» Introducción al Psicoanálisis
Síntoma - Carácter - Sublimación10/04/2005- Por Enrique Acuña - Realizar Consulta

El primer abordaje de estos tres puntos es la articulación en la experiencia analítica. No se trata de conceptos fundamentales del psicoanálisis, sino de términos operativos. Tres modos de abordar la clínica analítica para acceder a lo que hay en ella de transformaciones reales.
Las vías de acceso a lo real son, su vía regia, el síntoma, también otras formaciones del inconsciente. Pero el analista debería diferenciar momentos donde predomina el síntoma como pregunta que insiste y dura en el tiempo, del carácter como modo de ser en el mundo. O bien puede encontrarse con la sublimación como el arte que se anticipa y gana de mano al inconsciente...
El primer abordaje de estos tres puntos es
la articulación en la experiencia analítica. No se trata de conceptos
fundamentales del psicoanálisis, sino de términos operativos. Tres modos de
abordar la clínica analítica para acceder a lo que hay en ella de
transformaciones reales.
Las vías de acceso a lo real son, su vía
regia, el síntoma, también otras formaciones del inconsciente. Pero el analista
debería diferenciar momentos donde predomina el síntoma como pregunta que
insiste y dura en el tiempo, del carácter como modo de ser en el mundo. O bien
puede encontrarse con la sublimación como el arte que se anticipa y gana de
mano al inconsciente.
La brújula que dura: el síntoma
Desde sus Conferencias de Introducción al
psicoanálisis ya Freud
insistía con la solidaridad entre el síntoma y lo inconsciente. El conflicto y
el carácter de problema que lleva en si su solución, el relato necesario para
articular una pregunta por el ser y su existencia. Esta pregunta introduce la
dimensión de lo simbólico. Por otro lado lo inconsciente es una hipótesis necesaria y legítima que permite poner en juego un lugar
doble: 1-la causa -etiología
sexual traumática- como
antecedente lógico del conflicto, y 2- un traspaso temporal de lo actual con el
pasado en dos tiempos que se escenifican en ocasión del estallido de la
neurosis. El inconsciente existe por sus efectos bajo las condiciones del
dispositivo que activa un tiempo de transferencia y un espacio topológico de recurso
al sentido reprimido. Plantea, entonces, una solidaridad de la técnica de
desciframiento del síntoma con el inconsciente como cifra del sentido.
La intención de suponer una cifra en el
síntoma -eso quiere decir algo- permite transformar al inconsciente en una
máquina de sentido. Pero la fuerza surge de su raíz pulsional, de factor
cuantitativo y a-semántico, donde no hay relato sino silencio. El inconsciente parlanchín se agota en un límite de lo que se puede
decir, imposible, que Lacan ubica como lo no-representado, lo que queda fuera
de lo simbólico. Es un real que excluye el sentido.
El motor real del síntoma es ese elemento
pulsional que habita el centro de lo que se intenta decir. Es central porque
ese elemento de sin-sentido funciona como "el referente aún latente"
que hace al objeto a.
Entonces, el inconsciente, vía el sujeto
supuesto saber permite acceder a lo real. En lo real del inconsciente se opera
con la transformación pulsional a partir del sentido hasta caer fuera de el.
Freud opera con algo mínimo en la
traducción forzada desde un acto sintomático a un síntoma relatado. A propósito de los mecanismos de formación de síntoma, comenta el caso de una mujer,
cuyo acto compulsivo introduce la dimensión del síntoma, hecho construido en
dos tiempos. El punto común de este sujeto, cuyo acto compulsivo es ir a ver
una mancha en un mantel y buscar la mirada de su mucama, implica para Freud la
sustitución en el acto, de una anterioridad lógica y de un elemento sexual. La
mujer recuerda que hubo una luna de miel con su marido impotente y este había
pasado la noche yendo de la alcoba al living, manchando luego con tinta roja la
sábana, para mantener su semblante de virilidad.
Freud introduce una interpretación del
acto, que hasta ahí era silencioso, diciendo que la mancha del mantel sustituye
a la mancha de la sabana de la cama. El síntoma construido en dos tiempos,
entonces, implica retroacción del sentido, que es en Freud sexual. Y la
satisfacción paradójica de que ese placer inicial se trastoca en sufrimiento.
Es la paradoja del goce.
Subrayemos que el síntoma es una doble
sustitución sentido-satisfacción, es decir implica desplazamiento de lo
pulsional sobre la representación a partir de un desciframiento que se vuelve
limitado. En este punto es donde Freud introduce el problema de la
incurabilidad y el carácter negativo del síntoma como reacción terapéutica negativa que mantiene en el tiempo como duración y
persistencia, que hace del ser sufriente un satisfecho, paradójicamente.
