» Introducción al Psicoanálisis
La psicoterapia de la histeria01/08/2002- Por Norma E. Alberro - Realizar Consulta
Comienza Freud este texto
exponiendo su descubrimiento, realizado en colaboración con Breuer, respecto al
método terapéutico para tratar las histerias.
Definición:
Los distintos síntomas histéricos desaparecían inmediata y definitivamente
en cuanto se conseguía despertar con toda claridad el recuerdo del proceso
provocador, y con él el afecto concomitante, y describía el paciente con el
mayor detalle posible, dicho proceso, dando expresión verbal al afecto.
Luego
aclara la forma en que actúa dicho método:
Anula la eficacia de la representación no descargada por
reacción en un principio, dando salida, por medio de la expresión verbal, al
afecto concomitante, que había quedado estancado y llevándola a la reacción
asociativa por medio de su atracción a la conciencia normal (en una ligera
hipnosis) o de su supresión por sugestión médica, como sucede en los casos de
sonambulismo con amnesia.
Finalmente expone la finalidad de este
texto, que se puede resumir como sigue:
1.
Alcance
y ventajas del método.
2.
Su técnica y las dificultades
con que tropieza
3.
Las resistencias y las defensas.
4.
La dinámica de las representaciones.
5.
Sobre la transferencia
1. METODO
Para aplicar este método
catártico utilizando la hipnosis como técnica, Freud tropezó con dos
obstáculos, sus esfuerzos para vencerlos lo llevó a una modificación de la
técnica y de su concepción respecto de la misma.
a- No todas las personas
histéricas eran hipnotizables
b- Era necesario definir la
cuestión de qué es aquello que caracteriza esencialmente la histeria y en qué
se diferencia ésta de otras neurosis.
Se ocupa de aclarar el segundo problema. La decisión
del diagnóstico y de la terapia adecuada tiene que ser anterior a la aplicación
del método. De esta manera la única posibilidad de aplicar el método catártico
era a aquellos casos en los que se podía diagnosticar de histeria por presentar algunos o varios de estos
síntomas característicos. Aún así, los resultados terapéuticos eran muy pobres,
no obstante haber diagnosticado una histeria. En cambio, otras veces intentó
tratar con el método de Breuer pacientes obsesivos con mucho éxito. Esto lo
lleva a concluir que el método catártico podía aplicarse a todo tipo de
neurosis. De este modo y partiendo del método de Breuer llega Freud a ocuparse
de la etiología y del mecanismo de las neurosis en general.
Llega a afirmar que dentro de las motivaciones
causales mediante la cual se adquiere una neurosis, era necesario buscar la
etiología en los factores sexuales, y afirma además que factores sexuales
diferentes daban origen a diferentes enfermedades neuróticas.
De esta manera elabora una primera nosología
psicoanalítica, y es la siguiente:
a- neurastenia : era un cuadro patológico
monótono en el cual no intervenía ningún “mecanismo psíquico”.
b- Neurosis obsesiva: se descubría un
complicado mecanismo, una etiología análoga a la histeria y una amplia
posibilidad de curación por medio de la psicoterapia
c- Neurosis de angustia: es un complejo derivado
de la neurastenia, pero con la aparición de manifestaciones de angustia, nace
por la acumulación de estados de tensión física de origen sexual. Esta neurosis
no tiene tampoco un mecanismo psíquico pero actúa regularmente sobre la vida
psíquica, siendo sus manifestaciones peculiares la “expectación angustiosa”,
las fobias y las hiperestesia con respecto a los dolores. Tal como Freud la
define, la neurosis de angustia coincide con las hipocondrías
Teniendo en cuenta esto, dice
Freud, la concepción más justa lleva a admitir la frecuencia en una gran
mayoría, de las neurosis mixtas. Es difícil hallar formas puras de histeria y
de neurosis obsesiva, ya que ambas aparecen combinadas con la de angustia.
