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El juego en los límites: Psicoanálisis y clínica en los problemas del desarrollo infantil.11/05/2005- Por Norma Bruner - Realizar Consulta
Los niños con problemas orgánicos y/o con dificultades en el desarrollo, que tienen dificultades al mismo tiempo, en la significación de la pérdida en términos del Complejo de Castración, presentan simultáneamente dificultades en el jugar. Faltas o ausencia del jugar en sentido estricto.
Algo en relación a la pérdida en el cuerpo del niño y a la pérdida del niño mismo, como objeto, es decir, a la pérdida del Otro y la inscripción de dicha pérdida enlazada con la diferencia sexual, se ha visto imposibilitada o dificultada. El trabajo del Duelo no se ha realizado o se realiza con dificultad dando lugar, planteo como hipótesis, al Duelo Patológico o la Melancolía.
Las consecuencias en la infancia son las graves perturbaciones en la construcción del psiquismo, pudiendo hacer su entrada el Autismo o la Psicosis según los casos.
Allí donde no hay Duelo hay Melancolía, donde no hay Duelo yo diría en este trabajo, no hay juego, y donde no hay juego no hay niño.
La maldad no es un rasgo de los niños, por esa razón si escuchamos que una niña
pequeña dice: “Madre querida, cuando te mueras voy a poder hacer tal o cual cosa” [1], no pensamos: “¡Qué maldita!”, sino que nos preguntaremos qué es la muerte para ella. Sin duda la conciencia moral, la compasión, la ética, el sentido de culpa es un logro cultural a adquirir.
Los niños “desean” la muerte de todo aquel que se oponga a la satisfacción de su deseo. Desde su egoísmo (el niño freudiano no es malo, sino egoísta), no dejará en sus juegos “títere con cabeza”. Padres, madres, hermanos, amigos, analistas, terapeutas, juguetes, “caerán” si se cruzan en su camino.
En sus juegos, podríamos decir, se prepara para la paz haciendo la guerra, y para la vida preparándose para la muerte.[2]
La construcción del yo, la conservación de la vida, el interés narcisista, el egoísmo, exigen la eliminación del obstáculo sacrificándolo, la muerte es el castigo para lo que hiera al narcisismo oponiéndose a sus propósitos.
En nuestras mociones inconscientes, dice Freud, eliminamos día a día, hora tras hora, a cuantos nos estorban el camino. ¡Que el diablo se lo lleve! quiere decir, ¡qué la muerte se lo lleve!, un poderoso deseo de muerte habita el inconsciente, mata incluso por “pequeñeces”, como la vieja legislación ateniense de Dracon, no conoce otro castigo para el crimen que la muerte.
Lo inconsciente no ejecuta el asesinato, lo piensa y lo desea, así todo perjuicio que el omnipotente yo reciba como tal, es considerado como crimen de lesa majestad.
Si al jugar, los niños realizan el deseo inconsciente o intentan cumplir el deseo sustitutivamente, entonces, cuando juega, un niño produce la posibilidad misma para que el deseo tenga lugar, planteamos nosotros, que el juego es “Formación del inconsciente y de lo inconsciente”, la Formación Inconsciente por excelencia de la infancia.
Represión y retorno de lo reprimido se inscriben en el mismo acto lúdico que, en su repetición, según lo que venimos proponiendo en éste y otros trabajos anteriores, inscribe y sostiene lo inconsciente como tal, cada vez otra vez de nuevo.
En el: “es sólo un juego”, la función paterna se pone en funcionamiento, la prohibición y prescripción acontece, se puede “figuradamente” en su interior lo que no se puede fuera de él. El límite entre “afuera y adentro” del juego, es del orden de la Represión.
El niño realiza el deseo de muerte en sus juegos, mata a los objetos, los objetos “se mueren”, el niño mismo, como objeto muere y la reacción que acompaña a la muerte en el juego no es el dolor, el dolor no entra como afecto al juego. Se puede jugar a llorar, se puede jugar a festejar y se puede jugar a la indiferencia. El dolor, como tal, interrumpiría el juego.
En el juego clínico y en transferencia, surgen objetos para ser sepultados, enterrados con o sin velatorio y rito fúnebre. Natural o accidentalmente, son investidos para desinvertir hechos, para deshacer ser des-hechos.
