Es este punto de falla el que Lacan intenta formalizar lógicamente a lo largo del seminario La lógica del fantasma. La noción misma de falta es reformulada por Lacan en un nivel lógico, y el universo del discurso resulta cuestionado en su pretendida existencia.

 

 

 

Las paradojas de Russell y el sujeto dividido

 

     La paradoja es “un primer resultado del esfuerzo por darle al campo del significante una coherencia total (3). El problema de la incapacidad del significante para significarse a sí mismo es estructuralmente homólogo al que introducen las historias del barbero que afeita a todos aquellos que no se afeitan a sí mismos y la del catálogo de todos los catálogos de la biblioteca. Los intentos por erradicar el trastorno que introduce la paradoja russelliana no pueden escapar de la disyunción que se impone: o tengo un conjunto, pero a condición de incluir en él un elemento que no responde a la propiedad en cuestión; o logro cerrar un universo, a condición de que quede afuera un elemento que sí responde a la propiedad en cuestión. En otros términos, o tengo uno de más o uno de menos.

Como sostiene J. A. Miller: “Constato que no puedo definir un todo, en el campo del significante, excepto a condición de que un significante no esté en él. A nivel basal obtengo la estructura de la excepción como esencial al campo del significante saussureano” (4). En pocas palabras, el asunto podría enunciarse de este modo: sólo gracias al elemento en más es posible llegar a hacer un todo. Ese uno en más es, de hecho, el que permite la totalización.

Para Lacan, este uno de más “es a la vez el significante de la falta(5), y nos remite al lugar en el grafo del deseo donde el matema S (A) señala la inconsistencia del Otro. En tanto marca de la inexistencia del universo del discurso, este uno en más sostiene el modo de relación del sujeto a la cadena significante. El sujeto del inconsciente freudiano es efecto de la cadena significante, pero está excluido de la misma, es incapaz de ser reabsorbido plenamente por ella. Su división la constituye el hecho de encontrarse siempre entre dos. Por eso es importante señalar que en “este principio de límite absoluto” no se trata de la falta de tal o cual significante, sino, como Lacan lo indica, del significante en más como tal.

¿Cómo se relaciona, entonces, esta serie de puntualizaciones acerca de la lógica del significante con el tema de la interpretación psicoanalítica? En la cuarta clase del seminario La lógica del fantasma, Lacan sostiene que la función de la interpretación “va a jugarse conforme al sistema de la metáfora por la intervención en la cadena de este significante que le es inmanente como uno en más, uno en más susceptible de producir este efecto de metáfora que estará aquí” (6). Lacan liga el efecto de verdad que, en psicoanálisis, la interpretación ha de introducir, a este significante en demasía que él llama “de alguna falta como falta en el universo de discurso (7).

El discurso de un sujeto tiende, por un movimiento interno de la propia gramática, a la instauración de un orden universal. Cada vez que un sujeto habla instituye, sin saberlo y por una utilización imaginaria del lenguaje, un universal. Si este último va en la línea de la ilusión de un todo, o sea, hacia la noción imaginaria de la completud para un sujeto hablante, un psicoanálisis, por el contrario, es la experiencia de la división para dicho sujeto. De ahí que la opción alienante, imposible, que Lacan plantea en este seminario, se lee: “o no pienso, o no soy”.

Algunas psicoterapias refuerzan aquella modalidad totalizadora mediante intervenciones jugadas en una lógica universalizante de la implicación (p….q: “si p entonces q”): “Si a usted le sucede esto es porque…”. La interpretación analítica, en cambio, necesita de la noción freudiana de la sobredeterminación. Si el lenguaje es fundante, y no un objeto acerca del cual se habla, entonces no hay metalenguaje, lo cual es lo mismo que decir “no hay universo del discurso”. De esto se sigue que Lacan inscriba la interpretación en el campo simbólico de la metáfora: allí donde el campo de lo imaginario apunta a la instalación ilusoria de un universal, el significante, en su polifonía, y vía metáfora en la interpretación, cava la hiancia del sujeto en su discurso. De ahí que el psicoanálisis necesite de alguien más, el psicoanalista, que simule el aporte de este significante en más, esta “pseudo palabra última (8), desde un lugar distinto al de la libre asociación del paciente.

Resulta decisivo enfatizar el carácter de simulación que implica el aporte de este significante en más, ilusoriamente último. No por nada Lacan lo escribe: Significante de la falta en el Otro: no se trata de tal o cual, sino de la falta de significante en tanto tal, que lo habilita a advenir más allá del lugar donde otro significante se pretendía el último. En La biblioteca de Babel, Borges imagina una biblioteca total, que el narrador de su cuento prefiere llamar “El universo”. Aunque se la sabe interminable, no faltan los creyentes en el “Hombre del Libro(algunos lo llaman una superstición): “En algún anaquel de algún hexágono debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios” (9). En los anaqueles de la biblioteca figuran, junto a su catálogo fiel, “miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero […]” (10), estableciéndose así una vertiginosa metonimia que no responde más que a la virtud esencialmente proliferante del significante.

