» Introducción al Psicoanálisis
Una mirada sobre el Superyó21/03/2006- Por Vanesa D. Nogueira -
Si intentamos dar algunas vueltas más al tratamiento del superyó en la vertiente del complejo de Edipo, opino que el mito que Freud introduce en Tótem y Tabú, puede prestarnos ayuda pues permite situar cómo el pacto simbólico entre los hermanos, una vez muerto el padre, nos lleva a una paradoja. Por un lado tenemos este asesinato que trae como consecuencia un pacto, que prohíbe el goce del cuerpo materno transformándose así en garante del Deseo; pero a consecuencia de haber surgido en la forma del arrepentimiento. “(…) así nació una conciencia de culpa que en este caso coincidía con el arrepentimiento sentido en común”. “La conciencia de culpa del hijo varón”. O sea, con el arrepentimiento nace la conciencia de culpa.
Aún cuando la fórmula no aparezca
así en Freud, la pulsión de muerte, tal como emerge de su texto, es la pulsión del
superyó. Esta autoconservación que sería patrimonio del yo (…), se disuelve.
Emerge en el mismo lugar una pulsión totalmente contraria a la
autoconservación, que lleva al viviente a la muerte, y a través de ciertos
rodeos, que Lacan lee como rodeos del sistema significante, encuentra el nombre
freudiano de superyó.
(…) la pulsión de muerte, que
traduzco aquí como pulsión del superyó (…) me parece su definición más
brillante, (…)
Jacques-Alain Miller. (1)
A modo de introducción.
En este trabajo intento dar cuenta de un recorrido
teórico sobre el concepto de Superyó de Freud a Lacan, su aparente doble origen,
sus paradojas, y a la vez interrogarme sobre su pertinencia clínica en
distintas modalidades de presentación subjetiva .
Definiciones.
Es interesante lo que encontramos en el Diccionario de la Real Academia Española,
al rastrear el significado y origen del término Superyó. (2)
El mismo nos lleva a descomponer la palabra en dos
partículas: Super y Yo. Así es como
leemos en la primera (del latín super), varios significados: “encima de”, “preeminencia” o “excelencia”,
“en grado sumo”, y “en exceso”. *
En este simple estado de cosas, pareciera ser que, ya
desde aquellas definiciones, se vislumbrará una doble vertiente respecto del
concepto a tratar.
Veámoslo detenidamente y analicemos las mismas.
* En cuanto al Yo,
la filosofía lo designa como “la realidad personal de quien
habla o escribe”.
De Freud
a Lacan.
Freud en su texto de 1923, El yo y el Ello,
considera la génesis del superyó como:”el resultado de dos factores
biológicos de suma importancia (en
las traducciones inglesas aparecerá modificado como un factor biológico y otro
histórico), a saber, el desvalimiento
y la dependencia del ser humano durante su prolongada infancia, y el hecho de su complejo de
Edipo” (3) (Nota: los subrayados en las citas textuales son míos)
Analicemos esta dualidad, que parece presentarse desde
el inicio, y tratemos de dar cuenta de las caras que se dibujan.
Comencemos por situar el factor edípico. Desde esta
mirada el superyó nace por la resignación de las investiduras a los objetos
padre y madre, transformando tales investiduras en identificación –identificación
padre y madre de lo que Freud denominará Edipo completo-.
“Las investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación. La autoridad del padre, o de ambos progenitores introyectada en el yo, forma ahí el núcleo del superyó “(4)
Creando a la vez una nueva instancia dentro del yo,
capaz de contraponerse al mismo y dominarlo; y como instancia crítica, capaz de
dar noticia del sentimiento de culpa, que es la expresión de la tensión entre
el yo y la culpa.
Ahora bien, si volcamos la mirada hacia el otro
origen, y por lo tanto a lo que pareciera ser la otra cara del superyó; cabría
preguntarnos a qué hace referencia Freud al afirmar que aquel “es el monumento recordatorio de la endeblez
y dependencia en que el yo se encontró en el pasado “(5)
Para tal fin es útil retomar otro texto de Freud de
1939 –
Moisés y la religión monoteísta –donde intenta dar cuenta que, los
traumas de la temprana infancia, “son
vivencias en el cuerpo propio, o bien percepciones sensoriales, la más de las
veces de lo visto y oído, vale decir vivencias o impresiones “. (6)
Aquí es donde el superyó cobra
importancia, articulado a la constitución primaria –desde un punto de vista
lógico- del sujeto en relación al Otro. Digámoslo así, lógicamente anterior a
la instauración y el sepultamiento del complejo de Edipo.
