» Introducción al Psicoanálisis
La metapsicología entendida como herramienta17/01/2003- Por Ricardo Spector -
¿Qué es la metapsicología?
Una sesión psicoanalítica es un encuentro entre dos personas que hablan, un encuentro asimétrico, donde las dos personas tienen algunos intereses y funciones en común y otras diferentes. Este es un hecho observable.
Pero, ¿cómo
dar cuenta de lo que allí ocurre, como trasmitirlo a otros? ¿Cómo
ir acumulando experiencia, para que los sucesivos nuevos encuentros puedan incluir
lo anteriormente aprendido acerca del funcionamiento mental?
La metapsicología es el sistema teórico que subyace a lo observable.
Nada de lo metapsicológico puede observarse, ni percibirse con los sentidos.
Son construcciones teóricas, que, lo que si pueden y deben, es ser puestas
a prueba en la práctica.
Un paciente cuenta algo y un analista interpreta algo. Eso puede ser entendido
por cualquiera. Pero, ¿qué ha ocurrido allí? Los niveles
en que esa experiencia puede ser aprehendida son múltiples, con variados
niveles de abstracción.
Alguien puede fabricar una máquina por mera habilidad para hacerlo, y
puede funcionar muy bien, pero si se trata que sea un eslabón de un progreso
en la fabricación de máquinas habrá que conocer los principios
en que se basa. Esos principios pueden ir desde los más elementales,
como la palanca, hasta los más complejos, incluyendo la teoría
atómica o la ley de la relatividad.
La metapsicología es, en psicoanálisis, lo que las teorías
de mayor abstracción son en otras ciencias. Representa el costado científico
del psicoanálisis. Si bien no hay acuerdo generalizado entre los analistas
puede decirse que el psicoanálisis es, tanto una disciplina científica
como artística. La participación de la persona del analista de
un modo dominante hace que el dominio del costado científico del psicoanálisis
sea sólo parcial. En esto, la analogía con la medicina puede ser
útil, el buen médico debe estar actualizado, conocer los fundamentos
científicos del funcionamiento del organismo, de las drogas, etc., pero
su participación personal, la necesidad de decidir en el acto, su sensibilidad,
etc. han consagrado la expresión "El arte de curar". Todos
estaremos de acuerdo en que no es deseable un médico que abandone su
interés por los progresos científicos en pro de su confianza en
su "arte".
En psicoanálisis, el conocimiento de la metapsicología, es indispensable
en dos terrenos: Que el analista pueda reflexionar sobre su práctica
de un modo que le permita tener parámetros para evaluar la evolución
de su paciente, diferentes de los del sentido común. Segundo, para tener
la posibilidad de comunicar su experiencia a otros analistas, en un lenguaje
compartido.
Han pasado muchos años desde la publicación de los escritos metapsicológicos
de Freud , y alguien puede legítimamente preguntarse si no ha habido
entre los psicoanalistas suficiente acumulación de experiencia como para
modificar esos parámetros metapsicológicos. Por supuesto que sí
la ha habido, y de hecho hay variadas corrientes de pensamiento que pueden con
justicia considerarse psicoanalíticas. Pero es indispensable mantener
el arraigo en las teorías de Freud, no para repetirlas ciegamente como
si fueran una Biblia, sino para tener un punto de partida común y consistente.
Entonces, antes de desplegar un ejemplo más preciso, el de la zoofobia,
dejemos en claro que debemos entender a la metapsicología como una herramienta.
¿Qué queremos decir con esto? Nuestro interés es acceder
a la comprensión de los fenómenos en juego a lo largo de la relación
psicoterapéutica con nuestro paciente. Asumimos que nuestra mayor comprensión
redundará en un mayor beneficio para el paciente, y también para
nosotros, en la medida en que podemos sentirnos en posesión de un instrumento
valioso (la teoría y el método psicoanalíticos). La metapsicología
es entonces una herramienta para favorecer el contacto con el paciente, si es
usada adecuadamente, es decir, si está incorporada por el analista de
modo que no tenga que pensar en ella en la sesión, y, sobre todo, si
éste puede ponerla a prueba, es decir, no confundir teorías con
hechos. Si extendemos la analogía con las herramientas, podemos decir
que para clavar un clavo, utilizamos un martillo, pero debemos saber que el
martillo no es parte de nuestro cuerpo, podemos dejarlo, y usar una tenaza si
comprobamos que el martillo no sirve.
