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Transferencia e interpretación en el psicoanálisis.21/04/2004- Por Marcelo Mazzuca - Realizar Consulta

1-
Introducción
Transferencia e interpretación son
dos conceptos elaborados a partir de la experiencia clínica del psicoanálisis.
Es Freud quien debe inicialmente construirlos luego de sus primeras experiencias
y estudios sobre la histeria. Experiencia que tuvo el primer efecto de hacerle
sentir el peso de la transferencia a un experimentador que ya no podía, como
pretendía la psiquiatría o la neurología, refugiarse en la supuesta objetividad
del científico. Pero es en un tiempo posterior, a partir de su autoanálisis,
del descubrimiento del inconsciente y la invención del dispositivo analítico,
cuando Freud da el paso que implica dejar atrás la sugestión hipnótica para
pasar al análisis de la transferencia,
dejar caer el método catártico para sumergirse en la vía de la interpretación.
Vamos a trabajar entonces, con la
idea y la posibilidad de diferenciar, a partir de un corte que no deja de ser
arbitrario, distintos momentos en la obra de Freud sobre el tema de la
transferencia y la interpretación, referidos siempre a sus dos pilares
fundamentales: la etiología sexual de los síntomas y su determinismo
inconsciente.
Podríamos mencionar en primera
instancia, y antes de comenzar el recorrido, lo que se deduce respecto de sus
nociones psicopatológicas. Recuerden ustedes que Freud construye una categoría
nosológica con las neurosis que pueden establecer un vínculo transferencial y
ser curadas vía la interpretación: las "neurosis
de transferencia". Pero también encuentra que para algunas
"psiconeurosis narcisistas", como la paranoia, la interpretación
puede ocasionar la enfermedad tanto como una transferencia negativa que hace
imposible la cura.
Estas dos articulaciones entre la
transferencia y la interpretación nos van a ser de suma utilidad.
Pero en este caso tomaremos el
rasgo de la "dirección de la cura" como eje para interrogar los
conceptos de transferencia e interpretación en sus articulaciones posibles. Se
entiende que esto implica un recorte que supone dejar de lado un examen más
detallado de cada uno de los conceptos por separado, cosa que haremos con el
propósito de poner a prueba la siguiente hipótesis: la articulación entre estas
nociones se mide y se esclarece en función de la concepción que cada analista
posea sobre la cura, en particular sobre sus comienzos y sus finales. O para
usar la metáfora del juego del ajedrez, que toman tanto Freud como Lacan, sobre
la idea de sus aperturas y sus cierres. Pasamos entonces a la apertura del
tema.
1-
Articulación de los
conceptos en la obra de Freud
La interpretación de los sueños y el caso
Dora (1900-1902).
Comenzamos con el capítulo II de
"La interpretación de los sueños", referido al método interpretativo.
El primer punto para Freud es subrayar que los sueños, al igual que los
síntomas, poseen un sentido y son interpretables. Es este el puntapié inicial
de la experiencia psicoanalítica. La interpretación es entonces solidaria de la
hipótesis misma del inconsciente, o como se ha dicho: el inconsciente "es"
su interpretación.
Pero lo importante es que el método
psicoanalítico se diferencia de los usados anteriormente. No existe un código
de interpretaciones, dice Freud[1]:
se trata de "una interpretación en detalle" de los fragmentos del
sueño, o mejor dicho, del relato y las asociaciones por parte del paciente.
Entonces, la asociación libre pasa
a ser la regla fundamental para el paciente, y la interpretación su
contrapartida del lado del analista. La cura avanza con la interpretación de
los sueños y la sintomatología del paciente hacia la moción de deseo
inconsciente, que ya a esa altura se vislumbra como infantil y sexual.
Se ve que no encontramos allí a la
transferencia, salvo en su primera versión no ajustada todavía al desarrollo de
la cura[2]:
Freud se refiere allí al resto diurno, como elemento indiferente, al cual se le
"transfiere" una carga afectiva y múltiples significados. Sigue
entonces el modelo del síntoma neurótico: desplazamiento por falso enlace o
conversión hacia una representación sustitutiva.
Tomemos el caso Dora. Recién allí
se empieza a esbozar el concepto de
transferencia ligado a la cura psicoanalítica.
Se ve que Freud avanza por la vía
de la interpretación de los dos sueños hacia el esclarecimiento del deseo
sexual reprimido. El objetivo de la cura, dice[3]:
es "salvar los deterioros de la memoria", es decir, hacer consciente
lo inconsciente.
