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Presentación del libro El niño en análisis y el lugar de los padres, de Alba Flesler.

20/11/2007- Por Diana Voronovsky - Realizar Consulta

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Como sucede cada vez que tenemos la dicha de encontrarnos con un texto bien escrito éste va conduciendo al lector paso a paso en una diversidad de cuestiones. Alba escribe para hacerse comprender, no se sirve de jerga ni de formuleo lacaniano para echar mano a contraseñas semánticas. Por el contrario, encuentra la complicidad del lector en el modo en que sus hipótesis se van desplegando con recursos de su práctica que no dejan de acompañar al estilo freudiano para arribar a una síntesis.


El primer texto de este libro que hoy presentamos lo leemos en  la portada con la bella  fotografía de  Gustavo Macri. Por varias razones aprecio muy especialmente este primer encuentro con el libro de Alba Flesler porque  anuncia el programa que aguarda al lector.
Es una  foto que nos conmueve por el modo elocuente en que  la expresión artística  logra adelantar  presentando en una síntesis propia del arte, el nudo que ata las cuestiones cruciales del libro de Alba.
En verdad no es muy frecuente que una portada  anticipe con gracia, humor y ternura  las cuestiones que se despliegan y aguardan al lector. Vemos allí a tres personas: un hombre, una mujer y un niño pequeño que camina detrás de ellos, los sigue mientras los acompaña : ambos  en un gesto corporal típico de adultos que  caminan tomándose las manos en la espalda baja hacia atrás,  dicho gesto es mimetizado por el niño  adelantando así al adulto que algún día llegará a ser.  Estos tres personajes de la tapa ilustran artísticamente  el lugar de las identificaciones tempranas del sujeto infantil  tal como lo enuncia Alba:“ a salvo de la identidad se abren vías para las identificaciones”.
”Hay que saber plantear el problema para poder arribar a una conclusión”: elegimos esta cita de la autora, que también leemos en la foto, ya que la misma nos presenta esta afirmación que la autora lleva a buen puerto anticipando de esta manera con este, -su primer libro- un verdadero testimonio de su recorrido como psicoanalista.
En tanto observadora aguda del sujeto infantil nos transmite el placer de lectura y aprendizaje.
Alba nos otorga el disfrute de un libro de psicoanálisis que ordena cuestiones al tiempo que  responde a interrogantes fundamentales; y esto no es un hecho tan habitual entre la gris literatura psicoanalítica actual.
Si bien la autora nos dice que lo escribió”… pensando en los que se quieren formar como analistas de niño”, en mi lectura avanzo que este es un libro de psicoanálisis,  para psicoanalistas, no importa la especificidad por la que esté tomado, si bien descontamos cómo agradecerá aquel  que se está formando en esta especificidad de nuestra clínica.
Hablo como quien no tiene en su horizonte  formación como analista de niños, y fui tomada por la lectura de  este libro por un  sostenido y creciente  interés. Es sabido y rápidamente olvidado por algunos psicoanalistas que la solemnidad no se lleva bien con el  psicoanálisis, este libro en su estilo aireado permite a quien no trabaja con niños de participarlo del abordaje del sujeto infantil.
Detallista y pertinaz en algunas cuestiones, no oculta  lo que  le interesa: que dichas distinciones arrojen una eficacia en la clínica y un soporte necesario para nuestra praxis. Así, por ejemplo, cuando Alba distingue entre consulta y demanda, avanza una diferencia significativa en el momento de las primeras entrevistas, y al hacerlo nos guía en su recorrido como analista, participa al lector de sus vicisitudes en torno a la doctrina psicoanalítica y muestra su modo de situarse en la dirección de la cura.
La elección de la foto comentada  para la portada es la puesta en acto de un estilo de transmisión. Alba escribe para hacerse  comprender,  no  se sirve de jerga ni de formuleo lacaniano para echar mano a contraseñas semánticas, por el contrario, encuentra la complicidad del lector en el modo en que  sus hipótesis se van desplegando con recursos de su práctica que no dejan de acompañar al estilo freudiano para arribar a una  síntesis.
Como sucede cada vez que tenemos la dicha de encontrarnos con un texto bien escrito, éste va conduciendo al lector  paso a paso en una diversidad de cuestiones. En estilo de escritura conciso y despojado de barroquismos, es un trabajo que tiene el mérito de situar muy bien los problemas que hacen al tema,  leyendo literalmente esta expresión, el tema se hace por el modo en que el pensamiento del autor sitúa con propiedad conceptual lo que le preocupa. Es así que leo la formulación de G.Agamben cuando afirma , que” la experiencia no tiene su correlato necesario en el conocimiento, sino en la autoridad, es decir la palabra y el relato”.
La autora se presenta anunciando al lector que abordaremos un libro escrito a partir de su experiencia, esta  afirmación refrendada por la generosidad   de viñetas  que relata a partir de su práctica importan en la medida que  esos ejemplos le posibilitan avanzar  a partir de  los análisis que conduce.
