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Yendo hacia un feminismo freudiano: reseña del libro de Sofía Rutenberg

22/09/2020- Por Julián Ferreyra - Realizar Consulta

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La autora se propone el complejo y arduo tránsito hacia un feminismo freudiano: “hallar en las teorías de Freud la posibilidad de comprender el funcionamiento de la sociedad patriarcal”... Provoca una apertura, ya que se trata de alguien que ha leído con excelencia lúcida a les autores cruciales del corpus analítico y de las epistemologías queer-feministas. ¿De qué apertura hablo? De nociones tan fundamentales como al mismo tiempo patinadas por el oscurantismo: el superyó femenino, violación y subjetividad, la doble, la frigidez y el masoquismo, la muerte en la histeria y la madre que parió a todas las zonceras del psicoanálisis feministo: el “deseo materno”.

                   

                                   

                                      La Docta Ignorancia, 2019. 164 páginas

 

 

  Quiero dar cuenta de mi experiencia como lector, psicoanalista y varón cis, de un libro que sin exagerar cambió mi vida. No exagero, o quizás sí: que un libro transmute un quehacer cotidiano ‒mi trabajo como analista‒ no es poco. Voy a ser políticamente incorrecto, como invita la autora: no me siento más cómodo que antes, ya que este libro no inculca un feminismo edulcorado ni admite la prosecución de la retórica privilegiada del feministo.

 

  Hacia un feminismo freudiano me ha ayudado a trabajar mucho mejor, y al afirmar esto estoy cometiendo un sacrilegio analítico: el libro es pragmatismo impuro, es decir, sus fines permiten la formalización de medios que rebasan en mucho a una mera “técnica”. Me reconozco como un varón cis heterosexual que a su vez trabaja como psicoanalista, y desde allí he leído. No me creo representativo de ese conjunto, pero sí anhelo que mis colegas transiten esta lectura. Sin tanta vuelta: es urgente que los varones del psicoanálisis lean a Rutenberg.

 

  Sofía Rutenberg es una joven psicoanalista mujer que se reconoce como tal. Pero al hacerlo no pretende autoafirmación, condescendencia o lástima. Mucho menos anhela los elixires diabólicos de la identificación histérica ni del complejo del semejante sororo, ya que piensa a la sororidad como potencia política. Rutenberg no escribe para agradar.

 

  Rehúye, discute y combate lo que los [psicoanalistas] varones en general han admitido como prosa femenina: el diario íntimo, la escritura del yo, o que las psicoanalistas escriban sobre “cosas de mujeres”. Para la autora escribir y analizar son modos de existir más allá del machismo, incluido el del propio psicoanálisis.

 

  Le guste o no a algunos, es un libro de psicoanálisis que recoge preguntas de un quehacer cotidiano feminista. La autora afirma transitar una vida feminista, según ella muy compleja, ardua pero fascinante. ¡Cuántas se ponen el pañuelo verde para ir a una marcha, pero luego se ponen la gorra puertas adentro del consultorio! Glitter verde “afuera”, maquillaje ortodoxo “adentro”.

 

  Insisto: es un libro de psicoanálisis, escrito por una feminista que ejerce el oficio freudiano, sin que ello implique obediencia. Por ello es una grata sorpresa entre tanta letra muerta del campo psi. No dudo que se convertirá en un clásico, en una referencia más acá y más allá del psicoanálisis.

 

  Es un ensayo clínico, no una monografía perezosa: ni una defensa corporativa de los autores, pero mucho menos una revuelta pueril o desinteresada por la potencia de la ética freudiana. El libro no está escindido entre psicoanálisis y feminismo, pero tampoco pregona una falsa convergencia carente de tensiones: ni busca, como lo haría una burrócrata universitaria, “puntos en común”, ni esgrime psicoanalismos hacia el feminismo, ni viceversa. La autora nos orienta hacia una politización del psicoanálisis, la cual requiere del feminismo. Y desde aquí teoriza, con audacia y generosidad.

 

  El libro es novedoso porque condensa originalidad literaria, laboriosidad epistemológica, y un rechazo a la tibieza de la especialista. No intenta la especificidad zoológica de una “psicología de la feminidad”, ni se autoproclama fundadora de una “clínica de las mujeres”. Rutenberg nos conduce en torno a problemáticas cotidianas, que se escuchan aquí y ahora, no en un ayer de hace 100 años. Y esto último, de nuevo, les guste o no a algunos.