Pero, por la insistencia misma en
la interpretación (del deseo de Dora por el Sr. K), emerge la dimensión del
amor en la cura (que luego Freud va a conceptualizar con mayor precisión a
partir de sus “Tres Ensayos”), y con ella la transferencia como dificultad.
Falso enlace, de los afectos reprimidos con la persona del analista. El
análisis se interrumpe. Dice Freud: "no logré dominar a tiempo la transferencia".
Y además reflexiona: se vio sorprendido por la transferencias y explica que
debió habérsela interpretado a su paciente del siguiente modo: "ahora
usted ha hecho una transferencia desde el señor K hacia mi persona", etc.
Tenemos entonces, como resumen de
esta primera parte, lo siguiente:
1º-La interpretación (como
desciframiento jeroglífico).
2º-La transferencia
(siguiendo el modelo del síntoma: falso enlace) como dificultad.
Los escritos técnicos y las conferencias de
introducción al psicoanálisis (1911-1917).
Freud retoma esta problemática que
estamos planteando: allí donde debería haber asociación libre e interpretación
aparecen el detenimiento de las asociaciones y la escenificación de los
conflictos.
Surgen entonces las distintas
versiones Freudianas de la transferencia. Bajo el efecto del amor de
transferencia (amor erótico, o su contrapartida, el odio) aparecen como
obstáculo: la resistencia
transferencial, la repetición en acto y
la presencia del analista. Y como motor de la cura, en cambio: la
sugestión, como versión tierna de la transferencia positiva.
Pero es esa misma dimensión
resistencial de la transferencia la que puede convertirse en el instrumento más
provechoso de la cura, dice Freud. Y entonces surge la idea del "manejo de
la transferencia": Manejo de la transferencia, esto es lo importante, en
su relación con la satisfacción
pulsional puesta en juego. Dice Freud[4]:
"nuestra convicción acerca del significado de los síntomas como
satisfacciones libidinosas sustitutivas sólo se afianzó definitivamente cuando
incluimos en la cuenta a la transferencia".
Y respecto de la interpretación
agrega (en sus escritos técnicos): "las únicas dificultades realmente
serias son aquellas con las que se tropieza en el manejo de la
transferencia". Un tropiezo del arte interpretativo. Ahora hay que usar el
manejo de la transferencia para luego interpretar.
¿Cómo entender el manejo de la
transferencia? Su principio rector, dice Freud, es la abstinencia: no
satisfacerla, no rechazarla. "Queda excluido (dice Freud en sus
conferencias) ceder a las demandas del paciente y sería absurdo rechazarlas
inamistosamente".
Y se entiende que realizar una
interpretación sobre una demanda de amor que es actuada por una paciente, no
resuelve nada acerca de la satisfacción que está puesta en juego; es decir, no
la reduce. Esta vez, me parece que Freud prefiere favorecer el desarrollo de la
transferencia, en vez de malgastarla sugiriendo interpretaciones del tipo del
esclarecimiento.
Porque lo que ocurre entonces con la
transferencia, Freud lo pone de manifiesto en su texto "Dinámica de la
transferencia", es lo siguiente: se pone en juego necesariamente en la
cura y desde el comienzo. Pasa de motor a obstáculo, y luego a ser el
instrumento esencial del tratamiento. Respecto de la dirección de la cura,
entonces: sigue apuntando al campo del recordar por medio de la asociación y la
interpretación, pero condicionado por el análisis y el vencimiento de las
resistencias a través del manejo de la transferencia. Se accede a la
satisfacción sexual reprimida por la vía de la interpretación y la construcción
con la ayuda de la transferencia.
Tomemos el ejemplo del hombre de
las ratas. Freud interpreta la ambivalencia de sentimientos hacia el padre, y
lo corrobora en lo que llama "la escuela de padecer" (son términos de
Freud), el "doloroso camino de la transferencia". Se deja insultar
por el paciente. Y lo mismo ocurre respecto de la construcción que realiza
acerca de la escena infantil: donde el paciente tiene que asumirse como responsable
de la satisfacción sádico-anal de morder como una rata asquerosa.
Ahora bien, por último, en relación
al final de la cura, y volviendo a los escritos técnicos, Freud afirma que
"la interpretación completa (de un sueño) coincide con la ejecución del
análisis íntegro[5]".
Aunque agrega además que la transferencia "debe ser desmontada[6]",
es decir, su última versión de la transferencia: la neurosis de transferencia
en su conjunto como creación artificial, tanto en su consistencia libidinal
como en su significación. Entiende,
subrayo, que la transferencia paterna es
en todos los casos el "campo de batalla" de la pelea. Esto siempre en
relación a la pregunta por el final del análisis.