Durante el tratamiento analítico, se construirán e investirán objetos amorosos y de odio exclusivos a ese tratamiento, que son propios del mismo. La historia del tratamiento tiene que ver, la mayoría de las veces, con las vicisitudes por las que dichos objetos atraviesan hasta “su muerte”. Siempre habrá un resto del duelo a ser retomado lógicamente por el trabajo que la pubertad y adolescencia implica a la estructuración psíquica.
El jugar tiene como motor el deseo dominante de “ser grande” y obrar como los mayores. Al jugar se realiza sustitutivamente el deseo inconsciente; el niño en sus juegos ocupa el lugar del Otro, lo hereda, se hace su heredero “sin riesgo”. Heredar al otro implica su muerte, entonces al jugar el niño mata al otro, podríamos decir sin que exista crimen ni castigo, sin culpa.
Desde este planteo, el deseo de muerte es necesario, como motor, al deseo de ser grande y condición del juego.
En el juego se sustituye al Otro, se personifica al Muerto, se lo representa, se lo conserva identificándose con él. “Ser lo que el padre era”, “dale que yo era un papá” (allí donde Ello era él Yo debe avenir”)[3]. Él Yo donde Ello era. “Tener lo que tenía el papá”, “dale que yo era el papá y tenía ...”, “dale que yo era un hombre...”
El parricidio y el incesto lúdico se realizan “sin riesgo”, y en el mismo acto lúdico el parricidio y el incesto se inscriben en su prohibición, ya que “es sólo un juego”, y allí se puede lo que fuera de él no.
El juego escribe la ley y funda el deseo; implica satisfacción sustitutiva, “ganancia de placer”, transformación de la pulsión en libido, del goce en deseo.
La muerte no tiene en los niños pequeños la misma significación que en los adultos; dice Freud, que nada saben de los horrores de la putrefacción de la carne, del muerto que se hiela en la tumba fría, del espanto de la noche infinita que tanto desasosiegan al adulto. Estar muerto es para el niño pequeño “estar lejos”, solo con posterioridad quedará referido a “no volver más”.
La ausencia es transitoria, desear la muerte del que molesta es desear su ausencia, su alejamiento temporal, una muerte transitoria. Más tarde la ausencia ligada a la muerte podrá ser definitiva y la vida-presencia, transitoria.
El niño depende aún de la presencia del otro, de su amor, desea ser grande y no depender de su presencia pero aún no puede prescindir de ella.
El complejo de castración se encuentra en el centro de la cuestión del duelo y del jugar en la infancia, la pérdida se inscribe desde la significación fálica.
El niño adquiere la representación de un daño narcisista, dice Freud, por pérdida corporal, ya a raíz de la pérdida del pecho materno luego de mamar, de la cotidiana deposición de las heces y aún de la separación del vientre de la madre al nacer.
Empero, sólo cabe hablar de un complejo de castración cuando esa representación de una pérdida se ha enlazado con los genitales masculinos[4]. “Al jugar, la inscripción de la castración tiene lugar” según nuestro planteo.
Ha venido ocupándonos, desde hace tiempo, el siguiente hecho clínico: los niños con problemas orgánicos y/o con dificultades en el desarrollo, que tienen conflictos al mismo tiempo, en la significación de la pérdida en términos del complejo de castración, presentan, simultáneamente, dificultades en el jugar. Faltas o ausencia del jugar en sentido estricto.
Algo en relación a la pérdida en el cuerpo del niño y a la pérdida del niño mismo, como objeto, es decir, a la pérdida del Otro y la inscripción de dicha pérdida enlazada con la diferencia sexual, se ha visto imposibilitada o dificultada. El trabajo del Duelo no se ha realizado, o se produce con dificultad, dando lugar -planteamos como hipótesis- al “Duelo Patológico” o la “Melancolía”.
Las consecuencias en la infancia son las graves perturbaciones en la construcción del psiquismo, pudiendo hacer su entrada el autismo o la psicosis según los casos.
Allí donde no hay Duelo hay Melancolía, donde no hay Duelo -diríamos en este trabajo- no hay juego, y donde no hay juego no hay niño.