Entre la variedad de cuestiones que abren interrogantes es la de con qué aparato teórico se puede pensar la dirección de la cura: es tomando en cuenta la misma  que el libro de Alba testimonia de un esfuerzo sostenido: avanzar para dar razones de la experiencia de “su” psicoanálisis y demostrar que hay una especificidad en el análisis de un niño y que no sólo el  hablar tiene consecuencias. Es así como nos va presentando, por ejemplo,  el lugar de los padres, que sitúa como una operación : la necesaria para cada tiempo de la infancia de acuerdo al amor, el deseo y el goce de ellos.
Avanzando con las características  que aprecio en el texto de Alba, y es en ese sentido que entiendo a la presentación de un libro: más como un comentario de la enunciación que de relatar lo que el lector podrá leer por su cuenta,  es  la continuidad, el hilo con el que teje su trama.
No les recomiendo entrar en este libro  azarosamente, por cualquiera de sus capítulos,  no es eso  lo más conveniente en este caso -  si bien el lector tiene la posibilidad de hacerlo- pero en mi lectura se trata  más que nada de una propuesta de trabajo que es estimulante acompañar en su cronología :  la autora nos invita a seguirla en una continuidad que conduce al lector sin soltar el interés tanto por los temas como por el desarrollo conceptual que le da a los mismos. Esta hipótesis acepta un efecto de retoma cada vez acompañada de diferentes articulaciones  ya que situar y retomar frases con la intención de  evitar confusiones es una de las insistencias de la  autora.  Así, por ejemplo, cuando a fin de delimitar problemas distingue “la especialidad de lo específico” ya que aclara que  el niño ni es analizable al igual que el adulto ni deja de ser analizable por no ser un adulto. Y a la pregunta ¿qué es un niño? Responde :…”un equivalente de una falta la falta que le hace a alguien”.
Y avanza esta distinción: “La  especialidad: responde a la lógica de la colección. Las especificidad: se deja guiar por la lógica de conjunto”. ”El psicoanálisis atiende al niño pero apunta al sujeto que no es infantil, ni adolescente ni adulto el sujeto de la estructura no tiene edad pero sí tiempos”…, establece con esta afirmación una noción que le posibilita bajar sus cartas. Dando lugar a sus transferencias de trabajo anuncia que va “…a interrogar las intervenciones del analista atendiendo a los tiempos del sujeto…”, el mismo será considerado como sujeto de la estructura RSI. Siguiendo esta línea de pensamiento, Alba pone en juego su programa que articula una y otra vez en torno a los tiempos del sujeto, de la transferencia del dibujo,  y es sostenida en esta articulación fundamental de este libro que los  juegos, los juguetes, los dibujos, así como el  lugar de los padres no son reducidos a meros recursos técnicos para sustentar una práctica especializada sino que responden a cuestiones de estructura.
Va entonces desarrollando cada uno de estos articuladores de su práctica de acuerdo a la variante temporal en juego ya que nos dice que la naturaleza humana requiere este delicado e imprescindible funcionamiento  ya que “…el tiempo pasa si algo ocurre…”.
De donde deduce una de sus afirmaciones en esta dirección: ¿qué eficacia muestra la alternancia del objeto para cada uno de los registros en los tiempos de la infancia?
En el capítulo referido al lugar de los padres, un apartado que nos  parece especialmente novedoso es el lugar singular del padre, el deseo del padre. Tomando como referencia el lugar de cada uno de los padres de los historiales freudianos va trabajando tres versiones de la impotencia del padre.
Advertir al psicoanalista sobre los desvíos a los que puede llevarlo si no entiende, me gusta decirlo con un aforismo que en esta ocasión viene muy bien, si no se entiende que, la teoría traduce la manera en que la resistencia es engendrada en la práctica.
Ahora bien, ¿por qué vale la pena leer este libro? Por mi parte encuentro en él más de una razón para convertirlo en un libro de consulta,  de estudio, por el hecho de cumplir una función de apertura y enriquecimiento conceptual.
Un libro que acompaña al psicoanalista y ocupa un lugar de privilegio en su función de herramienta, no por el lado del conocimiento , -siguiendo a G.Agamben,- “sino en la autoridad, es decir en la palabra.”
Lectora aguda de Freud y de Lacan como de sus colegas y compañeros de ruta,  Flesler  se vale del uso de  distinciones para avanzar. Digo esto porque la autora deja ver su estilo de analista, ya que al modo freudiano, hace lo que dice cuando en su modo de transmitirse  otorga eficacia a la lógica de las operaciones del analista. Así por ejemplo cuando trata la  intervención del analista con los padres, en este controvertido capítulo de la clínica con niños,- y lo elijo por su especificidad y diferencia con el análisis de adultos, -acá  Alba es rotunda: se trata de  intervenir en la línea de restaurar la falta donde falta, es decir donde encontramos una falla en la estructura. Tomando la operación matemática de unión, por la cual los elementos de dos conjuntos conforman un nuevo conjunto constituido por los elementos diferenciales de cada uno de los conjuntos iniciales, una operación que no adiciona ni suma al análisis del niño el tratamiento de los padres del niño .
Para finalizar nuestro comentario decimos que- a nuestro entender -este libro aporta una respuesta desplegada con minuciosa precisión no sólo teórica, sino que se ve enriquecida por el interés de un ejemplo de su práctica donde muestra que el psicoanálisis  es eso: una práctica y una experiencia que se corresponde con algo que hace a la especie que se define por hablar ya que es el único discurso que da cuenta de eso.


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