» Introducción al Psicoanálisis

Caso Paula: entre el sujeto y la culpa

24/12/2007- Por Carolina Sañudo - Realizar Consulta

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Desde un primer momento Paula ha expresado el malestar que le provoca que su madre enferma le demande atención y compañía. Es interesante observar que acceder a los reclamos de su madre la fastidia, pero el no acceder a ellos la hace sentir “culposa”. A partir de esta cuestión me interesaría abordar una temática que es la relación particular y característica que existe entre una madre y su hija mujer. Florencia Farías, en su artículo “Fin de análisis: del duelo de la madre al deseo del analista” dice que la relación entre la madre y la hija mujer implica siempre un estado de desarmonía, el cual es estructural. Es decir que hay algo de esta relación que siempre será conflictivo y que nunca terminará de resolverse: “es un hecho doloroso instalado en la relación madre-hija”. Siguiendo a Lacan podríamos definir esta relación como “estragante”. La pregunta que surge es por qué la relación entre la madre y su hija tiene esta característica de ser, por estructura, tan compleja.

El presente trabajo se propone realizar una articulación entre conceptos psicoanalíticos y un  material clínico de una paciente a quien atiendo  desde hace casi tres meses.
Para comenzar haré un breve recorte del caso clínico, centrándome en algunos dichos de la paciente a lo largo de estas sesiones, para luego comenzar a desarrollar las cuestiones que me interesan analizar.

La paciente, a quien llamaré Paula, es una joven de 25 años, que decide realizar una consulta  luego del fallecimiento de su abuelo materno. En la primera entrevista  se consigna como motivo de consulta este episodio y la noticia de que su madre padece un cáncer de mama.
Paula  relata las circunstancias en las que decidió iniciar un tratamiento, expresando la angustia que le generó la pérdida de su abuelo: “Con mi abuelo era re compinche… él vivía al lado de mi casa… siempre me llevaba y me iba a buscar a la escuela, a todos lados en realidad”, “Siento que no hice el duelo, que seguí de largo…”.
Del mismo modo expresó la preocupación que le generó enterarse que su madre padecía un cáncer: “Justo después que falleció mi abuelo mi mamá se enteró lo del cáncer… yo me puse re mal, porque lo había perdido recién a mi abuelo y no quería perder a mi  mamá”.

 A lo largo de las entrevistas Paula fue desplegando cuestiones del vínculo que mantiene con su madre. Cuenta que cuando era adolescente sentía que era “amiga de mi mamá… le contaba mis cosas, todo, ella sabía todo lo que me pasaba”. En ese momento Paula estaba de novia con un vecino de su barrio a quien su madre le tenía gran aprecio. Según pudo relatar, su madre conocía todos los detalles de esta relación, ya que Paula solía tener largas charlas con ella en las que le contaba diferentes cuestiones de su noviazgo.

Cuando Paula decide poner punto final a su relación, luego de cinco años de noviazgo, su madre le expresa su desacuerdo con esta decisión. A partir de ese momento Paula comienza a poner distancia en la relación con su madre: “ella siempre quiere las cosas a su manera y eso me empezó a aislar”.
Cuenta que su madre ha sido siempre muy sobreprotectora tanto con ella como con su hermano mayor: “Mi mamá siempre está atrás de todo… cuando éramos chicos ella siempre estaba atrás… si yo quería algo ella iba y lo conseguía”. 
 De su papá casi no habla, solo lo menciona cuando se le pregunta por él: “Con mi papá es una relación aislada… no hablamos. Siempre fue así, porque él es bastante inmaduro”. En otro momento dice: “Yo siempre digo que mi mamá tiene tres hijos, porque él es uno más”.

Paula cuenta que su papá no hace nada solo: “Hace poco abrió un negocio y le fue mal y lo tuvo que cerrar, pero fue mi mamá la que tuvo que hacer todos los trámites para que lo pueda abrir y para cerrarlo también… y encima mi mamá está enferma”. “Siempre fue así, mi mamá siempre asumió todas las responsabilidades, ella siempre es la que decide cómo se hacen las cosas… y mi papá hace como de hijo”.

Paula habla de la enfermedad de su madre expresando los sentimientos encontrados que esto le genera. Su madre ha comenzado a hacerse radioterapia. Paula dice estar preocupada por ella al mismo tiempo que siente que le reclama demasiada atención, atención que ella no está dispuesta a brindar: “Mi mamá está re pesada… ella no puede hacer nada, entonces nos pide todo a mi papá y a mí. El tema es que quiere que hagamos las cosas a su manera y cuando ella quiere… yo a veces le digo dejame que estudio un rato y después hago las cosas, pero ella se enoja y me dice que no la quiero ayudar…”. “Con ella estoy en un momento de crisis… ella reclama atención y contención y espera que yo sea su compañera, y a mi no me sale eso”. “Me siento con una carga, se enoja cuando le digo a algo que no y eso me hace sentir culposa… siento que estoy egoísta”. “También me da bronca la actitud de mi papá, porque con él no se puede contar para nada… cuando está con ella lo único que hacen es discutir por cualquier cosa”. “Mi mamá pide cariño y apoyo y a mí eso no me sale… me pide que la acompañe a rayos, que vayamos al cine o a algún lado… ella dice que yo soy su amiga, y yo le digo que no, que soy la hija”.