Ahora bien, el método catártico es
susceptible de suprimir cualquier síntoma histérico, siendo, en cambio,
impotente contra los fenómenos de la neurastenia, y muy poco eficaz sobre las
consecuencias psíquicas de la neurosis de angustia. De este modo su eficacia
terapéutica depende de que la componente histérica de cada cuadro patológico
ocupe o no un lugar importante. Esta es una limitación del método catártico,
pero existe otra y es que no actúa sobre las condiciones causales de la
histeria, y por lo tanto no puede evitar que surjan nuevos síntomas en el lugar
de los suprimidos.
No fue posible lograr la supresión
de los síntomas histéricos en todos los casos tratados con este método.
-
Es un método sintomático y no causal.
-
El carácter de sobredeterminación de su génesis.
En los casos de histeria aguda, en
el periodo de más intensa producción de síntomas y del dominio consecutivo del
Yo por los productos patológicos, psicosis histérica, el método
catártico no consigue modificar el estado del sujeto. Aunque la continuada
supresión de los productos psicopatológicos representan un beneficio para el Yo preservándole de caer en la psicosis o
en la demencia.
2. TECNICA
1. El método resulta
inaplicable a sujetos de bajo nivel
intelectual.
2. Pleno consentimiento del
paciente
3. Su confianza, ya que el
análisis conduce siempre a los procesos psíquicos más íntimos y secretos.
4. Su relación personal ocupa
por algún tiempo un primer término, pareciendo que una tal influencia del
médico es condición indispensable para la solución de sus síntomas.
Algunos sujetos no eran
hipnotizables, existía una voluntad contraria a la hipnosis, es decir abrigaban
recelos contra la hipnosis. Freud cambia de método y siguiendo a Bernheim en la
conducta que utilizaba para la evocación de los recuerdos en el sonambulismo,
comenzó a usar la técnica del apremio, asegurándoles que no
podían menos que saber lo que había causado sus síntomas, y no tenían más que
recordarlo. Insistía y los hacía tender sobre un diván y les aconsejaba que
cerrasen los ojos para lograr mayor concentración. Este procedimiento tenia
cierta analogía con el hipnotismo, pero con esto obtenía mejores resultados,
los pacientes producían recuerdos muy lejanos enlazados con el tema del que se
estaba hablando.
Este apremio constituía un
esfuerzo, esto lleva a pensar a Freud que se trataba de vencer una resistencia
del sujeto equivalente al esfuerzo realizado por el apremio. De este modo,
Freud llega a esta afirmación: ... por medio de mi labor psíquica había de
vencer una fuerza psíquica opuesta en el paciente a la percatación consciente
(recuerdo) de las representaciones patógenas.
La nueva representación que llega al Yo es sometida a la censura,
puesto que es considerada intolerable, despertando en él una energía de repulsión
encaminada a su defensa contra dicha representación. Esta defensa
consiguió su propósito y la representación quedó expulsada de la conciencia y
de la memoria sin que pareciera posible hallar su huella. Al esforzarme en
orientar hacia ella la atención del paciente percibía a título de resistencia, la misma energía que
antes de la génesis del síntoma se había manifestado como repulsa.
Entonces, una fuerza psíquica, la
repugnancia del Yo excluyó primitivamente de la asociación a la representación
patógena y se opuso a su retorno a la memoria. La ignorancia del histérico
depende de una volición más o menos consciente y el objetivo terapéutico
consiste en vencer esta resistencia a la asociación.
Lo que surge bajo la presión de la
mano no es un recuerdo realmente “olvidado”, los recuerdos realmente patógenos
raramente se encuentran tan próximos a la superficie. Lo que emerge es una
representación que constituye un elemento intermedio entre aquella que tomamos
como punto de partida y la patógena buscada, o es el punto inicial de una nueva
serie de pensamientos y recuerdos, en cuyo extremo se encuentra la
representación patógena.
Los resultados de estos
procedimientos da la falsa impresión de que existe una inteligencia superior,
exterior a la conciencia del paciente, que mantiene en orden, para determinados
fines el material psíquico. Algunos párrafos después, afirma Freud la
existencia de esta hipótesis de una inteligencia inconsciente.