Una vez más entonces, y a modo de resumen. Las teorías metapsicológicas,
que se introducen aquí, y se desarrollan en el texto, deberían
ser bien conocidas, y a la vez, no ser tomadas como hechos existentes sino como
herramientas conceptuales para favorecer la comprensión.
Vamos a utilizar, en forma muy suscinta, un caso bien conocido de Freud para
ilustrar el uso de la metapsicología como herramienta.
Juanito tiene miedo de salir a la calle por temor a los caballos. Este es el
dato de observación. Puede ser descrito por él mismo y también
por sus padres, y explicado de múltiples maneras. Freud realiza una descripción
metapsicológica, es decir, utilizará teorías de alto nivel
de abstracción y ajenas a la conciencia para describir el fenómeno,
o síntoma.
Esta operación que realiza Freud consiste en considerar al aparato anímico
como un compuesto de representaciones y cargas que se presentan con una particular
distribución. (Una herramienta para explicar sus comportamientos).
Entonces, la representación caballo, activada ante la percepción
real del animal, es una representación afectivamente cargada. Es por
eso que le produce miedo, en otros términos, tiene un significado atribuído
por el niño. El significado que le atribuye es el de ser peligroso. ¿Por
qué es peligrosa la representación caballo activada por la percepción?
Freud piensa que se debe a que sobre ella se ha desplazado la carga afectiva
correspondiente al padre. ¿Por qué Juanito teme a su padre? Porque
cree que puede castrarlo. El niño de esa edad (3 a 5 años) cree
que puede ser castrado por su padre por al menos dos motivos que pueden ser
descritos separadamente. 1) Por que a esa altura su organización mental
le hace creer que todas las personas, o tienen un pito, o se los han cortado.
Un largo camino de desarrollo le permitirá comprender, en su inconciente,
que las personas nacen con órganos sexuales diferentes y que, por lo
tanto, las niñas no son personas a las que se les ha cortado el pito,
o que esperan que les crezca. Tienen una vagina.
2) El motivo desencadenante de su temor a ser castrado por el padre, es, para
Freud, el hecho de que él desea a su madre.
Este recorte de un síntoma nos permite explorar el uso de la metapsicología
tal como Freud la entendía en esa época:
Desde el punto de vista tópico: Existe una representación inconciente
del padre como castrador, y una representación conciente del caballo
como mordedor. La representación conciente recibe la carga de la inconciente
y da así forma al síntoma.
Desde el punto de vista dinámico: Se pone de manifiesto el conflicto
psíquico.
El conflicto es esencial en la comprensión psicoanalítica del
psiquismo. En este caso entre sus deseos incestuosos y el temor a la castración
por el padre. Recordemos que esto no es conciente para el niño, son hipótesis
que permiten explicar el síntoma del que partimos, observable.
Desde el punto de vista económico: La magnitud de la angustia que desencadena
la visión del caballo, o la activación de su representación,
es función de la magnitud del deseo incestuoso en juego. El deseo incestuoso
se descarga por vía del síntoma, de un modo deformado.
La posibilidad de pasar del fenómeno, miedo a los caballos, a su descripción
metapsicológica permite entonces: 1) Utilizar estos descubrimientos para
ponerlos a prueba en otros casos de apariencia similar. Esto sería imposible
sin contar con las hipótesis más abstractas. 2) Observar y describir
síntomas similares pero con presentaciones tópicas, dinámicas
o económicas diferentes. Esto de hecho ocurre y le permite a Freud, en
Inhibición, síntoma y angustia, comparar la zoofobia de Juanito
con la del Hombre de los Lobos. 3) Hacer compartible la experiencia y permitir
que las teorías puedan ser puestas a prueba y desarrolladas por otros
psicoanalistas.
El mail del autor es ricardospector@arnet.com.ar
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