» Introducción al Psicoanálisis
La regresión en La interpretación de los sueños12/12/2003- Por Cristina Liendo Lugilde - Realizar Consulta
Introducción
En el diccionario del psicoanálisis de Laplanche y Pontalis, regresión, se define como un retorno en sentido inverso, a partir de un punto ya alcanzado, hasta otro situado anteriormente, en un proceso psíquico que comporta una trayectoria o un desarrollo.Dichos autores señalan que Freud, utiliza el concepto en sentido tópico, para explicar un carácter fundamental del sueño: las ideas, que se presentan en el sueño, como imágenes sensoriales, regresan al sistema perceptual.
En Tres ensayos (Freud, 1905d), aunque no aparece el término, se indica el retorno de la libido a vías accesorias de satisfacción, y a objetos anteriores. Señala así una regresión cronológica de la libido a organizaciones anteriores. Dentro de este tipo de regresión, distingue a su vez, una en cuanto al objeto, una en cuanto a la fase libidinal, y una respecto a la evolución del yo. Respecto a la regresión formal, indica una jerarquía de estructuras. Podría aplicarse a los procesos en los que el modo de funcionamiento secundario (identidad de pensamiento), es reemplazado por el primario (identidad de percepción). (Laplanche y Pontalis, 1971).
Freud en La Interpretación de los Sueños (1900a [1899]), cita a Hobbes, que en su Leviatán, define los sueños como lo inverso de nuestras imaginaciones de vigilia, diciendo que cuando estamos despiertos, el movimiento comienza en uno de los extremos, y cuando dormimos en el otro. (Freud, 1900a [1899]).
En este artículo, heredero del Proyecto, Freud retoma el punto de vista metapsicológico, inaugurando así la primera tópica.Define al aparato psíquico con el modelo del arco reflejo, de un aparato óptico, y advierte evitar la confusión con localizaciones anatómicas, las localidades o instancias allí expuestas, son psíquicas.
Señala Emilio Rodrigué, que al hablar de la atemporalidad del inconciente, Freud, alude a un universal que lo califica, y quiere decir dos cosas:
· Que lo inconciente, no se debilita con el tiempo, y
· Que el deseo es indestructible.
El deseo para Freud, es distinto de necesidad y demanda. El primero se da en el nivel representacional, (“…la reaparición de la percepción es el cumplimiento de deseo”… “por tanto el desear terminaba en un alucinar”. Freud, 1900a [1899], pag.558). Este fue el modelo de una primera actividad psíquica, orientada a la identidad de percepción, enlazada a la satisfacción de la necesidad. Posteriormente fue necesario inhibir la regresión completa, para que, con una modalidad de pensamiento más adecuada, pudiera lograrse mediante un rodeo, el cumplimiento de deseo.
La necesidad es una demanda dirigida a un objeto. La necesidad nace de un estímulo interno, y encuentra su satisfacción, mediante una acción específica que le otorga el objeto adecuado. El deseo proviene de la fantasía y es la materia prima del sueño, aportándole el valor del sentido.
El deseo del sueño, es diferente al deseo de dormir, éste parte del Prcc-Cc; y el del sueño, del Icc, es un deseo infantil insatisfecho. Una de las características del deseo inconciente es su indestructibilidad. Recibe también aportes desde el sistema Prcc mediante los restos diurnos, que se anudan a las mociones inconcientes.
El deseo está ligado a las huellas mnémicas y se realiza en la reproducción alucinatoria. Rodrigué, se refiere al cumplimiento del deseo a través del sueño, como la realización del deseo, Freud, en el libro de los sueños, nos muestra que es un cumplimiento alucinatorio del deseo, aun, en los sueños que provocan displacer, a diferencia de la realización objetiva del mismo.
El pensar, es un sustituto del deseo alucinatorio. El sueño, es un cumplimiento de deseo, porque solo el deseo, que surge de la frustración, puede impulsar el trabajo del aparato anímico. A través de él, tomamos conocimiento del modo de trabajo primario del aparato. Este fue abandonado sustituyendo la identidad de percepción alucinatoria, mediante el examen de realidad por actos acordes al fin, tendientes a modificar el mundo externo, para cancelar la necesidad. Rodrigué E. (1996).