 

  La obra comienza con una introducción potente que nos señala, en el mejor sentido freudiano, una vía regina, sumergiéndonos en esa superficie poética que es para la autora un horizonte: el complejo y arduo tránsito hacia un feminismo freudiano: “hallar en las teorías de Freud la posibilidad de comprender el funcionamiento de la sociedad patriarcal” ¡El porvenir de una ilusión a la altura de la subjetividad de la época!

 

  Se trata de un hacia, que la autora compone, en el sentido musical, en tres grandes movimientos, con títulos sugerentes y en nada triviales: comienza por los Aportes de una lectura feminista al psicoanálisis, continúa con Freud, las analistas mujeres y los hombres feministas ‒feministos diría yo‒, y concluye con mi conjunto favorito, Movimiento psicoanalítico <> Movimiento feminista. Quiero describir brevemente mi lectura, recordando que se trata del libro de una psicoanalista que es también actriz; el libro de una artista.

 

  La introducción y su invitación de ir hacia un feminismo freudiano reencauzó eso de mi deseo como analista que es lisa y llanamente valentía, esto es, la valentía de anteponer la ética sobre cualquier prurito corporativo, incluido el tibio e inhibitorio respeto por el canon metapsicológico.

 

  De la primera parte aprendí, en el mejor de los sentidos. Los aportes de Sofía provocan una apertura, ya que se trata de alguien que ha leído con excelencia lúcida a les autores cruciales del corpus analítico y de las epistemologías queer-feministas.

 

  ¿De qué apertura hablo? De nociones tan fundamentales como al mismo tiempo patinadas por el oscurantismo: el superyó femenino, violación y subjetividad, la doble, la frigidez y el masoquismo, la muerte en la histeria y la madre que parió a todas las zonceras del psicoanálisis feministo: el “deseo materno”.

 

  La autora recupera, revisita, problematiza y discute la banal maldad de muchas de estas nociones, ofreciéndonos una lectura estrictamente original. ¿Qué es aprender sino ir más allá de la banalidad?

 

  De la segunda parte me afectó y sorprendió gratamente el sutil y filoso lugar de enunciación desde el cual Rutenberg critica a lo que llamaría el statu quo faloanalítico. Me refiero a la perfecta connivencia entre la versión paternalista de Freud, las analistas mujeres que escribieron sin chistar como varones, y los colegas feministos que pretenden enseñarles a las mujeres absolutamente todo.

 

  Este conjunto de ensayos incluye a uno que no dudaríamos en catalogar como una tesis, tan real que supera toda ficción: la prohibición de pensar en las mujeres, cuyos efectos persisten aun en tiempos de mayor igualdad de géneros.

 

  Con la tercera parte festejé, y por eso adelantaba que es mi favorita. ¿Qué festejé? Que se recuerde que el psicoanálisis y el feminismo son movimientos, y que por tanto nunca deben degradarse en casta, élite o secta. Ni sectarios ni excluyentes: el psicoanálisis y el feminismo serán populares o no serán. Lo popular implica el conflicto y, lejos de cualquier idealización, permite ir más allá del conservadurismo. Que esto sea o pueda ser así es motivo de celebración: un festejo del pensamiento crítico, que es siempre con otres.

 

  Por último, un final sugerentemente abierto, Palabras para acabar…y manifestarnos, que nos recuerda que hemos leído las primeras hojas de un manifiesto que irá más allá de los límites fácticos de este libro. Por ello, las “últimas” palabras son una expresión de deseo de la autora, es decir, la expresión de su deseo como psicoanalista, que invita a movilizarnos y a causar otros deseos:

 

“El psicoanálisis tiene que ser un acto político y feminista, políticamente incorrecto. Como analista porto una ideología, una ética y una posición política: no ser indiferente”.

 

 Ir hacia un feminismo freudiano es para cualquiera con coraje, porque afortunadamente incomoda, que es la única forma de pensar más allá del ombliguismo o la miseria corporativa, incluido el machismo interiorizado en todos nosotros. Por eso, y no es poco, considero que estoy yendo hacia un feminismo freudiano; o mejor, como dicen les pibis, YEN2: ¡anhelando su 2do libro!

 

 

 

 


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