Tenemos entonces en este caso, una
articulación más compleja:
1º-la transferencia (al
comienzo)
2º-la interpretación (que
se subordina al manejo de la transferencia)
3º-la necesidad de su
desmontaje.
El más allá del principio del placer:
construcciones y análisis interminable (1920-1937).
Aquí podríamos anticipar que es
justamente la transferencia paterna la que se constituye en el mayor obstáculo
para concluir la cura, o por lo menos en uno de sus límites. Observamos un
último esfuerzo por parte de Freud para encontrar una interpretación (un modo
de interpretar) que le ponga fin al análisis: pero "fin" en el
sentido de lo que lo complete.
Vemos entonces, que en
"Construcciones en análisis" se pregunta por la "materia prima[7]"
con la que analista, sorteando el discurso yoico del paciente, puede realizar
una interpretación (o su versión compuesta, más compleja, que es la
construcción). Incluye dentro de esa materia prima, además de los jirones del
sueño y las ocurrencias sobre el síntoma: la repetición de los afectos en la
transferencia. Usa el material de la transferencia para hacer una
interpretación.
Pero señala, punto importante, que
la interpretación se mide por sus efectos y por la convicción que estos generan
en el paciente, más que por el convencimiento.
Ahora bien, los efectos principales
con los que se encuentra son:
Por un lado, la reacción
terapéutica negativa (el empeoramiento de los síntomas), en donde la pulsión
insiste en el síntoma más allá del principio del placer. Por otro lado, la
emergencia de la pulsión, en una forma cuasi alucinatoria, en los sueños
(sueños de angustia y de despertar) e incluso en las fantasías diurnas.
Pero más allá de estos efectos,
Freud se encuentra con un límite, ya que no puede producir un último recuerdo,
o una última asociación.
El ejemplo paradigmático es en esta
oportunidad el caso del "hombre de los lobos". Respecto del sueño,
Freud realiza lo que llama una "interpretación más inmediata" (la
construcción de la escena primaria) a partir de la insistencia de un objeto
pulsional que no se deja reducir por la interpretación. En ese caso se trata de
la mirada. Se apresura en concluir el análisis habiéndole puesto ya un plazo
fijo. Y veremos que ahí la transferencia lejos de desmontarse, se solidifica
como transferencia paterna: el hombre de los lobos quedó identificado al lugar
de "hijo favorito" de Freud.
De este modo nos damos cuenta que
Freud busca una última interpretación y se encuentra nuevamente con los límites
a la interpretabilidad y del recuerdo, que ya había reconocido tanto en el
ombligo del sueño como en la represión primaria. Dice[8]:
"preparamos el camino a este hacer consciente mediante interpretaciones y
construcciones, pero habremos interpretado sólo para nosotros, no para el
analizado, mientras el yo no resigne las resistencias inconscientes". Y
estas resistencias tienen que ver: en primer lugar, con la satisfacción de la
pulsión más allá del placer. Y en segundo lugar, con las resistencias de
transferencia ligadas a una satisfacción narcisística, muchas veces promovidas
por el mismo Freud. Es decir, ligadas a la significación edípica de las
interpretaciones que Freud realizaba, y a la posición paterna que adoptaba en
la transferencia.
No hay, según Freud, representación
de la muerte ni de la sexualidad más que a través de la castración. Sólo queda
al final del análisis "reexaminar" la posición frente a la
castración. Pero el resultado en esos casos era el tope de la roca viva de la
transferencia: envidia, depresión grave y reclamo en las pacientes femeninas,
competencia y desafío hacia el analista en el caso de los varones.
Entonces, tenemos para este tercer
momento en Freud una pregunta: ¿cómo ir más allá del complejo de castración y
del complejo de Edipo?. Es decir:
3º-¿Cómo desmontar la
transferencia (paterna) por medio de la interpretación?
Con esta pregunta, que dejamos en
suspenso, pasamos a examinar el desarrollo del tema en la obra de Lacan.
2-
La elaboración Lacaniana
Nuevamente dividida en tres
momentos:
La propuesta de "La dirección de la
cura y los principios de su poder" (1953-1960).
Lacan comienza igual que Freud:
diferenciándose de la práctica interpretativa de sus antecesores. Y realiza una
crítica a la clínica de los pos-freudianos. ¿Qué había ocurrido con la
interpretación, cuál era su lugar en la cura?, se pregunta.
