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Cambios en la subjetividad del adolescente en la sociedad actual

15/09/2009- Por Hebe Lenarduzzi - Realizar Consulta

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En el presente trabajo voy a desarrollar algunas ideas acerca de la subjetividad de los adolescentes en la sociedad actual. Describiré algunos cambios observables tanto en los adolescentes como en el medio y plantearé algunas hipótesis acerca de la relación entre ambos. Dada la amplitud del tema, me detendré en dos aspectos: a) El sistema de ideales. b) La afectividad y sexualidad Acerca de la subjetividad Entiendo la constitución subjetiva como el resultado de una relación dinámica entre lo intrasubjetivo (los genes, el ello) lo intersubjetivo (atinente a los vínculos objetales) y lo transgeneracional (lo recibido a través de la historia familiar) El yo adviene a un mundo de lenguaje que lo precede y lo designa. Piera Aulagnier designa este proceso como “proyecto identificatorio” El bebé se va constituyendo mediante identificaciones primarias y procesos de investidura de sus padres quehacer de él “his majesty the baby” El Complejo de Edipo y el de Castración inauguran la entrada a la cultura a través de la prohibición del incesto, quebrando esa imagen grandiosa El orden humano se edifica sobre las pérdidas: pérdida del pecho, de las heces, de la madre y va en busca de sustitutos simbólicos. El superyo es la instancia portadora de los principios morales y de los ideales. Los ideales abarcan la proyección al futuro. Se afirman en la adolescencia.

En el presente trabajo voy a desarrollar algunas ideas acerca de la subjetividad de los adolescentes en la sociedad actual.

Describiré algunos cambios observables tanto en los adolescentes como en el medio y plantearé algunas hipótesis acerca de la relación entre ambos.  Dada la amplitud del tema, me detendré en dos aspectos:

a) El sistema de ideales.

b) La afectividad y sexualidad

Acerca de la subjetividad

Entiendo la constitución subjetiva como el resultado de una relación dinámica entre lo intrasubjetivo (los genes, el ello) lo intersubjetivo (atinente a los vínculos objetales) y lo transgeneracional (lo recibido a través de la historia familiar)

El yo adviene a un mundo de lenguaje que lo precede y lo designa.  Piera Aulagnier designa este proceso como “proyecto identificatorio”

El bebé se va constituyendo mediante identificaciones primarias y procesos de investidura de sus padres quehacer de él “his majesty the baby”

El Complejo de Edipo y el de Castración inauguran la entrada a la cultura a través de la prohibición del incesto, quebrando esa imagen grandiosa.

El orden humano se edifica sobre las pérdidas: pérdida del pecho, de las heces, de la madre y va en busca de sustitutos simbólicos.

El superyo es la instancia portadora de los principios morales y de los ideales.

Los ideales abarcan la proyección al futuro.  Se afirman  en la adolescencia.

El yo ideal es el depositario del narcisismo primario.  Condensa las fantasías de perfección y completad que suelen reactivarse en la adolescencia.

La cultura interviene en este proceso a través de los mandatos, el lenguaje, los símbolos, los mitos.

 

La reorganización adolescente

En la adolescencia hay un reordenamiento de todas las instancias psíquicas

La maduración del sistema nervioso permite el despliegue de las funciones del yo: aumenta la capacidad de abstracción y de concentración. Hay una mayor capacidad de comprensión y modificación del mundo.  A la vez se produce un avasallante aumento de la sexualidad que hace fracasar las defensas propias de la latencia: la represión, el orden.

La reorganización instintiva permitirá poco a poco la unificación de las pulsiones parciales bajo la primacía genital.

La libido debe desasirse de los objetos primarios de amor para ir a investir otros objetos.  Pero en ese ínterin se detiene en el yo y sobre todo en el cuerpo, determinando el narcisismo propio de la edad, caracterizado por sentimientos de omnipotencia, invulnerabilidad y aún bisexualidad.

 

Sociedad actual y subjetividad

Hasta ahora me he referido en forma general a los procesos intrapsíquicos e intersubjetivos que influyen en la constitución psíquica.

Quisiera ocuparme de la influencia de los cambios de la sociedad actual.

Como describen muchos autores en el mundo de hoy se registra una caída de los ideales culturales.  Parecería que esta época se caracteriza por la pérdida de las utopías.  En contraste con la época moderna en que la tradición tuvo fuerza legitimante, la Posmodernidad rechaza las certidumbres.  Se ha diluido el sentido trascendente de la vida en pos de un culto a la actualidad.  Un consumismo pasivo privilegia el tener en lugar del ser.  La fuerza de los medios de comunicación impone masivamente la cultura de la imagen. El apego a lo material sustituye la labor sublimatoria de los impulsos mediante el hacer, el pensar, el fantasear.

Si lo simbólico y lo metafórico pierden fuerza, las expresiones instintivas tenderán  a tramitarse por vías más primitivas, por ejemplo la violencia.