“El soñar es un rebrote de la vida infantil del alma, ya superada”. (Freud, 1900 a [1899], pág.559).
SOBRE LA REGRESIÓN EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS
Freud señala que: “El sueño es un acto psíquico de pleno derecho, su fuerza impulsora es, en todos los casos, un deseo por cumplir”. (Freud, 1900 a [1899], pág. 527).
Debido a la censura psíquica aparece irreconocible como deseo, se presenta con extravagancias y absurdos. En su formación intervienen el proceso de condensación del material psíquico, la figurabilidad en imágenes sensibles y una fachada racional e inteligible del producto onírico, además debe intentar sustraerse de la censura.
El sueño figura la situación en presente y los sentidos la aprehenderán como una vivencia de vigilia. El carácter psicológico más general y llamativo del soñar es que un pensamiento, por lo común deseado, es objetivado y figurado en el sueño, como escena o, vivenciado.
Freud se pregunta cómo ensamblar y explicar la figuración como situación presente, y la trasposición del pensamiento a imágenes visuales y dichos, dentro de los procesos anímicos
Para esclarecer estas características, toma como ejemplo la interpretación del sueño del niño que se abrasaba, reconociendo como un motivo del soñante, el deseo de representarse al niño con vida. El proceso de pensamiento del durmiente, se mudó en un sueño por un cumplimiento de deseo. Además, lo figura en una situación presente, aprehensible por los sentidos, como si fuera una vivencia de vigilia.
Este es, el primer carácter particular de la formación del sueño.
Otro ejemplo, es el sueño de la inyección de Irma, en el cual, el deseo onírico no se aparta de la continuación de los pensamientos de vigilia. Aquí el pensamiento onírico que alcanza la figuración es una oración desiderativa: “Ojalá que Otto sea el culpable de la enfermedad de Irma”. El sueño la sustituye por: “Sí, Otto es el culpable de la enfermedad de Irma”. Esta es la primera mudanza que emprende el sueño con los pensamientos oníricos, aunque presente poca desfiguración.
La fantasía conciente, el sueño diurno, procede de idéntico modo con su contenido de representaciones.
El sueño se vale del presente del mismo modo y con el mismo derecho que el sueño diurno. El presente es el tiempo en que el deseo se figura como cumplido.
A diferencia del sueño diurno, el sueño tiene una exclusiva particularidad, que es el segundo carácter: el contenido de representaciones no se piensa, sino que se muda en imágenes sensibles a las que se cree vivenciar.
No todos los sueños muestran esa trasmudación, hay sueños compuestos sólo por pensamientos, por ejemplo, “Autodidasker”, un sueño de Freud, en él se mezclaron muy pocos elementos sensoriales. En los sueños largos hay elementos que no realizan la trasmudación a lo sensible, son pensados o sabidos como en vigilia. La mudanza de representaciones en imágenes sensibles no es exclusiva de los sueños, sino también de las alucinaciones, y visiones, que pueden presentarse en estado de salud o como síntomas de las psiconeurosis. Toda vez que se presenta este carácter no exclusivo del sueño, es el más notable, sin él no se podría concebir la vida onírica.
G. T. Fechner expresa en su Psychophysik, la conjetura de que “el escenario de los sueños es otro que el de la vida de representaciones de la vigilia”. (Citado por Freud, 1900 a [1899], pág.529)
Freud propone explicar los procesos oníricos concibiendo al aparato anímico como una localidad psíquica, al cual, se lo conoce también como preparado anatómico. Nos advierte además, no confundir esa localidad psíquica como si fuera anatómica. Piensa en el aparato psíquico como un microscopio compuesto, un aparato fotográfico, o algo semejante. La localidad psíquica corresponde, a un lugar en el interior de un aparato, en el que se produce uno de los estadios previos de la imagen. En el microscopio y el telescopio son, en parte localizaciones ideales, no se sitúan en ningún componente aprehensible del aparato.
