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“Yo no me caí del cielo”. Acerca del libro “Psicoanálisis en la locura de la razón capitalista” de Alejandro del Carril13/02/2023- Por María Martha Chaker - Realizar Consulta
El autor pone en relación el nudo guerra-religión-política (que forma parte de la estructura socio-cultural en la que vivimos) con el nudo núcleo de la constitución del sujeto: horda-fantasma-Edipo, de un modo que podríamos sintetizar bajo el título ricotero “Yo no me caí del cielo”, ya que en contra de la tendencia de la época a desresponsabilizar al sujeto y a velar las causas e invertir su orden, Alejandro trata de no perder de vista “de dónde vienen las cosas”. Pero ¿hacia dónde van? Este libro renueva la pregunta a la que también se enfrentaron Melanie Klein y Jacques Lacan, como creadores de escuela dentro del discurso fundado por Freud, en su contexto social y político: ¿cómo garantizar las condiciones para que un análisis sea posible?
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Editorial Planeta. 2022
“Quien pretenda aprender por los libros el noble juego del ajedrez, pronto advertirá que sólo las aperturas y los finales consienten una exposición sistemática y exhaustiva, en tanto que la rehúsa la infinita variedad de las movidas que siguen a las de apertura. Únicamente el ahincado estudio de partidas en que se midieron grandes maestros puede colmar las lagunas de la enseñanza. A parecidas limitaciones están sujetas las reglas que uno pueda dar para el ejercicio del tratamiento psicoanalítico”.
Sigmund Freud. “Sobre la iniciación del tratamiento” (1913)
Casi como si esa afirmación de Freud fuese una consigna, el autor logra una simetría entre el comienzo y el final del libro. Los términos son los mismos ‒abstinencia del analista versus una neutralidad imposible; nadie puede ser ajusticiado in abstentia o in effigie y por lo tanto el real en juego debe ser enfrentado en la escena analítica; el pasaje a una “política del significante”‒, pero ni el autor ni el lector son ya los mismos al terminar el recorrido de lectura.
“Corte” es una palabra que enlaza los diferentes capítulos del libro: el corte entre el decir y el eco efecto de la pulsión, el corte que implica el camino del héroe, el supuesto corte entre Freud y Lacan, el corte que opera el Nombre del Padre, el corte que insiste en la lalengua villera, el corte eficaz del analista-cirujano.
Entre quienes preparan autos para correr, hay una expresión: “manejar al corte”, que designa un dispositivo que se instala para proteger el motor ante el aumento desmesurado de las revoluciones por minuto (rpm), cortando el encendido electrónicamente y obligando al conductor a desacelerar y/o pasar a un cambio mayor. El estilo de escritura que logra el autor en este trabajo es de ese orden: Alejandro escribe “al corte”. Las palabras disparan, las ideas provocan, las preguntas despiertan… y cuando la tensión llega a un grado máximo, desacelera y vuelve a empezar.
A la jungla vietnamita del Coronel Kurtz del inicio y la jungla de cemento de las colonias de los replicantes en Blade Runner del final, el autor añade su propia jungla: la cumbia villera, las drogas, las letras de Los Redondos, Freud y sus correspondencias, Lacan y sus nudos, Foucault y Pasolini, Kant con Sade, los gobiernos actuales del mundo occidental, las experiencias de análisis propias y de sus pacientes, las lecturas que lo han influenciado. Todos ellos conviven, con algunas contradicciones que el autor con gran coraje intelectual se encarga de no disimular, en un texto que pone en acto lo que enuncia en teoría: no hay verdadera lucha en el plano lingüístico-ideológico si no se toca la economía libidinal (que también es monetaria).
El neologismo ricotero “anarcotizados” en el que copulan la anarquía y los narcóticos, le sirve de apoyo a Alejandro para trazar una distinción entre los marginados y los marginales: mientras que los primeros son pobres, víctimas de la sociedad; los segundos quedan fuera del lazo por una decisión subjetiva, más allá de sus condiciones socio-económicas. La droga nunca es la causa, siempre es un efecto de otra cosa.
Es la estructura la que estaba intoxicada discursivamente dice el autor, ahí se engancha después el tóxico. Y se pregunta en lo que hace a los límites de nuestra práctica: ¿qué se hace con esa gente? ¿Qué hace cada uno con lo que le ha tocado en suerte? Todo el libro está plagado de viñetas clínicas y experiencias en primera persona del autor, quien no ha dudado en practicar el imposible que es el psicoanálisis en los lugares más desfavorables y con las poblaciones más vulnerables.
El autor pone en relación el nudo guerra-religión-política (que forma parte de la estructura socio-cultural en la que vivimos) con el nudo núcleo de la constitución del sujeto: horda-fantasma-Edipo, de un modo que podríamos sintetizar bajo el título ricotero “Yo no me caí del cielo”, ya que en contra de la tendencia de la época a desresponsabilizar al sujeto y a velar las causas e invertir su orden, Alejandro trata de no perder de vista “de dónde vienen las cosas”.
Pero ¿hacia dónde van? Este libro renueva la pregunta a la que también se enfrentaron Melanie Klein y Jacques Lacan, como creadores de escuela dentro del discurso fundado por Freud, en su contexto social y político: ¿cómo garantizar las condiciones para que un análisis sea posible?
Ya que Freud no está superado y que nuestra política es la de un retorno de aquello que del descubrimiento freudiano ha sido rechazado, es necesario que cada generación de psicoanalistas se pregunte por la eficacia del dispositivo analítico, por los problemas de la transmisión del discurso y la formación de los analistas, y por las coordenadas discursivas del mundo en el que habitamos, sus variaciones, sus efectos reales sobre los cuerpos, y los límites de nuestra práctica.
Este libro logra muy bien ese cometido y por eso es de lectura imprescindible para quienes tomamos en serio la afirmación de J. Lacan en la Clase 1 de su primer seminario:
“Basta leer lo que se puede considerar su testamento, Análisis terminable e interminable, para ver que, si de algo tenía conciencia (Freud), era, justamente, de no haber penetrado en la tierra prometida. Este artículo no es una lectura aconsejable para cualquiera, para cualquiera que sepa leer ‒por suerte poca gente sabe leer‒ ya que, por poco analista que uno sea, es difícil de asimilar, y si uno no lo es, pues entonces le importa un bledo”.
Del Apocalipsis Now del film al Apocalipsis No del título del libro: es porque el fin no es ahora pero está en el hoizonte, que nuestras acciones deben orientarse a cómo vivir “el tiempo que resta” como dirá G. Agamben inspirado en las epístolas de San Pablo.
¿Cómo promover una función creadora de la cura analítica en lugar de un ideal adaptativo? ¿Cómo orientar el deseo hacia la posibilidad de hacer otra cosa con el horror que nos habita?
Nota: Se presentará el domingo 12 de marzo en “Je suis Lacan”, Balcarce 749, Caba, Argentina, a las 18 hs.
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