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Algunos antecedentes psiquiátricos, psicológicos y filosóficos en la constitución de la teoría lacaniana del estadio del espejo (1931-1949) Primera parte

29/09/2009- Por Edit Beatriz Tendlarz - Realizar Consulta

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Trataremos de investigar un conjunto de referencias centrales (psiquiátricas, psicológicas y filosóficas) a partir de las cuales Lacan opera para construir su teoría del Estadio del Espejo;, cuya conceptualización es central para el estudio de la psicosis en su primera enseñanza. Me interesa poder transmitirles, de alguna manera, los antecedentes con los que Lacan cuenta en esa época para la construcción de este operador conceptual.
Vamos entonces a introducirnos en esta teoría, que tuvo su primera formulación explícita y acabada en el texto presentado en 1936 en el Congreso de Marienbad, y ahora perdido. La formulación final, dentro del período que nos hemos propuesto investigar (1931-1949), se encuentra en el artículo “El Estadio del Espejo como formador del yo”, de 1949, compilado posteriormente en los Escritos (1966). Sin embargo, ya en la tesis de 1932 aparecían indicaciones sobre la conformación de la “personalidad” que anticipaban la tesis central del estadio. En este conjunto de textos que se extienden por más de 17 años pueden distinguirse algunos ejes que prevalecen más allá de todos los cambios. En primer lugar, investigamos a Paul Guiraud y su teoría de los homicidios inmotivados. A partir de ella, Lacan formulará por primera vez su acercamiento al origen imaginario del yo.

 

 

I.                   Introducción

 

Trataremos de  investigar un conjunto de referencias centrales (psiquiátricas, psicológicas y filosóficas) a partir de las cuales Lacan opera para construir su teoría del “Estadio del Espejo”, cuya conceptualización es central para el estudio de la psicosis en su primera enseñanza. Me interesa poder transmitirles, de alguna manera, los antecedentes con los que Lacan cuenta en esa época para la construcción de este operador conceptual.

 

Vamos entonces a introducirnos en esta teoría, que tuvo su primera formulación explícita y acabada en el texto presentado en 1936 en el Congreso de Marienbad, y ahora perdido. La formulación final, dentro del período que nos hemos propuesto investigar (1931-1949), se encuentra en el artículo “El Estadio del Espejo como formador del yo”, de 1949, compilado posteriormente en los Escritos (1966). Sin embargo, ya en la tesis de 1932 aparecían indicaciones sobre la conformación de la “personalidad” que anticipaban la tesis central del estadio.

 

En este conjunto de textos que se extienden por más de 17 años pueden distinguirse algunos ejes que prevalecen más allá de todos los cambios.

 

En primer lugar, investigamos a Paul Guiraud y su teoría de los homicidios inmotivados. A partir de ella, Lacan formulará por primera vez su acercamiento al origen imaginario del yo. 

 

Luego de este antecedente, sin duda más alejado, fue indudablemente el aporte del psicólogo Henri Wallon el que resultó decisivo para la teoría de Lacan.

 

A la lectura y frecuentación de Wallon se sumaron de manera decisiva la reflexión sobre la segunda tópica de Freud (yo, superyó y ello a partir de Más allá del principio del placer, 1920), a lo que se sumó fundamentalmente la lectura de Hegel por Alexandre Kojève.

 

 

II.                Paul Guiraud: El concepto de Kakón y el estadio del espejo como formador del yo

 

Podemos leer cómo en su artículo “Los homicidios inmotivados”[i][i] Guiraud se ocupa del problema de las motivaciones de los crímenes. Lacan se interesará especialmente en una distinción propuesta en este texto: los crímenes del yo y los crímenes del ello. En los primeros, el sujeto actúa con el convencimiento de ser libre, mientras que en los segundos el yo es un espectador que mira con sorpresa cómo se comete el delito. (Este, por ejemplo, es el caso de la dementia praecox)[ii][ii].

 

Lacan nos va a señalar el carácter de agresión simbólica propia de los crímenes del ello. En éstos, el sujeto observa desde afuera como un espectador pasivo, sin darse cuenta de que es él mismo quien comete el crimen. Para Lacan lo que ocurre aquí es que el sujeto no quiere matar ni a su yo, ni a su superyó, sino a su enfermedad: el pasaje al acto de Aimée lleva la agresividad contra una persona inocente (la actriz Huguette Duflos) para liberarse del enemigo interior que es “la enfermedad de la personalidad”[iii][iii].

 

Como el caso Aimée es el de una paranoica, Lacan actúa sobre la clasificación de Guiraud y agrega los crímenes del superyó. En esta categoría es donde ubica el caso Aimée.

 

Es en el texto “La agresividad en psicoanálisis”, donde Lacan continuará con este tema cuando trabaja con relación a las reacciones agresivas en la psicosis. Allí habla de la noción de “Kakón oscuro” que explica, para el paranoide, las discordancias que encuentra en sus contactos vitales[iv][iv].

 

Vamos a decir que Kakón es una palabra griega de género neutro que significa “lo malo”. Se la puede vincular con el “objeto malo” de Melanie Klein, que sería aquello que hay que expulsar al exterior. En este caso, la enfermedad[v][v]. El enemigo exterior que Aimée apuñala es el símbolo de ella misma. El Kacón implica la identificación del ser al objeto.

 

Nos gustaría agregar que luego, décadas más tarde, Lacan superará la dicotomía interior-exterior con la topología matemática y la aparición del concepto de éxtimo. El adentro y el afuera son una y la misma cosa: así lo representa la banda de Moebius.

