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Trauma y pulsión de muerte. Comentarios sobre Más Allá del principio del placer

15/01/2008- Por Rafael Casajús - Realizar Consulta

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Es importante poder identificar que el trauma para el psicoanálisis es algo del orden de lo necesario; esto quiere decir que “no podría no haber ocurrido”, que podrá ser casual en su ocurrencia, en su acaecer, pero lo que no puede dejar de ocurrir es que siempre hay trauma, sea este sorpresivo, (en el sentido de inesperado y casual), o no, es como el complejo de Edipo, no hay alternativa respecto de esto. Incluso podemos afirmar que es una condición, así como “el lenguaje es condición del inconsciente” podemos decir que el trauma es condición del aparato psíquico. Ya vamos a ver por qué.

Trauma

Dedicaremos una serie de encuentros a la lectura y comentarios de Más Allá del principio del placer con lo cual es imprescindible tenerlo detenidamente leído. Tenemos la pretensión, quizá un poco extraña dado el texto elegido, de realizar una introducción al psicoanálisis.
Vamos a trabajar los cuatro primeros apartados y realizaremos distintos niveles de lectura que serán, clase por clase: primero respecto al trauma, luego respecto al principio del placer, después en relación a la repetición y el juego, y por último al “más allá” y la pulsión de muerte.
La intención es ir deteniéndonos en cada uno de estos  lineamientos para realizar una puesta en juego de lo aprendido tratando de orquestar su funcionamiento.

Primeramente, entonces, el trauma. Es necesario poder especificar qué es el trauma para el psicoanálisis. Freud utiliza el término “sorpresa” pero hay que aclarar que el trauma puede o no ser algo sorpresivo, también podría ser algo que no ocurrió. No digo que no sea como plantea Freud, pero creo que con “sorpresa” quiere significar golpe, el trauma es un golpe.

Incluso habría que agregar que puede ser algo que, aunque ocurrido, el sujeto no lo pueda identificar con el carácter de tal. Por otro lado es importante poder identificar que el trauma para el psicoanálisis es algo del orden de lo necesario; esto quiere decir que “no podría no haber ocurrido”, que podrá ser casual en su ocurrencia, en su acaecer, pero lo que no puede dejar de ocurrir es que siempre hay trauma, sea este sorpresivo, (en el sentido de inesperado y casual), o no, es como el complejo de Edipo, no hay alternativa respecto de esto. Incluso podemos afirmar que es una condición, así como “el lenguaje es condición del inconsciente” podemos decir que el trauma es condición del aparato psíquico. Ya vamos a ver por qué.

Voy a dar un ejemplo: en una oportunidad atiendo a una joven que sufre una hebefrenia. La entrevisto a ella y luego a la madre. La madre, muy angustiada por estos episodios, dice que no sabe cómo hacer, cómo manejarse cuando su hija se pone así y dice algo muy significativo, dice que algunas veces su hija le pregunta si escucha alguna voz y que ella, la madre, le contesta “no, no escucho ninguna”. Se puede ver aquí que lo traumático, incluso como algo lacerante, está en relación a lo que no ocurre y tal es así que puede ayudarnos a reflexionar en términos de que la hija probablemente escuchaba las voces que la madre no escuchaba, porque fíjense que el problemas es que la madre no escucha “ninguna”, ni siquiera la de su propia hija que le habla. No es que no escuchaba lo que le pregunta, lo que la madre responde es que no escuchaba “ninguna voz”, por lo tanto tampoco la voz de su hija, lo cual es grave. Como se ve, lo profundamente traumático aquí es algo que falta, que falta y respecto a lo cual esta joven no tiene cómo responder, cómo defenderse y eso que falta genera un desgarramiento; ésa es otra propiedad de lo traumático para el psicoanálisis: que es algo respecto de lo cual el sujeto no puede dar una respuesta[1], es decir que es algo que lo excede y porque lo excede se le complica decirlo, como se suele decir “ponerlo en palabras”. Se trata de un exceso que lo excede. Pero también lo traumático silencia por otro motivo. Pommier es claro en este punto, dice que el silencio es algo que caracteriza muy intrínsecamente a todo lo que sea traumático por el amor[2]. ¿Cómo es esto así? Es que cuando el sujeto es objeto de un trato traumatizante por el otro (los padres o algún representante de ellos), puede preservar el amor en la medida en que no sepa nada de eso, es decir en la medida en que reprima. Si no se entera puede seguir amando. Es lo que Pommier llama “el traumatismo del amor”. Muy claro, muy clínico.