De ahí que, segundo punto, tengamos que
introducir el tema del carácter diferente a lo incurable que se aísla en el fin
del análisis, "la roca viva de la castración".
Carácter: derecho a gozar del "yo
soy"
Freud planteó en un artículo que se llama Algunos tipos de carácter descubiertos en
la labor analítica de 1916, tres
tipos de carácter, es decir, fragmentos de esta tipología, en el estilo de vida
de un modo de ser. Plantea el valor de una existencia en el mundo sin síntoma,
cuestión cara a nuestra época, con la máxima del rendimiento y el funcionar.
Vamos a ver que esto tiene que ver con la
sublimación, porque en la sublimación también hay una idealización del valor
social de "lo sublimado". En la sublimación también se requiere del
valor social del producto de la sublimación, por ejemplo el producto del arte
en el mercado.
Freud distingue tres modos de carácter: Los de excepción, los que fracasan al
triunfar y los que delinquen por sentimiento de culpa.
1-Los de excepción, da tres ejemplos: Uno que es un muchacho que nace con una
enfermedad congénita, va a verlo a Freud pero él cree que no
hay nada que tratar, porque su enfermedad congénita, su organismo, obtura
cualquier posibilidad de pregunta por su existencia. No hay creencia en otra
causa que no sea esa "desgracia". Él tiene entonces, por haber
sufrido ya bastante, el derecho a gozar de la vida. Se siente de excepción
porque por un lado es como un privilegiado. Es el ejemplo del indemnizado, él
es inocente de las causas de su vida, él recibió por su destino esa causa
externa.
Otro ejemplo es el contagiado por otro. Un sujeto que contrae una enfermedad de
niño, contagiado por una nodriza, una enfermedad, en esa época seguramente una
gonorrea, una enfermedad sexual, es perjudicado. ¿Por qué no es analizable?
Porque él, víctima de este contagio sexual, él mismo no puede tener una
sexualidad propia, él fue podríamos decir, quien recibió la causa culpable de
otro.
También ubica como ejemplo al personaje de
Ricardo III de Shakespeare, quien justifica a partir
de su deformidad física, el odio a cualquiera que se presente como rey. La
revancha de odio sobre el reino hace que el crimen esté justificado desde una
venganza justiciera, puesta ya de antes que naciera. Su deformación justifica
su odio.
Y cuarto, las mujeres que siendo privadas de pene creen que es
un perjuicio hecho por su madre, de no nacer hombres; es un reproche, dice
Freud, que tiene que ver con la reivindicación fálica. Pero lo interesante acá
es que Freud empieza a pensar al superyó femenino en relación a cómo la madre
siempre tiene este poder de decidir el ser y el tener.
2-Los que fracasan al triunfar. Estos no tienen derecho a goce. Son los
que han llegado al ideal y han ido más allá del ideal y por eso mismo reciben
el castigo. Se sumergen en un fracaso por no poder soportar el goce y de este
modo mantienen al ideal. Porque es como decir: no puedo ir más allá de mi
padre, como decía Freud en Trastorno de la memoria de la acrópolis: fui más allá de mi padre entonces, surge
el trastorno de increencia. Son los Maradona, puesto número diez que no
soportan estar ahí. Para Freud, son ejemplos de Shakespeare, Macbeth y Rebeca
del libro Rosmersholm de Ibsen.
3-Los que delinquen por sentimiento de culpa, que son seres que la culpa los sitúa en
posición de castigo. Buscan una sanción externa como ley que los redima de la
culpa, no saben sobre su culpa sino que la actúan por ejemplo en el crimen.
En todos los casos lo esencial del
carácter es que hacen un vínculo con lo social, por la negativa o por la
positiva pero el valor social no está negado.
En el año 1931, Freud escribe un artículo
que se llama Los tipos
libidinales. Se trata de
casos que requieren condiciones libidinales fijas: el erótico, el obsesivo y el narcisista. El erótico está concentrado en la vida
amorosa, es el que quiere ser amado, responde a las leyes del Ello dice Freud,
y si se enferma es histérico. Si enferma, hasta ahí no está enfermo, es un tipo
libidinal erótico; el obsesivo, a diferencia del otro está en una autonomía yoica
pero es moralista y responde al superyó; y por último el narcisista que es
independiente, ama sin ser amado, sin demanda de amor ni moralidad y son los
artistas. Si enferman tienden a la psicosis. Freud está ahí planteando toda una
cuestión, que en otro artículo que se llama El carácter y el erotismo anal, un artículo clave para entender una
serie de cosas, sobre todo cómo el posfreudismo se montó en la idea de un
sujeto evolutivo. Para Glover, Jones, Reich, el carácter se montaba sobre una
explicación de fijación a un estadio evolutivo, una zona erógena predominante
para la pulsión y la regresión como mecanismo.