Lo traumático de aquellas vivencias, que nombrábamos
anteriormente, supone un punto de anticipación forzada del aparato psíquico.
Traumas del cuerpo, de lo visto y de lo oído, previos a la adquisición del
lenguaje.
Suponen también, un punto en el que el sujeto se
inserta en un mundo de imágenes sensoriales, auditivas y vistas, que pertenecen
al lenguaje pero que el sujeto no puede comprender ni reconocer como tales.
Quedando, por lo tanto, inmerso en un mundo de imágenes y sonidos que
efectivamente no puede tramitar. Considerado así el lenguaje se presenta,
entonces, como algo Otro.
Constituirse como sujeto en el Otro implica un exilio,
porque uno debe exiliarse en la lengua del Otro. Exilio y éxodo por producirse
así la falta en ser. (7)
De lo anterior se desprende que el sujeto, como ya lo
veníamos trabajando, sólo puede encontrar un punto de existencia fuera del sí
mismo, o sea en el Otro. No hay nada en el sí mismo que permita nombrarse –como
Yo-. Estamos hablando de la alienación necesaria, de ese Tú eres que permitirá luego el Yo
soy (Lacan) entrando el sujeto al mundo vía sometimiento pasivo a un Otro.
Masoquismo originario para Freud. Aquellos rodeos
teóricos nos permitieron situar al superyó en la cara que adscribimos a la
endeblez y dependencia del yo. En este estado de cosas es lícito tomar ambas
vertientes que el superyó presenta e intentar una suerte de ordenamiento.
No puede pasarse por alto que esta dualidad expresa su
complejidad inherente desde un principio.
Ya al presentarlo Freud manifiesta:
”El superyó debe su posición particular dentro del yo
o respecto de él a un factor que se ha de apreciar desde dos lados: el
primero es la identificación inicial ocurrida cuando el yo era todavía endeble-articulado
a lo que veníamos trabajando- y el segundo: es el heredero del complejo de
Edipo, y por lo tanto introdujo en el yo los objetos más grandiosos”. (8)
A partir de aquí surge la pregunta acerca de qué
complejidad hablamos al tratar de dar cuenta del concepto de superyó. ¿Es
posible sostener estás dos caras descritas? ¿Es factible hablar de un superyó
edípico y otro pre-edípico? ¿De un superyó materno, arcaico y otro paterno?
¿Sería necesaria una síntesis entre ambas vertientes? Y lo que quizá más me
interroga, ¿qué implicancias tiene esta dualidad en la clínica?
Paradojas.
Si intentamos dar algunas vueltas más al tratamiento
del superyó en la vertiente del complejo de Edipo, opino que el mito que Freud
introduce en Tótem y Tabú, puede
prestarnos ayuda pues permite situar cómo el pacto simbólico entre los
hermanos, una vez muerto el padre, nos lleva a una paradoja.
Por un lado tenemos este asesinato que trae como
consecuencia un pacto, que prohíbe el goce del cuerpo materno transformándose
así en garante del Deseo; pero a consecuencia de haber surgido en la forma del
arrepentimiento.
“(…) así nació una conciencia de
culpa que en este caso coincidía con el arrepentimiento sentido en común”. “La
conciencia de culpa del hijo varón”. (9) O sea con el arrepentimiento nace la
conciencia de culpa.
La paradoja se asienta en el recorrido freudiano,
algunos años más tarde, cuando al describir el origen del superyó en relación
al complejo de Edipo, dice:
”Si el padre fue duro, violento, cruel, el superyó
toma de él esas cualidades, y en relación con el yo vuelve a producirse la
pasividad que justamente debía ser reprimida .El superyó ha devenido sádico, el
yo deviene masoquista’’ (…)
Dentro del yo se genera una gran necesidad de
castigo, que en parte está pronta como tal a acoger el destino, y en parte
halla satisfacción en el maltrato por el superyó. “(10)
Con aquello el superyó pasa de ser una instancia que
regulariza, impone la ley, abre al deseo y prohíbe el goce a una instancia cuyo imperativo es el goce. Le ordena Gozar, aunque sabemos por la definición de Lacan que aquello es
imposible. ¿Estaríamos en condiciones de afirmar entonces que el superyó es el
nombre del goce en Freud?
