» Introducción al Psicoanálisis

Sobre masas y mitificaciones. Soy apenas la caja que contiene al eco (primera parte)

10/05/2005- Por Adriana Divito - Realizar Consulta

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Si bien en un comienzo nuestra idea pivoteó sobre la ilusión de tratar de explicar sucintamente la mistificación que, sobre ciertos personajes populares (Gilda, Rodrigo), realiza nuestra sociedad, las lecturas a las cuales dicha expectativa empujó nos colocó ante la evidencia que -para asomarnos apenas a una vislumbre de tal objetivo- deberíamos tomar en cuenta una pluralidad de conceptos que no habíamos imaginado. En efecto, pronto caímos en la cuenta que tal propósito no podría ni siquiera ser abordado sin definir términos y nociones que resultan ser antecedentes a cualquier explicación prevista.
Nos topamos así con conceptos tales como “grupo” (primario y secundario), “masa” (natural y artificial), “horda”, “instinto gregario”, “comunidad”, etc, provenientes, sobre todo, de los campos de la sociología, la filosofía, la psicología social y el psicoanálisis; y con la inevitabilidad de la pluralidad de enfoques que tales lecturas acarrean.(...)

Introducción 

Si bien en un comienzo nuestra idea pivoteó sobre la ilusión de tratar de explicar sucintamente la mistificación que, sobre ciertos personajes populares (Gilda, Rodrigo), realiza nuestra sociedad, las lecturas a las cuales dicha expectativa empujó nos colocó ante la evidencia que -para asomarnos apenas a una vislumbre de tal objetivo- deberíamos tomar en cuenta una pluralidad de conceptos que no habíamos imaginado. En efecto, pronto caímos en la cuenta que tal propósito no podría ni siquiera ser abordado sin definir términos y nociones que resultan ser antecedentes a cualquier explicación prevista.

Nos topamos así con conceptos tales como “grupo” (primario y secundario), “masa” (natural y artificial), “horda”, “instinto gregario”, “comunidad”, etc, provenientes, sobre todo, de los campos de la sociología, la filosofía, la psicología social y el psicoanálisis; y con la inevitabilidad de la pluralidad de enfoques que tales lecturas acarrean. Hubimos pues, de constreñirnos (merced sobre todo a la brevedad del presente trabajo) a una lectura directriz que ordenara, sin desperdigarlo, el campo conceptual con el cuál pretendíamos esbozar, al menos, nuestras primigenias intenciones.

Ahora bien, no dejamos de reconocer el empobrecimiento que tal lectura trae aparejada, pero creemos haber elegido  la que consideramos la más abarcativa de todas las emprendidas. Nos estamos refiriendo a la desarrollada por Sigmund Freud en su libro Psicología de las masas y análisis del yo (1921). Conjeturamos que brindaba la oportunidad de reunir un conglomerado de hechos cuya unidad nos resultaba más bien esquiva. No por ello abandonamos las consideraciones realizadas por otras disciplinas: la sociología (Fichter, Chinoy), la filosofía (Karl Jaspers) y la historia de los mitos presente en la literatura (El Cantar de Mio Cid)

Recurrimos a fuentes autorizadas (Enciclopedia Hispanoamericana para los términos corrientes, Diccionario de Psicoanálisis para aquellos de índole técnica) a fin de eliminar, en la medida de lo posible, la ambigüedad característica del lenguaje y evitar embarcarnos en estériles discusiones por conceptos (falacias de ambigüedad, cf. Irving Copi, Introducción a la Lógica)

 

Procedimos en suma, a dividir el presente artículo de acuerdo a los siguientes ítems:

 

1)     Definición de los conceptos involucrados.

2)     Conceptos relativos de las disciplinas sociológicas.

3)     Una mirada desde la filosofía.

4)     Núcleo de argumentación: la explicación psicoanálitica.

5)     Un ejemplo histórico: Don Rodrigo Díaz de Vivar.

6)     Un esbozo en Argentina: Gilda y Rodrigo (donde nos permitiremos una pequeña divergencia con el autor de la Psicología de las masas...)

7)     Conclusiones.

 

Nos abocamos pues, a continuación, al desarrollo del esquema trazado. 

1)     Definición de los términos corrientes involucrados, así también como de sus adláteres: 

Mito: (gr. Mythos: fábula): “Fábula, ficción alegórica, principalmente en materia religiosa”

Mitología: del griego mythos, fábula y logos, tratado. Como ciencia, la mitología comprende la reunión, investigación y explicación de los mitos.

