» Introducción al Psicoanálisis

La Droga ni avanza, ni retrocede. Existe.

26/02/2010- Por Daniel Argibay - Realizar Consulta

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Ya antes de los año 30, S. Freud propone una relación entre la adicción y la espiritualidad. Se trata de una correspondencia que hace el padre del psicoanálisis entre los narcóticos y los consuelos religiosos, la adicción y la religiosidad. “Evidentemente, el hombre se encontrará así en una difícil situación: tendrá que confesarse su total desvalimiento, su nimiedad dentro de la fabrica del universo; dejará de ser el centro de la creación, el objeto de los tiernos cuidados de una providencia bondadosa.” Pareciera que el hombre no puede abstenerse del consuelo de la ilusión religiosa tanto como del uso de sustancias adictivas. La una como las otras están siéndole precario sopote para intentar tolerar la realidad, las fallas, los límites, el fin. Es en la adolescencia, esta etapa que en algunos, cada vez mas, es temprana en comenzar (9/ 10 años) y tarde en finalizar (35/45 años), donde el sujeto debería poder ya valerse y cuidarse por si mismo que aparecen junto con el consumo y el abuso, las adicciones. Esto, que suena muchas veces como una sola cosa, no lo es. El consumo no es lo mismo que el abuso y el abuso no es lo mismo que la adicción. El consumo continuo puede llevar a la satisfacción sustitutiva; el abuso en cambio conduce al total aturdimiento, a la absoluta insensibilidad y puede terminar con la vida. Pero la adicción es otra cosa, La “a-dicción es, en tanto acto, una puesta en juego del destino del sujeto. No importa ya que es lo que el “a-dicto” no puede decir acerca de si mismo, no se trata de silencio de palabras, sino del lugar que ocupa en el destino de si mismo cada uno de estos seres humanos.

Ya antes de los año 30, S. Freud propone una relación entre la adicción y la espiritualidad. Se trata de una correspondencia que hace el padre del psicoanálisis entre los narcóticos y los consuelos religiosos, la adicción y la religiosidad.

“Evidentemente, el hombre se encontrará así en una difícil situación: tendrá que confesarse su total desvalimiento, su nimiedad dentro de la fabrica del universo; dejará de ser el centro de la creación, el objeto de los tiernos cuidados de una providencia bondadosa.”

Pareciera que el hombre no puede abstenerse del consuelo de la ilusión religiosa tanto como del uso de sustancias adictivas. La una como las otras están siéndole precario sopote para intentar tolerar la realidad, las fallas, los límites, el fin.

Es en la adolescencia, esta etapa que en algunos, cada vez mas, es temprana en comenzar (9/ 10 años) y tarde en finalizar (35/45 años), donde el  sujeto debería poder ya valerse y cuidarse por si mismo que aparecen junto con el consumo y el abuso, las adicciones. Esto, que suena muchas veces como una sola cosa, no lo es. El consumo no es lo mismo que el abuso y el abuso no es lo mismo que la adicción.  El consumo continuo puede llevar a la satisfacción sustitutiva; el abuso en cambio conduce al total aturdimiento, a la absoluta insensibilidad y puede terminar con la vida. Pero la adicción es otra cosa,  La “a-dicción es, en tanto acto, una puesta en juego del destino del sujeto. No importa ya que es lo que el “a-dicto” no puede decir acerca de si mismo, no se trata de silencio de palabras, sino del lugar que ocupa en el destino de si mismo cada uno de estos seres humanos. Así entonces, los narcóticos, a los que Freud llamó, irónicamente, “quitapenas”, ocupan un lugar deferente para cada sujeto, dependiendo de su estructura, de su historia, del lugar desde donde pueda posicionarse frente estas sustancias.

El propósito de Freud al escribir en 1927 “El porvenir de una ilusión”, texto al que he hecho antes referencia, fue señalar, tal como el lo expresa textualmente, que “Salir del infantilismo es la única manera de saber contar con las propias fuerzas, saber trabajar cada uno en su parcela en esta tierra para nutrirse”. Como si el gran maestro del psicoanálisis lo hubiese escrito ayer refiriendo ha los eternos adolescente, de 20, de 30, de 40 años o de mas….como si estuviera asistiendo a la negación de estos sujeto a dejar su pueril posición para comenzar a ser adultos, asistiendo a como toman por subrogado de la protección paterna a la droga de  la que no pueden tampoco despegar.  

Lo cierto es que, para concluir estas breves líneas, no puedo mas que volver a citar este genial texto en otra de sus frases que define lo que yo entiendo como el camino a trabajar para que el hombre deje de estar preocupado por si avanza o no avanza la droga y pase a ocuparse de como “Deberá perder sus esperanzas en el más allá, y concentrando en la vida terrenal todas las fuerzas así liberadas, logrará probablemente que la vida se vuelva soportable para todos y la cultura no sofoque a nadie más”        

 

Biliografía

 

Freud, Sigmund: El porvenir de una ilusión (1927), Ediciones Amorrortu, Tomo XXI, Buenos Aires, 1976.   

 


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