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Jugar las rayuelas lacanianas25/10/2019- Por Nicolás Cerruti - Realizar Consulta
De "Rayuelas lacanianas" a "Jugar rayuela", ha acontecido algo. Una posibilidad nueva en el decir y en el hacer. Violaine Fua Púppulo sabe transformarlo en palabras, sencillas, directas, para que cada quién haga con ellas… Jugar las rayuelas lacanianas, que así se podrían llamar estas lecturas, lleva la potencia de ubicarse entre cielo y tierra, como los poetas…
La Docta Ignorancia Editorial
Jugar las rayuelas lacanianas, que así se podrían llamar estas lecturas, lleva la potencia de ubicarse entre cielo y tierra, como los poetas. Los poetas: “… son unos aliados valiosísimos y su testimonio ha de estimarse en mucho, pues suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra con cuya existencia ni sueña nuestra sabiduría académica”[1]. Pero esto no es un sueño. Son los libros de Violaine Fua Púppulo.
Hay una práctica del salto. No es a nivel de un salto de fe, pero implica cierta noción de acto. De un acto de lectura. No importa cuántas veces se lo enseñe, o transmita, no parece estar muy dispuesta la comunidad analítica a leer a los saltos… Y sin embargo es así como leemos. El punto crucial es qué se añade cuando nos autorizamos a hacerlo.
No es ir y venir, o armar lógicas tildadas de tiempos como cronos o kairós, no es hablar del último y del primer Lacan, sino leer y releer saltando, un aquí que nos lleva a un allá, un capítulo o una frase, un concepto incluso, que se dice en un lugar y se explicita o expande en otro. Pero ¿quién diría que cuando pisamos el cielo al mismo tiempo no dejamos de estar en la tierra?
No, no es un asunto de dichos, o ideales, es un asunto de bien decir, de saltar, de escribir… de leer escribiendo. Esto siempre depende de la suerte y la constancia, del juego, del análisis. A estas alturas también de cierta sensibilidad a la hora de proponerse un recorrido. Fallo sin embargo al llamarlo recorrido. ¿Cuál es el recorrido de un salto, y de varios también, de una rayuela y de una lectura jugada? Como los poetas, entre cielo y tierra, ahí están las encrucijadas que Violaine tiene la generosidad de mostrarnos.
La autora no salta sólo de seminario en seminario de Lacan, o de clase a clase, sino de autor a autores, logrando una riqueza en lo explorado que es como si leyésemos varios libros a la vez. En esto es Cortazariana.
¿Cuántos libros encierra Rayuela? Dos, al menos: uno, tradicional, de izquierda a derecha, y otro que inaugura el juego. Para esto Cortázar da sus claves y escribe su orden. Pero el juego ya está abierto en este segundo libro, y uno no puede dejar de palpar que en el libro que se está leyendo hay aún otros tantos. Libros como juegos nos permitamos.
No sólo órdenes distintos, sino, simultáneamente, capas y capas de libros que pasan por las mismas palabras y que poseen una pluralidad bastante similar a la de la interpretación del síntoma. O al acontecimiento, ese que no pide más que una nueva narrativa, que se encarne de otro modo una nueva vida y dé singular respuesta a lo que insiste como la verdad de un ser. La roca, arrojada, de casillero a casillero, lo que permite el juego, situando la falta, por lo que debemos pasar, el placer de conjugar, dejando un sitio vacante.
Es así que Violaine sigue este juego. Como la Rayuela de Cortázar va de un libro al otro, abriendo el juego, como quien se abre a pisar el cielo pisando la tierra. De Rayuelas lacanianas a Jugar rayuela, ha acontecido algo. Una posibilidad nueva en el decir y en el hacer. De eso se trata, de Hacer la clínica. Pero ese “la”, tachado. Un libro sobre técnica. La pregunta torbellino –dejo al curioso lector lo que esto quiere decir para Violaine– será entonces: ¿Qué es hacer clínica?
Tenemos entonces un libro testimonio, un segundo libro (Jugar rayuela) que dialoga con el primero (Rayuelas lacanianas), un libro que acompaña el hacer de una psicoanalista, pero en el mismo sentido acompaña a cualquier analista en formación que se puede encontrar con los mismos escollos.
Aunque sea una clínica de lo singular, el detalle es que Violaine Fua Púppulo sabe transformarlo en palabras, sencillas, directas, para que cada quién haga con ellas, y sienta la posibilidad y la confianza de ir atravesando este libro, como se atraviesa un análisis; o la angustia, o la lógica de los tres registros, o el encuadre… porque el juego está dispuesto y nada es cierto hasta que una surge en su apuesta.
Es esta descomunal apuesta la que nos enseña Violaine, la que ha causado este diálogo (no digo consecuencia) de un libro al otro. Pero siempre acompañando con respeto un hacer entre cielo y tierra, que es en definitiva donde se juega nuestro dolor, y nuestra vida.
[1] Freud, S., “El delirio y los sueños en la «Gradiva» de W. Jensen”, Obras completas, Tomo IX, Amorrortu, Buenos Aires, 1993, pág. 8.
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