» Introducción al Psicoanálisis
¿Vigencia de las estructuras clínicas en psicoanálisis?28/08/2015- Por Cristina Irene Ochoa - Realizar Consulta

Resulta necesario, diferenciar lo que es la presentación de lo que llamamos estructura, y ahí, se introduce esta dimensión en la que amerita detenernos, la cuestión de la escucha, en cuanto pensamos que la operación de lectura escribe un texto diferente… La idea de estructura, como cualquier otra idea, es necesario que se piense como supuesta, pero lejos de dejarla de lado, será retomada en la dimensión del decir, es decir, por las consecuencias de su enunciación.
¿A qué nos referimos cuando elegimos el término vigencia? ¿Nos preguntamos si está en uso? ¿Si es válido? ¿Si está imperante? ¿Si es actual? ¿Si es eficaz?...
Si el Psicoanálisis tiene existencia y tiene un nombre de Padre, es en el punto en que Freud descubre que la palabra siempre dice otra cosa que la que se supone al hablar, y que además, eso no se sabe. La “Psicopatología de la vida cotidiana” convierte esa anormalidad en una cuestión de estructura. Textos como “Neurosis y Psicosis” o “Pérdida de la realidad en Neurosis Y Psicosis” nos develan la estructura que nos concierne: agujereada por una falta irreductible y que es el modo de dar respuesta, podríamos decir suplir, ese agujero central.
Freud dice “otra cosa” que lo que con esas palabras se expresaba en el discurso de la época. No se trata del discurso común, ni del discurso de moda ni de ninguna conveniencia política. Más aún, recordarán su sentencia al no renunciar al uso de la palabra “sexual” censurada por los hombres “cultos” cuando se está refiriendo a la pulsión ”Nunca se sabe adonde puede llevarle a uno tal camino; se empieza por ceder en las palabras y se acaba por ceder en las cosas “ Y su decir tuvo consecuencias: una paradojal lógica que enuncia por un lado, lo que Lacan llama una propiedad curiosa, que “la palabra hace la cosa” y, al mismo tiempo, una inadecuación estructural de las palabras y las cosas que es la que funda, precisamente, lo que el maestro nombró “la cosa freudiana”.
En ese sentido se nos impone poner en tensión la eficacia del Psicoanálisis, que es la del acto como decir, la eficacia del inconsciente para producir síntomas de lo que sería la eficiencia que queda por fuera del campo analítico, en la dimensión de la magia.
La idea de estructura, como cualquier otra idea, es necesario que se piense como supuesta, pero lejos de dejarla de lado, será retomada en la dimensión del decir, es decir, por las consecuencias de su enunciación. Ubicamos allí lo que sostiene nuestra práctica, de lo que se trata es de “deshacer por la palabra lo que fue hecho por la palabra.”
Aunque algunas lecturas sostienen lo contrario, nosotros leemos que en el texto sobre Moisés, Freud no se pregunta si Dios existe. Él se pregunta por qué se instituye en el discurso la necesidad de “la idea de Dios”, cómo la estructura discursiva de la historia hace cuerpo de ello en el lugar del origen perdido y cómo las versiones enunciadas dan cuenta de posiciones subjetivas singulares como modos diferentes de darle consistencia.
Sin detenernos ahora en ello, mencionemos que esta articulación supone la complejiidad de la inscripción freudiana, el tema de la representación, la cuestión del estatuto otorgado al acontecimiento, la construcción de la realidad y la construcción de la historia.(1)
Desde los textos freudianos, el olvido, como señal de lo irremediablemente perdido, hasta la conceptualización de toda construcción mítica como delirio, los lugares privilegiados del equívoco, la vía regia del sueño, el anudamiento sintomático, aparecen recortando el campo de la práctica del Psicoanálisis : entre el efecto sintomático y la causa perdida. Desde lo que nos enseñó Lacan, podríamos pensarlo como lo que se da a leer a un sujeto supuesto a quién se demanda saber.
Se nos impone la necesidad de interrogarnos sobre la cuestión del saber, de qué saber se trata y de la relación a ese saber.
Recordemos a Lacan discurriendo sobre el tema. Se lo suele citar en Variantes de la cura tipo, cuando dice, “lo que el psicoanalista debe saber, ignorar lo que sabe” Elegimos acentuar, en cambio, cuando afirma “es excesivo decir que un analista sabe como operar… en todo caso que sepa operar convenientemente, implicaría que sepa lo que ignora” (2) No se trata solamente de estar advertido sobre el saber que no debería jugarse del lado del analista sino de estar afectado por lo que es irremediablemente imposible de saber. En la misma vertiente “el único saber al que podría responder un analista es a ese al que es convocado por la demanda”. Estamos hablando entonces de transferencia y podríamos nombrar como deseo del analista al que sostiene, precisamente, ese saber como supuesto.
