» Introducción al Psicoanálisis
La neutralidad en la obra de Freud15/12/2004- Por Elizabeth Ormart - Realizar Consulta
Resumen
En el presente trabajo se ha realizado un minucioso
análisis de las referencias a la neutralidad en la obra de Freud. Este análisis
es la propedéutica de un estudio más amplio y constituye parte de la tesis de
doctorado Abstinencia y Neutralidad:
representaciones y códigos de ética. En la siguiente presentación, me he
centrado en el concepto de neutralidad y he realizado un recorrido por la obra
Freudiana con el fin de vislumbrar los principales tópicos que se toman en
consideración para su delimitación. Encontramos así, cuatro
dimensiones centrales en la cuestión de la neutralidad, a las que hemos
llamado:
1.
Ausencia de ideales del analista
2.
Ausencia de finalidad educativa
3.
Necesidad de atención flotante y regla fundamental
4.
Neutralidad vs. sugestión
Agrupadas
bajo estos nombres hallamos las enseñanzas freudianas relativas a la
neutralidad, intentamos reproducir las citas freudianas reduciendo al mínimo
los cometarios a las mismas.
1. Introducción
El presente escrito tiene
como objetivo central identificar en la obra de Sigmund Freud el tratamiento
que él realiza del concepto de neutralidad.[1]
Que el analista sea
neutral supone que la persona del terapeuta se sustrae del tratamiento y, con
ello, de sus ideales, valores religiosos, morales y sociales y convicciones
políticas. De este modo, el principio de neutralidad afecta al analista en
función, no a su persona. Este desdoblamiento que supone la consideración de la
neutralidad es fundamental, pues nos permite separar al analista como función,
del analista como individuo. Esta separación trae aparejada una serie de
dilemas y sus límites muchas veces se hallan borrosos. Es necesario plantear,
en este punto, si hay grados de neutralidad, si podemos hablar de una
“neutralidad absoluta” y otras que no lo son y, al mismo tiempo, qué relación
existe entre el diagnóstico clínico del paciente y el sostenimiento de la
neutralidad.[2]
2. Dimensiones
de la neutralidad
A partir de un recorrido
cronológico por la obra de Freud, hemos identificado[3]
las principales obras en los que se aborda la cuestión de la neutralidad (ver
bibliografía). En dichas obras, se pueden pesquisar ciertas dimensiones o
aspectos que involucra la neutralidad.
2.1. Ausencia de ideales del analista
“El análisis respeta la
especificidad del paciente, no procura remodelarlo según sus ideales personales
-los del médico-, y se alegra cuando puede ahorrarse consejos y despertar en
cambio la iniciativa del analizado”. (FREUD, 1923, 247)
El analista
no debe imponer sus ideales, esta imposición supone ocupar una posición
diferente a la del analista, una posición que Freud no duda en equiparar con la
divina[4].
La posición del demiurgo supone un desplazamiento del sujeto del análisis, del
paciente al terapeuta. Dejando al paciente en una posición de pasividad e
inercia que el tratamiento, si se realiza correctamente, debería revertir. Por
consiguiente, operar en función de los ideales del terapeuta, conlleva operar
en el sentido inverso del análisis. Dice Freud: “Nos negamos de manera terminante a
hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio, un
patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales
y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra luego de
haberlo formado a nuestra imagen y semejanza”. (FREUD, 1919,160)
“La relación transferencial conlleva, además,
otras dos ventajas. Si el paciente pone al analista en el lugar de su padre (o
de su madre), le otorga también el poder que su superyó ejerce sobre su yo,
puesto que estos progenitores han sido el origen del superyó. Y entonces el
nuevo superyó tiene oportunidad para una suerte de poseducación del neurótico,
puede corregir desaciertos en que incurrieran los padres en su educación. Es
verdad que cabe aquí la advertencia de no abusar del nuevo influjo. Por
tentador que pueda resultarle al analista convertirse en maestro, arquetipo e
ideal de otros, crear seres humanos a su imagen y semejanza, no tiene permitido
olvidar que no es esta su tarea en la relación analítica, e incluso sería
infiel a ella si se dejara arrastrar por su inclinación”.
(FREUD, 1940, 176)
“...que el
médico quede habilitado para indicar nuevas metas a las aspiraciones liberadas.