El aparato psíquico, puede pensarse como un instrumento compuesto. Freud denominará a sus elementos: sistemas o instancias, en la primera y segunda tópica respectivamente. Estos sistemas no requieren un ordenamiento espacial, sí, que posean una secuencia fija entre ellos, es decir, que a raíz de ciertos procesos psíquicos los sistemas sean recorridos por la excitación dentro de una determinada serie temporal, que puede experimentar una alteración en el caso de otros procesos. Llamará a los componentes de este aparato: “sistemas Psy”.El aparato psíquico entonces, está compuesto por sistemas y tiene una dirección. Toda nuestra actividad psíquica parte de estímulos (internos o externos) y termina en inervaciones. (Freud usa el término: inervación, para indicar un proceso que tiende a la descarga de energía).
Podemos considerarlo con un extremo sensorial y un extremo motor. En el extremo sensorial se encuentra un sistema que recibe las percepciones, y en el extremo motor, otro que posibilita la motilidad. El proceso psíquico se produce en general, desde el extremo perceptivo hacia el motor. De esta forma, cumple con el modelo de un aparato de reflejos al que puede remitirse toda operación psíquica.
En el extremo sensorial se produce la primera diferenciación: Las percepciones imprimen en el aparato psíquico una huella: “huella mnémica”. Su función es la “memoria”. La huella mnémica es una alteración permanente de los elementos del sistema. Un mismo sistema no puede conservar fielmente alteraciones sobrevenidas a sus elementos y, al mismo tiempo, mantenerse siempre abierto y receptivo a las nuevas alteraciones. De este modo, Freud, distribuye estas dos operaciones entre sistemas diversos.Supone que el sistema delantero (P) recibe los estímulos perceptivos, sin conservarlos, por tanto carece de memoria, está permanentemente abierto (permeable). Atrás de él hay un segundo sistema (M) que traspone la excitación momentánea del primero a huellas permanentes, (cumple las funciones de almacenamiento y asociación, es impermeable)
El modelo original del aparato psíquico se vería modificado de este modo
Nuestras percepciones se revelan también enlazadas entre sí en la memoria, además de la conservación duradera de su contenido. Se relacionan sobre todo de acuerdo a la simultaneidad que en su momento tuvieron. A este hecho se lo llama asociación. Los sistemas mnémicos se suponen como la base de la asociación porque, si aceptamos que el sistema P no tiene memoria, tampoco puede conservar las huellas para la asociación, y los elementos P singulares no podrían desplegar su función si contra cada percepción nueva se opusiera un resto de enlace anterior. De este modo, la base de la asociación estaría en los sistemas mnémicos.
Se considera asociación: a la propagación de la excitación desde uno de los elementos Mn, hacia un segundo, y no hacia un tercero de estos elementos, como consecuencia de reducciones en la resistencia y de facilitaciones.
Además, es necesario suponer varios elementos Mn, dentro de los cuales la misma excitación propagada por los elementos P experimenta una fijación de índole diversa. El primero de estos sistemas Mn contendrá en todo caso la fijación de la asociación por simultaneidad, y en los más alejados el mismo material mnémico se ordenará por otros mecanismos, de manera que los sistemas más lejanos figurarán relaciones de semejanza u otras.
Las características de este sistema residirían en la intimidad de sus vínculos con elementos del material mnémico en bruto, y la secuencia fija por la que se desplaza la excitación.
El sistema P, que no tiene capacidad para conservar alteraciones, ni posee memoria, brinda a nuestra conciencia toda la diversidad de las cualidades sensoriales. A la inversa, nuestros recuerdos, sin excluir los que se han impreso más hondo en nosotros, son en sí inconcientes.
Pueden hacerse concientes, pero en estado inconciente despliegan todos sus efectos.
Lo que llamamos nuestro carácter se basa en las huellas mnémicas de nuestras impresiones, las de la primera juventud, produjeron un efecto más fuerte, por lo tanto, son las que casi nunca devienen concientes. Pero cuando los recuerdos se hacen de nuevo concientes, no muestran cualidad sensorial alguna o muestran una muy ínfima en comparación con las percepciones.
