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Rasgos perversos en las neurosis: un lugar posible para las adicciones

25/10/2025- Por Roberto González - Realizar Consulta

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El sujeto neurótico puede utilizar la renegación como mecanismo de defensa y sobre todo cuando tiene rasgos perversos, pero no es su mecanismo estructural. Los rasgos perversos se caracterizan por tener una particular estabilidad en el tiempo a lo largo de la subjetividad de muchos neuróticos. A diferencia del síntoma no generan angustia conciente ni pregunta que los lleve a consultar… En la clínica observamos que algunos adictos son neuróticos, existe en ellos un goce que no está regulado por la ley del padre, pues sabemos que esta ley no opera en forma perfecta, quedan hebras conectadas con la ilusión de completud del Gran Otro, lugar donde se aloja ese goce extraño y que reside en lo que llamo rasgo de perversión en los neuróticos.

 

                                                       Adicción                            DepositPhotos (free)*

 

 

  Los rasgos perversos se caracterizan por tener una particular estabilidad en el tiempo a lo largo de la subjetividad de muchos neuróticos.

A diferencia del síntoma no generan angustia conciente ni pregunta que los lleve a consultar, aunque muchas veces se mantienen ocultos porque suelen ser antagónicos con la moral y las buenas costumbres. Su fijeza y repetición responde al aporte de la pulsión.

 

 Se trata de una construcción que se genera después de que operó la castración, en el tercer tiempo del Edipo y que están en estrecha relación con el fantasma.

 

  Estos rasgos perversos conllevan lo que Lacan llamó un goce autoerótico, que se relaciona con el “Más allá del principio de placer” de Freud.  Es decir que hay un límite para el placer que cuando se transgrede, aparece el dolor, ese placer sufriente o de dolor, atañe al goce.

Deseo y goce están articulados a través de la castración, no son entidades disociadas y separables, siempre que hay algo del deseo el goce está presente y viceversa. Aquí no hay elección de goce, es ajeno y extraño para el sujeto.

 

  Braunstein sostiene que:

 

“el goce del neurótico es irrealizable, está condenado al armario, puede actuarse de tanto en tanto, no siempre, no en todos los casos” (Braunstein N 2006 p. 244).

Agrega que en ocasiones aparece como un intento de desafío a los sentimientos de culpa, pudor y asco que rodea el acto que fantasea y que en ocasiones realiza.

 

  Tomo el grafo del deseo, con la pregunta que se hace el neurótico en relación al deseo del Gran Otro: “Che voi? Qué me quieres?

Entre las respuestas se encuentra el fantasma cuyo matema es: sujeto barrado losange objeto a. Funciona como una pantalla protectora para evitar lo real imposible y a través de la cual miramos y construimos nuestra realidad subjetiva fantasmática y particular.

 

  Silvia Amigo (1919) considera que:

 

“Para armar el fantasma, (…) se necesitan la estructura del Otro y las contingencias del sujeto con el Otro”. (Amigo. S. pág. 25)

 

  La madre aporta el campo del lenguaje, con su presencia-ausencia, favoreciendo la intrincación de las distintas pulsiones parciales: mientras le da de mamar (pulsión oral) lo mira (pulsión escópica), le habla (pulsión invocante), el bebé la sigue con su mirada, ella lo sostiene en brazos produciendo un tono muscular alrededor de su orificio anal (pulsión anal). Estas pulsiones intrincadas favorecen la pulsión de vida Eros, en cambio cuando una pulsión se independiza de las otras se acerca a la pulsión de muerte.

 

  Como sabemos el fantasma es un efecto de la Metáfora Paterna: (el nombre del padre sustituye reprime al Deseo de la Madre) se inscribe así la castración.

 Esta sustitución significante nunca es sin fallas, a partir de esto se puede inferir que lo que escapó a la operatoria del nombre del padre, ese resto es lo que contribuye a generar el rasgo de perversión que se aloja en el fantasma.

 

  Estos rasgos no están del lado del deseo, sólo hay un poco de él en estos rasgos, pues escamotean la castración por lo que están impregnados de goce, de ese más allá del principio del placer, que contiene algo de placer, pero predomina la pulsión.

Cabe aclarar que no se trata de un funcionamiento voluntario, aunque el sujeto es conciente de su consumo, no puede dar cuenta de los móviles inconscientes que lo promueven.

