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El tiempo, el secreto y el engaño09/08/2003- Por Laura Salino -
En el presente abordaje intentaré recorrer el concepto de tiempo en el cuento Emma Zunz, de Jorge Luis Borges. Si en una de sus acepciones el tiempo es la duración de las cosas sujetas a mutación, y a la vez la duración se refiere al comienzo y al fin en un proceso; veremos de qué manera estos conceptos parecen elastizarse de manera tal que en un mismo punto aparentan coincidir lo eterno de lo infinito y lo efímero del instante.
En el presente abordaje intentaré recorrer el concepto
de tiempo en el cuento Emma Zunz, de Jorge Luis Borges.
Si en una de sus acepciones el tiempo es la duración de las cosas
sujetas a mutación, y a la vez la
duración se refiere al comienzo y al fin en un proceso; veremos de qué manera estos conceptos parecen
elastizarse de manera tal que en un mismo punto
aparentan coincidir lo eterno de lo infinito y lo efímero del instante. El concepto de duración así planteado parece
estallar, no siendo tan sencillo ubicar el comienzo o el fin, alterando
directamente la noción de tiempo e interrogando estas “cosas sujetas a mutación”; por lo cual el movimiento implícito en la
noción misma de tiempo parece estar detenido en un punto donde todo se
condensa, sin por ello dejar de estar presente (y articulado en forma
constante) en una suerte de repetición mecánica que no deja de patinar en el
mismo lugar desde el que intenta deslizarse.
Pero con un agregado:
este concepto parece estar al servicio de otros dos: el secreto y el engaño.
Para no seguir hipotetizando
en el vacío, vayamos directamente al cuento y a los fragmentos donde creo leer
lo enunciado en el párrafo anterior.
Emma Zunz recibe una carta
por la que se anoticia de la muerte de su padre, muerte que en realidad es un
suicidio. Hay aquí una descripción hecha
por el narrador de las sensaciones de Emma al recibir tal noticia; de las cuales quisiera destacar dos: la “ciega culpa” y la sensación de querer estar
en el día siguiente. Esta muerte
condensa para Emma el pasado, el presente y el futuro en un solo punto, ya que
luego de este deseo por apelar al paso del tiempo para calmar una pena, el
narrador aclara: “Acto
continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre
era lo único que había sucedido en el mundo y seguiría sucediendo sin fin...”[1]
Es decir, algo
que sucede en presente, en el momento
mismo de leer esa carta; es también lo
único que ha sucedido y seguiría sucediendo. En el mismo párrafo aparece otra condensación
del tiempo: “Tal
vez; ya era la que sería” (refiriéndose
a Emma). Nuevamente se repite esta idea
que acabo de enunciar. Es interesante
retenerla porque algo similar se repetirá en el final del cuento, pero lo
retomaré en su momento.
La muerte de este personaje de nombre duplicado
(Manuel Maier que en días felices para Emma fue Emanuel Zunz), revela un secreto hasta ese momento
nunca revelado: Loewenthal como el verdadero ladrón; y al mismo tiempo vela un nuevo secreto: el
plan de Emma para vengar esta muerte.
En el inicio, hay un secreto. A lo largo del relato, este secreto se
duplica o se triplica “el secreto era un vínculo entre ella y el ausente”:
secreto el plan de Emma, secreto el motivo del asesinato.
Creo que es importante rescatar el término secreto.
Por un lado, parece ser el único vínculo posible entre la protagonista y
los “hombres ausentes” del cuento: el padre muerto, el marino cuyo barco
zarpa luego del encuentro con Emma, y Loewenthal con
quien el vínculo se establece más fuertemente en el momento de su
asesinato. Por otro lado, porque el
secreto es aquello que se jugará todo el tiempo desde el lugar de la narración
como instrumento de captura para el lector.
Por esto decía que el secreto revelado, en el mismo instante de serlo,
vela uno nuevo (el plan de Emma y sus motivos) que le da cuerpo a toda la
trama.
Mientras el tiempo cronológico transcurre y la
protagonista continúa con su vida habitual: trabajo, amigas, comida y demás
descripciones que hacen a la continuidad del relato; una referencia a otro tiempo, un tiempo
lógico o propio de la lógica del cuento, irrumpe y corta esta continuidad:
“El sábado la
impaciencia la despertó. La impaciencia,
no la inquietud...”[2]
Nuevamente, una referencia al tiempo. Algo vinculado a la imposibilidad de la
espera la despierta, y no a la
intranquilidad o a la falta de sosiego.
A partir de acá, el plan de Emma para vengar la muerte
de su padre empieza a ponerse en acción.
Entonces, los hechos se precipitan y lo que podría ser la realidad se
confunde con la memoria y sus posibles errores: “Referir con alguna realidad los
hechos de esa tarde sería difícil (...), un atributo de lo infernal es la
irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal
vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en
la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy
la memoria de Emma Zunz repudia y confunde?”
Hay secretos que se sostienen a lo largo de todo el
cuento, por ejemplo, cuál es el motivo del cambio de nombre del padre de Emma,
por qué el sentimiento de ciega culpa de Emma al enterarse del suicidio, qué es
lo que Emma llora con la muerte de su padre.
Esta última pregunta tal vez da lugar a otra que es la que , a mi entender,
no tiene resolución en el relato y que de alguna manera se constituye en
una duplicación de este secreto que nunca llega a develarse: ¿cuál es el sacrificio?
A continuación, el narrador describe la escena donde
la protagonista se somete al ultraje como parte de la ejecución de su plan,
aunque aún no se aclara cómo este hecho formará parte de aquel. Y antes de explicárnoslo, se refiere otra vez
a este tiempo elástico y tieso al mismo tiempo, que hace viables los
acontecimientos por un lado; y los entorpece o confunde por otro: “Los hechos graves
están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como
tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que lo
forman.”
“¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden
perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz
una sola vez en el muerto que
motivaba el sacrificio?”
Quisiera entonces retomar la pregunta por el sacrificio, este secreto que resulta
tan difícil revelar y que acaso no me será posible en esta lectura. ¿Cuál es el muerto que motiva qué
sacrificio? ¿Se trata del sacrificio de Loewenthal para vengar la muerte de su padre? ¿Se trata del sacrificio de su virginidad en
pos de vengar esta muerte, algo que en otras circunstancias hubiera sido
imposible dado su “temor aún casi
patológico” hacia los hombres? Resalto
el aún porque no parece ingenuo en el
relato. De alguna manera este plan que
Emma trama es lo que le permite - asco y
repulsión mediante - sobreponerse a ese
temor: “El
temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco...”. Tampoco se explicita o sugiere a lo largo del
relato un argumento por el cual podamos aprehender alguna causa de este
temor. Podríamos arriesgar otra lectura,
teniendo en cuenta algunas repeticiones que se dan en los momentos en los que
Emma recuerda.
Luego de enterarse de la muerte de su
padre, trata de recordar (insisto: trata, no recuerda)
a su madre: “...recordó (trató de
recordar) a su madre...”[3]
En cambio, sí
la recuerda - y aquí hay un acento del
narrador puesto en el hecho de que no pudo no hacerlo - en el momento de su ultraje-sacrificio: “Pensó (no pudo no
pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella
ahora le hacían...”.
En este primer intento de recuerdo - recuerdo de su niñez -, recuerda los amarillos losanges de una
ventana de su casa de Lanús, casa perdida en un
remate. En la segunda escena, la del
ultraje, donde también hay una pérdida (la de su virginidad); se describe una vidriera con losanges como
los de la casa de Lanús. ¿Podría leerse entonces en ese temor casi
patológico y en esa repetición, otro secreto no revelado en la memoria de la
protagonista?
¿Un abuso
olvidado donde retorna la pregunta del cuento “...cómo recuperar ese breve caos
que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y
confunde...”[4]?
Pero simplemente estoy aventurando una posible lectura
que daría lugar a otro trabajo que no es el que me ocupa ahora. Retomemos, entonces.
Emma había hablado con el señor Loewenthal
y se disponía a continuar con la segunda parte de su secreto plan. Una vez más, los hechos se precipitan más
allá de las intenciones de la protagonista: “Las cosas no ocurrieron como había
previsto Emma Zunz...”, “Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma
sintió la necesidad de castigar el ultraje padecido por ello.”[5]
Aquí cobra valor renovado la pregunta por el
sacrificio e incluso por el sentido del plan: ¿se trata de la muerte de su padre o
de algo muerto o perdido en ella?, ¿de qué sacrificio se trata?
Una vez cometido el asesinato de Loewenthal
y - aparentemente - concluido el plan, Emma de todas maneras no
puede aún descansar. Algo que aparece al principio del relato, se
repite de igual manera:
un hecho en presente que sigue
sucediendo más allá del momento en que se ejecuta. Así como el suicidio de su padre sucede una y
otra vez; también la muerte de Loewenthal es algo que sucede de la misma manera en el
discurso de Emma: “Luego
tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras
palabras...” Es decir, hay una acción
que pese a estar ejecutada se repite insistentemente más allá del momento en
que acaeció.
Y continúa: “Ha
ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal
me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...”
Entre lo verdadero y lo falso de la historia, hay algo “sustancialmente cierto” y hay algo
indefinible. Dentro de lo verdadero
aparecen el tono de Emma, el odio, el pudor y el ultraje. Dentro de lo falso: la circunstancias, la hora y - dice el narrador al final - uno
o dos nombres propios. Entre lo verdadero y lo falso queda una
brecha donde se introduce lo indefinible, que antes mencioné como secretos. Secretos que son el vínculo entre Emma y los
ausentes, donde Emma sabe y los ausentes no:
secreto que vinculaba a Emma con su padre y que, muerto su padre , se desliza al
marinero, y donde - zarpado el barco con
su marinero a cuestas - se desliza
nuevamente pero hacia Lowenthal, luego también
ausente tras su muerte. Los elementos
constantes son lo oculto y lo ignorado, donde Emma es la que se encarga de
producir estos ocultamientos; como si de
alguna manera el narrador (en tercera persona, supuestamente omnisciente)
también hubiera sido engañado y tampoco pudiera captarlos ni develarlos,
cuestión que puede leerse en su última frase: “sólo eran falsas las circunstancias,
la hora y uno o dos nombres propios.”[6]
Esta duda
(eran uno o dos los nombres propios falsos), duda que el narrador viene
recorriendo en otros pasajes del cuento: “pero es más razonable conjeturar
que...”[7],
es la que también subsiste para el lector.
En algún sentido, es como si el narrador y el
lector coincidieran en el mismo punto.
Ambos saben algunas verdades: existió abuso, existieron muertes como
resarcimiento. Ahora, definir cuál fue
el abuso (el de Loewenthal con el padre de Emma, el
de éste con la madre de Emma, el del marinero con Emma, el de Emma con ella
misma, el de ella con Loewenthal...) o cuál es la
conexión entre ellos y los personajes, es parte del secreto que la protagonista
no nos deja saber.
Tal vez este sea el poder del cuento, anunciado como
advertencia para que no intentemos vanamente ser Sherlock
Holmes: “...quizá creía que el secreto era un
vínculo entre ella y el ausente (podríamos
decir que tanto el narrador como el lector son “ausentes” para la protagonista). Loewenthal no sabía
que ella sabía; Emma Zunz derivaba de
ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.”[8]
Laura Salino
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