Ubicamos la otra paradoja freudiana en El malestar en la cultura. De allí Lacan
la retoma y se interroga:
” ¿Debemos (…) pensar que puede ser total la reducción
de la antinomia que Freud mismo articuló tan poderosamente? Cuando formula que
la forma bajo la cual se inscribe concretamente la instancia moral en el
hombre, y en su decir, es todo menos racional, esa forma que llamó el superyó,
es de una economía tal que cuanto más sacrificios se le hacen tanto más
exigente deviene” (11)
Lo anterior nos advierte de no caer en la trampa,
creyendo que la renuncia haría que la instancia se mostrara satisfecha, por el
contrario -como puntuábamos más arriba- le exige el goce; y en todo caso se es
culpable de no gozar del todo.
Miller opina:
” La frase de Freud es una paradoja
si imaginamos que el superyó prohíbe el goce. Cuando Lacan formula que el
superyó dice ¡Goza! , elimina la paradoja pues el superyó exige el goce. ’’
(12)
Asimismo si algo queda establecido claramente a partir
del Seminario 7 de Lacan -La Ética del Psicoanálisis-es que con el superyó se introduce una
ética “que no es la del bien, en la medida que se confunde el bien con el
bienestar” (13).
Freud lo nombraba como “Ganancia de placer de otra
índole”.Quizá de esta manera, cobre
sentido ubicar el concepto de superyó en la misma línea que la pulsión de
muerte y el masoquismo primordial.
Puntuaciones Lacanianas
Retomando estas vertientes en las que el superyó se
divide y que podrían agruparse una en la línea del deseo y la otra en la del
goce, considero oportuno introducir algunas articulaciones respecto del superyó
pre-edípico o superyó materno.
El mismo pareciera ordenarse en la cara atribuida a la
endeblez del yo, anterior a la instauración del complejo de Edipo. A su vez se
ubicaría en la línea del deseo materno -deseo sin ley- .Luego, la
metaforización vía Nombre del Padre, ordenaría las cosas de alguna manera y
encontraría lugar la función fálica.
La cara más originaria del superyó parecería agruparse
en esta vertiente donde:
’’El superyó como ley insensata está más cercano al
deseo de la madre antes de que ese deseo sea metaforizado e incluso dominado
por el Nombre-del-Padre. El superyó esta cerca del deseo de la madre como
capricho sin ley (…)” (14)
Freud le daba el nombre de superyó femenino. Aún más,
podríamos agregar que sería la ley como significante unario S1, sin el S2, necesario para que cobre
sentido de manera retroactiva.
Miller propone el matema F0 para
representar ”el goce no frenado por el falo” y lo presenta como un significante
que, en la teoría de Lacan, escribiría
al superyó. (15)
Hipótesis
y conclusiones.
Sólo el silencio es amigo.
Pero también
no es amigo... si lo mudo
se oye bien...
(…) Guitarra panadera –Manuel del Cabral.
En cuanto a la pertinencia clínica, si bien ambas
caras pueden pesquizarse y son factibles de ser leídas según el caso, cabría la
hipótesis que en aquellas patologías, que podríamos considerar Patologías Actuales (16); llámense por
ejemplo: adicciones, actos de violencia, compulsiones, etc.
En tales casos, acaso, ¿no pareciera haber un mayor
peso o influencia (siempre sin dejar de lado la otra) de una de las caras? A
saber, la cara más originaria, ordenada a partir de lo trabajado desde la
endeblez, el desvalimiento y la temprana dependencia del yo, articulado a
aquellos restos de lo visto y de lo oído. Como, así también, cara de la
vertiente gozosa.
Así estas patologías, que no parecieran organizarse al
modo de las formaciones del inconsciente, se presentarían con una mayor
aportación de esta vertiente donde aquellos restos serían mudos y donde frente a la voz imperativa de Goza, el yo respondería con un Oigo.
El sentimiento de culpa sería entonces,
mudo para el enfermo.
Indudablemente con esto no quiero decir que estas
caras no se lean indiferenciadamente (una de ellas con más texto) tanto en
aquellos casos que se ordenarían vía transferencia al Sujeto Supuesto al Saber,
como en los que la transferencia pareciera tener otro estatuto.
No dejo de lado que estas
vertientes deben ser pensadas en relación a la superficie que Lacan toma de la
topología, me refiero a la Banda de
Moebius, donde la separación de ambas caras siempre sería un borde impreciso.
Luego de todo el recorrido, creo justificado retomar
las definiciones del comienzo; y remarcar que esta doble vertiente del superyó,
que intenté mostrar a lo largo del texto, pareciera encontrarse en germen en
los significados atribuidos a la palabra super.