Oponiéndose a la lógica aristotélica, Lacan afirma que “hablar de la diferencia saber-verdad, no hace de la verdad el no-saber.”….Advierte sobre la crasa ignorancia y remarca que se trata de una subversión interna al campo mismo del saber que es la que opera, precisamente, para la constitución de un nuevo discurso, el del analista…”No se trata de no saber… Hace falta demostrar que el saber es primero,…que es un saber no sabido por si mismo….que se articula…y que implica lo que no pasa”…El efecto de verdad, lo leemos entonces, como una caída de saber
Desde allí, nos aparece la necesidad de diferenciar al menos dos cuestiones:
La teoría jugada como saber del lado del analista siempre opera como ideología, como garantía, como resistencia, imposibilitando la escucha. Podríamos incluir aquí la cuestión de cierto modo de nombrar lo que se llaman” patologías actuales”, de la que expondremos sus efectos al modo negativo, por sustracción: En mis comienzos como analista atendí una analizante que expresaba problemas de alimentación. Creo que si ese análisis funcionó es porque en esa época, para mí, no existía la anorexia. Queda señalada la pregunta por la oferta de especialidades que responden a una cuestión de mercado. Se habla de las toxicomanías, bulimias, anorexias como respuesta a la propuesta de un signo que se da a ver, coagulando en ese nombre toda una identidad de ser.
Estamos diciendo con ello, que resulta necesario, diferenciar lo que es la presentación de lo que llamamos estructura, y ahí, se introduce esta dimensión en la que amerita detenernos, la cuestión de la escucha, en cuanto pensamos que la operación de lectura escribe un texto diferente.
Al mismo tiempo, la concepción teórica juega su papel en la operación de lectura, aún, en el modo en que entendemos el efecto de caída de saber.
De lo que no dudamos es que el psicoanálisis es una experiencia con el saber y agregaríamos, en relación a lo que se dice en un análisis.
Desde el texto “ La negación”, en el que el retorno en el decir tiene la marca de lo imposible de decir, hasta la discusión con Wittgenstein en Construcciones en Psicoanálisis extraemos una enseñanza, cuando alguien dice no, cuando alguien dice, no podría saberse qué es lo que dice sino, por lo que se produce, a posteriori, como trabajo del inconsciente.
Estamos incluyendo, entonces, que la temporalidad del psicoanálisis, es la del après coup, la de “Recuerdo, repetición y elaboración”, como uno de los nombres de la estructura, que es la freudiana. Y que en ese sentido, el retorno en el decir, que no podría no ser sintomático, da cuenta de la insuficiencia: no sólo es el lugar donde se dice la falta es también el tope a lo posible de decir. Citamos del RSI, “El lenguaje no es solamente un tapón: es aquello en lo cuál se inscribe esa no- relación”.
Pensemos en la interpretación que hace Lacan de las intervenciones en transferencia del análisis de Dora. Recordarán que señala que el error freudiano en la dirección de la cura consiste en no haber hecho la tercera inversión dialéctica, mostrando su atadura a la concepción de Edipo normal. Si este análisis aparece como lugar paradigmático donde pensar el valor de prejuicio del saber jugado desde el lado del analista, merece aclararse que no se trata de prejuicio porque Freud en ese momento sabía poco y después, al formular la asimetría del Edipo supo más y mejor, como tampoco se trata de que Lacan tenga el saber que le falta a Freud, de lo que se trata es de que” todo saber previo”, jugado como tal, opera como resistencia a la escucha de lo singular.
En nuestra práctica, no se trata de la inclusión en ningún modelo, sino del encuentro con la diversidad singular que, más bien, aparece como la exclusión de todo discurso precedente. En ese sentido, lo podríamos pensar como un efecto de caída de saber.
De la singularidad, del para cada uno, no podría hacerse una clase y, en ese sentido, la estructura no es un sistema. A la inversa, la universalidad en psicoanálisis, y la castración es un modo de nombrarla, es un para todos que no nos colectiviza. (3)
La insuficiencia de recubrimiento entre primera y segunda tópica freudiana también es retomada por Lacan. La “Lógica del fantasma” aparece como un lugar privilegiado donde leer esto; las operaciones de reunión, unión, inclusión, exclusión dan cuenta de una lógica que podría pensarse como modos de hacer anudamiento de lo que no anda en la estructura.