Freud estima que de poder confirmar que en los sistemas Psy memoria y cualidad para la conciencia se excluyen entre sí, se podrían establecer las condiciones de la excitación de las neuronas. En 1925, escribe en “Nota sobre la pizarra mágica” y en 1920 en “Más allá del principio del placer” que la conciencia surge en reemplazo de la huella mnémica; en la carta 52, de 1896; y en el Proyecto, de 1895, ya había establecido una concepción preliminar del aparato psíquico.
“…así se generaría la separación entre células de percepción y células de recuerdo” (Freud, 1950a [1895], pág. 343).
“…de tiempo en tiempo el material preexistente de huellas mnémicas, experimenta un reordenamiento según nuevos nexos, una retranscripción…”, “…lo esencialmente nuevo en mi teoría, es entonces, la tesis de que la memoria no preexiste de manera simple, sino múltiple, está registrada en diversas variedades de signos”. (Freud, 1950a [1896], pág. 274).
En estos trabajos, las ideas rectoras, se centraban en la energía: Q, sometida a las leyes generales del movimiento, y las partículas materiales: neuronas, por las cuales circulaba.
Era un esquema representativo de la neurobiología y la física, ideas rectoras del pensamiento de Freud, en los años iniciales del psicoanálisis.
En la interpretación de los sueños (1900a [1899]), la concepción de las operaciones anímicas, había cambiado. Freud supone, para explicar la formación del sueño, la existencia de dos instancias psíquicas, una de las cuales somete a la actividad de la otra a una crítica cuya consecuencia es la exclusión de su devenir-conciente.
En introducción del narcisismo señala que podemos individualizar el censor del sueño, en el ideal del yo, y en las exteriorizaciones dinámicas de la conciencia moral. (Freud, 1914d).
La instancia criticadora, mantiene relaciones más estrechas con la conciencia que la criticada. Está situada como una pantalla entre esta última y la conciencia.
La instancia criticadora puede identificarse con lo que guía nuestra vida de vigilia y decide sobre nuestro obrar conciente, voluntario. Si sustituimos estas instancias por sistemas, el sistema criticador se situará en el extremo motor.
Al último de los sistemas situados en el extremo motor lo denomina preconciente, los procesos de excitación en él pueden alcanzar la conciencia, siempre que satisfagan ciertas condiciones:
*que tengan cierta intensidad, y
*que se les dirija atención.
Este sistema posee las llaves de la motilidad voluntaria.
El sistema que está detrás, es el inconciente porque no tiene acceso a la conciencia de no ser por vía del preconciente, al pasar por éste su proceso de excitación tiene que sufrir modificaciones.
Los restos diurnos se consideran como pensamientos oníricos latentes (representaciones preconcientes, integrantes del sistema Prcc).
El narcisismo del estado del dormir implica el retiro de investidura a todas las representaciones-objeto, tanto a su parte conciente cuanto a su parte preconciente. Si algunos “restos diurnos” permanecieron investidos, lo hicieron de manera mucho más débil que durante la vigilia.
Los restos diurnos reciben refuerzo desde las fuentes de las mociones pulsionales inconcientes para ser formadores de un sueño. Al dormir, la censura entre Prcc e Icc está muy disminuida, facilitándose así el comercio entre los dos sistemas.
Algunos pensamientos diurnos preconcientes se muestran resistentes y retienen una parte de su investidura.
Mediante un enlace con mociones inconcientes, que ya existía en la vida de vigilia, o debido a los restos diurnos no del todo vaciados, que se relacionan con lo reprimido sólo en el estado del dormir, por comunicación facilitada entre Prcc e Icc: Se forma el deseo onírico preconciente que da expresión a la moción inconciente dentro del material de los restos diurnos preconcientes.
Este deseo onírico debe distinguirse de los restos diurnos, porque puede mostrar el carácter irracional que presenta todo lo inconciente cuando se lo traduce a lo conciente, y no es necesario que haya estado presente en vigilia. Tampoco debe confundirse el deseo onírico con las mociones de deseo que posiblemente, se encontraban entre los pensamientos oníricos (latentes) pre-concientes. Si estos deseos preconcientes existieron, el deseo onírico se les asocia como el refuerzo más eficaz.
