» Introducción al Psicoanálisis
Repetición de lo nuevo29/05/2003- Por Javier Aramburu -
Edipo: Repetición y
función del padre.
Repetición
de lo nuevo parece una frase imposible, sin embargo, nos viene bien para el día
de hoy. La repetición de lo nuevo, creo que hay que entenderla como aquello que
nombra lo real y lo nuevo. Es decir, si tomamos la repetición como la presencia
de lo real en lo nuevo, lo nuevo sería la respuesta del sujeto a esa
imposibilidad de lo real. Lo nuevo, en efecto, se puede leer entonces como las
maneras de fallar del sujeto. Lo nuevo no es mejor que lo viejo pero lo viejo
tampoco es mejor que lo nuevo.
Esto
no quiere decir que todo sea lo mismo. Es en este margen que me parece que el
Psicoanálisis se tiene que mover. Respecto de lo nuevo, podemos pensar algo en
relación al padre. Hubo épocas en que la creencia en el padre tenía una gran
contundencia, mucho mayor que la actual, coincidía con la creencia contundente
también en Dios. Ellos, Dios y el padre, no eran semblantes.
En
ese entonces, sin embargo, no había mayores perturbaciones psíquicas que en la
actualidad pero tampoco creo que en la actualidad haya mayores perturbaciones
psíquicas que en la antigüedad -aún cuando la caída de la creencia contundente
en Dios y en el padre tampoco deje de tener efectos en la actualidad-. La
creencia en Dios y en el padre no está fundada más en esencia, pero a pesar de
lo que creen los fundamentalistas cristianos eso no produce mayores desajustes
en la sociedad moderna.
La
sociedad post-moderna, pragmática, dice saber que el padre no es el uno
sagrado, el padre universal. El padre no es más esencial. Estamos pensando en
la actualidad en un universal pragmático, en un uno que tiene valor en tanto se
lo usa. Hay empleos del uno, usos del significante, funciones.
Un
universal, por lo tanto, que no dice que es en esencia un padre sino que nos
dice que cualquiera puede ser un padre, ocupar ese lugar, sin estar garantizado
por el Otro.
Que
ese lugar vacío engendre la tentación en algunos de tomarse por el padre -que no hay- no me parece mayor hoy que
en las épocas antiguas, en las que intentaban hablar en nombre del padre
eterno.
Esta
semana, leí en el diario que el pueblo de Kansas, a través de sus
representantes democráticos, decidió que en todas las escuelas primarias y
secundarias de ese estado, se sacara de los libros la referencia a la teoría darwiniana. Se la borra de los libros ya que es una teoría
contraria a las teorías bíblicas. Por lo tanto, el pueblo de Kansas, desde su
posición democrática, decide que esto no debe ser enseñado a los alumnos. No
creo que esto vaya a producir más locos que los que producía cuando se enseñaba
esto.
Considerar
que el padre actual no es el que habla en nombre del padre eterno no crea
mayores problemas psíquicos.
El
padre humillado, destituido, muchas veces mero ejecutor del deseo de la madre,
no deja, sin embargo, de producir efectos neurotizantes.
Lo que se espera de un padre, hoy, es simplemente que haga el semblante desde
una ley que no se cierre en él mismo sino que se dirija a una mujer.
Un
padre de la era metafísica era una cosa y un padre en la era post-metafísica es
otro, pero en ninguno de los dos casos para funcionar debe creerse Un padre.
El
padre sustancial se autorizaba en el nombre del padre, del padre Dios, que
tenía existencia también esencial. Pero el vacío dejado por Dios es actualmente
ocupado por la ley universal, el Derecho. La ley, ahora más que nunca, pretende
reglar lo que ya no tiene esencia. Es por eso que el legislador legisla todo.
Hay derechos del niño, derechos del anciano, derechos de la mujer, derechos del
padre, derechos de la procreación asistida, etc. Todo está reglado por el
Derecho porque la ley efectivamente tiene que suplir esa falta del Otro divino,
del Otro que sabía esencialmente cómo debían ser las cosas.
La
gran tentación de los analistas quizás sea el creerse legisladores. Creer que
ellos si saben como deben ser las cosas. Pero como sabemos, hoy, la ley es un
juego de lenguaje. Los verdaderos legisladores, en realidad, son los creadores
de opinión, de estilos de vida, de modos de parentesco, de goce.
Esa
tendencia a lo universal hoy es sostenida en el Derecho. Ese es el que ocupa el
lugar de Dios pero en tanto el Derecho no es tampoco natural. Es decir, no es
un Derecho dictado por Dios sino un derecho positivo, pragmático, formas de
empleo, juegos de lenguaje, hegemonías políticas. Es, por lo tanto,
necesariamente incompleto, es decir, sin cierre en él mismo.
En el
último “Más uno”, hay un trabajo de Eric Laurent cuyo
título es “El diálogo Lacan-Kojève”
sobre la burocracia y el imperio. En el, Eric Laurent
plantea que Lacan, a diferencia de Kojève, pensaba que, efectivamente, había una tendencia
moderna a la unificación en lo que llamaba "los imperios", en sentido
de parentescos, estilos de vida. El hablaba de un imperio europeo, uno
anglosajón, uno latino y, posteriormente, uno japonés.
En
dos párrafos, Eric Laurent, sintetiza bien cuál es la
posición de los analistas: “Lacan admite la
perspectiva de los imperios, pero lejos de considerar que estas naciones unidas
de este modo, definan emparentamientos, considera que
van a aparecer condiciones de imposibilidad. Es la imposibilidad de una paridad
de una puesta en orden común del goce. Es restablecer de este modo, la verdad libidinal que enuncia el psicoanálisis. En el impasse
sexual continuará generando fantasmas, que tendrán una posibilidad de ser
inéditos, no producirán la armonía, la yuxtaposición de modos de goce, no se
reducirán a uno, Dios no será suficiente. Es decir que aún en la globalización,
aun la unificación que pretende la ciencia de emparentar, de hacer paridad,
igualdad con todos los goces, la imposibilidad se va a mostrar, no hay manera
de borrar esa presencia de lo imposible, y es en eso en donde los analistas, es
en esta imposibilidad inevitable, donde apostamos al deseo inconsciente."
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