     ¿Cómo pensar, para un análisis, un punto de detención para la deriva significante que la cadena misma impone? Para Lacan, y una vez que el símbolo mata la cosa, falta la referencia: cuanto mucho, esta referencia que falta puede plantearse que es el agujero mismo, la falta misma como referencia. Se trata de la operación de separación, tal como Lacan la plantea en el seminario sobre Los cuatro conceptos…, donde la relación del sujeto a su objeto en el fantasma viene a rescatarlo de la deriva afanisíaca que la alienación a los significantes del Otro instaura. La interpretación analítica, por tanto, interroga la satisfacción pulsional, apuntando también al objeto en el fantasma, objeto que Lacan comienza a conceptualizar, en el Seminario 14, como plus de gozar.

    

 

 

Interpretación y cita

 

     En el seminario La identificación, Lacan sostiene que, desde que existe la lingüística estructural y el principio diacrítico que hace del significante lo que los otros no son, hasta el punto de ser diferente de sí mismo, ya no puede pensarse la existencia de la tautología como tal. Es decir, no hay tautología: al enunciarse el sintagma —muy utilizado por Lacan— “la guerra es la guerra”, no existen razones para pensar que el primer “la guerra” sea idéntico al segundo, ya que la función del intervalo introduce la diferencia allí donde se suponía la identidad. “Es la propiedad esencial del significante: que al repetirse, ya no es el mismo. Es decir que un significante, por el sólo hecho de repetirse, ya es otro significante. Esta es la propiedad esencial del significante, la de no ser igual a sí mismo” (11).

Nos proponemos, a continuación, destacar algunas de las consecuencias clínicas, en lo que hace a la función de la interpretación, de este dato de estructura.

     Tomemos, por ejemplo, la función de la cita. Como lo plantea J.A. Miller, el campo del sentido no obedece al principio de identidad. Desde el punto de vista del sentido, no puedo sustituir una expresión por otra (aunque tengan la misma referencia) y pretender que aquél no sufra modificaciones. Es lo que hace a la función de la cita en la interpretación: “decir una cosa y repetirla, ya no es lo mismo (12).

Cuando un analista interpreta e introduce, como intentábamos sostener más arriba, este uno en más de la cadena, lo toma del propio discurso del sujeto para interrogar algo del sentido que el fantasma mismo sostiene. Dicho sentido se encuentra articulado al goce. La estructura gramatical del fantasma, tal como Freud la aísla en el segundo tiempo de la fantasía Pegan a un niño, produce sentido para un sujeto. Y lo que Lacan conceptualiza en el Seminario 14 como operación verdad, y que escribe como el vector que se dirige desde el yo no pienso del ser en el ello pulsional, hacia la falta en ser del yo no soy (los pensamientos inconscientes), intenta desenmascarar la lógica de esa gramática que hacía sentido para el sujeto. La lógica del fantasma desarma esa escena, para mostrarla de otra manera.

Una afirmación hecha por Lacan en el seminario La lógica… plantea al deseo “…en el intervalo entre el enunciado y la enunciación” (13). Si nos adelantamos tres años en su enseñanza, vemos que la función de la cita en la interpretación también se juega en este punto de articulación con el deseo. Efectivamente, en el Seminario 17, Lacan concibe a la interpretación entre cita y enigma. El enigma es un “decir a medias”, que Lacan pone del lado de la enunciación. La cita es el enunciado. “Y la interpretación —quienes la usan se dan cuenta— se establece a menudo por medio del enigma. Enigma recogido, en la medida de lo posible, en la trama del discurso del psicoanalizante…” (14).

 

Guido Crivaro

guidocri@hotmail.com.

 

 

Guido Crivaro es concurrente del Centro de Salud Mental n° 3 del GCBA, “Dr. Arturo Ameghino”.

 

 

 

Notas

 

(1) MILLER, J-A.: La lógica del significante. En “Matemas II”. Manantial, pp. 8.

(2) LACAN, J.: El Seminario, Libro 14, “La lógica del fantasma”. Inédito. Clase del 23-11-1966.

(3) MILLER, J-A.: op. Cit. pp. 10.

(4) MILLER, J-A.: op. Cit. pp. 15.

(5) LACAN, J.: El Seminario, Libro 14, “La lógica del fantasma”. Inédito. Clase del 14-12-1966.

(6) LACAN,  J.: El Seminario, Libro 14, “La lógica del fantasma”. Inédito. Clase del 14-12-1966.

(7) LACAN,  J.: El Seminario, Libro 14, “La lógica del fantasma”. Inédito. Clase del 14-12-1966.

(8) MILLER, J-A.: op. Cit. pp. 20.

(9) BORGES, J.L.: “La biblioteca de Babel”. En Ficciones. Alianza Editorial. Pp. 95.

(10)     Idem. Pp. 92.

(11)     MAZZUCA, R.; Godoy, C.; Schejtman, F.; Zlotnik, M.: Psicoanálisis y psiquiatría: encuentros y desencuentros. Bergase 19 Ediciones. Pp. 137.

(12)     MILLER, J-A.: op. Cit. pp. 47.

(13)     LACAN,  J.: El Seminario, Libro 14, “La lógica del fantasma”. Inédito. Clase del 18-01-1967.

(14)     LACAN,  J.: El Seminario, Libro 17: El reverso del psicoanálisis. Paidós. Pp. 38.

 

 


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