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Alejandra Pizarnik, La posesa desposeída08/10/2007- Por Lidia Rada - Realizar Consulta

“Se fuerza la máquina/ de noche y de día/ y el cantante con los músicos/ se juega la vida” dice el estribillo de una canción, mentando el exceso propio del acto creativo, que en su dinámica, bucea diferentes registros tensando sus enlaces. El presente trabajo intenta dar cuenta, a partir de textos de Alejandra Pizarnik, del proceso por el cual el goce creativo puede transformarse en un puro goce que convierte la escritura del sujeto en vehículo y testimonio de su sufrimiento.
Introducción.
El presente trabajo intentará dar cuenta, a partir de algunos de los textos de Alejandra Pizarnik, del proceso por el cual el goce creativo, podría, en determinadas estructuras, transformarse en un puro goce que convierta la escritura del sujeto en el vehículo y testimonio de su sufrimiento psíquico.
El que debía reinar se va río abajo sonriente y con los ojos bien abiertos, pero muerto. La correntada arrastró hacia “las tinieblas exteriores”[1] al rechazado y significantes sedientos acuden al lugar vacante a cebarse de la que se quedó conjurando: “Toda la noche hago la noche (…) Toda la noche escribo para buscar a quien me busca. Palabra por palabra yo escribo la noche.”[2]
“Esta verdadera desposesión primitiva del significante, será lo que el sujeto tendrá que cargar; y aquello cuya compensación deberá asumir, largamente, en su vida,…”[3].
Una vida de trabajo desmedido que abarcaría también sus noches en el intento de construirse un universo menos ajeno. Trabajo eterno de una Penélope que teje su razón de ser con su propio ser, en una fulgurante malla de significantes con la que se cubre, brillando ante los otros y ocultando a la pequeña mendiga que se aleja…”Su nombre la aleja. Alejandra Aleja” “Te alejas de los nombres que hilan el silencio de las cosas”[4] “se alejó –me alejé-/no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)/ sino porque una es extranjera/ una es de otra parte,/ ellos se casan,/ procrean,/ veranean,/ tienen horarios./ No se asustan por la tenebrosa ambigüedad del lenguaje…”[5] ese que la sostiene y al mismo tiempo la asesina: “escribo para que no suceda lo que temo” no obstante lo cual “el deseo de morir es rey”.
Y como los reyes se van río abajo con los ojos bien abiertos, Alejandra en su insomnio construye barcos de papel para escribir, “barcos sedientos de realidad”[6], “el barco con barbas de espuma donde murieron las risas”[7], que navega la espuma significante del borde entre lo simbólico y lo real, porque cómo “explicar con palabras de este mundo que partió de mi un barco llevándome”[8]
La poesía, dice Juarroz, es “el intento de decir lo indecible, el uso más arriesgado del lenguaje” por su proximidad a la nada “...de cuya cercanía es posible reponerse y retornar para dar cabida tanto a un alarido como a un poema. Intentar ser humano, pareciera no implicar en su instancia fundamental, sino tratar de hacer algo con «nada» (…) Existir (ex – sistir) significa: estar sosteniéndose dentro de la nada”[9], y el dolor de haber nacido para tener que morir.
Crear, entonces, es intentar hacer algo con ese dolor íntimo y primario de nuestra finita condición. “En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar, y además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”[10] Pero en la psicosis “el yo ha sido invadido por la creación, es recurrente, en el sentido epistémico del término; porque es la creación misma. Sufre por ella, justamente, por ELLO.”[11]
La pulsión de muerte tiñe todo el proceso creativo, y así “Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponde al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así rodeada de muerte”[12]
Lo mortífero alcanza la dimensión de lo mudo, lo callado primordial, y el ombligo desde donde la poesía sueña en silencio se convierte en una trampa: “Hablo de esa perra que en el silencio teje una trama de falso silencio para que yo me confunda de silencio y cante del modo correcto para dirigirse a los muertos”[13] y advierte: “…cuídate de mí amor mío/ cuídate de la silenciosa en el desierto/ de la viajera con el vaso vacío y de la sombra de su sombra”[14] Feroz retracción libidinal que deja al mundo pobre y desolado: “Estas son las versiones que nos propone: un agujero, una pared que tiembla”[15] y una invitación: “…déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida”[16]
Peligro: un tramo de la trama de su fulgurante malla ha quedado enganchado al carruaje de una Parca que avanza impiadosa, deshilachándola. “…el avance del proceso psicótico va desarmando la trama en la que se soporta el sujeto (…) es un movimiento regresivo de ruptura de la trama simbólica”[17] y esto es vivido con un sentimiento de desarmamiento de todo y angustia aniquiladora “ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe”[18] “el tiempo tiene miedo/ el miedo tiene tiempo/ el miedo/ pasea por mi sangre/ arranca mis mejores frutos/ devasta mi lastimosa muralla”[19]
A nivel simbólico, la falta de un significante compromete a toda la cadena. El campo se desorganiza y su compactación no deja lugar al sujeto, sin el cual, se disuelve también el interlocutor “Los sortilegios emanan del nuevo centro de un poema a nadie dirigido. Hablo con la voz que está detrás de la voz (…) Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?”[20] La escritura se convierte en el “testimonio de un sufrimiento capturado por la repetición”[21] Lo no inscrito en lo simbólico retorna en un real sin cobertura que posiciona al sujeto como objeto del goce del Otro, así “la hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me lloro en mis numerosos funerales”[22]
“Lo importante es ver cómo esto responde a la demanda indirectamente realizada de integrar lo que surgió en lo real, que representa para el sujeto ese algo propio que nunca simbolizó. Una exigencia del orden simbólico…”[23].