Disponían, contesta, de una
catálogo de interpretaciones que, apuntando al esclarecimiento, esperaba como
respuesta el "asentimiento del paciente[9]".
Interpretación que además muchas veces se hacía sobre la base de un código
metafórico previo. Es decir, desconociendo las indicaciones de Freud, y
acercándose más a las terapias no psicoanalíticas.
Respecto de la transferencia, dice:
se esperaba su consolidación en la cura, a través de la alianza terapéutica con
la parte sana del yo del paciente, para
luego comenzar a interpretar.
Entonces, la dirección de la cura
en su conjunto se orientaba respecto de un patrón de medida supuestamente objetivo: la realidad
material, la relación genital natural o directamente el yo y los ideales del
analista, a los cuales había que identificarse sobre el final del análisis o
introyectarlos.
Lacan cita el caso del paciente de
Kris para ejemplificar uno entre los posibles efectos de este tipo de
intervenciones: el acting out (lo que llama la transferencia salvaje, o
transferencia sin análisis). El paciente, luego de ser confrontado en la
interpretación de su analista con la realidad de que no plagiaba como él creía,
sale a comer sesos frescos como modo de rectificar esa intervención. Repetición
en acto, según Freud.
Ahora bien: ¿Cuál es la propuesta
de Lacan? Resituar la práctica del análisis en su conjunto, en relación a la
función de la palabra y el campo del lenguaje: es decir, a la relación
simbólica entre el sujeto y el Otro como lugar de la palabra. Cosa que escribe
en su esquema Lamda.
Tanto la interpretación como la
transferencia encuentran allí su lugar. La interpretación, para no ser simple
esclarecimiento, y la transferencia, para no reducirse a la mera sugestión,
tienen que apuntar al deseo y no a la demanda; es decir, al intervalo que se produce
entre los enunciados del paciente y su enunciación. Lo que Lacan escribe con su
Grafo del deseo.
Tenemos nuevamente el ejemplo del
hombre de las ratas. La interpretación de Freud sobre la voluntad del padre del
paciente: inexacta (respecto de la realidad) pero verdadera en relación a los
significantes paternos que lo determinan en su elección amorosa (mujer
rica-pobre).
Entonces, sobre la articulación
entre transferencia e interpretación encontramos aquí precisiones de Lacan. Es
cierto que las interpretaciones se subordinan a la transferencia, hay allí una
relación jerárquica: en la táctica de la interpretación el analista es libre
siempre y cuando las mida teniendo en cuenta la estrategia de la transferencia.
La distinción entre táctica y estrategia ordena bien el problema.
Pero a su vez, en la diacronía de
la cura, es una intervención de tipo interpretativa la que funda esta dimensión
simbólica de la transferencia. Lacan le da en este momento el nombre de
"rectificación subjetiva". Y de este modo acentúa por ejemplo: el
silencio del analista y la virtud alusiva de su interpretación como recurso a
la palabra, y el soportar con su presencia los efectos de la transferencia.
Tenemos entonces, respecto de este
primer tiempo en la elaboración de Lacan:
1º-una relación jerárquica
entre transferencia e interpretación.
2º-la interpretación crea
la transferencia.
3º-pocas indicaciones sobre
su vertiente pulsional.
A partir del seminario XI: Los cuatro
conceptos fundamentales (1963-1970).
Aquí Lacan retoma esta idea
respecto de la dimensión simbólica de la transferencia, y del hecho de ser
fundada por la interpretación, con su noción del Sujeto supuesto Saber. Se
refiere a él como el "pivote" transfenoménico alrededor del cual
giran y se ordenan la variedad de fenómenos imaginarios de la transferencia.
Pueden pensar en la imagen de un jugador de Básquet, que usa su pie de apoyo
como pivote y puede girar libremente para todos lados mientras eso se mantenga
firme; o el jugador mismo que juega de pivote, y organiza el juego de todos los
demás.
Distinguimos entonces: la dimensión
imaginaria de la transferencia como amor (como amor al saber incluso), diría yo
como "atribución" de saber al analista; de la vertiente simbólica,
como la suposición de un saber inconsciente y la suposición de un sujeto a ese
saber inconsciente.
Es en su "Proposición del 9 de
octubre de 1969" donde Lacan, siguiendo a Freud, dice "al comienzo
está la transferencia", al comienzo del análisis. Y escribe su matema, el
algoritmo que la funda. Es decir, una interpretación por la cual un
significante del síntoma del paciente, se articula con un significante
cualquiera subrayado por el analista, produciendo un efecto de sentido, un
efecto de sujeto y la producción de un saber inconsciente.