Proponemos pensar, como efecto y causa, que la lesión orgánica, el trastorno genético o la disfunción en el cuerpo del niño, queden identificados, no parcialmente como rasgo parcial de su cuerpo, sino de un modo masivo, desde una identificación narcisista, ligada al “perjuicio”, la “afrenta”, la “injusticia moral”, en y por el otro parental; así el cuerpo mismo del niño será tomado masiva y narcisistamente, como dicha herida, “hemorragia abierta”, “mutilación”, “daño”, humillación”, “perjuicio”.
Y la representación del niño y su cuerpo en el Otro:“La Herida Mortal”
Por este camino, la forma de lazo libidinal, de investidura amorosa al objeto, el cuerpo del niño y las representaciones psíquicas del mismo en el OTRO, devienen -podemos denominar- en Melancólica y “hemorragia abierta”.
Si el cuerpo del niño y el niño mismo, en el Otro, también por este camino, se identifican narcisistamente, con La insignificancia[5] por fuera de la significación fálica; no hay pérdidas por las que hacer duelo fálicamente, no hay deseos de muerte a jugar, no hay deseo de ser grande, ya que todo el cuerpo del niño pasa a ser, realmente objeto perdido.
El niño, como significante del deseo, queda irremediablemente perdido y cobra presencia total, real y masiva en lo real de su cuerpo, como objeto no significable e insignificante.
La identificación del niño, (identificación, en este sentido, es la identificación del otro) al objeto perdido es masiva y la sombra del objeto cae sobre un Yo que sin duda no llega a advenir.
Hay vacío yoico porque no se constituye.
La Melancolía infantil es la ausencia de constitución del Yo mismo, la muerte que, simbólica en este caso, realiza un nacimiento puramente real. El cuerpo del niño, es objeto de un desagrado moral por encima incluso de su fealdad, discapacidad, debilidad o inferioridad.
El auto reproche parental (consciente o inconsciente) se le transfiere al reprocharle al niño, inconscientemente, ubicándolo como culpable; se ha cometido un crimen y si merece castigo, éste no puede ser otro para el narcisismo herido que la muerte.
¿Cómo desear matar al Padre si no hay Padre a quien matar? ¿Cómo matar a quien está muerto por no haber nacido? ¿Cómo jugar la muerte si es un asesino?
El odio inconsciente se ensaña, la Melancolía es esa hemorragia abierta que sangra, duele y no cierra. No se sabe que se perdió porque la pérdida no se inscribió y entonces el dolor no es ante la ausencia del amado sino ante su presencia, dolor por no poder perderlo.
Donde no hay Duelo la Melancolía hace su entrada. No hay negación de la pérdida porque no hay afirmación donde no hay presencia de la ausencia. El dolor no puede ser jugado solo “es”.
Por distintas vías –proponemos- el autismo o la psicosis hacen su entrada, si la ligazón narcisista al cuerpo del niño no resiste el Duelo y si la Melancolía se instala.
Lacan[6] dice: “El objeto por el que estamos de Duelo era sin saberlo nosotros, el que se había vuelto y del que nosotros mismos habíamos hecho soporte de nuestra castración”. “Estamos de Duelo por alguien de quien puedo decir yo era su falta.”[7].
Lo traumático, impresionante, doloroso no es la ausencia, la pérdida, sino es la no posibilidad de poder perder.
Desear la muerte del otro (su ausencia) y ponerla en juego en los juegos es una conquista del niño que luego dará lugar a la conciencia moral, los preceptos éticos, el sentimiento de culpa, en la latencia.
La ausencia del deseo de muerte hacia los objetos de amor en el niño es ausencia de deseo de ser grande, es ausencia de juego y sería un indicador clínico diagnóstico, para nosotros, de Melancolía infantil.
El juego sería la preparación para la muerte necesaria a la conservación de la vida, la guerra a librar para la paz.
Concluyendo, diremos:
El Duelo en la infancia implica definir la pérdida del objeto en su valor constitutivo y nos lleva, necesariamente, al juego donde la inscripción de la pérdida tiene lugar en términos de la significación fálica, es decir del complejo de castración y la función paterna.
Desde este planteo, hemos ubicado al juego en la infancia como “Formación del inconsciente”, la represión y el retorno de lo reprimido tienen lugar durante el juego clínico y en transferencia, con las consecuencias que esto implica en la estructuración de una posición respecto al OTRO.