El proceso de la repulsa consistió
en hacer de la representación enérgica una representación débil, despojándolo
de su afecto. De esta manera el paciente considera el recuerdo patógeno como
algo nimio, sin importancia.
En el retorno de imágenes se hace
más fácil su solución. Una vez surgida la imagen el paciente la va gastando y
extinguiendo al ir traduciéndose en palabras.
3- Resistencias y defensa
Para el progreso del análisis es
importante que el médico conserve su autoridad sobre el enfermo, de lo
contrario, dependerá de lo que éste quiera o no comunicarle. Lo esencial es
adivinar el secreto y confrontar con él al sujeto, el cual tiene que hacer
cesar sus resistencias. En otros casos es preciso algo más, la resistencia del
sujeto se exterioriza en la incoherencia de los elementos mnémicos emergentes
que surgen incompletos y borrosos.
La resistencia psíquica que se halla constituida desde mucho tiempo
atrás, no puede ser suprimida sino muy lentamente. Es preciso despertar el
interés intelectual del paciente. No es posible dar formulas de la actividad
terapéutica.
En resumen, en esta parte, Freud
concluye: la histeria nace por la represión de una representación intolerable,
realizada a impulso de los motivos de la defensa, perdurando la representación
como huella mnémica poco intensa y siendo utilizado el afecto que se le ha
arrebatado para una inervación somática. Así, la representación adquiriría
carácter patógeno, convirtiéndose en causa de síntomas patológicos, a
consecuencia de su represión. A estas histerias las llama histerias de
defensa.
5.
Dinámica de las Representaciones
El punto de partida es la
observación de esta inteligencia inconsciente, es decir que el material
psíquico patógeno aparentemente olvidado y que no se halla a disposición del
yo, está dispuesto en perfecto orden. Se trata de suprimir las resistencias que
cierran el camino hacia él. Cada una de las representaciones patógenas tiene
con las demás y con otras no patógenas con frecuencia recordadas enlaces
diversos, que se establecieron en un momento dado y que quedaron conservados en
la memoria. El material psíquico patógeno parece pertenecer a una
inteligencia equivalente a la del yo normal.
No nos encontramos ante un único
síntomas, ni ante una sola representación patógena sino por el contrario, ante
una serie entera de traumas parciales y concatenaciones de procesos mentales
patógenos.
El material psíquico se halla
triplemente estratificado:
Un nódulo, compuesto por los recuerdos en los que ha culminado el
factor traumático o hallado la idea patógena su más puro desarrollo. Alrededor
de este se acumula un distinto material mnémico, a través del cual hemos de
penetrar, siguiendo tres ordenes diferentes:
1- Ordenación cronológica
lineal dentro de cada tema: inventario de
recuerdos, particularidad de invertir en la reproducción el orden de su
nacimiento: el suceso más próximo y reciente del inventario emerge primero como
cubierta del mismo, al final aparece aquella impresión con la cual comenzó la
serie. Se llama formación de un tema.
2- Concéntricamente: son estratos de la misma
resistencia, creciente en dirección al nódulo, y con ello, zonas de la misma
modificación de la conciencia.
3- Contenido ideológico: el enlace por medio de los
hilos lógicos que llegan hasta el nódulo, en cada caso puede corresponder un
camino especial, irregular y con múltiples cambios de dirección. Esta
ordenación posee un carácter dinámico, en contraposición del morfológico de las
otras dos estratificaciones. El enlace lógico constituiría un sistema de líneas
convergentes y presentaría focos en los que irían a reunirse dos o más hilos
que a partir de ellos continuarían unidos desembocando en el nódulo varios
hilos independientes unos de otros o unidos por caminos laterales.
Resulta de esta manera, que cada
síntoma aparece múltiplemente determinado o sobredeterminado.