Mistificar: embaucar, engañar. Falsificar, deformar, falsear(el subrayado nos corresponde, por considerarse que ambas acepciones se aproximan razonablemente a lo que resultará ser el “nóumeno” del acertijo)

Mixtificación: (del diccionario de sinónimos castellanos, Ed. Atlántida)

Lacan, Jacques (de Una introducción a Lacan, Rinty, D’Angelo y otros): “El mito es la única forma en la cual una verdad puede ser dicha”. 

Quisiéramos rescatar de este apartado, los significantes “ficción”, “alegoría”, “deformación” y “falsificación” atribuidos a las acepciones usuales de las palabras. El desarrollo del presente irá clarificando sentidos. 

2)    Conceptos relativos en las disciplinas sociológicas:

 

Nos topamos aquí con conceptos que, dada su vinculación recíproca, no pueden ser tratados con absoluta independencia unos de otros. Tales conceptos, a los cuales mínimamente quisiéramos apelar, resultan ser los de “grupo” (primario, secundario, de referencia y de pertenencia), “conglomerado” (escuela americana) “masa” (escuela inglesa) y “horda”. Recurriremos primero a la obra Sociología, del norteamericano Joseph H. Fichter. Al rastrear en él conceptos afines, observamos ciertas discrepancias en la denominación y concepción de determinados significantes con aquellos respectivos a la escuela inglesa (Ely Chinoy), Smith College. Pasemos brevemente a ellos. La clasificación más importante que realiza el americano de los grupos es aquella que los separa en primarios y secundarios.

Mas, transcribamos, en primer lugar su definición de grupo. “Grupo es una colectividad identificable, estructurada, continuada de personas sociales que desempeñan funciones recíprocas conforme a determinadas normas, intereses y valores sociales para la prosecución de objetivos comunes.” Sigamos indagando en el tema: “... Por parte del individuo con frecuencia se entra en un grupo de una manera irracional y subconsciente (... ) Los grupos pueden clasificarse según su estructura más consistente hasta los que la tienen más floja; o según sus roles sociales, desde los que imponen mayores exigencias a sus miembros hasta los que le imponen menos; o según sus relaciones recíprocas, desde los que mantienen una comunicación más frecuente e íntima entre sus miembros hasta los grupos en que dicha comunicación es menor.”

A efectos de cumplimentar nuestra tarea, consideramos, con relación a su utilidad para el presente trabajo, privilegiar aquella clasificación que pone sus miras en el tipo de relación entre sus miembros. Así considerados, los grupos se dividirán en:

 

·                    Grupos Primarios: son una colectividad relativamente cohesionada de personas que tienen frecuentes relaciones personales, con un sentimiento de solidaridad y estrecha adhesión a determinados valoraciones comunes. La familia es la paradigmática ejemplificación de este tipo de grupos.

·                    Grupos Secundarios: también llamados asociaciones, son colectividades menos unidas que el grupo primario. Las personas individuales entran en estas agrupaciones por propia voluntad. Las relaciones en ellas están reguladas por el derecho y la justicia, estando a mitad de camino entre los grupos primarios y el conglomerado social. Tras remarcar (por la posterior relevancia que a la luz de nuevas puntuaciones iremos observando) esta observación acerca de su regulación por el derecho y la justicia, aboquémonos a la definición de “conglomerado social” efectuada por el autor. Citémoslo nuevamente: “Reunión de personas que se encuentran en proximidad física, pero sin interacción”, mientras que la definición más sintética de grupo es: “seres humanos con relaciones recíprocas (...) Una definición y descripción más completa del conglomerado social debe comprender los siguientes elementos:

A)    Las personas que constituyen el conglomerado social son relativamente anónimas, en cuanto son casi extraños los unos con los otros.

B) El conglomerado social no está organizado, no tiene una estructura con jerarquías de posiciones y funciones.

C) Hay sólo un limitado contacto social, por muy grande que sea la proximidad física.

D) Cuando más, hay sólo una insignificante modificación en la conducta de los que entran a formar el conglomerado”.

 

Define a posteriori diversas clases de conglomerados entre los cuales distingue: La “multitud” (conglomerado pacífico de personas con escasa interacción mutua).

