» Literatura

Los cargos de Juan Pérez Jolote y la multiplicidad subjetiva

23/09/2021- Por Abraham Martínez González - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

En este artículo, Abraham Martínez González, desde México, ofrece dos líneas de elaboración. La primera, como un autor pone su narrativa al servicio de lo que se llama “secretariado de lo invisible”, para que la voz de su personaje sea la de una cultura oprimida que vuelve a ver luz, en la escritura. La segunda, como esa cultura hace un tratamiento particular de los lugares que puede ocupar un sujeto en la trama discursiva, que es comunitaria, en tensión con el individualismo identitario del yo. Finalmente, un encuentro vía la literatura de la concepción de sujeto de las culturas originarias y la del psicoanálisis. Patricio Vargas

 

              

                           “Juan Pérez Jolote” por Alberto Beltrán (1952)*

 

 

  Siguiendo la idea que el escritor Coeetze (2003) planteara al respecto de mantener una postura de “secretaria” al servicio de lo “invisible”, dando voz a los que no la tienen como dijimos en otro espacio (Martínez González, 2021), o posibilitando acaso que “una vida cuente”, nos encontramos con la historia de Juan Pérez Jolote, del escritor mexicano Ricardo Pozas (1952).

 

  Más que una obra literaria en el sentido estricto, encontramos el testimonio sobre la forma de comunidad en la región de Chiapas, México en los principios del siglo XX, formas que aún en la actualidad se resisten a los embates de las ideologías contemporáneas.

 

  Como dice el mismo Pozas en la introducción: “Juan Pérez Jolote es el relato de la vida social de un hombre en quien se refleja la cultura de un grupo indígena”, y en ese sentido, ubicamos en esta lectura cierta resonancia con lo que estamos explorando sobre mantener esa posición de “secretaria”, de escucha de lo invisible en los pueblos latinoamericanos, o en aquellos grupos sociales que parecen no tener voz debido a los sistemas represivos político-culturales; escuchar y escribir.

 

  Así, diríamos que el personaje principal de la historia contada por Pozas es además de personaje la encarnación de una cultura que se niega a morir, el discurso de un pueblo que se hace hombre. Es en ese discurso en el que se mueve Juan Pérez Jolote, su voz narra la historia de un pueblo, sus tradiciones y costumbres, sus miedos y su cultura.

 

“No sé cuándo nací. Mis padres no lo sabían; nunca me lo dijeron. Me llamo Juan Pérez Jolote, lo de Juan, porque mi madre me parió el día de la fiesta de San Juan, patrón del pueblo; soy Pérez Jolote, porque así se nombraba a mi padre. Yo no sé cómo hicieron los antiguos, nuestros tatas, para ponerle a la gente nombres de animales” (Pozas, p. 15).

 

  Es interesante mencionar que Jolote viene de guajolote, el cual es una ave domesticada en México hace más de 2000 años, donde lo interesante radica en el significado de su nombre. Guajolote proviene del náhuatl huexóyotl que se traduce como “gran ave monstruosa” (México desconocido, 2021).

 

  Ahora bien, en la historia contada por Jolote y como apreciamos en la cita anterior, a la gente se le ponen nombres de animales a manera de identidad pero también como una forma de recibir la protección espiritual necesaria para soportar la vida. Aspecto que leemos igualmente en el cuento “La tona” de Francisco Rojas González (1952):

 

-Regará Simón la ceniza alrededor de la casa...Cuando amanezca saldrá de nuevo. El animal que haya dejado pintadas las huellas en la ceniza será la tona del niño. Él llevará el nombre del pájaro o la bestia que primero haya venido a saludarlo; coyote o tejón, chuparrosa, liebre o mirlo, asegún... (p. 17).

 

  Así como en la historia de Juan Pérez Jolote, encontramos lo que bien puede considerarse testimonio sobre la vida de algunos pueblos originarios de México, y que en tanto testimonio representa un acercamiento importante a los aspectos subjetivos de los propios pueblos.

