» Introducción al Psicoanálisis

Presentación del síntoma de la época contemporánea

30/07/2007- Por Gabriela López y María Correa - Realizar Consulta

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¿En nombre de qué puede prohibirse a alguien que goce? Los síntomas actuales testimonian la decadencia de la significación fálica ligada a la posición paterna. ¿Cuál sería la solución que propone el psicoanálisis? ¿la de restaurar al padre o la de la solución por la vía del amor maternal? La solución que proponía Lacan era la de poder prescindir del padre como garante del sentido, del sentido sexual, del sentido fálico, a condición de encontrar algo que pueda tener el mismo uso, es decir, lo que propone el psicoanálisis no es la adaptación del sujeto al mundo, sino de un sujeto que, ante lo insoportable, pueda decir no.


La caída de Nombre del Padre, trae como consecuencia la decadencia de la función del ideal y una promoción de la función del plus de gozar. Es decir, el nuevo modo de gozar de nuestra civilización contemporánea no se va a situar por el ideal, sino por el plus de gozar.
En esta decadencia del ideal entra la desconfianza contemporánea, el malestar con el significante amo; el ocaso de la figura de la autoridad. Hablamos entonces de la existencia de una neurosis contemporánea, en donde su rasgo fundamental es que el Otro  no existe y esto condena al sujeto a gozar con los objetos del mercado.
Podemos pensar a partir de ésto en las diferentes concepciones que se establecen con respecto al Superyó.
  1 La  perspectiva  freudiana introduce lo prohibido, el deber, es decir hace existir al Otro, son los semblante del Otro.
  2 Lacan en su segunda axiomática – a partir del Seminario 20-  habla de un Superyó que produce un imperativo de Goce, y que es el que rige esta época contemporánea; esto se acompaña con el rechazo a la castración y la devaluación del amor que se traducen en nuevas formas de síntoma, que denuncian por otra parte la caída del semblante del Nombre del Padre.
En este sentido, toda sociedad se sostiene por el semblante mientras que en la época del amo antiguo, el amo comandaba y se ocupaba del esclavo garantizando un lugar y el reconocimiento, porque el saber estaba del lado del esclavo.
En la sociedad actual, el amo no comanda. El asalariado se angustia por la paradoja con que  la sociedad  le oferta  objetos ilimitados que no puede alcanzar y, por otra parte, lo excluye generando nuevos síntomas. Aparece en la cultura el culto a lo nuevo, los objetos se renuevan día a día y se vuelven viejos y obsoletos cada vez más rápido.