La “turba” (conglomerado social capaz de desmadrarse por carecer de control interior y exterior) Agrega a los dos anteriormente citados a las manifestaciones públicas, el auditorio, los conglomerados residenciales y funcionales. Mas quisiéramos desembarazándonos aquí de la definición de estos últimos por resultar poco pertinentes a los fines de nuestra labor. Nos detendremos en la lectura para realizar las siguientes consideraciones:

-No se halla presente en el autor la idea de masa, tan común en el análisis de los fenómenos sociales en otras latitudes geográficas.

-Como a continuación haremos notar, existen -sin embargo- características especiales que se encuentran presentes en la observación de cualquier fenómeno de masas y que resultan ser de fácil discernimiento para cualquier espectador objetivo de los mismos. Un par de ellos, únicamente, son resaltados por el propio Fichter al aludir a una de las “formas” que adoptan los conglomerados: el de la turba.

-Las conceptualizaciones se nos antojan meramente descriptivas. No hallamos, por ejemplo, aquellos factores que convertirían, por ejemplo, a la “multitud” en “turba”.

Y, aún dado el caso que el autor los distinga, ello nos autorizaría aún a pensar que aquellas características atribuidas a la turba se hallarían presentes, en forma latente, en la multitud. Pues nos veríamos compelidos, de lo contrario, a tener que caer en el absurdo de su “generación espontánea”.

-Salvo con relación al apartado “d” (esto es, aquel que declara observar solo una “insignificante” modificación de la conducta por parte de aquellos que entran a formar parte de un conglomerado), estamos de acuerdo con el contenido del resto de los ítems. Ello, por una parte, entra en evidente contradicción con aquellas actitudes observadas en el comportamiento de la “turba”; y por otra senda nos preguntamos: estando de acuerdo con las descripciones del relativo anonimato, la falta de organización y el limitado contacto social entre los miembros del mismo, habremos de inquirirnos: ¿de dónde surge, pues, la “comunidad de inclinaciones”, afectos, emociones, que del conglomerado emanan? Pues, por ejemplo, cada uno de los “hinchas” de Boca, de River, o Ferro; cada uno de los admiradores de Rodrigo o de Gilda, establece una “comunidad” con el “próximo desconocido” (abrazarse entre perfectos ignotos, antes y después del mismo, en el festejo de un gol; pedidos de determinados temas a los respectivos cantantes, etc) que, por el simple hecho de existir, debe ser explicada. Y los ítems anteriormente establecidos por el autor, más parecen ocultarnos que llevarnos en paso de la solución del misterio. No logra el autor, a nuestro entender, colmar nuestras expectativas. ¿A qué tanto fervor, a qué tanta excitación? ¿a qué la “sensación” de “comunión con el prójimo” profunda y momentánea experimentada durante la reunión de este tipo de masas?

-Otro ítem, de naturaleza algo diversa, reclama asimismo nuestro análisis. En la categorización efectuada entre “grupos primarios y secundarios” nos parece descubrir ciertas falencias: la simple observación de la conducta de los adolescentes, así como también en la de aquellos individuos sujetos a determinadas adicciones, nos muestra que, a pesar de categorizar como “primaria” la relación del adolescente, y el adicto con su grupo familiar, vemos empero que “copia” sus conductas de las observadas en su grupo de pares, y no de las observadas en el seno del ámbito parental.

-En búsqueda de alguna respuesta a esta sencilla observación nos topamos con una obra del sociólogo Ely Chinoy Introducción a la Sociología en la cual creemos observar la huella de un paso en la dirección correcta. En efecto, sin denostar esta categorización de grupos en primarios y secundarios, introduce una nueva: grupos de “pertenencia” y grupos de “referencia”. El primero hace alusión a aquellos en los cuales el individuo se halla efectivamente inmerso, estableciendo relaciones de proximidad y cotidianeidad con los diferentes integrantes del mismo. El término “grupo de referencia” engloba a aquellos grupos de los cuales el individuo extrae sus modos, usos, costumbres y valores. Ejemplo de ello creemos observar con toda claridad en el proceder adolescente: su contención, educación, cuidado, se hallan comúnmente en su grupo de pertenencia, pero adopta modos, usos, cultura, modos de actuar y, en muchos casos, valores, procedentes del grupo de sus pares, que funciona de esta manera como grupo de referencia. Como a primera vista podrá discenirse, ambas categorías no necesariamente se autoexcluyen: un grupo primario podrá funcionar a su vez como grupo de referencia, así como un grupo secundario funcione tal vez como grupo de referencia del sujeto, o no coincidan ambas características o ambas se entrecrucen.