Ahora bien, la frase “no enterarse nada de eso” no es cualquier frase, es lo que hace a la presencia dominante del trauma. Si se lee con cuidado la parte III de Más allá… hacia su final van a notar que Freud habla del establecimiento del trauma por falta de “apronte angustioso”, ¿qué es esto? Lo que está sosteniendo es muy llamativo, está sosteniendo que si hubiera habido angustia no hubiera habido trauma, ¿por qué? Justamente porque, como lo desarrolla muy bien Anabel Salafia en su Seminario “Los textos de Freud en la formación del analista”, trauma y sujeto por definición se excluyen. Lo veníamos diciendo, el trauma es aquello respecto de lo cual el sujeto no puede defenderse, no encuentra una respuesta adecuada o, en términos freudianos, “la barrera antiestímulos ha sido rota” y por tanto el aparato anímico se encontrará anegado, anegado por una irrupción que no se encuentra la forma de procesarla. Algo parece implantarse e instalarse, incluso generando cierta ajenidad, cierta extrañeza, cierta parasitación. Es lo que primero suele expresarse frente a los hechos traumáticos, “no puedo creerlo”, “no es cierto lo que pasó”, etcétera y no sólo lo que primero se expresa sino que, salvo análisis mediante, es lo que se vivirá repitiendo el resto de la vida. El sujeto asiste a lo que le pasa, vive lo traumático como si fuera un “él”, como si le ocurriera a otro que él. Bien podemos decir entonces que hay una posición alienante respecto a lo que le ocurre.

¿Qué es lo que hace que el sujeto no pueda defenderse o responder adecuadamente respecto del trauma?, bueno, Freud lo dice: que no haya angustia; ¿y cuál es la complicación de que no haya angustia?, es que si no hay angustia el sujeto no se entera, por eso trauma y sujeto se excluyen porque hay trauma en la medida en que no hubo y no hay un sujeto ahí que se anoticie. Entiendo que el trabajo de un análisis es ése, encontrar el sujeto de ese trauma y es por eso que es imposible un análisis sin angustia. Entonces es imprescindible, es necesario que el sujeto se pueda dejar afectar por lo que respecta a su trauma. Podría decirse entonces que angustiarse es una forma que tiene el aparato anímico de percibirse y de percibir lo que profundamente lo implica.

Lo mismo ocurre con el duelo y el trabajo subsecuente que este demanda, ¿en qué consiste el trabajo del duelo? Freud señala que observada la realidad se constata que el objeto ya no está pero que esa constatación no es suficiente ya que lo que se debe hacer es aceptar esa ausencia. Esa aceptación es paulatina, prolongada en el tiempo. ¿Qué es esa aceptación, ese reconocimiento? Es esa asimilación paulatina que consiste en tomar conocimiento, poco a poco, que el objeto ya no está. Es esa una diferencia con la melancolía, no es que el melancólico no sabe que perdió algo, lo sabe pero no lo quiere o no lo puede creer.

A ver si retomo esto una vez más. No es que la persona no sepa, a veces puede saber, a veces no, pero el punto no es ese, el punto es que por más que sepa no se entera. Es el caso del Hombre de las Ratas, no es que él no sepa que su padre murió, lo sabe pero no se anoticia y es obvio que no se anotició de ese hecho tan traumático para él, porque cuando escuchaba un chiste interesante decía “se lo voy a contar a papá” y “papá” ya estaba muerto hacía tiempo, cosa que él no ignoraba.
Ahora bien, que algo respecto del trauma quede por fuera, o mejor dicho que el sujeto esté en una posición ajena respecto del trauma, es lo que nos lleva a nuestro siguiente punto, la repetición, ya que ¿por qué se repetiría si no es para que algo entre?

 

Referencias

[1] Ref  Trauma, Duelo y Tiempo. Norberto Ferreyra. Kliné.

[2] Ref  Transferencia y Estructuras Clínicas. Kliné.


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