Tenemos la versión Freudiana del
asunto. Dice Freud en la conferencia º18[10]:
"Hay saberes y saberes, el saber del médico no es el mismo que el del
enfermo. Cuando el médico transfiere su saber al enfermo, esto no tiene el
efecto de cancelar los síntomas sino el de poner en marcha el análisis".
Es decir que el análisis comienza cuando el paciente adquiere la convicción
(análoga a la del analista) de que sus síntomas tienen sentido, aunque no sepa
bien cuál es ese sentido. El síntoma entonces, se modifica y adquiere nuevos
significados.
Podemos ejemplificar esto a nivel
del texto de Freud, con el caso de la fobia de Juanito.
Freud le interpreta el síntoma
fóbico por el deseo de muerte hacia su padre. Conecta el significante caballo
con el significante padre, relacionando el detalle de la mancha negra del
caballo con los bigotes y las gafas del papá. Freud le encaja, por así decir,
una interpretación edípica y Juanito reacciona multiplicando los sentidos de su
síntoma (carruajes cargados, caballos que se tumban, etcétera), y verificando
la interpretación en la transferencia con su padre: escenificando una pelea con
él.
Pero es a Freud a quien Hans le
atribuye saber, el poder de comunicarse con Dios y saber sobre su propio
destino, el destino del sujeto.
Ahora bien, no es esta la única
dimensión de la transferencia evocada por Lacan en este momento. Tenemos a
partir del Seminario XI, no sólo la vertiente del comienzo del análisis, es
decir, la alienación del sujeto al significantes y sus efectos de
significación; sino también la vertiente y el principio de la separación.
Lacan le llama a esto el
"resorte" de la transferencia. Y aquí podríamos evocar quizás el
momento culmine del Básquet, para continuar con la metáfora, donde el pie
pivote se desprende del piso saltando como un resorte y alcanzando la meta del
gol y la satisfacción de la tribuna: simple, doble, o en el mejor de los casos
triple. Lo cierto es que se trata evidentemente de la vertiente sexual y
pulsional, que Lacan dejó un poco a un costado en su primera época. La inscribe
en este caso con su propia invención: el matema del objeto a, y la
define como la "puesta en acto de la realidad sexual del
inconsciente".
Se trata entonces de la detención
de las asociaciones, del cierre del inconsciente dice Lacan, y de la
presentificación de la pulsión parcial por la vía del objeto que el analista
encarna y soporta con su presencia.
Recordemos: resistencia para Freud,
resorte de la transferencia y principio de la separación para Lacan. Ejemplo de
esto: nuevamente el hombre de los lobos. Que en un momento calla en el análisis, aparece la presencia
del analista y la angustia de transferencia, junto con la escenificación de la
pulsión oral en el miedo de ser devorado por Freud (como lo fueron los cabritos
por el lobo).
Es decir que ese objeto, causa de
deseo y condición de goce, no sólo se muestra en el acting o en el acto de la
transferencia, sino también por ejemplo en el sueño. En el sueño del que uno
despierta con angustia (como el del hombre de los lobos). La presencia de un
real, dice Lacan, que no alcanza a ser velado ni por la imagen ni por el
significante.
Tenemos en este segundo momento
entonces:
1º-la interpretación
significante (que crea y sostiene la
transferencia simbólica desde el comienzo del análisis).
2º-la transferencia como
puesta en acto y principio de la separación (que implica el cierre del
inconsciente pero apunta al final del análisis).
La producción de los cuatro
discursos (1970).
La cuestión es entonces, retomando
al último Freud: buscar un tipo de interpretación que apunte a esa otra
dimensión de la transferencia, a la puesta en acto, y que responda al impasse del análisis
interminable. Es lo que intenta hacer Lacan a partir de la producción de sus cuatro
discursos (y en especial en su texto "El Atolondradicho").
Voy a ser más breve y sintético en
este punto porque es un tema demasiado complejo, pero quisiera situar lo
importante.
Podemos evocarlo, en relación a la
interpretación, a partir de la distinción entre la puntuación y el corte. La
puntuación de un significante tiende a producir una nueva significación, va en
la vía del algoritmo de la transferencia y de la producción de un saber. Tal
como lo muestra la escritura del discurso amo, que es para Lacan homólogo al
discurso del inconsciente. Por eso Lacan puede sugerir que es el inconsciente
el que interpreta y que la cuestión es qué hace con eso el analista hacia el
final de la cura: va a favor o en contra de la interpretación del inconsciente
y del mantenimiento de la transferencia. Recordemos que era ese el problema de
Freud.