¿De qué manera el síntoma se implica o
tiene una relación con lo que llamamos el carácter? J. A. Miller en La experiencia de lo real en la cura
analítica en un capítulo
que se llama "La patología de la conducta" y en el capítulo anterior
"Síntoma y carácter", hace un esquema básico diferenciando síntoma de
carácter.
1-Del lado del síntoma escribe lo
simbólico y del lado del carácter escribe lo real. Del lado del síntoma hay una
pregunta que por este mecanismo de retroacción en dos tiempos introduce la
dimensión de lo simbólico, que nada quiere decir en sí mismo algo si no es en
relación a otra cosa.
Del lado del carácter ubica un real mudo
que es la no pregunta del sujeto, sino el modo de ser. El modo de ser es real
en la medida que no introduce la pregunta por la posición del sujeto.
2-El síntoma opera por represión y
evidencia el retorno de lo reprimido. La represión en tanto hace a la sustitución.
Mientras que en el carácter, lo que está operando es la defensa y la
resistencia.
3-Del lado del síntoma lo que se pone en
juego por la represión es un deseo inconsciente, mientras que en el carácter
hay un goce soportable. Este goce soportable por el sujeto se vislumbra en una
conducta que Lacan va a llamar: pantomima. Es decir, una serie de
manifestaciones donde el sujeto actúa y no sabe lo que hace.
4-Del lado del síntoma hay un inconsciente
que es semántico, es decir, que implica una intención de significación y del
lado del carácter hay más bien una pulsión que está actuando y un mecanismo que
Freud llamó fijación.
5-De aquí entonces que la interpretación del síntoma actúa por desciframiento y lo
que Freud va a decir que puede funcionar en el carácter, -en tanto el carácter
es egosintónico, es decir, implica la sintonía del yo con respecto al mundo- es
que este modo de ser en el mundo se puede perturbar, por la vía de la
interpretación.
El carácter entonces no es un síntoma,
sino que implica el modelado del yo en un estilo de vida. Esto es, la
asimilación del yo a un medio donde se encuentra un equilibrio o puede ser un
estatuto imaginario del síntoma. Alexander, por ejemplo, que era un gran
teórico del carácter, lo definía como: "lo que inscribe la neurosis en el
tejido de una vida". O sea, la asimilación del conflicto neurótico en una
adaptación a la vida. Y decía Alexander que esto implica un equilibrio.
La sublimación cuestionada por el resto
En el texto Las pulsiones y su destino, Freud dice que la sublimación es un
destino de la pulsión, pero no lo desarrolla. Hay varias definiciones, una de
1932, en Las nuevas
conferencias introductorias al psicoanálisis donde Freud dice: "Llamamos
sublimación a cierto tipo de modificación del fin sexual y de cambio del objeto
pulsional al desviarse hacia fines elevados por la valoración social".
Se modifica el fin, cambia el objeto y se
produce la sobrevaloración. La sobrevaloración está en términos de lo social, a
diferencia del fetichista que sobrevalora eso que está determinado en su
fantasía.
Pero lo interesante es que Freud prefiere
hablar y diferencia la Sulbimierung que es un verbo, es decir, conjuga una dinámica, un
movimiento; de lo sublime -Hoheit- que es el objeto sublimado, el producto final de ese
movimiento. Por otro lado hay una diferencia en Kant, quien separa lo bello -valorado por su estética- de lo sublime -lo grandioso y épico.
La neurosis reprime y la sublimación no
requiere la represión. Pero el que sublima ya no tiene que saber que es la
sublimación, porque el objeto creado ya ha logrado la satisfacción de la que el
neurótico prescinde.
Entonces el término que viene de la
filosofía kantiana se ocupa más del producto que del proceso y a Freud lo que
le interesa es el proceso, el Mierung, o sea, el devenir con respecto a que es lo que se va a
satisfacer, cuál es el objeto, cuál es el fin. Como esto es imposible para el
neurótico, siempre que hable de la sublimación hay una tendencia al Ideal.
El sentido común dice que la sublimación
sería una buena cosa. Vamos a ver que para el neurótico no es una buena cosa,
porque más bien introduce la impotencia del Ideal. Introduce la paradoja de la virtud,
del bien y del mal, o la desexualización.