Pero esta visión de las interrelaciones sociales introduce, creemos, una noción de cuya importancia iremos dando cuenta en lo subsiguiente: la del mecanismo de la identificación.

  

3)    Una mirada desde la Filosofía

 

Karl Jaspers. Hubimos, obviamente, de realizar una elección que terminó recayendo en el pensador precitado. Arroja Jaspers, sobre la realidad, una mirada teñida de aquello que podríamos denominar “humanismo cristiano”, mirada que, por compadecerse con la predominante en el seno de varias sociedades occidentales cuyos puntos de vista analizamos, se nos antoja adecuada.

Subrayamos del escritor su concepto de “circunvalante”, con lo que ello implica en la separación de sujeto y objeto. Lo citamos brevemente:

“Todas estas maneras de ver tienen una cosa en común: interpretan al ser como algo que me hace frente como un objeto al cual me dirijo mentándolo (...) ¿Que puede significar este misterio, presente en todo momento, de la separación del sujeto y el objeto”.

Evidentemente, el ser no puede ser en conjunto ni objeto ni sujeto, sino que tiene que ser “ lo circunvalante” lo que se manifiesta en esta separación.

El ser puro y simple no puede ser un objeto.

Todo lo que viene a ser para mí un objeto se acerca a mí saliendo de lo circunvalante, de lo que salgo yo también como sujeto.

Podríamos decir que, desde el vamos, le hemos hecho una mala pasada al filósofo alemán: En efecto, aprovechamos su concepción de “lo circunvalante”, en tanto nos apartamos de la línea de razonamiento que, partiendo de dicha noción, la lleva, en forma directa, hacia la hipótesis de Dios y la creación y -por tanto- de una metapsicología.

¿ Por qué habremos de utilizarla, pues? Sencillamente, por creer que expresa, en forma correcta y lógicamente eficaz, la imposibilidad de un objeto absolutamente separado del sujeto en el cual se introyecta; así también como aquella que pretende un ser puro y simple, en el cual no existiría la posibilidad de separación objetal alguna. Releemos: todo lo que viene a ser para mí un objeto se acerca a mi saliendo de lo circunvalante, de lo cual salgo yo también como sujeto.

Manera tal vez compleja, seguramente inconsistente, de volcar en un “circunvalante” la peculiar relación que une sujeto a objeto pero que, bajo nuestro punto de vista, vuelve a poner bajo la lupa el tema de la identificación.

Pidiéndole disculpas abandonaremos a Jaspers sólo para citar como acápite de este apartado, al obispo Berkeley: “ser, es ser percibido”. Mas de ello pensamos: ¿qué significa percibir? A diario, nos topamos con gente que fuma en pipa, pasea canes, viste de rojo o se tiñe de rubio ¿Sería igual nuestra percepción de adoptar el “arte” de la pipa, comprarnos un cachorro, un tapado rojo o teñirnos de Marylin? ¿O ésta se intensificaría? ¿Cuántas mercerías, por citar cualquier ejemplo, encontramos o echamos a faltar en nuestra vecindad cuando hemos de comprar botones? En los casos precitados, nos resulta obvio que agudizamos nuestra percepción, bien por identificarnos a un rasgo o modalidad del prójimo que compartimos, o bien para satisfacer una necesidad que atraviesa nuestro camino.

“Ver” y “Mirar” no resultan, después de todo, ser sinónimos.

 4)    La explicación psicoanalítica 

Dadas la parcialidad o la insuficiencia de las explicaciones obtenidas en las lecturas anteriormente mencionadas, quisimos experimentar sobre las argumentaciones que, en relación con los fenómenos de masas sobre los cuales deseábamos echar alguna luz, tenía para ofrecernos el Psicoanálisis. Recurrimos a un trabajo de Sigmund Freud datado en el año 1920: Psicología de las Masas y análisis del yo.

Puntuaremos a continuación alguno de sus contenidos en el libro Psicología de las masas, del sociólogo francés Le Bon, citado por el psicoanalista vienés, éste afirma: “He aquí el rasgo más notable de una masa psicológica: cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversas o semejantes que puedan ser su modo de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el mero hecho de hallarse transformados en una masa los dota de una suerte de alma colectiva en la cual sienten, piensan y actúan de manera distinta de cómo sentiría, pensaría y actuaría cada uno de ellos en forma aislada. Hay ideas y sentimientos que sólo emergen o se convierten en actos en individuos ligados a una masa. La masa psicológica es un ente provisional que consta de elementos heterogéneos ...”

