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Presentación de “Des-amparo” de Mariana Roldán Suarez18/12/2024- Por Lila María Feldman - Realizar Consulta
Este ensayo poético indaga en la exclusión. Investiga, apenas armada de memoria, esa función capaz de imprevisibles y enormes sorpresas, en el mapa que países, instituciones, sistemas, personas, trazan para definir esa frontera siempre desigualante entre adentro y afuera. Incluso ese mapa que cada persona lleva en su carne y sus huesos y tejidos, ese mapa que según el caso ampara o despoja, reconoce o ignora, cobija o desnuda, el dolor propio y el dolor de los demás.
Mariana Roldán Suarez. Erosbooks. 2024
La escritura: repatriación del desecho
Conocí a Mariana Roldán Suárez, la autora de “Des-amparo” gracias a la escritura. La conocí escribiendo. No quiero decir, únicamente, que la conocí a través de su escritura, no soy ni seré –afortunadamente– la única lectora. La conocí en el proceso de escribir, mientras escribía, conocí la alquimia que producían estos papeles, (antes de llegar a ser el libro que son hoy) y eran letras urgentes en papeles virtuales y encarnados en su voz ronca. Los vi nacer.
Mariana recordaba a medida que escribía, ¿el recuerdo estaba antes o después? No es tan sencillo responder a eso. Diría que ambas cosas. El trabajo de escritura fue y sigue siendo un viaje hecho de memoria. A medida que la autora ha ido escribiendo la frontera con el olvido y el silencio se fue corriendo. El libro que hoy celebramos y entre muches presentamos recoge esas escrituras.
Ahora bien, los libros no son una suma de papeles u hojas. Tengo este libro delante de mí. Con pluma autobiográfica Mariana compone una pintura de época, al mismo tiempo que narra las encrucijadas de su vida.
Es un libro, puedo decir hoy, acerca de las fronteras y de las experiencias fronterizas, acerca de esos territorios liminares que pueden ser el exilio, el testimonio, una guardia en un hospital, el manicomio, el lenguaje, la infancia. A Mariana le importa narrar la frontera, es que está hecha ella de fronteras. En esos márgenes vivió y vive, investigó y explora, es protagonista y testigo.
Pienso que este libro es un libro de ensayos, en otros momentos diría que está hecho de crónicas, nuevamente la frontera, esta vez entre los géneros literarios. Esa identidad fronteriza define a la autora, la obra le hace justicia al tema.
Migrante vive y ha vivido, migrante escribe y su pluma toca todos esos sitios, personas, universos.
El desamparo y el amparo discuten también sus fronteras, en los confines del desamparo Mariana mete una pincelada de tinta y el fuego amparante surge, brota, nace. Del mismo modo, en el refugio que los amparos construyen Mariana indaga y logra rescatar huellas tempranas de desamparos, fibras dolorosas que ella advierte, reconoce. El camino que dejó el trauma debajo de la piel o del paisaje, esa costura fabricada por palabras y silencios que no se ve a simple vista.
En una de las páginas de Des-amparo encontramos un paisaje particular: una casa levantada en la intemperie de la vereda, los desechos que engendra el consumo, eso que una vez puesto a andar nada lo detiene. Mariana recupera esos desechos y los transforma en materia prima de un trabajo de escritura que es al mismo tiempo trabajo de pensamiento. Mariana discute el destino que los desechos tienen por lo general: la invisibilidad.
Entonces, la extranjería, la marginalidad, la pobreza, el hambre, la locura, el exterminio en sus múltiples formas, los miedos, soledades y terrores de la infancia también, retornan –ya no como basura hecha de materia humana e inanimada– sino como resistencia, batalla, ternura.
La escritura es una fábrica extraña, muy extraña, que ama a lo extraño y a lo extranjero, a lo desviado y a lo extraviado.
La escritura de Mariana trabaja con lo que se expone a cielo abierto y al mismo tiempo se naturaliza hasta que ya no lo vemos, quiero decir, con lo que se transforma en naturaleza, paisaje, clima, destino, esencia, incluso familia. Nombres del orden de lo desigual, ese orden que se sueña inmutable. Casas amuebladas en la vereda, países instalados en barrios extranjeros, guetos de sobrevivientes, perseguidos o exiliados, incluso camas en una bañadera.
Réplicas de una patria en donde se pueda y como se pueda, así lo humano prosigue sus batallas, contra ese proceso de descarte o abandono que se replica en lo micro y en lo macro.
Entonces, en este ensayo acerca de las migraciones Mariana discute las reglas de juego. ¿Qué es el adentro y qué es el afuera, ya sea que hablemos de un país, de una familia o del mundo todo? ¿Qué es la justicia? ¿Qué es el espanto? ¿Qué hacemos con el dolor, el de una, el de todes? ¿Quiénes reparten las cartas entre desamparo y amparo? El libro –ese es el fenómeno del que los libros son capaces– las vuelve a repartir.
Este ensayo poético indaga en la exclusión. Investiga, apenas armada de memoria, esa función capaz de imprevisibles y enormes sorpresas, en el mapa que países, instituciones, sistemas, personas, trazan para definir esa frontera siempre desigualante entre adentro y afuera.
Incluso ese mapa que cada persona lleva en su carne y sus huesos y tejidos, ese mapa que según el caso ampara o despoja, reconoce o ignora, cobija o desnuda, el dolor propio y el dolor de los demás. La sensibilidad de cada quien, ese mapa personal que cada uno de nosotros tiene, hecho de tierras y fronteras, encontrará aquí una brújula tal vez.
El desgarrado abrazo, una extraña proximidad hecha de tinta y papel, con quien escribe y firma este libro. Esa voz ronca de tonada dulce que escribe:
“El amor también puede ser una patria”.
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