Los destinos de esta moción de deseo que se ha formado en el Prcc como un deseo onírico (una fantasía que cumple un deseo), subrogando un reclamo pulsional inconciente, podría tramitarse por tres caminos diversos:
* Por el que sería normal en la vida de vigilia, que parte del Prcc y esfuerza por abrirse paso en la conciencia, da por resultado la idea delirante su contenido es el cumplimiento de deseo. Nunca se da al dormir.
*Por el de procurarse una descarga motriz directa esquivando la Cc; tampoco es factible porque el polo motor, está situado más allá de la censura de la conciencia. Su excepción es el sonambulismo.
*O por la formación del sueño, resultado asombroso e imprevisto. El proceso formado dentro del Prcc y reforzado por el Icc toma un camino retrocedente a través del Icc hasta llegar a la percepción, que se impone a la conciencia.
“Esta regresión es la tercera fase de la formación del sueño. Para abarcar el panorama repito las anteriores: Refuerzo de los restos diurnos prcc por el Icc, producción del deseo onírico”. ( Freud, 1917 d [1915], pág.226).
La vuelta desde el Prcc, pasando por el Icc, hasta la percepción, se denomina regresión tópica, y coincide en este caso, con el retroceso al estadio anterior del cumplimiento alucinatorio de deseo: regresión temporal.
La regresión de los restos diurnos preconcientes en el caso de la formación del sueño, se produce por la trasposición de los pensamientos en imágenes predominantemente visuales, de este modo, las representaciones-palabra se reconducen a las representaciones-cosa que les corresponden.
Un miramiento por la figurabilidad parece presidir el proceso.
Una vez que la regresión se produjo, en el sistema Icc quedan pendientes una serie de investiduras de recuerdos-cosa, sobre ellos actúa el proceso psíquico primario que mediante condensación y desplazamiento recíproco de las investiduras forma el contenido manifiesto del sueño.
Si las representaciones-palabra incluidas entre los restos diurnos son actuales, provenientes de percepciones, son también sometidas como las representaciones-cosa, a la condensación y el desplazamiento.
En La interpretación de los sueños, Freud, señala que: “las palabras y dichos del contenido del sueño no son creaciones nuevas, sino que están calcadas de dichos del día del sueño (o de otras impresiones frescas, aun las tomadas de la lectura)”. ( Freud, 1917 d, [1915], pág. 227).
El trabajo del sueño generalmente cambia las representaciones palabra, hasta hallar la expresión más favorable para la figuración plástica.
Esto es una diferencia decisiva entre el trabajo del sueño y la esquizofrenia. En ella, las palabras mismas que expresan el pensamiento preconciente pasan a ser objeto de la elaboración por el proceso primario, en el sueño no son las palabras, sino las representaciones-cosa a que las palabras fueron reconducidas.
*Mientras que en el sueño, hay regresión tópica, en la esquizofrenia no.
*En el sueño el comercio entre investiduras de palabra prcc e investiduras de cosa icc está permeable, en la esquizofrenia ese comercio permanece bloqueado.
Todas las operaciones con palabras en el sueño, son preparativos para la regresión a cosa.
Al sistema que continúa al Prcc., debe adscribírsele la conciencia, es decir que P=Cc. Freud imagina este sistema, en sus caracteres mecánicos, parecido al sistema de percepción, es decir, excitable por cualidades e incapaz de conservar alteraciones, sin memoria. La conciencia, es un órgano sensorial para la percepción de cualidades psíquicas.
Las excitaciones, fluyen desde dos lados a él, desde el sistema P, y desde el interior del aparato.
En el sistema Icc. se sitúa la fuerza impulsora del sueño. También necesita anudarse con pensamientos oníricos que pertenecen al sistema del preconciente. De lo antedicho, Freud adopta el supuesto de que el sistema inconciente es el punto de partida para la formación del sueño. Como todas las otras formaciones de pensamiento, esta excitación onírica exteriorizará el afán de proseguirse dentro del Prcc y alcanzar desde ahí el acceso a la conciencia.