Si el modo de retorno es siempre singular y contingente, lo que estamos acentuando es que el decir es un modo de olvidar el olvido estructural. En eso, algo de la Neurosis es incurable y todo discurso tiene algo de adormecedor. Y, si los modos de retorno son signo de que hay sujeto, no de acontecimiento, esto supone leer la estructura que allí está en juego.
Desde ahí, plantearía cierta objeción a la “presentación” de la “viñeta clínica”, donde los términos, presentación y viñeta clínica parecen indicar lo se da a ver: que todo está dicho y se sabe.
Para concluir, me parece interesante incluir la discusión que Lacan plantea en relación a formulaciones previas propias.
Recordemos que al referirse al trabajo de lectura e interpretación, había afirmado que no se trata de traducción. Habíamos pensado que ese, era el modo de acentuar la dimensión enigmática de la palabra, alejando el desciframiento de toda hermenéutica posible. No se trata de alcanzar alguna verdad velada a la conciencia sino del encuentro con el enigma que no podría decirse sino como equívoco.
En esa línea, enunciaba la práctica del análisis como” hacer poesía”, sosteniendo el trabajo del inconsciente, apostando a su apertura, a la emergencia de lo nuevo y desconocido. Haciendo serie con ello, afirmaba de su nieto mismo, que se trataba de un inventor.
No puede no sorprendernos, entonces, cuando en los últimos seminarios, nos despierta afirmando que el niño no inventa nada y que sólo se trata de traducción. Por supuesto estoy condensando y aligerando su propuesta.
Efectivamente, que no se pueda inventar es un modo de decir que no hay creación ex-nihilo: el niño crea (un mundo) con lo que cuenta, los significantes que le vienen del Otro.
Señalemos el seminario XXIV como un lugar privilegiado donde leer el acento que está indicando. El trabajo realizado desde el título de este seminario, dice de esta traducción entre dos lenguas (4) Todo decir es metafórico, siempre se dice otra cosa.
En “El momento de concluir” será más terminante, “uno no habla jamás de una lengua como no sea en otra lengua”…”el lenguaje no existe”…”no hay más que soportes múltiples que llamamos lalangue”,…por lo tanto, “es necesario traducir”. Esta traducción se sostiene sobre la incógnita y sostiene la incógnita, lo que es un modo de decir que la metáfora, aunque delirante, tiene sus límites.
Entonces, no se pude inventar lo que no hay, lo delirante de la metáfora tiene un tope y la metonimia encuentra su límite. Hay una hiancia irreductible. Eso hace tope a la tela del psicoanálisis. El tejido como anudamiento está causado y tiene su límite en esa imposibilidad estructural.
Si al final de su vida y de su transmisión, Lacan insiste en que la tela del psicoanálisis es el tejido, tejido que sostiene, fallidamente, el encuentro con alguna punta de real, ¿este no es otro modo de seguir nombrando, aún, y no sin equívoco, la estructura freudiana?
(1).Este tema fue desarrollado más exhaustivamente en el texto “Del olvido al delirio”. Conjetural 52. Ediciones Sitio. Abril de 2010.
(2).Jacques Lacan, Seminario XXV, “El momento de concluir”, Publicación de la Biblioteca de la EFBA. Edición 1982
(3).La lógica propuesta fue desplegada en el escrito “Entre la excepción y la universalidad”. Web EFBA.
(4) Nos referimos al seminario L´insu que sait de l´Une-bévue s´aile à mourre, EFBA, Traducción de Mayo de 1988.
Destacamos de su trabajo:
“L’Insu-que-sait”, el no sabido que sabe. Ahí mismo “eso equivoca”, hace un equívoco.
El “de”, en el sentido del partitivo en francés, desliza a “algo que es del orden de”.
Introduce el Unbewusst de Freud y traduce al francés. “Unbewusst es l’unebévue”.
Cuando aclara que es un modo de traducir, como cualquier otro, entendemos que en otra lengua podría traducirse de otro modo. A su vez, si el inconsciente en particular, en francés y en alemán también, equivoca con inconsciencia, traducirlo por l’une-bévue”, rescata que “el inconsciente” no tiene nada que ver con la no conciencia.
Sería, entonces, el modo de traducir el inconciente freudiano en la lalengua de Lacan. Y ese, es un modo de decir que traducir, es decir en otra lengua, lo no sabido que sabe hacer equívocos.
Señalemos, sin detenernos, que el trabajo de traducción abre a:
L´insu que sait de l´Une-bévue s´aile à mourre,
Lo no sabido que sabe de
El fracaso ( l’insuccés) el malentendido
el inconciente freudiano
la (una) equivocación
levanta alas para la murra….
es el amor
a-muro
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