La relación entre el trabajo del Duelo y el del “juego” plantea a ambos como formación de lo inconsciente. Si la Melancolía es Duelo no acontecido y el juego es la realización sustitutiva del deseo de muerte y Duelo por el ausente, los niños que no juegan entrarían en una posición melancólica, frecuente -aunque no necesariamente siempre presente- en los niños que presentan problemas en el desarrollo.
La diferente posición frente a la muerte entre el niño y el adulto, entre otras, tiene como resultado que el trabajo de Duelo sea realizado por diferentes vías. Planteamos el juego como la vía por excelencia donde el Duelo acontece durante la infancia, por estructura.
Los niños realizan los Duelos “jugando” o no los realizan. Recordando a Freud y el mito de Tótem y Tabú, (1913) en el origen de la entrada a la cultura, está el Duelo y la muerte del padre es necesaria para que la ley exista, es decir que haya Padre. El niño en sus juegos cada vez, y otra vez de nuevo, realiza sustitutivamente, simbólicamente, la entrada misma a la cultura dándose un lugar en ella.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL:
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Freud, S.. “La interpretación de los sueños”. Tomo IV en O.C.. Buenos Aires: Amorrortu, 1984
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Freud, S. “La transitoriedad”. en O.C: Buenos Aires Amorrortu, 1984
Freud, S.”Duelo y melancolía” en O.C. Buenos Aires Amorrortu, 1984.
Freud, S. “Esquema del Psicoanális”. Tomo XXIII.en O.C. Buenos Aires. Amorrortu, 1984.
Freud, S. “Tótem y tabú” Tomo XIII.en O.C.. Buenos Aires Amorrortu, 1984.
Freud, S. “El malestar en la cultura” Tomo XXI en O.C. Buenos Aires. Amorrortu, 1984.
Freud, S. “Inhibición, síntoma, angustia” Tomo XX. en O.C Buenos Aires .Amorrortu, 1984.
Freud, S. “Organización genital infantil” Tomo V. en O.C Buenos Aires Amorrortu, 1984.
Freud, S. “La represión” Tomo XIV en O.C Amorrortu 1984
Freud, S. “Lo incosciente” Tomo XIV en O.C Amorrortu 1984
Palento, M.L y colab. Algunas consideraciones sobre los duelos en la Infancia. Diarios Clínicos N° 6. Buenos Aires: Lugar Editorial, 1993.
Nasio, J. D. El libro del amor y del dolor. Madrid. Gedisa Editorial, 1996.
Lacan, Jaques. Seminario La angustia. Inédito, 1963.
Jerusalinsky, Alfredo y colab. Psicoanálisis en los problemas del desarrollo infantil. Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 1988.
Coriat Elsa. Psicoanálisis de bebes y niños pequeños. Buenos Aires. Edic. La Campana. Buenos Aires.1996
Beisim, Marta. “Juegos en personajes”. Escritos de la Infancia Nro. 3 ,Fepi,1994
Bruner Norma. Psicoanálisis con niños. construir jugando el objeto del análisis. Presentado en jornadas Hospital Español Buenos Aires “La estructura del sujeto en la infancia” Actas. 1994
Bruner Norma. “ Con ESO No se juega. Algunos aspectos del limite en la función del analista que trabaja con un niño”. Presentado en jornadas Discapacidad. Perspectivas actuales en Salud Mental. Universidad De Buenos Aires: Facultad De Psicología. Agosto de 1998
Reelaborado en el curso de residentes del servicio de psicopatología del Hospital General de niños Dr. Pedro Elizalde. Noviembre 1999. Editado en actas del curso, biblioteca.
Publicado en Revista de Psicoanálisis con niños : “ F ORT- DA.” No 6 .junio2003.Psiconet.
Referencias
1 FREUD, Sigmund. “Interpretación de los sueños” Punto D: Sueños Típicos. Sobre el sueño de la muerte de los seres queridos. Tomo IV. en O.C. Amorrortu.
2 FREUD, Sigmund. “De guerra y de muerte”. Punto III. Tomo XIV.en O.C. Amorrortu,.
3 FREUD, Sigmund. “El Yo y el Ello” Tomo XIX. en O.C Amorrortu.
[4] FREUD, Sigmund. “Organización genital infantil”. Tomo V.en O.C. Amorrortu,.
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