 

  Poner algo de luz sobre esta presentación persistente es muy importante en la clínica psicoanalítica, pues permite hacer un diagnóstico estructural y diferencial, para no confundir un neurótico con rasgos perversos con un sujeto de estructura perversa.

 

  Todo sujeto pasa por los tres tiempos lógicos del Edipo y en el primer tiempo del Edipo, (tiempo de libidinizar el cuerpo del niño) como se sabe el hijo es el falo de la madre.

 

  Considero que estos rasgos son solidarios del fantasma fundamental del neurótico y se desprenden de dicho fantasma, no obstante, no todo neurótico tiene rasgos perversos. 

Los rasgos perversos se cristalizan en el yo moi en una de sus identificaciones, con un objeto de goce que se da en el fantasma, no hay lugar a la pregunta, se tapa la falta en ser, solo dice, por ejemplo “soy fuman-gin” (fumón y mangín) con este neologismo solo aparece un “saber hacer” con la marihuana y el alcohol.

 

  Aquí el neurótico no elige, solo repite, aunque se crea amo en esta área de su subjetividad es tan esclavo como el perverso. La diferencia es que en el neurótico eventualmente algo de culpa se filtra, es una culpa inconsciente que no abre espacio a la incógnita, sino que es tomada como un destino impuesto marcado, por supuesto con las marcas de los significantes que se jugaron en esa escena mítica y oscura con el Otro, el sujeto suele decir: “es lo que me tocó” o “soy esto”.

 

  Estos rasgos constituyen un desafío para la cura psicoanalítica, ya que esta se funda en el sujeto supuesto al saber que es el móvil de la transferencia y estos rasgos suponen un intento de saber hacer con algo del goce.

Ahora bien, cuando en el transcurso del análisis, el sujeto con este rasgo perverso, se siente amenazado o cuestionado ahí donde goza con el consumo, pueden aparecer resistencias y abandonar el tratamiento.

 

  Si se habilita el espacio, a algo de esto el sujeto podrá echar luz, esta apuesta sólo podrá darse si el sujeto “pica” ese anzuelo que intenta develar, a través de la transferencia, lo que enmascara ese consumo.

Esto implica un costo que no todos están dispuestos a pagar, pues no deja de ser un salto al vacío impregnado de incertidumbre, temores y angustia, frente a los cuales los rasgos de perversión hacen de escudo.

 

  La apuesta siempre incierta es que aparezca en el sujeto algo que atañe a su responsabilidad subjetiva, ya que, al no existir cuestionamiento, suele aparecer un tapón de cobardía y de negación que dificulta que se manifieste algo del propio deseo, produciendo en el sujeto en ocasiones un estado estanco de apatía y resignación.

 

 Lacan habló de los tres tiempos lógicos del Edipo. En el primer tiempo el niño es el falo de la madre. Ella detenta una ley omnipotente, omnipresente y omnisapiente: la madre lo puede todo, va a estar siempre y posee un saber absoluto. Esta es la ley del “todo es posible”.

 

  En éste primer tiempo se estructura la perversión cuyo mecanismo estructural es la renegación de la castración, en el segundo tiempo se estructura la psicosis por la forclusión del NP y en el tercer tiempo se internaliza la ley de la prohibición del incesto gracias a la represión secundaria.

Entonces los rasgos perversos son posibles de encontrar en muchas neurosis debido a que todo neurótico pasó por el primer tiempo del Edipo, dejando en él esas huellas de completud imaginaria que pueden desmentir algún aspecto de la castración.

 

  Parto de una mirada donde el psicoanálisis diagnostica la estructura a partir de la posición que adopta el sujeto frente a la castración del Gran Otro.

Un neurótico sale de la metáfora paterna con la inscripción de la castración, su mecanismo estructural es la represión secundaria y el falo queda negativizadoi (-fi), en cambio el perverso sale con el falo positivizado (+fi), con la ley del todo es posible y con un saber hacer acerca del goce, pero es un saber hacer fijo, repetitivo, no elegido, que se torna empobrecedor y aburrido.

 

  Es importante marcar que el neurótico puede utilizar la renegación como mecanismo de defensa y sobre todo cuando tiene rasgos perversos, pero no es su mecanismo estructural.

 

  Además, en ocasiones el neurótico puede cometer actos perversos y ser más cruel que el perverso, pudiendo violar, estafar o hasta asesinar, cuando hace un pasaje al acto o cuando está bajo la égida del rasgo perverso.

Recordemos que el neurótico conserva algo del niño polimorfo perverso que fue, de la bisexualidad de la que habló Freud, basada en la omnipotencia y que se refugia en su fantasma, detentando los rasgos de perversión.

