» Introducción al Psicoanálisis

El lugar de la verdad

16/12/2015- Por Daniel Zimmerman - Realizar Consulta

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El problema de la verdad es sin duda una cuestión crucial para el psicoanálisis. Lacan la aborda insistentemente a lo largo de sus seminarios y escritos desde muy diversas perspectivas hasta darle uno de los lugares que conforman el discurso como lazo social. En su práctica, el psicoanalista la recoge bajo la forma de una queja, confirmando así que nunca puede decirse toda; en otras palabras, que está marcada por la división subjetiva.

  

 

 

  El problema de la verdad es sin duda una cuestión crucial para el psicoanálisis. Lacan la aborda insistentemente a lo largo de sus seminarios y escritos desde muy diversas perspectivas. Una afirmación que encontramos en el seminario “El reverso del psicoanálisis” puede servirnos como punto de partida; en la clase del 21 de enero de 1970 propone: “No estamos sin una relación a la verdad”. (1)

  Para definir nuestra posición respecto de la verdad, Lacan apela a la forma retórica de la lítote; un recurso que ya había utilizado para precisar la condición del afecto de angustia de no ser sin objeto. El recurso a la lítote a propósito de la angustia pone de relieve que, si bien la angustia es la señal subjetiva más patente de la aparición del objeto, no indica sin embargo de qué objeto se trata. De modo análogo, aplicado a la afirmación que nos ocupa, la ligazón ineludible a la verdad no excluye que ella nunca podrá ser descubierta. Se trata de una verdad que sólo puede decirse a medias; y que, lejos de poder confesarse, se “pone en guardia” desde la causa del deseo.

  En su escrito “La ciencia y la verdad”, Lacan sostiene que “nada se habla sino apoyándose en la causa”. (2) Hacemos de su pregunta una afirmación: tener la verdad como causa es precisamente lo que caracteriza el sufrimiento neurótico. En consecuencia, el desafío de la práctica analítica consiste en acompañar el paso del sujeto para asumir dicha causalidad.

  ¿Cómo recoge el psicoanalista la verdad del sujeto? Bajo la forma de la queja, apunta Lacan en el transcurso del seminario “Les non dupes errent” (1973-1974). Una verdad no es ni más ni menos que una queja. (3) Y al recogerla de esa manera, se confirma que nunca puede decirse toda; en otras palabras, que está marcada por la división subjetiva.

  La articulación entre queja y verdad puede rastrearse en el inicio mismo de los desarrollos lacanianos; se verifica de modo patente en el escrito “Intervención sobre la transferencia”. (4) En dicho texto, anterior en dos décadas al referido seminario, Lacan despliega el historial freudiano de Dora como una serie de inversiones dialécticas en las que justamente “se transmuta para el sujeto la verdad”. Un primer desarrollo -destaca- nos conduce de lleno a la afirmación de la verdad, para culminar con una pregunta característica de los comienzos de un análisis: “Las cosas son así; no soy yo, sino la realidad que me rodea; ¿qué podría cambiar de todo eso?”. La respuesta de Freud a Dora, que dará lugar a un segundo desarrollo de la verdad, es recreada por Lacan en estos términos precisos: “Mira cuál es tu propia parte en el desorden de que te quejas”.

  La intervención de Freud, puesta de relieve por Lacan, nos enseña a no enredarnos en el sentido de la queja y atender, en cambio, a lo que se expresa entre líneas. Es gracias a la colaboración activa de la propia Dora que su padre y la señora K pudieron sostener su relación de amantes. Actitud de complicidad que ofrece renovada perspectiva sobre el lugar que le corresponde en el cuarteto junto a su padre y al matrimonio de los K. La queja resulta así el enunciado de su verdad. En consecuencia, nos exige estar atentos al nivel de su enunciación.

  La verdad, efectivamente, habla; y por medio de la queja se insinúa en su función de causa para el sujeto. Cuando el Otro la ignora, retorna en una puesta en escena que el discurso psicoanalítico define como acting out. El caso presentado como ilustración clínica por Ernst Kris en “Psicología del Yo e interpretación en la terapia psicoanalítica”, difundido en nuestro medio como el caso “de los sesos frescos”, es una cabal demostración de ello. (5) Sucintamente, se trata de un joven científico, cuya “queja principal” era la incapacidad para publicar alguna de sus investigaciones acosado por un fantasma de plagio.

  Si bien Kris advierte el “paradójico tono de satisfacción y excitación” con el que el paciente refiere el hallazgo de una nueva evidencia de su falta de originalidad (tono que, por nuestra parte, no dudamos en situar como teñido de goce), se aboca a un minucioso trabajo de comparación entre el artículo de su paciente y el supuestamente plagiado.  De esta aproximación, basada en lo que Kris postula como una “exploración de la superficie”, no obtendrá otro efecto más que la insurrección de la verdad, desconsiderada en la justa medida de su función.

  Para responder adecuadamente al decir a medias propio de la verdad, no hay otra alternativa que seguirla en todos sus rodeos. Si logramos despejar la “espuma” del sentido, podremos ir más allá; más allá de la realidad del fantasma, al encuentro con lo real. Ahora bien: se trata de horadar el sentido, pero sin dejarlo de lado. Caso contrario, no obtendremos más que un tajante y justificado rechazo. El saber inconsciente se presenta, subrayemos, en el camino que conduce a lo Real; un Real que resulta abordable solamente por la vía de la escritura. Efectivamente, la letra funciona como borde. El escrito constituye la vía regia para aproximar lo real que concierne a la práctica analítica; a saber: lo real del goce.

