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Presentación del libro “Lo que la práctica del Psicoanálisis nos enseña” de José A. Zuberman

11/07/2016- Por Clara Cruglak - Realizar Consulta

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Pocas veces nos encontramos con un título tan bien logrado, en el sentido en el cual el contenido del libro responde por él. “Lo que la práctica del Psicoanálisis nos enseña” Y así es, el plural nos convoca desde el mismo momento en que tenemos el libro en las manos. La generosidad en la transmisión de su experiencia atraviesa todo el texto, va sembrando conjeturas y también conclusiones que impregnan el libro de un voltaje testimonial que sin duda el lector sabrá apreciar. Muestra una multiplicidad de planos que intercalan las experiencias del practicante en la guardia psiquiátrica, con el analista urdiendo sus motivaciones con lo que transita por el seminario en su presencia activa y vivaz. Eso adquiere contundencia en lo escrito.

 

 

 

                                              

           

                                       Editorial Letra Viva. Buenos Aires. 2016 

 

 

Este libro que hoy llega hasta nosotros esta texturado en distintos momentos. Las instancias en las que se fue armando presentan un entramado de geografías y lenguas que, si me aceptan la licencia, digo se fue haciendo texto con distintas texturas. Se remonta a seminarios ofrecidos durante casi dos décadas en la Clínica de atención Psicológica del Instituto de Psicología de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, e involucra -como lo hace saber Luis Octavio Martins Staudt, revisor de la edición portuguesa- directa e indirectamente diversas generaciones de terapeutas de esa Clínica-Escuela, principalmente a aquellos ligados al núcleo de Enseñanza, Investigación y Extensión en Clínica de la Psicosis.

Sin duda Luis Octavio nos está advirtiendo que se trata de un valioso aporte para la formación, cuyo alcance trasciende el ámbito del seminario al hacerse libro.

Cuando José me confió el texto en Portugués se lo agradecí, sentí una enorme responsabilidad y porque no decirlo también cierto temor dado que alguna vez supimos tener diferencias en el tratamiento y consideración de las formulaciones topológicas y nodales en la obra de Lacan. Pero debo decir que desde el comienzo el entusiasmo ganó terreno y ni les cuento cuando me encontré con algún nudo borromeo.

Tuve el gusto de recorrer esas páginas y poder decirle a mi querido amigo y colega José que no podía dejar de publicarlo en castellano. Hoy comparto con ustedes la inmensa alegría de darle la bienvenida a este libro publicado por Letra Viva, en castellano

Pocas veces nos encontramos con un título tan bien logrado, en el sentido en el cual el contenido del libro responde por él. Lo que la práctica del Psicoanálisis nos enseña Y así es, el plural nos convoca desde el mismo momento en que tenemos el libro en las manos

En la Introducción José nos dice que la transmisión que hace del Psicoanálisis, de su práctica clínica y de lectura es principalmente oral. Este libro lo corrobora. Guarda el estilo coloquial del seminario. Pero sin embargo pasa más que un estilo coloquial entre sus letras, está vibrante la escena de la cual se ha nutrido este volumen, su índice no se ordena en capítulos sino en seminarios.

Además el pasaje de lo oral al escrito, como testimonio de la tarea realizada, amplia, extiende el horizonte de la transmisión. Así es como somos sorprendidos en más de una ocasión por frases elocuentes que no podrían ser producto de una escritura. Porque escribir es una tarea profundamente íntima y aquí se percibe el público presente. Frases en cuya expresión resaltan la retórica de la que se sirve un analista en su bien decir. Párrafos que, al ser leídos, muestran una vez más que la apropiación de lo oral pasó al escrito para ser capital de transmisión de un saber hacer.

Porque los conceptos se gestan con la argamasa de la clínica cotidiana y es así como José Zuberman los va transmitiendo.

En el Seminario I “El objeto del fantasma en la clínica” por ejemplo se lee: “¿por qué será que el sujeto de la demanda del Otro es el mismo que el sujeto de la pulsión?”

Se recibe esta pregunta como proferida en voz alta, en tono llano, al mismo tiempo en el que uno puede descubrir a José interesado en despertar la atención de su audiencia sobre esta reflexión que, inmediatamente, ilustra. El argumento esgrimido le da suficiente solvencia no solo para afirmarlo sino que desde allí engarza la referencia al texto freudiano. Y sin dilación hace pasar otra idea, de no menos densidad teórica y complejidad clínica: el sujeto acéfalo de la pulsión no es sujeto del significante

Retomo y subrayo el párrafo que dice: ¡¿Por qué será que el sujeto de la demanda del Otro es el mismo que el sujeto de la pulsión?! La demanda del Otro va situando un objeto, por ejemplo, volviendo a tomar el Hombre de las ratas, este está fijado, por la pareja de sus padres, en un lugar del cual él no tiene la menor idea –vale recordar que el padre no deseaba a la madre y la madre no deseaba al padre-. El matrimonio fue por conveniencia. La madre quería tener un hijo y el padre, el dinero de la madre, por eso el lugar que automáticamente el pasa a ocupar tiene su punto de identificación en “tantas ratas, tantos florines”.

Pero de esto, el sujeto no tiene ni la menor idea, por eso Lacan lo llama ‘’sujeto acéfalo de la pulsión’’. Es un sujeto sin idea, no es sujeto del significante. El goza sin tener la menor posibilidad de enterarse de que fue a parar a ese lugar. Pero hete aquí que en ese lugar él es gozado, y ese es su punto de fijación, su punto de goce.

A renglón seguido encontramos la fórmula de la pulsión, y luego el grafo del deseo. No explica absolutamente ninguno de los elementos que comprometen la escritura lógica de la formula ni del grafo en cambio lo que encontramos son frases sencillas, de sintaxis leve, sin retruécanos que alcanzan al lector reflexiones teórica empapadas de praxis.