No respondería así sino a una lógica ambición, que se empeñaría en crear algo
particularmente excelso con la persona a quien tanto trabajo ha consagrado para
librarla de su neurosis, y en prescribir elevadas metas a sus deseos. Pero
también en esto el médico debería contenerse y tomar como rasero menos sus
propios deseos que la aptitud del analizado”. (FREUD,
1912, 118)
2.2. Ausencia de finalidad educativa
“Otra
tentación surge de la actividad pedagógica [...] La ambición pedagógica [en el
análisis] es tan inadecuada como lo terapeútica”. (FREUD, 1912, 118)
Todo proceso educativo supone considerar que existen ciertos valores e
ideas dignas de ser transmitidas, supone, por tanto, la voluntad de inculcar
esas ideas. Este recorte y puesta en relieve de una cosmovisión de la realidad
es lo que Bourdie ha llamado “violencia simbólica” que se produce en todo
proceso de transmisión cultural. El análisis no
persigue un fin educativo como lo señalamos en el punto anterior. Justamente,
en el punto en que un paciente “se pone en nuestras manos”, esto es, entra en
transferencia, enviste al analista de un supuesto saber. Es en ese punto en que
el analista, si lo es, renuncia al adoctrinamiento para volver sobre el sujeto
con la pregunta sobre su propio ser. La pregunta tiene una estructura que
rechaza de plano la consistencia del saber en la persona del terapeuta.
“...no se debe educar al enfermo para que se asemeje a
nosotros, sino para que se libere y consume su propio ser [...] tampoco podemos
aceptar su reclamo [J.J.Putnam de EEUU] de poner al psicoanálisis al servicio
de una determinada cosmovisión filosófica e imponérsela al paciente con el fin
de ennoblecerlo. Me atrevería a decir que sería un acto de violencia, por más
que invoque los más nobles propósitos”. (FREUD, 1923,
247)
“Además, puedo asegurarles que están mal informados si
suponen que consejo y guía en los asuntos de la vida sería una parte integrante
de la influencia analítica. Al contrario, evitamos dentro de lo posible
semejante papel de mentores; lo que más ansiamos es que el enfermo adopte sus
decisiones de manera autónoma”. (FREUD, 1917, 393)
2.3. Necesidad de atención flotante y regla
fundamental
“...esa
técnica es muy simple... consiste meramente en no querer fijarse (merken) en
nada en particular y en prestar a todo cuanto uno escucha la misma
"atención libremente flotante” [...] uno fija (fixieren) un fragmento con
particular relieve, elimina en cambio otro, y en esa selección obedece a sus
propias expectativas o inclinaciones. Pero eso, justamente, es ilícito”. (FREUD, 1912, 111)
La atención
flotante y la regla fundamental son condiciones necesarias para la neutralidad
del analista. La atención flotante permite la neutralidad en cuanto al discurso
del analizado, es decir, no conceder a priori importancia a determinado
fragmento de asociaciones del paciente. La regla fundamental obliga al paciente
a asociar libremente y la neutralidad garantiza la no detención de la
asociación guiada por prejuicios teóricos o determinado tipo de
significaciones.
“El
éxito (de la técnica psicoanalítica) corre peligro en los casos que uno de
antemano destina al empleo científico y trata según las necesidades de este;
por el contrario, se asegura mejor cuando uno procede al azar, se deja
sorprender por sus virajes, abordándolos cada vez con ingenuidad y sin
premisas”. (FREUD, 1912, 114)
Dejarse sorprender,
proceder por azar, es darle una entrada a lo real en el automaton significante. El azar no existe en la asociación
significante. Cuando aparece el azar, aparece lo real.
La no selección previa de
material, la no equiparación a priori de un significante a otro, es válida
también para los sueños. Dice Freud: “...Por
tanto, no se hace excepción a la regla de tomar siempre lo primero que al
enfermo se le pase por la mente, aún a costa de interrumpir la interpretación
de un sueño”. (FREUD, 1911, 80)
“La experiencia mostró pronto que la conducta más
adecuada para el médico...era que él mismo se entregase, con una atención parejamente flotante...evitase
en lo posible la reflexión y la formación de expectativas concientes...Por
cierto este trabajo de interpretación no podía encuadrarse en reglas rigurosas
y dejaba un amplio campo al tacto y a la destreza del médico; no obstante
cuando se conjugaban neutralidad y ejercitación se obtenían resultados
confiables”. (FREUD, 1923, 235)
2.4. Neutralidad vs. sugestión
La neutralidad es
incompatible con la sugestión. Ingresamos en este apartado a lo que en el
comienzo dimos en llamar un “límite borroso”. Es inevitable que para dar
comienzo a un tratamiento psicoanalítico, se establezca un vínculo
transferencial. Es necesario, pero no suficiente. Esta necesidad sienta las
bases para que el terapeuta opere haciendo uso de la transferencia positiva.