Constriñéndonos a lo indispensable, merced a la brevedad otorgada a la presente exposición, remarcaremos dos de las características principales de la masa que el sociólogo francés resalta en su trabajo: una de ellas, es la inhibición colectiva del rendimiento intelectual; y la segunda, el aumento de la afectividad, “los sentimientos de la masa son siempre muy simples y exaltados. Por eso no conoce la duda ni la incerteza” (S. Freud, op. cit.), que en el interior de las masas son fácilmente detectables. “Cada cual, si se lo ve solo, es probablemente listo y sabio; cuando están in corpore, os parecerán unos asnos” (de Schiller, Aforismos, citado en nota al pie de página en el trabajo del vienés). No creemos necesario sobreabundar mucho en estos extremos. En efecto, la simple observación de una masa de fanáticos de cualquier equipo de fútbol, en nuestro país, nos dará claros ejemplos de ambos asertos.

Los insultos al árbitro que la multitud profiere serán convertidos, probablemente, en la aceptación a regañadientes de las decisiones por éste adoptadas. La rabia, la profunda alegría que momentáneamente se adopten en horda ante el fracaso o el triunfo trocarán en sus mínimas expresiones en el individuo aislado. La intensa agresión experimentada hacia la masa de la “hinchada” rival, en chistes, “cargadas” de trabajo u oficina hacia los individuos diferenciados que con nosotros interactúen. Volveremos, por supuesto, a retomar el tema en el apartado sexto, pero por el momento, procedemos a darlo por satisfecho. Agregaremos, simplemente, la siguiente obviedad: un hincha de Boca se sentirá unido a otro de igual divisa, y no, por supuesto, a quien ostente la contraria. Adelantamos pues: hay, entre ambos, un elemento de identificación.

Leemos a Freud en su análisis de las relaciones de la masa con su líder: “Como regla, al desaparecer la ligazón de los miembros de la masa con su conductor, desaparecen las ligazones entre ellos, y la masa se pulveriza”.

Breve paréntesis: leemos en el Diccionario de Psicoanálisis: “la identificación aspira a configurar el yo propio a semejanza del otro, tomado como modelo”.

Rogamos no olvidar el anterior entrecomillado al momento en el cual nos toque realizar algunas breves digreciones acerca de las relaciones existentes entre, por ejemplo, Rodrigo y Gilda en nuestro país, y el cúmulo de sus “seguidores”.

Volvamos a las dos peculiaridades (baja del rendimiento intelectual e incremento del tono afectivo del individuo dentro de la masa) planteados por Le Bon. Al respecto, Freud comenta: “... el individuo, al entrar en la masa, queda sometido a condiciones que le permiten echar por tierra las represiones de sus mociones pulsionales inconscientes.”

Hasta ahora, sólo hemos logrado elucidar una de la condiciones (bien que la principal) de la asociación de un individuo en una masa. Mas ¿Qué lo empuja a dicha asociación? ¿De dónde proviene su necesidad de hacerlo? Al respecto, seguiremos a Freud en el análisis de dos masas institucionales: la iglesia y el ejército. Al respecto afirma el psicoanalista austríaco:

“En la Iglesia, lo mismo que en el ejército, rige idéntico espejismo (ilusión): a saber, hay un jefe- Cristo, en la Iglesia Católica, el general en el ejército que ama por igual a todos los individuos de la masa. De esta ilusión depende todo; si se la deja disipar, al punto se descomponen. (...) Cristo formula expresamente este amor igual para todos....Respecto de cada individuo de la masa creyente, él se sitúa como un bondadoso hermano mayor; es para ellos un sustituto del padre.”

Agregamos: “Padre Nuestro que estás en el cielo”... afirma enfáticamente el salmo más conocido del ritual cristiano. Pero sigamos con Freud y en análisis: “No sin profunda razón se invoca la similitud de la comunidad cristiana con una familia, y los creyentes se llaman ´¿hermanos de Cristo´, es decir, hermanos por el amor que Cristo les tiene. No hay duda de que la ligazón de cada individuo con Cristo es también la causa de la ligazón que los une a todos ... Notemos que en estas dos masas artificiales cada individuo tiene una doble ligazón libidinosa: con el conductor (Cristo; general en jefe) y con los otros individuos de la masa”.