 

  Lacan define el discurso como una estructura que, excediendo el registro de la palabra, se sostiene justamente en lo escrito. Su escritura misma constituye un artefacto, que, sin escapar a los efectos propios del lenguaje, va más allá de la palabra. Un artefacto ensamblado a partir de cuatro elementos: sujeto, significante amo, saber y plus de gozar,  que se sostiene a partir de su rotación en otros tantos lugares definidos por dos barras horizontales: el semblante, el goce, la producción y la verdad.

 

semblante      goce

           verdad         producción

 

  La diversa distribución de dichos términos en cada uno de los discursos precipita un diferente lazo social. (6) Cada discurso, a su vez, no sólo se distingue sino que además se ordena a partir del semblante. No hay discurso, advierte Lacan, que no sea del semblante; en otras palabras: si algo del goce es elaborable, lo es siempre en condición de semblante.

  Por otra parte, que el lugar de la verdad se encuentre por debajo del semblante, no indica que sean lugares opuestos: uno es correlativo del otro. Más aún, podríamos afirmar que el semblante encuentra su soporte en la verdad; de ahí la importancia de distinguir qué término viene a ocupar su lugar.

  El Discurso Universitario se despliega a partir de un semblante de saber; encarnado en la figura del profesor, no puede más que suponerle un autor. Toda pregunta por la verdad queda, así, soslayada indefectiblemente.

 

                S2       a

      S1       $

 

  El Discurso Histérico reserva el lugar del semblante para el sujeto dividido, dejando entrever su verdad: para ser deseada, precisa ubicarse como plus-de-gozar.

 

                 $       S1

       a      S2

 

  A su turno, el Discurso del Amo ubica el saber en el polo del goce; su estructura enmascara la división del sujeto, excluyendo articulación del fantasma como sostén del deseo.

 

                S1      S2

       $       a

 

  En el Discurso del Analista (la conjunción “del” a ser leída como genitivo objetivo: discurso sobre el analista), el lugar del semblante es ocupado por el objeto a, en correlación con el saber en el lugar de la verdad. Desde esa posición, el analista se dirige al sujeto del inconsciente, con la finalidad de producir un significante-amo; un significante que, así ubicado, abre la interrogación acerca de su relación con la verdad.

 

                a       $

    S2      S1

 

  El analista, en tanto sostiene su acto, adviene a ese lugar donde estaba el plus-de-gozar del analizante. Y, en el sitio del goce, ubica al sujeto, en su condición evanescente. La efectuación de esa torsión da cabida a un saber diferente, que habilita el despliegue de la transferencia. Emplazando su discurso en la práctica, el analista permite al sujeto del inconsciente tomarlo por la causa de su deseo. Rasgo esencial que distingue su accionar: apelar como único material de trabajo a la experiencia del sujeto.

  El psicoanalista no busca la verdad sobre el saber; todo lo contrario, pone en función al saber en tanto término de verdad. Establecerse en la verdad, no conduce a otra cosa más que a la religión. La meta, insistimos, no es que la verdad confiese, sino que se demuestre lo real.

  Al instalar el objeto a como semblante, el analista no se nutre del goce; todo lo contrario, permite que el goce pueda ser interpelado. El analista soporta la transferencia desde ese preciso lugar; y, al situar el saber en el lugar de la verdad, da lugar a un saber diferente, un saber que puede ser interrogado. Puesta en cuestión del saber que implica un cuestionamiento del goce.

  La estructura de los discursos presenta, además, una disyunción entre su producción y su verdad; una disyunción definida por la barrera del goce:

 

 semblante        goce

           verdad     //  producción

 

  Aplicado al discurso del analista, se verifica que el goce se presenta como obstáculo entre lo que puede producirse como significante-amo y el saber planteado como verdad. Saber originado en el rasgo unario, incide de modo diferente en la economía del goce. “Al emitirse hacia los medios del goce que son lo que se llama el saber” –sostiene Lacan- “el significante amo no sólo induce sino que determina la castración”. (7)

  El saber queda, así, reducido a síntoma y el sujeto asoma como grieta en lo real. Saber fallido, saber que tropieza; es precisamente su caída lo que genera un efecto de verdad.

 

 

Referencias

 

1)    Jacques Lacan El Seminario, libro 17, “El reverso del psicoanálisis” (Buenos Aires, Paidós, 1992), 61.

2)    Jacques Lacan. “La ciencia y la verdad”, en Escritos 2 (Buenos Aires, Siglo veintiuno, 1987), 843.

3)    Jacques Lacan Seminario “Les non dupes errent” (1973-1974). Clase del 23 de abril de 1974. Inédito. Ficha para circulación interna de la EFBA.

4)    Jacques Lacan “Intervención sobre la transferencia”, en Escritos 1 (Buenos Aires, siglo veintiuno 1988), 207-208.

5)    Ernst Kris “La psicología del Yo y la interpretación en la terapia psicoanalítica”, Revista de la Asociación Escuela de Psicoterapia para Graduados N°17 (Actualización en psicoanálisis norteamericano), Buenos Aires, 1991.

6)    Jacques Lacan El Seminario, libro 17, “El reverso del psicoanálisis”, op.cit., 29

7)    Idem, 93.

 

 

Nota: el pensamiento y recorrido del autor en… http://www.elsigma.com/entrevistas/entrevista-a-daniel-zimmerman/12655

 

 

 

 

 

 


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