Hasta aquí el recorte del caso. A partir de esto puede vislumbrarse que la relación de Paula con su madre es un tema recurrente en su discurso.

Desde un primer momento Paula ha expresado el malestar que le provoca que su madre enferma le demande atención y compañía. Es interesante observar que acceder a los reclamos de su madre la fastidia, pero el no acceder a ellos la hace sentir “culposa”.

A partir de esta cuestión me interesaría abordar una temática que es la relación particular y característica que existe entre una madre y su hija mujer.

Florencia Farías, en su artículo “Fin de análisis: del duelo de la madre al deseo del analista” dice que la relación entre la madre y la hija mujer implica siempre un estado de desarmonía que es estructural. Es decir, hay algo de esta relación que siempre será conflictivo y que nunca terminará de resolverse: “es un hecho doloroso instalado en la relación madre-hija” [1].
Siguiendo a Lacan podríamos definir esta relación como “estragante”. La pregunta que surge es por qué la relación entre la madre y su hija tiene esta característica de ser, por estructura, tan compleja.

         Lacan va a decir que esta pregunta puede comenzar a responderse poniendo el acento en el deseo de la madre, y en este punto es Colette Soler quien describe de manera muy clara esta cuestión. Soler, en su libro Lo que dice Lacan de las mujeres va a decir que el deseo de la madre hay que entenderlo como “el deseo de la mujer en la madre”[2], lo cual permite hacer de la madre no toda madre. De esta manera la madre no se satisface solo en su maternidad, sino que tiene deseo de otra cosa, más allá de sus hijos.

Dice Florencia Farías: “Dicho así ya no es una decisión de la hija la de apartarse, sino que el deseo de otra cosa de la madre, el falo, la ha hecho perder su lugar. ¿No es éste el motivo del desencanto? Ella como hija no completa a la madre, la madre quiere el falo”[3].

Si volvemos sobre el material clínico podemos vislumbrar que estas cuestiones están presentes en la relación que Paula tiene con su madre. En diferentes momentos la paciente relata cómo su madre suele reclamarle ayuda, atención y compañía en el difícil momento por el que está atravesando. Es Paula quien se angustia al no poder satisfacer todos estos pedidos de su madre. Esta angustia queda puesta de manifiesto cuando dice: “se enoja cuando le digo a algo que no y eso me hace sentir culposa… siento que estoy egoísta”. Paula refiere que su madre se enoja cuando ella no hace las cosas como su madre quisiera. En este punto aparece el interrogante de que si hiciera las cosas de manera diferente quizás podría satisfacerla. La cuestión está en que su madre desea otra cosa.

         Dice Florencia Farías: “el deseo de la madre no es algo que se pueda soportar tal cual, siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre”[4]. Más adelante agrega: “Lo que traba el deseo de la madre como incomprensible, loco, es el Ste. Nombre del Padre”.[5]

En el caso de Paula puede pensarse que la posición en la que ella ubica a su padre favorece la relación estragante con la madre. Recordemos algunos dichos de la paciente en relación a su padre: “También me da bronca la actitud de mi papá, porque con él no se puede contar para nada…”,  “Yo siempre digo que mi mamá tiene tres hijos, porque él es uno más”.  En estas frases quedan de manifiesto las dificultades del padre de Paula para posicionarse frente al deseo de mujer de la madre.  Si recordamos los tiempos del Edipo que plantea Lacan en el Seminario 5, podemos pensar que el padre de Paula tiene dificultades para posicionarse como el padre del segundo tiempo, es decir, como un hombre a quien la madre pueda desear. El padre de Paula está completamente a expensas del capricho materno: “Siempre fue así, mi mamá siempre asumió todas las responsabilidades, ella siempre es la que decide cómo se hacen las cosas… y mi papá hace como de hijo”. Vemos que el padre de Paula no aparece como un padre que pueda darle a la madre lo que ella desea en tanto mujer. Paula se queja de la inoperancia del padre, reclamándole que se haga cargo de lo que le corresponde. Mientras tanto continúa intentando satisfacer a su madre, pero esto la fastidia, entonces intenta eludir sus reclamos pero esto la hace sentir “culposa”.

Mail de la autora: carosanudo@ciudad.com.ar

 

Referencias

[1] Florencia Faías: “Fin de análisis: del duelo de la madre al deseo del analista” 

[2] Colette Soler: Lo que dice Lacan de las mujeres Cap. IV.

[3]Florencia Farías: “Fin de análisis: del duelo de la madre al deseo del analista”.

[4]Idem anterior.

[5]Idem anterior


Bibliografía:

 

1) Florencia Farías: “Fin de análisis: del duelo de la madre al deseo del analista”.

2) Colette Soler: Lo que dice Lacan de las mujeres.

J. Lacan: Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente”.

 


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