» Introducción al Psicoanálisis
Las vicisitudes del acompañamiento psicoterapéutico. Parte 219/03/2007- Por Peichi Su - Realizar Consulta
(...) el trabajo del acompañamiento psicoterapéutico se inserta en aquel terreno en donde no hay modo de trazar con anticipación el camino a ser recorrido (...) Se trata de una apuesta, una apuesta que nos encauza hacia la ética del deseo. Tal es así que es el deseo del paciente el que nos guiará y trazará la dirección del acompañamiento
Transferencia
“La transferencia es la repetición de prototipos infantiles en la que los deseos inconscientes se actualizan en el modo de vínculo del sujeto”. Es decir, se produce un cliché que se repite a lo largo de la vida de cada individuo. Y se trata de este mismo cliché que se vuelve hacia el psicoanalista durante la relación terapéutica, el mismo lo podemos trasladar al lugar del acompañante psicoterapéutico, se repite así con el acompañante la escena infantil reprimida. Lo transferido son los objetos internos del paciente, se actualizan tanto los vínculos maternos como los paternos o fraternos. Aquí podríamos hipotetizar que, tal vez, Elsa ha actualizado conmigo un vínculo de carácter fraterno, es decir, un lazo relacionado con alguna de sus hermanas. Ya que se percibía con frecuencia cierta competencia o rivalidad en nuestro vínculo. En cambio, en el caso de Amalia, diríamos más bien que con ella se han actualizado los vínculos maternales. Amalia se ubica durante casi todo el acompañamiento en el lugar de una “niña” que aprende a realizar las tareas cotidianas con el objetivo de poder independizarse hacia el final del acompañamiento (la acompañante funciona aquí como una “madre” que sostiene a la hija para enseñarle a caminar hasta que un día ésta logre erguirse y consiga hacerlo por sí sola).
Tal como nos indica S. Azpillaga, la transferencia es una herramienta valiosa en el vínculo terapéutico, ya que en este vínculo se interpreta y se convierte en instrumento de la cura cuando se instala en el paciente la neurosis de transferencia. En la transferencia, el terapeuta se transforma en el objeto de las mociones pulsionales del paciente y en aquel con el que se actualiza la historia infantil.
La transferencia también puede manifestarse como resistencia. Es decir, cuando se revive con el terapeuta aquella escena infantil que había motivado el trabajo de la represión; en estos casos la transferencia surge como resistencia. La resistencia es la manifestación dinámica de la represión, es la resistencia al cambio. Si llevamos este concepto al terreno del trabajo con la paciente Elsa, vemos que la transferencia con la acompañante se vuelve en resistencia cuando repentinamente decide interrumpir el acompañamiento aduciendo que ya se siente mejor y no tiene tiempo para “atender” a las acompañantes (cuando en realidad todo el trabajo del acompañamiento ha quedado en una situación estancada, en una etapa de inmovilidad). Ante tal panorama, se propuso como tarea abordar esta resistencia e insertarla al trabajo de acompañamiento para elaborarla junto con la paciente. El resultado que obtuvimos fue más que positivo, no solo se logró que la paciente continuara con el acompañamiento, sino que éste tomó un rumbo diferente que dio lugar a nuevos logros y nuevas propuestas.
Siguiendo con lo que nos señala S. Azpillaga, la transferencia tiene un correlato en la persona del terapeuta: la contratransferencia. Se trata de la actualización de imagos en el terapeuta, y constituye asimismo una valiosa herramienta para la comprensión de la conflictiva en juego.
Según David Rosenfeld, en la psicosis, el estudio de la contratransferencia es el equivalente de lo que es el sueño en la neurosis, es la vía regia para la investigación en el tratamiento de las psicosis. Es por eso que sostiene que una gran tarea del analista es poder tolerar las emociones intensas y violentas, para las que no tiene palabras pero que deberán ser decodificadas y traducidas en palabras dentro de un timming adecuado.
En el trabajo de acompañamiento con Elsa, contratransferencialmente vivencié sensaciones de desorganización, desorientación e inestabilidad. En varias etapas del acompañamiento llegué a experimentar malestares imprecisos. Por momentos sentí que yo no era “útil” como acompañante (tal vez esto se debía al lugar en que fui ubicada por Elsa en su vínculo transferencial conmigo). En resumen, las sensaciones que tuve desde el lugar de la contratransferencia eran de: desorientación, confusión, desorden, incomodidad y, a veces, de fastidio.