En los últimos tiempos la presencia imprevisible y desmedida de la violencia, fuera del control del ciudadano común nos ha puesto a todos frente a la evidencia de un estado de vulnerabilidad generalizado.

Los niños y jóvenes se encuentran seriamente limitados en el ejercicio de su autonomía creciente a raíz de la inseguridad reinante.

Es pertinente recordar las palabras de Freud en su trabajo de 1930 (el Malestar en la cultura)

El maestro vienés se preguntaba entonces si el desarrollo  cultural llegaría a dominar las perturbaciones sociales surgidas de la tendencia a la destrucción y el autoaniquilamiento.  Si Eros sería capaz de contrarrestar las fuerzas de Tanatos.

 

La influencia en los jóvenes

Las salidas vocacionales y laborales se encuentran dificultadas por razones sociales. Cabe preguntarse qué sucede con la autoestima de los jóvenes que pese a tener un título no consiguen trabajo.

 La edad de abandono de la casa paterna se prolonga por razones económicas.

A veces se busca el exilio como solución.

Peter Blos dice que a menudo se busca solucionar el conflicto generacional poniendo distancia material allí donde no se puede poner distancia afectiva.

 

Los procesos intersubjetivos: afectividad y sexualidad

Cada época de la Historia estuvo caracterizada por determinados modos de regulación de los vínculos sexuales y afectivos.  Hasta la Edad Media y parte de la Moderna, esta regulación estuvo estrechamente ligada a la acumulación de poder y riqueza y al cuidado de su transmisión a la descendencia.

El matrimonio, como contrato de carácter social, era una garantía de cumplimiento de estas normas, especialmente en las clases dominantes.

A partir del SXIII la Iglesia Católica lo instituyó como Sacramento, dando carácter de vínculo indisoluble, salvo excepciones. A mediados del SXVIII se produce un cambio importante con la irrupción del Romanticismo.  El amor comienza a ser considerado un factor de peso a la hora de unirse a otra persona. La literatura (recordemos que romanticismo deriva del francés “roman”, que significa novela) difunde en Europa la exaltación del amor, relacionado con la belleza.  Por primera vez se plantea la trasgresión de los mandatos de unión exclusivamente entre personas del mismo rango social.

Durante los SXIX y XX, el cine y el teatro contribuyeron a alimentar los sueños de millones de jovencitas.  Se asumió el derecho de elegir pareja por amor, siempre en el ámbito del matrimonio, regulado por la Iglesia, signado por el tabú de la virginidad y el sometimiento de la mujer.

Durante la Era Victoriana (1837-1901) se acentuaron las restricciones en torno a la moral y las buenas costumbres reduciéndose la sexualidad femenina (oficialmente permitida) a la intervención en la procreación.

El psicoanálisis introduce una verdadera revolución ideológica al descubrir la sexualidad de los niños y las consecuencias dañinas de la represión sexual.

Pero es recién con la llamada “revolución sexual de los años 60”desencadenada ya en la pos guerra que aparece un drástico cambio en los modos de acercamiento sexual y afectivo.  El uso de métodos anticonceptivos fue seguramente un factor facilitador, al desligar la sexualidad de la fecundación y consecuentemente permitir las relaciones extra matrimoniales.  También creció la participación de la mujer en todos los ámbitos laborales.

La difusión del SIDA introdujo otro cambio.  Cambiaron las formas de acercamiento y las modalidades de las relaciones sexuales.  Aún así sabemos que los jóvenes no tienen una concientización generalizada acerca de la importancia de la prevención de este flagelo.

El alcohol y la droga, como factores que disminuyen el control sobre lo instintivo, contribuyen a incrementar los riesgos de contagio.

A pesar de este acontecimiento adverso, la liberalidad de las costumbres fue en aumento.  No sólo disminuyó notablemente la censura, sino que esta fue reemplazada por una comunicación abierta y a veces descarnada de la sexualidad a través de los medios.  Los “reality shows”, así como otros programas televisivos, produjeron un borramiento de las diferencias entre los ámbitos público y privado .  Fomentaron el exhibicionismo- voyeurismo.

Las relaciones sexuales prematrimoniales son comunes a partir de los 16 años, como promedio, y generalmente aceptadas (explícita o implícitamente) por los padres;  la mujer tiene un papel más activo en la sociedad y generalmente es ella la que encara al varón.  Los hombres, por otra parte, tienen que adaptarse a un modelo femenino muy distinto de sus madres o abuelas.

También ha variado el criterio respecto del casamiento.  Este ya no figura como ideal de la mayoría.  Formar pareja estable aunque informal, sí parece una aspiración aunque postergada para principios de la treintena.

Los adolescentes argentinos de clase media suelen preferir como lugar de encuentro las discotecas “boliches “ en la jerga habitual. Su frecuentación ha adquirido la forma de uno de los rituales de inicio adolescente, generalmente a los 12 o 13 años.