Aquí encuentra su lugar el acto del
analista, según Lacan. Que incluye tanto la dimensión de la transferencia como
la de la interpretación. El decir del analista sería entonces otro nombre de la
interpretación, que por el corte apuntaría siempre a probar la inconsistencia del Otro de la
palabra y del discurso (más allá de los distintos modos en los que la
interpretación pueda ser realizada). Apuntaría entonces: por un lado, a un
significante uno (S1) al que no se le añada un segundo significante(S2). (Se
puede representar esto con el matema del discurso analítico). Y por otro lado,
al objeto mismo en tanto que representante de lo real como imposible.
Apunta al decir del analizante más
allá de sus dichos, ésta es la cuestión. La interpretación pasa a ser un medio
decir, o un decir a medias según Lacan[11]:
"lo que articulé como enunciación sin enunciado (el enigma) y como
enunciado con enunciación en reserva (la cita)". Y es así como parece
retornar la misma pregunta de Freud: ¿cuál es la materia prima para la
interpretación? Lacan responde: la estructura de lalengua en tanto
significantes sueltos, antes de ser inscriptos en cualquier discurso. Por eso
pasa a ser el equívoco (en cualquiera de sus tres formas: gramatical,
homofónico o lógico) el modelo de la interpretación. Porque el equívoco ya está
en la lengua, y el analista sólo tiene que servirse de él.
Lacan agrega respecto del acto[12]:
"lo importante es lo que se escapa". Y es el analista mismo como
objeto el que tiene que dejarse caer de la transferencia hacia el final del
análisis. Para cerrar entonces, dice Lacan en este mismo seminario[13]:
"el complejo de Edipo es el sueño de Freud, y como cualquier sueño debe
ser interpretado".
Tenemos entonces para terminar, dos
puntuaciones que retomar la pregunta del último Freud:
1º-una interpretación por
el corte y por el equívoco.
2º-que se opone a la transferencia, apuntando al objeto y a
la separación: va en la dirección de su desmontaje (en términos de Freud) o de
la destitución tanto del sujeto como del Otro (en términos de Lacan).
3-
Para concluir
Simplemente quisiera subrayar tres
puntos:
1- Las articulaciones entre
transferencia e interpretación se ordenan en función de la concepción que se
posea sobre la dirección de la cura, es decir: sobre sus principios y de sus
fines (en el doble sentido: de sus aperturas y sus cierres, por un lado; de sus
fundamentos y su finalidad, por el otro).
2- Es por eso que la práctica psicoanalítica no puede
desentenderse de sus fundamentos Freudianos: es decir, la etiología
sexual y el determinismo inconsciente de los síntomas. Siendo, según la
definición de Lacan: una praxis que trata lo real por medio de lo simbólico, o
dicho de otro modo, una práctica que toca la satisfacción pulsional por medio
de la palabra.
3- Puede afirmarse que el decir de Freud: "no hay relación sexual", decir que
no se encuentra en sus dichos, es la interpretación de Lacan en transferencia
con el texto de Freud.
Marcelo Mazzuca.
mmazzuca@psi.uba.ar
[1] S.Freud: "La interpretación de los sueños", AE Tomo IV, página 125.
[2] S.Freud: Ibid, página 555.
[3] S.Freud: "Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora)", AE Tomo VII, página 18.
[4] S.Freud: "Conferencias de introducción al psicoanálisis: La transferencia", AE Tomo XVI, página 404.
[5] S.Freud: "EL uso de la interpretación de los sueños en psicoanálisis", AE Tomo XII, página 89.
[6] S.Freud: "Conferencias de introducción al psicoanálisis: La transferencia", AE Tomo XVI, página 412.
[7] S.Freud: "Construcciones en análisis", AE Tomo XXIII, página 260.
[8] S.Freud: "Análisis terminable e interminable", AE Tomo XXIII, página 240.
[9] J.Lacan: "La dirección de la cura y los principios de su poder", Editorial Siglo Veintiuno, página 575.
[10] S.Freud: "Conferencias de introducción al psicoanálisis: La fijación inconsciente al trauma", AE Tomo XVI, página 357.
[11] J.Lacan: "El reverso del psicoanálisis", Editorial Paidós, página 54.
[12] J.Lacan: Ibid, página 61.
[13] J.Lacan: Ibid, página 145.
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