Otro ejemplo “La angustia no toma nombre, pero no porque el yo no la puede explicar, sino porque la angustia no cabe en el significante”. Tan asertiva como rotunda esta frase dejará escuchar sus ecos hasta formulaciones muy avanzadas en la obra de Lacan cuando ofrece pensar la angustia como Nominación en lo Real

La generosidad en la transmisión de su experiencia atraviesa todo el texto, va sembrando conjeturas y también conclusiones que impregnan el libro de un voltaje testimonial que sin duda el lector sabrá apreciar. Muestra una multiplicidad de planos que intercalan las experiencias del practicante en la guardia psiquiátrica, con el analista urdiendo sus motivaciones con lo que transita por el seminario en su presencia activa y vivaz. Eso adquiere contundencia en lo escrito.

En el Seminario VII “De un tratamiento posible de las psicosis”, reconoce el cariño por su primera novia: la Psiquiatría. El primer amor esta amalgamado con sus amores siguientes. No lo reivindica como el único, muy por el contrario con respeto se dirige allí a buscar en su experiencia datos para enriquecer en la comparación, la diferencia entre la Psiquiatría y el Psicoanálisis en un tema tan comprometido como el tratamiento de la psicosis. Sin embargo no nos ahorra la incomodidad que puede producir la palabra de Freud cuando nos advierte que desde el psicoanálisis “Podemos entender mejor la psicosis pero no podemos tratarla”.

Para comenzar a hablar de un tratamiento posible en ese seminario, José ofrece casos de su experiencia como residente, también como supervisor en un Hospital y en su consulta privada. Al finalizar el desarrollo de ese seminario se lee: “Esta es la idea que yo quería transmitir a quienes trabajan con psicóticos, que no es a través de la interpretación simbólica que se puede operar. Como Freud operaba en lo simbólico –y ese es el límite de su teorización- dijo que podemos pensar las psicosis pero no operar sobre ella. Entonces, mejor no gastar los bofes remando en la arena tratando de volver neuróticos a los psicóticos. La operatoria con ellos no es en lo simbólico sino en lo real, a decir verdad, se piensa simbólicamente y se opera en lo real, como en los casos que relaté.”

Esta es la idea que yo quiero transmitir a quienes trabajan con psicóticos… y esto es así en este libro –lo que José quiere transmitir de su experiencia clínica y de lectura es el nutriente sustancial de este libro-.

En el Seminario VIII Psicosis ambulatorias, título de neto origen psiquiátrico, no empaña la mirada de un analista al momento de describir en una línea limpia y corta por ejemplo cuando pregunta: “¿Cuál es la característica de la paranoia?: la caída brusca de lo imaginario”. Aun corriendo el riesgo de pasar por una mera descripción categorizante, como si la paranoia existiera per se, se ocupa de hacernos saber que son datos clínicos. Esto está colegido de las observaciones clínicas a la manera en que Freud lo propone, son datos que luego generan formulaciones teóricas para poner claridad en el material clínico observado.

Voy a insistir en remarcar la sencillez en el Seminario IX: La gramática de las pulsiones y la retórica del deseo, que no es lo mismo que lo simple. La sencillez con la que José logra hacernos estar en el libro con él. Relata de forma en que uno se siente ahí, participando del seminario, charlando con él. Dice: ¡¿A quién no le pasó alguna vez abrir un libro y encontrar subrayados propios en varios colores, anotaciones al margen, y no recordar haber leído tal cosa en él? Es que ahí entra en juego la capacidad de articular el significante con la letra, de tomar el significante en su calidad de significante y enlazarlo a la letra. Por eso, la lectura implica enlazar los significantes singulares a lo real de la letra. Eso es leer. Enfático y convencido nos involucra en una situación familiar, intima, convoca nuestra presencia ahí. “Cada vez que cambio de posición subjetiva puedo leer en lo real del artículo, otra cosa. También la definí como la posibilidad que tiene un neurótico de hacer de la letra portada una letra leída. La letra portada es la letra que el Otro escribe en nosotros. Como decía Freud, el Otro escribe en el cuero cabelludo un mensaje que, por no poder ver el propio cuero cabelludo, nadie puede leer”.

Y en la línea final de la frase nos sorprende con un “Pues bien… esa es la realidad del psicótico, no tiene ninguna posibilidad de leer lo que el Otro escribió en él.”

En el Seminario X encuentro lo que llamaría un capítulo aparte. Final de análisis en Freud y en Lacan. Si, capítulo aparte en este libro, como si se abriera una separata y parafraseando el título del libro, se podría titular: “Lo que la práctica del psicoanálisis nos enseña en la experiencia del fin del análisis”. Y los apartados que se dejaron escribir: Final de análisis en Freud y lacan, El pasaje de analizante a analista, El atravesamiento del fantasma y el Sinthome serían los apartados que lo conforman. Y es menester decir que quienes conocemos a José Zuberman sabemos de su compromiso y entusiasmo en la experiencia del pase que en estas líneas se deja entrever.

La última parte del libro dedicada a la Lectura Lacaniana de los casos clínicos de Freud revisita la casuística paradigmática freudiana: Dora, el H de las ratas, el H de los lobos, y otros más, a la luz de los aportes de Lacan, entramados en sus cuestionamientos y reflexiones.

Hay más, mucho más en estas páginas y ¿saben qué? este libro es de esos que uno abre expectante y los cierra con provecho, con la sensación de haber retomando la novedad en los problemas que la clínica recrea y anima.

Gracias José.

 

                                     

 

 


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