La sublimación es un ascenso, dice Freud
como en física es el pasaje de lo sólido a lo gaseoso, pero donde si acentuamos
el mierung se señala el movimiento y el cambio del
fin que se ha querido desde un principio. Es más bien entonces un destino de la
pulsión, pero una forma de satisfacción que se desarrolla en su devenir. Lo
podemos comparar con la pulsión, la pulsión se satisface en su recorrido más
que en el encuentro con el objeto, no hay objeto de la pulsión pero no por eso
dejamos de buscar su encuentro. Es la satisfacción en la búsqueda misma, o en
la reflexión del fracaso de que no encontramos el objeto. La repetición implica
este encuentro siempre fracasado con el objeto.
El fin sexual es aplazado, postergado y se
logra un fin no sexual, social o cultural. La pulsión, teniendo en cuenta que
es parcial supone la falta de lo totalizado, entonces la sublimación es un modo
de pensar la creación del objeto, pero cuando hablo de sublimación estoy hablando
del deseo de creación del objeto, que no es lo mismo que decir lo sublime. Lo
sublime ya es el objeto creado que yo puedo admirar que hizo otro, un artista.
Entonces, la neurosis es una sublimación
inacabada. La neurosis misma se puede vivir como una sublimación. Es decir, la
distancia que tiene alguien entre su ideal y su goce.
Michel Silvestre dice que en la cura un
sujeto pasa de una satisfacción brutal, a una inhibición. Freud mismo aplazaba
la decisión, decía "no decida aún, espere". Entonces paso de la
satisfacción a la inhibición y de la inhibición recién paso al síntoma y del
síntoma paso finalmente al objeto.
Es un recorrido posible correlativo a una
disminución del nivel de lo imaginario al nivel de lo simbólico, y al final la
creación de un objeto real. Sería como determinar lo real del inconsciente,
determinación quiere decir, medir con saber. Freud lo dice como una
transformación de la pulsión sexual a la pulsión de saber.
La neurosis misma va a obtener un resto
que es incurable que tiene que ver con el carácter y otro elemento positivizado
que es este objeto que surge acá, o sea, que uno del síntoma puede pescar qué
resto o elemento es incurable y qué elemento es transformable. Entonces uno
puede decir del síntoma que hay un camino al carácter -o hacia lo incurable- y
otro a la sublimación o la creación con ese resto.
François Regnault en El arte según Lacan plantea la diferencia entre arte,
religión y ciencia como procedimientos de hacer con el vacío. El arte crea en
torno a un vacío y se corresponde a la histeria y a la represión, dice él; la
religión evita el vacío y se corresponde a la neurosis obsesiva y la ciencia no
cree en el vacío y se corresponde a la paranoia.
Bien, entonces, hay una parte en el texto
de Germán García La sublimación
en Freud que recorre
los textos de Freud de manera creativa. Si se homologa a lo pulsional o no, y a
la transformación de la pulsión por el recorrido. El valor de la dignidad de la
cosa, el das ding, mediante la elaboración de los elementos
del fantasma. Dice: "La sublimación está en el movimiento del deseo puesto
que hace de la transformación un goce y otorga al valor la dignidad de la cosa,
das ding mediante la elaboración de los elementos
del fantasma".
Esta también es la posición de Lacan en la
cual síntoma más fantasma dan un resultado. Luego de la dirección de la cura,
al final de un análisis, la travesía del síntoma y el atravesamiento del
fantasma hace que se obtenga un bordeamiento del vacío en el arte, aquí es la
positivización de eso que aparecía como una nada. ¿Porqué el fin de análisis
con su resto de real cuestiona la idea que se trate de una sublimación?
¿Qué tipo de extracción supone, la extracción
positiva del objeto a como sublimación? El resto incurable al final de un
análisis podría tener dos vías: una, quedar del lado del carácter, modo de ser
en el mundo; otra, positivización del resto incurable como creación, menos que
una invención idealizante.
Este objeto del cual como vacío elevaron a
la dignidad de la cosa es otra cuestión diferente a un planteo estético -sobre
la belleza- donde el valor en lo bello deja de lado cualquier búsqueda de lo
bello.
"No busco, encuentro" -dice Lacan parodiando a Picasso- por eso
la sublimación tiene más que ver con la conjugación del verbo, y no con el objeto sublime.
Este pasaje del síntoma al final implica
una nueva elección: saber crear con el resto otra cosa que no sea carácter, ni
sublimación.
Enrique Acuña
© elSigma.com - Todos los derechos reservados