Durante el día, la censura de la resistencia se interpone a los pensamientos oníricos en su camino a la conciencia, pasando por el preconciente.
Durante la noche, este camino queda expedito porque disminuye la resistencia que monta guardia en la frontera entre inconciente y preconciente. Si éste fuera el único mecanismo, recibiríamos en el material de nuestras representaciones, sueños que no mostrarían carácter alucinatorio.
Por eso la disminución de la censura entre los dos sistemas Icc y Prcc sólo puede explicar formaciones oníricas del tipo de “Autodidasker”, pero no sueños como el del niño que se abrasa.
En el sueño alucinatorio la excitación toma un camino de reflujo. En lugar de propagarse hacia el extremo motor del aparato, lo hace hacia el extremo sensorial, alcanzando finalmente el sistema de percepción.
La dirección que sigue el proceso psíquico, en la vigilia, desde el inconciente hasta el polo perceptivo, se denomina progrediente, y regrediente, al carácter que tiene el sueño.
Esta regresión es una de las peculiaridades psicológicas del proceso onírico pero no es propia exclusivamente de los sueños.
El recordar deliberado y otros procesos parciales de nuestro pensamiento normal corresponden a este proceso. Lo realizan desde algún acto complejo de representación hasta el material en bruto de las huellas mnémicas que está en su base.
En vigilia esta retrogresión llega a las imágenes mnémicas, no puede producir la animación alucinatoria de las imágenes perceptivas. Probablemente debido a la condensación, (las intensidades de las representaciones son transferidas integramente desde una a otra por el trabajo del sueño), se posibilite que el sistema de las P se invista hasta la plena vivacidad sensorial en la dirección inversa, partiendo de los pensamientos.
Freud denomina “regresión al hecho de que en el sueño la representación vuelve a mudarse en la imagen sensorial de la que alguna vez partió”. (Freud, 1900 a [1899], pág. 537).
El esquema del aparato anímico, provisto de una dirección, justifica el nombre del proceso regresivo, además permite comprender que a raíz del trabajo del sueño todas las relaciones lógicas entre los pensamientos oníricos se pierden o encuentran una expresión trabajosa.
De acuerdo con el esquema, esas relaciones entre pensamientos no están contenidas en los primeros sistemas Mn, sino en otros, situados mucho más adelante, y por eso en la regresión tienen que quedar despojados de todo medio de expresarse, excepto el de las imágenes perceptivas.
“La ensambladura de los pensamientos oníricos es resuelta, por la regresión, en su material en bruto”. (Freud, 1900 a [1899], pág. 537).
Mediante conjeturas se verá que esa regresión, imposible en vigilia, puede llevarse a cabo en el sueño. Podría tratarse de alteraciones en las investiduras energéticas de los sistemas singulares, que los vuelven más o menos transitables para el decurso de la excitación, aunque otras modificaciones podrían tener en este aparato, idéntico efecto para el camino de la excitación.
En el estado del dormir hay alteraciones de investidura en el extremo sensorial. Durante el día hay una corriente continua desde el sistema Psy, de las P hasta la motilidad, la misma, cesa durante la noche y ya no podría oponer impedimento alguno a una contracorriente de la excitación. Esto sería la “clausura del mundo exterior”.
Para explicar la regresión del sueño, es necesario comprender otras regresiones que se producen en estados patológicos de la vigilia. Para ellas, no sirve la explicación antedicha. La regresión se produce a pesar de una corriente sensorial ininterrumpida en la dirección progrediente.
Las alucinaciones de la histeria y de la paranoia, y las visiones de personas normales, corresponden a regresiones, son pensamientos mudados en imágenes, y sólo la experimentan los pensamientos que mantienen íntima vinculación con recuerdos sofocados o que han permanecido inconcientes.
El análisis de una paranoica con alucinaciones ratifica que en los casos de mudanza regrediente del pensamiento se debe tener en cuenta el influjo de un recuerdo sofocado o que ha permanecido inconciente, las más de las veces infantil.