En “Síntoma y Cometa”  J. Alain Miller va a decir que este deseo por lo nuevo se articula al Superyó, y que se convierte en la nueva forma sintomática del malestar porque el sujeto en estos tiempos modernos, también se vuelve descartable y obsoleto, como podría ser la valoración de la eterna juventud.
Entonces ¿que lugar le queda al analista? Frente a estos nuevos síntomas, a sujetos que vienen con el lazo muy descompuesto, el analista deberá ubicarse haciendo semblante de a, que no implica dejar de intervenir, sino que se trata de encontrar otras modalidades de intervención tomando en cuenta  el amor de transferencia, en “Psicoanálisis Puro y aplicado ...”  Miller, afirma que la creencia en la transferencia es el amor.
De modo que el analista no va a ofrecer el amor como tapón, pero sí va a ofertar su deseo de analista  que, como dijo Lacan, no es un deseo puro, pero sí un deseo  más fuerte que el de ser amo, es decir  se trata de un deseo decantado de las identificaciones. El analista va a operar desde su falta  trabajada en su propio análisis, intentando alojar al sujeto que viene con su sufrimiento. Nos servimos del amor, pero no curamos el goce del que sufre por amor, vamos más allá, ¿Por qué si no diferencia a un analista  de un terapeuta o un sacerdote?
J. A. Miller comenta  que en la cultura contemporánea se llevan al analista trastornos que no llegaban en otras épocas, es decir que se confía en el analista, en las terapias de la palabra, para hacer hablar a esos trastornos, por ejemplo: las toxicomanías, la drogadicción, la anorexia, la obesidad, que no son precisamente síntomas analíticos, son  modos de encontrar un goce mortífero.
Por otra parte, en el artículo “La Histeria Hoy” Javier Aramburu, se preguntaba  respecto a dónde asentar la autoridad analítica y cuál sería el destino para el deseo del analista en esta época en que ya no es posible sostenerse en el semblante paterno, ya que el padre ha dejado de ser portador de valores  y saberes. ¿Cómo pensamos al inconsciente? Como efecto de la represión  de los deseos no compatibles con el Ideal,  por amor o temor al padre, o bien como efecto de la castración, de lo imposible del lenguaje mismo.
El desencadenamiento del discurso capitalista produjo el estallido de los lazos sociales, y un sujeto sin subjetividad. Las pulsiones  se satisfacen en el Yo que se convierte en objeto valioso, pero el Yo es quien también queda a cargo de tener que dominarlas.
En Psicología de las Masas, se puede situar el momento de pánico angustioso y de sin sentido, luego de la caía del Ideal, y su consecuencia,  la pérdida de miramiento hacia el otro, y la búsqueda de la satisfacción directa. Pero también, ante la falta de lazo social, nuestra época brinda modos de suplencia posibles para restituir el lazo, y menciona a las sectas, las bandas de delincuentes, las terapias alternativas. El encuentro con un analista también podría convertirse en un modo de suplir la falta de lazo.
J.A. Miller en sus Conferencias sobre las Lógicas de la Vida Amorosa plantea que a partir de Freud se puede decir que el amor es siempre narcisista, que me quiero en el otro, y que la misma libido es la que circula del yo al objeto, y viceversa. , pero que también fue Freud quien introdujo al gran Otro en el amor, bajo la forma del Ideal del Yo, como el lugar en el que se inscribe un significante amo que apacigua la inestable y agresiva relación imaginaria. Reconoce el poder ordenador y apaciguador del Ideal en el enamoramiento extendido a muchos, y reiterado para cada uno. Entonces, el amor no es solo narcisista, está siempre condicionado por la dependencia al Otro. La situación de desamparo y de dependencia, conlleva la angustia por la perdida de amor, el sujeto depende de eso, mientras que la pulsión siempre logra satisfacerse, el deseo  es fundamentalmente insatisfecho. 
El malestar en la cultura es el testimonio del fracaso de la identificación significante, y del amor fundado en la identificación simbólica, que no alcanza para resolver el problema del goce, del plus de gozar. El vínculo social exige la renuncia pulsional, en nombre del amor, o del interés por la humanidad.
¿Pero esta época exige la renuncia pulsional o propone, sugiere,  gozar ilimitadamente en el ejercicio de la plena libertad que promete? Como hay siempre una disyunción entre deseo y pulsión., se renueva la pregunta por el deseo, y por el lugar del analista en la actualidad.
Eric Laurent en “Los Nuevos Síntomas y los Otros”, se formula la siguiente pregunta: ¿En nombre de qué puede prohibirse a alguien que goce? Los síntomas actuales testimonian la decadencia de la significación fálica ligada a la posición paterna. ¿Cuál sería la solución que propone el psicoanálisis? ¿La de restaurar al padre, o la de la solución por la vía del amor maternal? La solución que proponía Lacan era la de poder prescindir del padre como garante del sentido, del sentido sexual, del sentido fálico, a condición de encontrar algo que pueda tener el mismo uso, es decir, lo que propone el psicoanálisis no es la adaptación de un sujeto al mundo, sino de un sujeto que ante lo insoportable pueda decir que no.


Bibliografía Citada:
J. A. Miller: “Psicoterapia y Psicoanálisis. Revista
Registros.
J.A. Miller:  “El síntoma y el cometa”. En Tres conferencias Brasileñas.
J: A. Miller: “Psicoanálisis Puro, Psicoanálisis Aplicado y Psicoterapia”. Revista Freudiana Nº 32.
J. A . Miller: “ Buenos Días Sabiduría”. Revista Colofón Nº 14
J. A. Miller: El Otro que no existe y los comités de ética. Paidós.

 


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