Interrogada la falta de significante, el Otro deja caer su velo, y descarnadamente se muestra en su función, amenazando con dejar al sujeto sin discurso. Lo indecible exige con un peso difícil de soportar: “…es como si me pidiera la luna./ Me digo:/ Si me pide la luna es porque la necesita. / Pero si (supongamos) le llevo la luna, me dirá/ algo nada lindo de escuchar./ Además, está lo otro, está lo otro./ (“Si me muriera ahora mismo/ que alegre iba a ser”)/ Si me muriera”[24]
El sujeto/objeto está a merced del otro caprichoso a quien no logra discernir y la frustración gatilla la espiral ascendente de la angustia: “Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Y ya no existo y lo sé; lo que no se es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo; pierdo los años si callo”[25] Perdida en un mundo extraño y que no le corresponde –“…el mundo está demacrado/ hay candados pero no llaves/ y hay pavor/ pero no lágrimas…”[26]- ¿cómo no leer su desesperación?, si hasta explicitada está en sus versos: “…te remuerden los días/ te culpan las noches/ te duele la vida tanto tanto/ desesperada ¿adónde vas?/ desesperada ¡nada más!”[27]
El pasaje al acto será el final de un proceso que ha dejado las marcas de batalla de quien intentó constituirse. En un eterno presente –“…pareciera que todo opera en la perentoriedad, en la inmediatez (mejor aún: en la instantaneidad), ante la inminencia de una catástrofe”[28]- (merced al aplastamiento temporal), Alejandra resiste manteniendo abiertas las fauces que se ciernen sobre ella con goce devorador, pero en determinado momento, cortará la escena en el intento de detener ese goce. “…se ve la instauración progresiva de una escena que avanza y abarca progresivamente más y más aspectos de la vida del sujeto. La escena se va amplificando…”[29] y las señales abundan: “alguna vez,/ alguna vez tal vez/ me iré sin quedarme/ me iré como quien se va”[30] “Pronto nos iremos”[31] “…yo no puedo más,/ alma mía, pequeña inexistente,/ decídete;/ te las picás o te quedás,/ pero no me toques así,/ con pavura, con confusión,/ o te vas o te las picás,/ yo, por mi parte, no puedo más.”[32]
Epílogo.
Era el crepúsculo. Su rabia por la batalla perdiéndose contra la opacidad se estrellaba contra la niebla. Alejandra miró hacia abajo y vio al río y al Rey todavía sonriendo, todavía con los ojos abiertos…
Una dulce “música polivocal”[33] la hizo caer de rodillas. Pensó: “entrar entrando adentro de una música al suicidio al nacimiento”[34] y mientras se decía una plegaria –“que de mi sólo quede la alegría de quien pidió entrar y le fue concedido”[35], sintió “el deseo”:
Criatura en plegaria
rabia contra la niebla
Escrito contra
en la
el opacidad
crepúsculo
No quiero ir
nada más
que hasta el fondo[36]
oh vida
oh lenguaje
oh Isidoro
Setiembre de 1972
Conclusión.
El estribillo de una canción popular que dice “Se fuerza la máquina/ de noche y de día/ y el cantante con los músicos/ se juega la vida.”, parecería venir a metaforizar ese exceso propio del acto creativo que en su dinámica bucea los diferentes registros poniendo a prueba sus enlaces.
En el proceso psicótico estos enlaces resultarían forzados produciéndose el eventual estallido de los registros, con la consiguiente irrupción de un goce que tiene un efecto aniquilador para el sujeto.
La escritura se convertiría así en el frustrado intento de responder a aquello que desde lo real irrumpe interrogando por la falta de simbolización.
Si escribir es un modo creativo de vérselas con la falta en ser (y por ende con la castración), a falta de la falta, Alejandra habría puesto en juego su ser, escribiendo con exquisito talento, pero con la tinta de su sangre, la obra que terminó hecha de su propio cuerpo.
Sortilegios.
“Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres de rojo que me aspiran el único calor que me doy con mi corazón que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender sola cómo se hace para beber y comer y respirar y a mí que nadie me enseñó a llorar y nadie me enseñará ni siquiera las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración con babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de haber matado al rey que flota en el río y mueve los ojos y sonríe pero está muerto y cuando alguien está muerto, muerto está por más que sonría y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río abajo y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.”