La faz superyoica que toma relevancia a partir del
complejo de Edipo, parece condecirse con las definiciones de “super”. A saber: “encima
de”,
nosotros podríamos decir encima del yo, como introyección de las
instancias parentales. “Excelencia”, que se relaciona con la búsqueda de
expiación vía la renuncia, dada la internalización de la instancia crítica y la
implantación de la conciencia moral. Incluso Freud en El Yo y el Ello, lo
nombrará como “la entidad más alta”, “la escencia superior”.
Del lado opuesto se ubicaría la definición como “exceso”,
que se acercaría más a la cara gozosa .Este “ exceso”, vía hipótesis económica
, se articularía a lo inaugural , al camino forzado mediante el que el sujeto
adviene al mundo de manera pasiva , vía el Otro Primordial , expuesto a
imágenes y sonidos que, no puede tramitar.
Vanesa D. Nogueira.
Correo de la autora: vanesanogueira@fibertel.com.ar
Trabajo presentado como evaluación al Curso de
Posgrado (UBA) "El superyó en la Clínica psicoanalítica" a cargo de
David Laznik. Julio 2005.
Notas:
1.
Miller,
Jacques-Alain; Biología Lacaniana y
Acontecimiento del Cuerpo: Cap. 2. Pág. 31.
2.
Diccionario de la Real Academia Española, versión online. http://www.rae.es
3.
Freud,
S.; “El Yo y el Ello”, en A.E. XIX: Cap. 3 Pág. 36
4.
Freud,
S.; “El sepultamiento del complejo de Edipo”, en A.E. XIX: Pág. 184
5.
Freud,
S.; “El Yo y el Ello”, en A.E. XIX: Cap. 5 Pág. 49
6.
Freud,
S.; “Moisés y la religión monoteísta”, en A.E. XXIII: Cap. 3 Pág. 72
7.
Lacan,
Jacques; Escritos II: La dirección de la
cura y los principios de su poder.
8.
Freud,
S.; “El Yo y el Ello”, en A.E. XIX: Cap. 5 Pág. 49
9.
Freud,
S.; “Tótem y tabú”, en A.E. XIII: Cap. 4.5 Pág. 145
10.
Freud ,S
; “Dostoievski y el parricidio”, en A.E XXI .Pág. 182
11.
Lacan,
Jacques; Seminario 7: La ética del
psicoanálisis: Cap. 23; Las metas morales del psicoanálisis. 27 de Junio de
1960. Versión CD.
12.
Miller,
Jacques-Alain; El Recorrido de Lacan -
Ocho Conferencias,: Clínica al Superyó, Manantial Pág. 141
13.
Op.cit Pág.
139
14.
Op.cit. Pág.
143
15.
Op.cit.
Pág. 146.
16.
Laznik,
David y Otros. Las patologías actuales y
los diques pulsionales.
Bibliografía:
·
Freud, S.; “Tótem y tabú” en O.C.
A.E. XIII
·
Freud, S.; “Algunos tipos
de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico” en O.C. A.E. XIV
·
Freud, S.; “El Yo y el Ello”
en O.C. A.E. XIX. Cap. 3 y 5
·
Freud, S.; “El malestar en
la cultura” en O.C. A.E. XXI.
·
Freud, S.; “Moisés y la
religión monoteísta” en O.C. A.E.
XXIII.
·
Freud, S.; “Dostoievski y
el parricidio” en O.C. A.E. XXI.
·
Freud, S.; “Más allá del
principio de placer” en O.C. A.E.
XXIII. Cap. 3.
·
Freud, S.; “El
sepultamiento del complejo de Edipo” en O.C.
A.E. XIX
·
Freud, S.; “Sobre la
Sexualidad Femenina” en O.C. A.E.
XXI.
·
Freud, S.; “El problema
económico del masoquismo” en O.C.
A.E. XIX.
·
Lacan, Jacques; Escritos II: La dirección de la cura y los
principios de su poder.
·
Lacan, Jacques; Seminario 3, Las psicosis, Cap. 22.
Versión CD.
·
Lacan, Jacques; Seminario 5, Las formaciones del inconsciente,
Cap. 28. Editorial Paidós.
·
Lacan, Jacques; Seminario 7, La ética, Cap. 23. Versión
CD.
·
Lacan, Jacques; Seminario 20, Aún, Cap. 1. Versión CD.
·
Miller, Jacques-Alain; Biología Lacaniana y Acontecimiento del
Cuerpo
·
Miller, Jacques-Alain; El Recorrido de Lacan - Ocho Conferencias
·
Laznik, David y Otros Las patologías actuales y los diques
pulsionales
·
Tendlarz, Silvia Elena; El superyó femenino.
·
Torres, Mónica; Teórico: La
necesidad de castigo y el superyó.
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