Debemos concluir entonces que la sugestión no es ajena al campo del
psicoanálisis y, sin duda, al ámbito de las terapias psicológicas más diversas.
Sin embargo, lo propio del psicoanálisis está definido por la neutralidad que
supone un plus, un más allá del uso sugestivo de la palabra. Freud, se ha
preocupado a lo largo de su obra por diferenciar la sugestión de la técnica
analítica.[5]
“En verdad, entre la técnica
sugestiva y la analítica hay la máxima oposición posible: aquella que el gran
Leonardo da Vinci, resumió con relación a las artes, en las fórmulas, per via
di porre y por via di levare. La pintura, dice Leonardo, trabaja per via di
porre; en efecto, en efecto sobre la tela en blanco deposita acumulaciones de
colores donde antes no estaban; en cambio, la escultura procede per via di
levare, pues quita de la piedra todo lo que recubre las formas de la escultura
contenida en ella. De manera en un todo semejante,,
señores la técnica sugestiva busca operar per via diporre; no hace caso del
origen, la fuerza y la significación de los síntomas patológicos sino que deposita
algo, la sugestión [...] La terapia psicoanalítica, en cambio, no quiere
agregar ni introducir nada nuevo, sino restar, retirar, y con ese fin se
preocupa por la génesis de los síntomas patológicos y la trama psíquica de la
idea patógena”. (FREUD, 1905 a, 250)
La
escultura busca develar (Aletheia = verdad), mostrar aquello que estaba oculto.
Mientras que la pintura, tapa, oscurece, no se ocupa de la causa de los
síntomas sino que les sobrepone la propia sugestión, en una vía infinita.
“...en el tratamiento psicoanalítico muchas
cosas discurren diversamente de lo que harían esperar las premisas de la
psicología de la conciencia [...] con ella uno abandona el terreno
psicoanalítico y se aproxima a los tratamientos por sugestión. Así se consigue
que el paciente comunique antes y con más facilidad lo que a él mismo le es
notorio pero habría retenido aún un tiempo por resistencias convencionales. Sin
embargo, esa técnica no ayuda en nada a descubrir lo inconciente para el
enfermo; lo inhabilita aún más para superar resistencias más profundas.” (FREUD, 1912, 117)
“La
abreviación de la cura analítica sigue siendo un deseo justificado [...] Por
desgracia, [...] unas alteraciones anímicas profundas sólo se consuman con
lentitud; [...] Cuando se expone a los pacientes esta dificultad, el
considerable gasto de tiempo que impone el análisis, no es raro que propongan
un expediente.[...] El médico que quiera desligar en todo lo posible el éxito
terapéutico de las eventuales condiciones sugestivas que pudieran producirlo
hará bien en renunciar aún a los vestigios que poseyera de influjo sobre dicho
resultado”. (FREUD,
1913, 132)
“La
terapia hipnótica busca encubrir y tapar algo en la vida anímica; la analítica,
sacar a luz y remover algo. La primera trabaja como una cosmética,
la segunda como una cirugía. La primera utiliza la sugestión para prohibir los
síntomas, refuerza las represiones, pero deja intactos todos los procesos que
han llevado a la formación de síntomas. La terapia analítica hinca más hacia la
raíz, llega hasta los conflictos de los que han nacido los síntomas y se sirve
de la sugestión para modificar el desenlace de esos conflictos. La terapia
hipnótica deja a los pacientes inactivos e inmodificados, y por eso, igualmente,
sin capacidad de resistir cualquier nueva ocasión de enfermar. La cura
analítica impone a médico y enfermo un difícil trabajo que es preciso realizar
para cancelar unas resistencias internas. Mediante la superación de éstas, la
vida anímica del enfermo se modifica duraderamente, se eleva a un estadio más
alto del desarrollo y permanece protegida frente a nuevas posibilidades de
enfermar. Este trabajo de superación constituye el logro esencial de la cura
analítica; el enfermo tiene que consumarlo, y el médico se lo posibilita
mediante el auxilio de la sugestión, que opera en el sentido de una educación.