En cambio, en el acompañamiento con la paciente Amalia, se vivió casi todo lo opuesto. Lo que pude experimentar contratransferencialmente fue la sensación de estar bien orientada y de mucha comodidad. Me sentía muy bien anímicamente. Sentía que tenía una perspectiva clara sobre el trabajo de acompañamiento. Estar con Amalia me producía bienestar psíquico, ya que sentía que yo era un “sostén” importante y significativo para ella.
S. Azpillaga sostiene que es importante que el terapeuta (en este caso, el acompañante), en el análisis, pueda incorporar la contratransferencia al terreno de la palabra para su elaboración. Ya que de no ser así, si se instala como resistencia, el terapeuta actuará en lugar de analizar (o de avanzar en el trabajo de acompañamiento), de modo que en este punto toda la tarea quedará paralizada.
Tolerar la transferencia es el único modo de elaborarla. Haciéndose cargo de los aspectos transferidos, y una vez elaborados, el terapeuta los devolverá al paciente con otros signos “reparados” para reparar los objetos internos dañados.
El acompañamiento y el contexto de los pacientes
El contexto de los pacientes juega un rol fundamental en el trabajo de acompañamiento. Tal es así que, teniendo dos contextos sumamente diferentes en los casos de estas dos pacientes, se pudo observar cómo la tarea con cada una tuvo un rumbo diferente.
En la situación de Elsa, su contexto propiciaba ciertos montos de inquietud e incertidumbre. Se trataba de un contexto que despertaba mucha ansiedad, inseguridad, y desorientación. Convivía con una madre que padecía demencia senil, las dos eran atendidas por una empleada doméstica de muy joven edad (tal vez demasiado joven para poder hacerse cargo de una situación como ésta), a todo esto se sumaba la vuelta a la casa de su hermano con diagnóstico de esquizofrenia. Ante este panorama, Elsa no podía encontrar resguardo o calidez en su contexto familiar. Sin embargo, a partir de la implementación del dispositivo de acompañamiento psicoterapéutico, se empezó a dibujar alrededor de ella un contexto alterno. Elsa comenzó a contar con un contexto distinto del que la rodeaba cotidianamente, comenzó a encontrar un lugar que le ofrecía contención, calidez y estabilidad. Tal es así que el trabajo de acompañamiento se orientó hacia la articulación de ambos contextos con la finalidad de lograr, dentro de lo posible, un nuevo ámbito integrador. Para tal fin se le decía a Elsa que escribiese en un cuaderno todo aquello que quería preguntar, comentar o hablar con la acompañante durante el transcurso de la semana; ya que nuestro objetivo principal era que Elsa aprendiese a “esperar” durante los días que mediaban entre un encuentro y otro. Este tipo de estrategia lograba que Elsa insertara en su “contexto cotidiano-familiar” elementos de contención y sostén del “contexto de acompañamiento”, de este modo, se iba eliminando esa barrera que dividía tajantemente los dos ámbitos que rodeaban a Elsa. En este aspecto, el trabajo nuestro logró obtener su éxito, ya que la paciente comenzó a poder “esperar” y no desesperarse en actuar con llamadas telefónicas al juzgado durante los días que trascurrían entre un encuentro y otro con la acompañante.
A diferencia de Elsa, el caso de la paciente Amalia tuvo otra característica. El contexto de Amalia era bastante tranquilo y contenedor (esta descripción no incluye los comentarios que hacía Amalia sobre el contexto amenazante y hostil en el que se encontraba, su descripción tuvo que ser puesta aparte ya que varios puntos de la misma formaban parte de sus ideas delirantes). Lo que se pudo observar desde el lugar del acompañamiento era que Amalia contaba con la constante contención económica y afectiva de su hermano. Asimismo, dentro del geriátrico, Amalia tenía una amiga con quien podía charlar, intercambiar opiniones y ayudarse mutuamente. En más de una ocasión se la pudo ver conversando entretenidamente con el “grupo de amigos” del geriátrico. Este contexto que rodea a Amalia favoreció de sobremanera la direccionalidad del trabajo de acompañamiento, ya que todo posibilitó que el trabajo se centrara en las tareas de resocialización de Amalia. El acompañamiento logró grandes cambios en la situación de esta paciente, uno de ellos es su admisión en el taller del Hospital de Tarde, a partir de allí los trabajos de los acompañantes tendieron a reforzar el manejo independiente de Amalia en las actividades cotidianas (viajar en colectivo, hacer compras en los distintos negocios, asistir por sí sola al Hospital de Tarde, manejar billetes y monedas, almorzar en un restaurante, etc.).