ALEJANDRA PIZARNIK
(*) Escrito realizado para el espacio de Poesía y Psicoanálisis de la materia “Clínica psicológica y psicoterapias: adultos”, Cátedra del Lic. Juan Tausk, Facultad de Psicología, U.B.A; espacio a cargo de la Lic. Cecilia Urcola y el Lic. Martín Fuster.
BIBLIOGRAFÍA
AULAGNIER, PIERA: “Las entrevistas preliminares y los movimientos de ra. En El aprendiz de brujo y el maestro historiador La apertura de la partida en la psicosis, Amorrortu, Bs. As. 1998
FREUD, SIGMUND: “Neurosis y Psicosis”. En OC Tomo XIX. 1924. Amorrortu, Bs. As.
“La pérdida de la realidad en Neurosis y Psicosis. En OC T. XIX. Amorrortu, Bs. As.
HELMAN, JORGE: “La Locura. Entre la creatividad y el sufrimiento”, CEP.
IUNGER, VICTOR: “Clínica del pasaje al acto en la neurosis”, Lacanoamericano, 1993. CEP.
KOVADOFF, SANTIAGO: “El Silencio de la cura”, en El silencio Primordial, Emecé, Bs. As., 1993
LACAN, JACQUES: Las Psicosis, Seminario III. Paidós, Bs. As. 1994.
PIÑA, CRISTINA: Alejandra Pizarnik, Ed. Planeta, Bs. As., 1991.
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TAUSK, JUAN: “Sobre artes y oficios. Lo creativo en Poesía y Psicoanálisis”. Revista Poesía 2000. Bs. As., 1990.
“Clínica de la Psicosis” “Nada es para siempre” JCE, Bs. As., 2005
Referencias
[1] Lacán, Jacques: Las Psicosis, Seminario III, Cap. XI, Paidós, Bs. As.,. 1994, pg. 217
[2] Pizarnik, Alejandra: “Sous La Nuit”,en Obras completas, pg. 420
[3] Lacán, J.: Op. Cit. Cap. 15, pg. 292
[4] Pizarnik, A.: Op. Cit., pg. 31
[5] Pizarnik, A.: “Sala de Psicopatología”, Op.Cit., pg. 416
[6] Pizarnik, A.: “La Jaula”, Op. Cit., pg. 24
[7] Pizarnik, A.: “La Enamorada”, op.cit. pg. 17
[8] Pizarnik, A.: “Arbol de Diana”, op.cit., pg. 33
[9] Kovadoff, Santiago: “El Silencio de la cura”, en El silencio Primordial, Emecé, Bs. As., 1993, pgs. 45 y 46
[10] Pizarnik, A.: “Algunas claves de A. Pizarnik”, Op.Cit., pg. 312
[11] Helman, Jorge: “La Locura. Entre la creatividad y el sufrimiento.” CEP. Pg. 6
[12] Piña, Cristina: Alejandra Pizarnik, Ed. Planeta, Bs. As., 1991, pg. 199
[13] Pizarnik, A.: “Texto de sombra”, en Obras completas, pg. 410
[14] Pizarnik, A.: “Arbol de Diana”, Op. Cit., pg. 31
[15] Pizarnik, A.: Op. Cit. Pg. 31
[16] Pizarnik, A.: Op. Cit. Pg. 35
[17] Tausk, Juan: “Clínica de la psicosis” “Nada es para siempre” JCE, Bs. As., 2005, pg. 54
[18] Pizarnik, A.: Op. Cit. Pg. 32
[19] Pizarnik, A: “Canto”, op.cit., pg. 17
[20] Piña, C.: Op. Cit. Pg. 214
[21] Helman, J: Op. Cit. Pg. 7
[22] Pizarnik, A.: “Arbol de Diana”, Obras completas, pg. 34
[23] Lacan, J.: Op. Cit. Cap. 6, pg. 128
[24] Pizarnik, A. : op cit., pg. 419
[25] Piña, C.: Op. Cit. Pg. 217
[26] Pizarnik, A.: “Cenizas”, op. Cit., pg. 18
[27] Pizarnik, A.: “La Enamorada”, op. Cit. pg. 17
[28] Tausk, J.: Op. Cit. Pg. 73
[29] Iunger, Víctor: “Clínica del pasaje al acto en la neurosis”, Lacanoamericano. 1993. CEP, pg. 5
[30] Pizarnik, A.: “Arbol de Diana”, op cit., pgs. 34 y 35
[31] Pizarnik, A.: “Cenizas”, op. Cit. Pg. 18
[32] Pizarnik,A.: “Sala de Psicopatología”, en Obras completas, pg. 417
[33] Lacán, J.: Op. Cit. Pg. 359
[34] Pizarnik, A.: Op Cit., pg. 421
[35] Piña, C.: Op. Cit. Pg. 240
[36] Pizarnik, A.: Op. Cit. Pg. 453
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