Se nos presenta una complicación,
el material psíquico patógeno puede presentar más de un nódulo. En este caso se
agregan estratos y procesos mentales para enlazar estos dos nódulos. Esto nos
demuestra que el material psíquico no puede ser concebido como un cuerpo
extraño, que hay que extirpar, sino que sus capas exteriores pasan a constituir
el Yo normal y pertenecen a éste tanto como a la organización patógena. La
organización patógena no se conduce como un cuerpo extraño sino como un
infiltrado, el agente infiltrado seria la resistencia y la terapia consiste en
fundir la resistencia y abrir así a la circulación el camino hacia un sector
que estaba vedado.
El concepto de “angostura de la
conciencia” adquiere sentido con la afirmación de que nunca penetra en la
conciencia del yo sino un solo recuerdo.
Toda la amplia masa que forma el
material patógeno se va filtrando hacia la consciencia a través de un
desfiladero, llegando en fragmentos a la conciencia. El terapeuta se ve
obligado a reconstituir con estos fragmentos la organización psíquica, labor
parecida a armar un rompecabezas.
Al principio el paciente comunica
lo que sabe y recuerda, por este camino avanza sin nueva resistencia. Luego
surge en él una fuerza colaboradora y evoca una gran cantidad de recuerdos.
Esto quiere decir que nos hemos abierto camino hacia una capa interior dentro
de la cual el paciente dispone de todo el material de igual resistencia. A este
material le va a dar coherencia, el descubrimiento de la conexión lógica. Tomamos
a nuestro cargo la penetración en los estratos interiores, la penetración en
dirección radial y dejamos al enfermo la labor periférica.
Siguiendo el hilo lógico se puede
tropezar con ciertas lagunas, en los que dicho hilo aparece interrumpido y en
su lugar aparece un remiendo cualquiera, el analista debe descubrir el hilo
lógico perdido detrás de estos motivos inconscientes ocultos que han producido
estas lagunas y tratar de llenar las mismas, deshaciendo las falsas conexiones,
reemplazándolas por las verdaderas.
Ninguna reminiscencia carece de
significación, estos recuerdos aparentemente sin importancia son puentes
por el que pasa la asociación entre dos recuerdos. Una imagen que se resiste a
desaparecer es que necesita ser considerada más tiempo. Pero una vez agotada
una reminiscencia o traducida una imagen en palabras, jamás emerge por segunda
vez.
Cuando se trata de suprimir un
síntoma, observamos durante la labor analítica el fenómeno de la intervención
de dicho síntoma. Este aparece de nuevo o se intensifica cada vez que entramos
en aquella región de la organización patógena que contiene su etiología. La
intensidad del síntoma va creciendo a medida que vamos penetrando más
profundamente en los recuerdos patógenos correspondientes.
5.
Sobre la TRANSFERENCIA
Por último, destaca Freud en este
artículo una dificultad en la relación del analista con el paciente, y esto
constituye “el obstáculo más grave que puede oponerse a nuestra labor”. Este
obstáculo aparece en tres casos:
1. Cuando la paciente se cree
descuidada y abandonada por el médico.
2. Cuando la paciente es presa
del temor de quedar ligada con exceso a la persona del médico, perder su
independencia, o llegar a depender de él sexualmente. En este caso, más
difícil, la enferma tiene un nuevo motivo de resistencia
3. Cuando la paciente se
atemoriza de ver que transfiere a la persona del médico representaciones
displacenteras emergidas durante el
análisis. La transferencia al médico se lleva a cabo por medio de una falsa
conexión. En este caso es el deseo que surge sin conexión con el recuerdo en el
cual se originó y se transfiere sobre el médico por esa coerción a la
asociación característica del inconsciente.
Solo sabiendo vencer las
resistencias emergentes en estos tres casos nos es posible llevar a término un
análisis. Conseguimos la victoria tratando a este síntoma de la misma forma que
los anteriores. Se trata de un fenómeno regular y constante. Con esta terapia
se consigue, según Freud, transformar la miseria histérica en un infortunio
corriente.
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