Los menores de 18, van a la “matinee” de horario limitado hasta las 24 hs.  Los mayores a la noche, que según los hábitos se prolonga hasta las 6 ó 7 de la mañana.

El “boliche” se rige por ciertos códigos.  Marcas de ropa, cortes de pelo, música a alto volumen y una fuerte tendencia a la exhibición del cuerpo, debidamente “producido”

Existe una discriminación implícita acerca de lo que se considera lindo o feo.  De este modo la mirada ha pasado a tener un valor fundamental.

En su trabajo de 1905, Freud destaca el papel del ojo “en la situación de cortejo del objeto por aquella particular cualidad de excitación que suscita la belleza”

Pero en las discotecas creo que se juega la dimensión narcisista de la mirada: ser visto para ser reconocido y aceptado.  En este sentido, se acerca al concepto de la mirada como espejo del yo, como lo planteó Winnicott.  A la vez, la mirada selecciona a los iguales, a los de un mismo grupo social. Lo característico de esta época es que las formas de conocimiento personal que siguen al mirarse (conversar, hablar de experiencias, hablar de sus gustos) no suelen producirse. Pueden transcurrir muchos fines de semana en que varones y chicas se miran pero no establecen comunicación. Si ésta se concreta es de una forma especial: la “transa”, intercambio sexual sin penetración, con característica de juego previo.  Puede darse una única vez o repetirse con la misma persona, pero siempre tiene un carácter fugaz.  El grupo del mismo sexo es el elegido para comentar y dar sentido a estas primeras experiencias.

Después de los 16 años las formas cambian.  Se entablan relaciones con miras a ser novios, integrando la corriente tierna y sensual y se inician relaciones sexuales completas.  En el ámbito del noviazgo se privilegia la fidelidad, aunque éste siempre es un tema conflictivo.

El “boliche” o sus alrededores también son lugares propicios para el consumo de alcohol o le droga

En cuanto al alcohol es notable la falta de pudor tanto en varones como en chicas para desvanecerse o vomitar públicamente a causa del exceso de bebida.

El superyo grupal no sanciona sino que estimula el consumo de alcohol.

Otro cambio en el acercamiento afectivo de los jóvenes es la comunicación virtual.  “Chatear”, en el lenguaje adolescente, es estar conectado en red con amigos y aún desconocidos mediante códigos que se fueron instituyendo.

A través de los distintos programas de mensaje, también es posible sentirse registrado o dado de baja por el otro.  La relación sentimental de una pareja termina definitivamente cuando uno de los dos elimina al otro de su lista “on line”.

Por otra parte, las alusiones sexuales son mucho más explícitas que en la conversación tradicional.  Hay menor represión.

Cada vez con más frecuencia se están registrando casos de agresiones, individuales o grupales, por este medio.  No percibir la reacción del interlocutor (gestos, tono de voz,) hace que se pierda el sentido del impacto emocional que se produce.

Podríamos preguntarnos si es lo mismo estar conectado que estar comunicado

 

La ensoñación

La actividad de ensoñación es propia del ser humano y especialmente importante en la adolescencia.  Se trata de una función particular que alimenta el narcisismo existente desde la infancia.  Sabemos de la necesidad del adolescente de empeñar muchas horas en la creación de sueños diurnos.  Imaginar que es famoso, un ídolo de rock, que logra un gran  amor… “Se trata de un sueño megalomaníaco que nos permite vivir” (Diatkine,1996)

Pero también en ese momento es preciso el sostenimiento del ambiente que de algún modo asegure al joven que ese sueño es posible.  Los padres deben llevar a cabo la difícil tarea de instituir el clima de confianza, aunque sin invadir ni cercenar.

Si el espacio de la ilusión comprende actividades creativas (música, deportes, danza)

Y si algunas de estas actividades culminan en la jubilosa experiencia de la creación, es casi seguro que se está labrando el camino para la necesaria ligadura de y transformación de los impulsos.

 

El encuadre psicoanalítico como espacio productor de subjetividad

Las características del encuadre psicoanalítico: estabilidad, frecuencia, continuidad, empatía, brindan las condiciones propicias para restaurar los aspectos narcisistas fallidos o dañados: la autoestima, el narcisismo, la capacidad de amar.

En la relación transferencial-contratransferencial es posible dar representación a los traumas tempranos, que quedaron escindidos, antes de tener acceso a la palabra.  De este modo adquieren por primera vez la posibilidad de integración en una historia subjetiva.

En el ámbito terapéutico pueden desplegarse los procesos de sublimación e introspección.  El pasaje a producciones simbólicas (escrito, sueños, reflexiones) induce

Al abandono de los actings propios de esta etapa.

Desde los consultorio psiquiátricos y psicoanalíticos de adolescentes, podremos así, paso a paso, luchar contra la violencia

Desde una posición eminentemente empática, el analista debe compartir el padecimiento, pero también apuntalar el deseo, infundiendo su propia esperanza para luchar  contra la desesperanza destructiva.

 

 


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