Lamentamos la extensión de la cita, pero la creímos indispensable a fin de expresar el siguiente punto, a saber: la esencia de una masa consistiría en las ligazones libidinosas existentes en ella: “como regla, al desaparecer la ligazón de los miembros de una masa con su conductor desaparecen las ligazones entre ellos, y la masa se pulveriza”

Sabemos que no toda masa posee un conductor individualizado, mas creemos superar esta objeción al considerar que la función de éste bien puede ser ocupada, por ejemplo, por una “idea directriz “, o un conglomerado de ellas. El concepto del “ser nacional” nos marca un claro ejemplo de lo que queremos afirmar. También sabemos que la esencia, la función del conductor posee aristas en extremo interesantes, mas debemos aquí, -aunque lamentándolo- circunscribirnos al objetivo principal que nos hemos propuesto, esto es, llegar a conceptualizar la idea de masa para, a posteriori, indagar acerca del fenómeno de mistificación que sobre determinados individuos dicha masa realiza.

Volvamos, pues, al redil. Afirma Freud: “En el fondo, cada religión es de amor por todos aquellos a quienes abraza, y está pronta a la crueldad y la intolerancia hacia quienes no son sus miembros”. Sri Lanka, Pakistán, El Líbano, Ulster, nos eximen de mayores comentarios. Unicamente inscribimos la cita anterior a efectos de remarcar, desde otro punto de vista, la idea principal, ello es, la identificación como piedra de toque para la comprensión de cualquier fenómeno de masas, y que las ligazones libidinales entre los miembros de las mismas constituyen su principal característica. Prosigamos, pues, con Freud: “Ahora una pregunta se impone, acuciante, a nuestro interés: ¿Cuál es la índole de esas ligazones existentes en el interior de la masa? (...) El psicoanálisis conoce la identificación como la más temprana identificación, como la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona (...) el varoncito... muestra dos lazos psicológicamente diversos: con la madre, una directa investidura libidinal de objeto; con el padre, una identificación que lo toma por modelo”.

Observamos que entre ambas posturas hay una muy diversa relación: en el primer caso (el de investidura de objeto), se trata de aquello que uno querría tener; en el segundo, de aquello que uno querría ser. Pues bien: la identificación aspira a configurar el yo propio a semejanza del otro tomado como modelo.

Este último aserto nos permite, pues, proponer lo siguiente: es la formación de masas, el mecanismo rector de la identificación sobre la base de poder o querer formarse en una misma situación. Citemos nuevamente el texto: “... la identificación (...) pasa a sustituir una ligazón libidinosa de objeto en el yo; y en tercer lugar, puede nacer a raíz de cualquier comunidad que llegue a percibir en una persona que no es objeto de las pulsiones sexuales”.

Consideramos fundamental retener esta última moción. Nos volvemos por un instante sobre un apartado anterior: en el caso en el cual la identificación aspira a configurar el propio yo a semejanza de otro tomado como modelo; habla el psicoanálisis de “Introyección” de objeto (esto es apropiación interna del mismo), pasando a constituir, a través de ese mecanismo, aquello que el psicoanálisis designa bajo la denominación de “ideal del yo”, y le atribuye las funciones de lo que denominamos “conciencia moral”, censura anímica, entre otras. Veremos ahora su función en el fenómeno de la hipnosis, según el vienés: “ (...) El hipnotizador ha ocupado el lugar del ideal del yo, es el objeto único: no se repara en ningún otro además de él (...)” . Podemos decir por otra parte que el vínculo hipnótico es una fenómeno de masa, y de coincidir (en buena parte, mas no totalmente) con ella: Una masa es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo.

Faltaría aún explicar, no ya la formación, sino las características de este “sentimiento de masa”. Pero consideramos que a esta altura de este trabajo el mero cansancio nos exime de cumplimentar obligación tal.

Nos contentaremos nuevamente con citar una vez más al autor de Psicología de las masas... “La condición que se requiere para que los miembros de una multitud de seres humanos agrupados por casualidad formando algo semejante a una masa en sentido psicológico, es que esos individuos tengan algo en común, un interés común por un objeto, pareja orientación afectiva dentro de determinada situación y cierto grado de capacidad para influirse recíprocamente.

Vemos desprenderse del párrafo citado una característica fundamental en el “sentimiento de masa” que ya hemos, sin embargo, perfilando cuando hicimos alusión a la Iglesia como masa institucional, a saber: todos los individuos de una masa deben ser iguales entre sí, pero todos quieren ser gobernados por uno.

Nos conformamos, en este punto, con la observación anterior.

 


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