 

 

III.             Henri Wallon y la noción inicial de “estadio del espejo”. La contribución de Louis Bolk.

 

Será el psicólogo francés Henri Wallon (1879-1962), en “Comment se développe chez l’enfant la notion de coros propre” (Journal de Psychologie, noviembre-diciembre de 1931), quien denominó “Épreuve du miroir” [Prueba del espejo] a la experiencia de acuerdo con la cual un niño ubicado delante de un espejo llega progresivamente a distinguir la imagen reflejada de su propio cuerpo. El pasaje de lo imaginario a lo simbólico –y antes, el de lo especular a lo imaginario- era especificado por la “épreuve du miroir”. Según Wallon, esta intervención se debió a una comprensión simbólica, por parte del sujeto, del espacio imaginario en el cual se formaba su unidad[vi][vi].

 

En 1936, Lacan retoma la terminología walloniana para transformar “L’épreuve du miroir” en un “stade du miroir” [estadio del espejo]. Retiene el término y la imagen del espejo, pero realiza una operación por la que sustituye la prueba por la expresión freudiana de “estadio”.

 

De acuerdo con Wallon, aquello que él había denominado “prueba del espejo” tenía un carácter dialéctico. Esto se explica porque el sujeto accedía a una comprensión simbólica del espacio imaginario en el cual se forjaba su unidad. Wallon establece una dinámica de desarrollo donde esta prueba especifica la transición de lo especular y de lo imaginario a lo simbólico.

 

Resulta fundamental que señalemos que en Lacan desaparecerá la referencia walloniana a una dialéctica natural. Para él, el estadio del espejo no constituye un estadio en el sentido evolutivo del término. Tampoco está vinculado con un verdadero espejo, aunque Lacan conserva la imagen. Para Lacan, el estadio del espejo se convierte en una operación psíquica, por la cual el ser humano se constituye.

 

En el texto “Acerca de la causalidad psíquica” de 1946, se puede observar un nuevo giro que dio Lacan a la posición de Wallon. Esto ocurrió gracias a su recurrencia a las teorías del fisiólogo y embriologista holandés Louis Bolk (1866-1930).

 

El concepto de Bolk que Lacan retoma es el de prematuración. Esta noción se ve confirmada objetivamente por el inacabamiento anatómico, en el momento del nacimiento, del sistema piramidal, es decir, del sistema nervioso vegetativo vinculado con la psicomotricidad así como -en consecuencia- por la falta de coordinación motriz del niño en los primeros seis meses de vida.

 

En el extenso artículo que Lacan escribió sobre la familia en la Enciclopedia Francesa[vii][vii], el estadio del espejo ocupa un lugar central y especialmente diseñado.

 

Al considerar el estadio del espejo, Lacan lo hace en el interior de la sección dedicada al complejo de la intrusión. A este lo define como “la experiencia que realiza el sujeto primitivo […] cuando ve a sus semejantes participar junto con él en la relación doméstica”. Nuevamente, Lacan hace aquí referencia a la prematuración, que tiene su fin precisamente en la percepción de la “forma del semejante como unidad mental”.

 

Quiero subrayar que el estadio del espejo es el “momento frenético” de la identificación. En este artículo, Lacan insiste sobre el carácter fundamental del narcisismo en la teoría y su relación de complementariedad con la agresividad. El espejo provee fantasmas de desmembramiento al mismo tiempo que la síntesis de la imagen especular. Puede verse en este lugar la operación lacaniana sobre su lectura de Freud en Más allá del principio del placer. La imagen especular es así una síntesis en tensión de opuestos complementarios: los fantasmas de desmembramiento y la unidad del yo.

 

Por lo demás, esta presentación del estadio del espejo se caracteriza por la ausencia de referencias explícitas. Es precisamente dentro de esta ausencia que se destaca con mayor fuerza la de un nombre que resulta central tanto para este como para el posterior desarrollo de la teoría lacaniana: Hegel.

 



NOTAS

[i][i] Guiraud, Paul, “Les meurtres inmotivés”, Annales Médico-Psychologiques, 1928.

[ii][ii] Cf. Tendlarz, Edit Beatriz, “La esquizofrenia en Freud. De la regresión a la identificación narcisista: un breve recorrido de los textos freudianos” (trabajo presentado en las Jornadas de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires), Cátedra II de Psicopatología, 1996.

[iii][iii] Lacan, Jacques, De la Psychose paranoiaque dans ses rapports avec la personnalité. París: Seuil, 1975, segunda edición, p. 216.

[iv][iv] Kacón en griego lleva acento, en cambio en francés se lo omite.

[v][v] Cuando Wallon se refiere a “comprensión simbólica” lo hace aludiendo a la capacidad de los signos de abstracción y referencia. Y con relación a lo imaginario responde a la construcción de imágenes en un registro analógico, no determinado por la arbitrariedad de los signos. Si ubicamos esto en una secuencia resulta lo siguiente: 1º el niño ve su reflejo en el espejo, 2º ve una imagen que analógicamente reconoce como propia, 3º dice “ese soy yo”.

[vi][vi] Hippolite, Jean, Logique et existente. París: PUF, 1952, p. 106.

[vii][vii] Lacan, Jacques, La Familia. Barcelona/Buenos Aires: Anagrama, 1987, tercera edición; sobre el estadio del espejo, cf. pp. 57-61.


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