Como se podrá observar, el contexto pasa a ser una de las columnas fundamentales del dispositivo de acompañamiento psicoterapéutico; ya que el trazado de las estrategias a seguir depende de cómo esté desplegado éste.
Balance de la situación
En términos generales, el trabajo de acompañamiento con Elsa tuvo sus pequeños logros a pesar de la sensación de estancamiento que se sentía en lo transferencial y contratransferencial. Los “pequeños” logros fueron considerados de mucho valor desde la observación de la terapeuta ocupacional y de la curadora. Ya que a pesar de sentir que Elsa no había progresado demasiado en la resocialización, la insistencia de los llamados telefónicos al juzgado de Elsa cesó definitivamente. En la mayoría del tiempo del acompañamiento Elsa se mostraba bastante renuente a aceptar las tareas propuestas por sus acompañantes, ya que, al parecer, quedarse estancada en su situación patológica le resultaba bastante cómoda y beneficiosa (beneficio secundario del síntoma).
En el extremo opuesto, el trabajo con Amalia logró varios éxitos y progresos muy importantes. A través del acompañamiento psicoterapéutico, Amalia logró avanzar, de a poco, hacia la reinserción social. Tal es así que se la vio de muy buen ánimo y muy colaboradora durante casi todo el período del acompañamiento. Amalia sabía y comprendía claramente la función del acompañamiento psicoterapéutico, de modo que aceptaba de muy buena gana este trabajo en conjunto. Al parecer, Amalia tenía trazada claramente su meta: volver a su casa, de modo que comprendía que para poder llegar a esa meta necesitaba transitar previamente por el puente que le ofrecía el acompañamiento. Cuando finalizó mi trabajo, Amalia ya había logrado pequeñas metas tales como: tomar el colectivo por sí sola, comprar cosas y manejar adecuadamente el dinero, entrar a un bar y ordenar las cosas para tomar y comer, etc. Actualmente Amalia va al taller del Hospital de Tarde todos los días.
Conclusión
Como podemos observar, el trabajo del acompañamiento psicoterapéutico se inserta en aquel terreno en donde no hay modo de trazar con anticipación el camino a ser recorrido, ya que cada paciente es un caso singular, y ante la singularidad no hay modo de trazar el rumbo anticipadamente. Se trata aquí de poder poner en juego todo el conocimiento y el bagaje teórico que lleva dentro de sí cada acompañante. Se trata de una apuesta, una apuesta que nos encauza hacia la ética del deseo. Tal es así que es el deseo del paciente el que nos guiará y trazará la dirección del acompañamiento, y ante el deseo no hay esquemas a priori. Con cada paciente debemos volver a apostar todo desde el inicio, y de esto se trata, esto es lo que sostiene la esperanza de reabrir el juego del azar frente a la singularidad de cada caso sin tener que caer en la red inmóvil de lo necesario.
Para concluir, en palabras de G. Altomano y S. Azpillaga:
“La tarea del acompañante psicoterapéutico está permanentemente amenazada porque lo que propicia el paciente grave es el retorno a la fusión de la que no puede salir en cada vínculo que establece, y lo propicia porque detrás de eso está la nada. De ahí surge el delicado equilibrio entre fundirse con el paciente (como la madre con el bebé) y el poder ir saliendo lentamente sin ser «devorado» por la angustia que el vínculo pueda generar, ofreciendo de este modo otra alternativa frente a la separación”.
Mayo de 2005
BIBLIOGRAFÍA:
Allegro, L. A.: “Etica y psicopatología” (www.sem.intramed.net.ar/revista/0017.htm)
Altomano G., Azpillaga S.: Acompañar la psicosis
Altomano G., Azpillaga S.: “Acompañamiento y psicosis. Nuestra concepción de su clínica”, ficha de A-compañar.
Altomano G., Azpillaga S.: “Etica en la clínica del acompañamiento psicoterapéutico”, ficha de A-compañar.
Altomano G., Azpillaga S.: “Acompañamiento psicoterapéutico: un abordaje socializador”, ficha de A-compañar.
Azpillaga S.: “Transferencia”, ficha de A-compañar.
DSM IV: Manual estadístico y diagnóstico de los trastornos mentales (versión CD)
Rabinovich D.: El deseo del psicoanalista, Editorial Manantial, Buenos Aires, 2002.
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