[...] El procedimiento psicoanalítico se
distingue de todos los métodos sugestivos, persuasivos, etc., por el hecho de
que no pretende sofocar mediante la autoridad ningún fenómeno anímico. Procura
averiguar la causación del fenómeno y cancelarlo mediante una transformación
permanente de sus condiciones generadoras”. (246)
“La
terapia psicoanalítica es larga. La abreviación del tratamiento es un
menosprecio a la neurosis. [...] Rank busca acompasar el tiempo de la terapia a
la prisa de la vida norteamericana. No hemos oído mucho acerca de lo que ha
conseguido la innovación de Rank en casos de enfermedad. Probablemente, no más
que si una brigada de bomberos, llamada para acudir a una casa en llamas a
consecuencia de la caída de una lámpara de aceite, se conformase con retirar la
lámpara de la habitación en la que se inició el fuego”. (FREUD, 1937, 3339)
3.
Conclusión
Encontramos
cuatro dimensiones centrales en la cuestión de la neutralidad, que hemos
llamado: 1. Ausencia de ideales del analista, 2. Ausencia de finalidad
educativa, 3. Necesidad de atención flotante y regla fundamental y 4.
Neutralidad vs. sugestión.
Estas
dimensiones pueden rastrearse a lo largo de la historia del psicoanálisis y
marcan modalidades terapéuticas muy diversas. Podemos encontrar prácticas
analíticas que no superan el uso de la sugestión y otras que, claramente,
suponen el direccionamiento de la terapia en función de los ideales de mejoría
del analista. Sin embargo, si queremos ser fieles a Freud, ninguna de estas
dimensiones se podría obviar en la clínica y ninguna de ellas podría
considerarse aisladamente. Las enseñanzas de Lacan se ajustan fielmente a estas
consideraciones adoptando una actitud crítica con la clínica que, en su época,
se llamaba psicoanalítica pero obviaba la enseñanza Freudiana[6].
El
mail de la autora es elizabethormart@speedy.com.ar
Bibliografía
FREUD, Sigmund. Sobre psicoterapia (1905 a [1904]). Tomo VII. En Obras completas.
Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Fragmento de análisis de un caso de histeria (1905 b [1901]). Tomo
VII. En Obras completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. El uso de la interpretación de los sueños en psicoanálisis (1911).
Tomo XII. En Obras completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912). Tomo
XII. En Obras completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Sobre la iniciación del tratamiento (1913). Tomo XII. En Obras
completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Conferencias de introducción al psicoanálisis (continuación), Parte
III. Doctrina general de las neurosis (1917 [1916-17]) 27ª conferencia: La
transferencia. Tomo XVI. En
Obras completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Conferencias de introducción al psicoanálisis (continuación), Parte
III. Doctrina general de las neurosis (1917 [1916-17]) La Conferencia 28. La terapia
analítica. En Obras completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica (1919 [1918]). Tomo
XVII. En Obras completas. Amorrortu Editores.
FREUD, Sigmund. Dos artículos de enciclopedia: "Psicoanálisis" y "Teoría
de la libido" (1923 [1922]). Tomo XVIII. En Obras completas. Amorrortu
Editores.
FREUD, Sigmund. Esquema del psicoanálisis (1940 [1938]) Parte II. La tarea práctica,
VI. La técnica psicoanalítica. Tomo XXIII. En Obras completas. Amorrortu
Editores.
FREUD, Sigmund. Análisis terminable e interminable (1937). En Obras completas.
Amorrotu Editores.
[1] Dejaremos planteados los principales direccionamientos hallados
dejando para un trabajo más extenso el análisis pormenorizado de cada uno de
estos ítems.
[2] Estas cuestiones quedan aquí planteadas pero no le podremos dar tratamiento en este escrito en virtud de la extensión del trabajo.
[3] Las siguientes obras han sido seleccionadas por la relevancia, el detenimiento y la recurrencia con que allí se trata la cuestión de la neutralidad. Existen otras obras en las que el término neutralidad se menciona pero no se describe y por ello no han sido consideradas para este análisis.
[4] La cuestión de el lugar de Dios como gran Otro ha sido analizado por los filósofos y por Lacan.
[5] Cfr. LOMBARDI, G. Efectos didácticos y terapéuticos del psicoanálisis. Inédito
[6] Debido a la extensión del trabajo la discusión acerca de la fidelidad Lacaniana a la enseñanza de Freud en materia de neutralidad queda abierta al momento de la exposición.
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