Este recuerdo, arrastra a la regresión, a los pensamientos que están en conexión con él, impedidos de expresarse a causa de la censura, porque es aquella forma de figuración en que él mismo tiene existencia psíquica. Las escenas infantiles (sean ellas recuerdos o fantasías), que se logra hacer concientes en la histeria, son vistas de manera alucinatoria y sólo al comunicarlas se borra este carácter. Los recuerdos más tempranos de la infancia conservan, hasta edad avanzada, aun en personas sin memoria visual, el carácter de vivacidad sensorial.
En los pensamientos oníricos desempeñan un papel significativo las vivencias infantiles o las fantasías fundadas en ellas, sus fragmentos reaparecen en el contenido del sueño, y los deseos oníricos mismos muchas veces derivan de ellas. Por esta razón, la mudanza de pensamientos en imágenes visuales se considera, en parte, consecuencia de la atracción que ejerce el recuerdo, figurado visualmente, sobre el pensamiento desconectado de la conciencia y que lucha por expresarse, que pugna por ser reanimado.
Según esta concepción, “el sueño puede describirse también como el sustituto de la escena infantil, alterado por trasferencia a lo reciente. La escena infantil no puede imponer su renovación; debe conformarse con regresar como sueño”. (Freud, 1900 a [1899],pág. 540).
La referencia al significado paradigmático de las escenas infantiles (o de sus repeticiones fantaseadas) para el contenido del sueño vuelve superfluo uno de los supuestos que Scherner y sus discípulos hicieron acerca de las fuentes internas de estímulo. Scherner (1861) supone un estado de “estímulo visual”, de excitación interna en el órgano de la visión, toda vez que los sueños muestran una vivacidad particular o una abundancia notable en sus elementos visuales.
Esta peculiaridad del sueño que consiste en trasvasar su contenido de representaciones a imágenes sensoriales, se caracteriza por apuntar a constelaciones desconocidas y se lo distingue con el nombre de “carácter regrediente”. Esta regresión es, “un efecto de la resistencia que se opone a la penetración del pensamiento en la conciencia por la vía normal, así como de la simultánea atracción que sobre él ejercen recuerdos que subsisten con vivacidad sensorial”. (Freud, 1900 a [1899], pág.541).
En el proceso de represión, se reprimen los pensamientos por dos mecanismos: es repelido por la censura conciente, y atraído por el inconciente, (Freud, 1915d). Posiblemente, en los sueños, se facilite la regresión debido a la interrupción de la corriente progrediente diurna que parte de los órganos sensoriales, éste factor auxiliar del sueño, que falta en las otras formas de regresión, tiene que ser compensado por el fortalecimiento de los otros motivos para aquella.
En los casos patológicos de regresión, así como en el sueño el proceso de la transferencia de energía (total investidura alucinatoria de los sistemas perceptivos), podría ser diverso que en las regresiones de la vida anímica normal. El “miramiento por la figurabilidad”, podría referirse a la atracción selectiva de las escenas visualmente recordadas y con las cuales los pensamientos oníricos entran en contacto.
En la teoría de la formación del síntoma neurótico, la regresión, desempeña un papel tan importante como en el del sueño.
“Distinguimos entonces tres modos de regresión: a) una regresión tópica, en el sentido del esquema aquí desarrollado de los sistemas Psy; b) una regresión temporal, en la medida en que se trata de una retrogresión a formaciones psíquicas más antiguas, y c) una regresión formal, cuando modos de expresión y de figuración primitivos sustituyen a los habituales”. (Freud, 1900 a [1899], pág. 541).
Los tres tipos de regresión son uno solo y en la mayoría de los casos coinciden, porque lo más antiguo en el tiempo es a la vez lo primitivo en sentido formal y lo más próximo al extremo perceptivo dentro de la tópica psíquica.