 

  Freud en la carta 79 (1912/1986) sostiene:

 

“Se me ha abierto la intelección de que la masturbación es el único gran hábito que cabe designar ‘adicción primordial’, y las otras adicciones solo cobran vida como sustitutos y relevos de aquella (alcoholismo, morfinismo, tabaquismo: etc.)” (Tomo I. p.314).

 

  Partiendo de esto Lacan propone que en la adicción hay una ruptura con el goce fálico, con “la cosita de hacer pipí”, (caso Juanito) propiciando un intento de romper con el lazo social.

 

“‘Adicto’ proviene del término adictus. El mismo término hacía referencia a una condición de esclavitud que podía adquirirse a partir de haber contraído una deuda. Al no poder responder a ésta sólo podía saldarse con el trabajo del propio cuerpo; es decir adictus era un esclavo como condición no heredada” (Conocente M, González R. 2007 p. 41)

 

  Se podría pensar que existen distintos grados de “esclavitud”, que dependerán del caso por caso.

 

  Braunstein sostiene que el sujeto alcohólico y el droga-a-dicto con su consumo, impugnan una deuda simbólica que consideran eterna, imposible de pagar, cuyo acreedor es el Padre en tanto gran Otro omnipotente.

 

  En la clínica observamos que algunos adictos son neuróticos, existe en ellos un goce que no está regulado por la ley del padre, pues sabemos que esta ley no opera en forma perfecta, quedan hebras conectadas con la ilusión de completud del Gran Otro, lugar donde se aloja ese goce extraño y que reside en lo que llamo rasgo de perversión en los neuróticos.

 

  Aquí se muestran refractarios en la búsqueda de saber sobre lo que les pasa, ya que cuentan con el consumo que aporta este goce un tanto oscuro, clandestino y escindido del sujeto deseante.

 

  En algunos casos cuando el neurótico se encuentra atormentado, culpable por cierto goce que lo apabulla con su insistencia en el consumo, se puede facilitar un terreno donde pueda emerger algo del orden de la pregunta, que lo lleva a buscar otro saber que no encuentra en el consuelo de la droga, ahí yace la posibilidad que bajo transferencia ese consumo devenga síntoma.

 

  Síntoma que, en tanto formación de compromiso, lo comprometa con cierta responsabilidad sobre ese costado de su subjetividad donde el superyó lo impele a gozar consumiendo.

 

  La adición es una problemática multicausal, que debe ser abordada desde distintas disciplinas, a veces se manifiesta en forma intermitente, disminuye y hasta desaparece por un tiempo y luego retorna frente a determinadas situaciones que ponen en jaque al neurótico: inconsistencia para responder a lo que se espera de él.

 

  En el encuentro –desencuentro del caso por caso de cada sesión, a través de la escucha, de lo dicho y de lo no dicho–, intentamos sin garantía alguna, ofrecer el espacio para que el sujeto se interpele acerca de las certezas o justificaciones que sostiene en relación a su consumo.

 

  En “El malestar en la cultura” (1930) Freud habla de los quitapenas, si bien éstos existieron desde hace siglos, es importante tener una mirada actual sociocultural, ya que en nuestra época predomina un capitalismo feroz que nos impele a gozar, imperio de Tánatos, donde todos quedamos expuestos a ser un objeto de consumo, perentorio, transitorio y descartable.

 

 

Bibliografía

 

Amigo, S. (2019). Clínica de los fracasos del fantasma. Bs As, Cascada Letras.

Braustein, N. (2006). El goce. Un concepto lacaniano. Bs As. Siglo XXI.

Conocente, M. González, R. (2007) Adicciones. Desde el fantasma del flagelo a la dimensión de la pregunta. Perspectivas y abordajes en instituciones públicas argentinas (pp. 41-42). Bs As. Letra Viva.

Freud, S. (1986). Obras Completas. Bs As. Amorrortu Editores.

---------   (1905). “Tres ensayos sobre la teoría sexual”. Vol. VII.

---------   (1929-1930). “El malestar en la cultura”. Vol. XXI.

Lacan, J.  (1953/2009). Función y Campo de la Palabra y del Lenguaje en

---------  (1966-1967/2023). Seminario 14.  La Lógica del Fantasma. Bs As. Paidós.

 Psicoanálisis. Escritos 1 (tercera edición). México. Siglo XXI Editores.

 


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