Tanto en el sueño, como en las psiconeurosis, soñar, es una regresión a la condición más temprana del soñante, una reanimación de su infancia, de las mociones pulsionales que lo gobernaron entonces y de los modos de expresión de que disponía. Freud propone alcanzar una perspectiva sobre la infancia filogenética del desarrollo humano, detrás de la individual, del cual el del individuo es de hecho una repetición abreviada, influida por las circunstancias contingentes de su vida.
Destaca asimismo, las palabras de Nietzsche: en el sueño “sigue actuándose una antiquísima veta de lo humano que ya no puede alcanzarse por un camino directo”, y espera que, mediante el análisis de los sueños obtengamos el conocimiento de la herencia arcaica del hombre, lo que hay de innato en su alma:
“Parece que sueño y neurosis han conservado para nosotros de la antigüedad del alma más de lo que podríamos suponer, de suerte que el psicoanálisis puede reclamar para sí un alto rango entre las ciencias que se esfuerzan por reconstruir las fases más antiguas y oscuras de los comienzos de la humanidad”. (Freud, 1900 a [1899], pág. 542).
COMENTARIO FINAL
Las sugerencias formuladas sobre la ampliación de algunos conceptos como el caracter indestructible del deseo, la relación de huellas mnémicas con la estructuración del caracter, y la formación de los síntomas, sugieren en mi opinión una sucesión evolutiva de íntima relación.
Considerando el deseo (inconciente), como la aspiración a lograr la identidad de percepción, con la primera experiencia de satisfacción, enseguida puedo asociarlo a las primeras huellas mnémicas, sin duda las más duraderas y profundas de nuestro psiquismo. De hecho estas primerísimas huellas, serán el rasgo individual y único de nuestro carácter.
Pienso entonces en los distintos caminos por los que discurre la vida, impulsada por este deseo, anhelando aquella identidad, siempre fallida y siempre, constitucionalmente perdida.
La búsqueda constante de esa ilusión de placer, mueve al aparato psíquico en un devenir permanente en el que el recuerdo, la búsqueda, la ilusión, decepción y frustración, se suceden periódicamente.
Este circuito, es en mi opinión lo que hace indestructible al deseo.
También las distintas vicisitudes de esa búsqueda, darán lugar a satisfacciones sustitutivas, los diferentes síntomas, mediante los cuales, el deseo intentará un modo particular de satisfacción.
La formación de los síntomas se ve reflejada en este artículo de Freud.
Las diversas inscripciones, sucesivas en el tiempo, asociadas de acuerdo a distintas leyes, y con particulares condiciones de acceso a la conciencia, son en mi opinión equivalentes a la descripción del complejo patógeno al que Freud se refiere en sus primeros artículos. En él, también hay estratificaciones, morfología y lógica conjugadas, en torno a niveles de resistencias, que como los “saltos del caballo de ajedrez”, nos irán acercando al núcleo. Núcleo que no es otro, que aquel donde las primeras inscripciones se produjeron.
Estos correlatos son de máximo interés para la clínica, ya que estos nuevos y viejos caminos para hallar la satisfacción, serán los mismos que se transiten en transferencia durante el tratamiento analítico.
La autora es J.T.P. Departamento de Psicoanálisis Universidad Kennedy
BIBLIOGRAFÍA
Freud, Sigmund (1900a [1899]) La interpretación de los sueños. Obras completas, vol. V. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1901a) Sobre el sueño Obras completas, vol. V. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1914c) "Introducción del narcisismo", Obras completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1915d) "La represión". Obras completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1915e) "Lo inconciente". Obras completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1917d [1915]) “Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños”. Obras completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1920g) “Más allá del principio del placer”. Obras completas, vol. XVIII. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Freud, Sigmund (1950a [1895]) "Proyecto de psicología", y “Carta 52” en Los orígenes del psicoanálisis. Obras completas, vol. I. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976.
Laplanche, Jean y Pontalis, Jean Baptiste (1971) “Diccionario de Psicoanálisis”. Editorial Labor, S.A., Barcelona, 1968.
Rodrigué, Emilio (1996), “Sigmund Freud. El Siglo del Psicoanálisis”. Tomo I Y II. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996.
© elSigma.com - Todos los derechos reservados



