 

  En los párrafos precedentes se habla de esa tradición sobre la nominación de los sujetos, y que al mismo tiempo se vuelve estructura discursiva lo cual se relaciona inseparablemente en lo social y en lo subjetivo, pues como apunta Foucault (1969), se trata de una “formación discursiva” que encontramos en tanto estructura de discurso en el sujeto como en su medio social, de ahí que se plantea la idea de que el sujeto reproduce discurso, no lo inventa, por eso es sujeto a un discurso, a una estructura.

 

  Ahora bien, al leer la novela de Pozas (1952) en el sentido de testimonio, podría pensarse acaso en el carácter violento del cual era preso el protagonista. Maltratado y golpeado, primero por su padre y después por un contexto político en reconstrucción que hacía de Juan Pérez Jolote una víctima de estado.

 

“Era yo tan tierno que apenas podía con el azadón; estaba tan seca y tan dura la tierra, que mis canillas se doblaban y no podía yo romper lo terrones; esto embravecía a mi padre, y me golpeaba con el cañón de su azadón, y me decía: ¡Cabrón, hasta cuándo te vas a enseñar a trabajar! Algunas veces mi madre me defendía, pero a ella también la golpeaba” (p. 16).

 

  Aquí leemos la violencia con la que se dirigía el padre a su hijo, violencia destinada a enseñar. Pero además, nuestro personaje se enfrenta a una serie de acontecimientos que nos permiten apreciar las diferentes posiciones subjetivas que va tomando, aspecto que en la historia puede ser señalado como los “cargos” a los que se va enfrentando Jolote, un “sistema de cargos” que es común dentro de algunas culturas o pueblos originarios; por ejemplo, se pasa de un sujeto a otro el cargo de regidor y luego de alcalde.

 

  Esto representa en los pueblos originarios, la apertura o facultad de los miembros de la comunidad para tomar las diferentes responsabilidades que su gente les otorga. Este hecho pudiera parecernos lamentable desde una postura psicologizante o uniforme, desde donde se piensa que se debe ser uno solo, se debe constituir una individualidad como una identidad única, como si acaso fuese posible mantener una identidad única y libre de transformaciones, como si acaso el sujeto no fuese transitivo.

 

  Por eso es interesante hablar de lo subjetivo, donde como señala Anzaldúa (2000), “la subjetividad es el acto de organización compleja que emerge de la relación del sujeto con el mundo y los demás”. A ese respecto es importante considerar en el mundo occidental donde el yo tiene una especie de supremacía, que en realidad la subjetividad tiene una íntima relación con el otro y con la comunidad en general.

 

  Pavón-Cuellar (2021) explica en su libro Más allá de la psicología indígena, y respecto a los “cargos” de Juan Pérez Jolote lo siguiente:

 

“Los papeles interpretados por el indígena son más que simples papeles. Involucran la subjetividad de quien los interpreta. Lo transforman en otro que de algún modo posee al sujeto que lo interpreta. Esto se aprecia muy bien en el sistema de cargos”. (p. 20)

 

  En ese sentido, se estima que en ciertas comunidades indígenas toma un lugar importante la transformación subjetiva, donde el “sujeto puede cambiar sin tener que traicionarse a sí mismo”, menciona el mismo Pavón, es más, la transformación o cambio subjetivo es parte de la cotidianidad. Esto a su vez, contradice la postura psicologizante o uniforme que como dice el mismo autor viene de una herencia eurocentrista y estadounidense. Pavón nos propone pensar una “psicología indígena” donde la “variabilidad” y la “multiplicidad” son otra posibilidad de estar en el mundo, de contar el mundo desde ahí, donde el “sujeto no es un alma, sino que tiene varias almas diferentes”. (p. 22)

 

  De esta manera, la historia o testimonio contado por Pozas (1952) toma otro carácter, no ya el de un personaje perseguido o violentado, sino la historia de un pueblo, de muchos pueblos de México y Latinoamérica. Y en tanto testimonio, como apunta Orozco (2020), “se trata de confiar en el testimonio como palabra que, aún teniendo tanto ambigüedad semántica como subjetiva, desliza su propia e inusitada verdad” (p. 6). Pueblos que en sus testimonios desde hace tiempo intentan decirnos algo que no habíamos escuchado: se pueden tener distintas vidas.

 

  “Ya me dieron otro cargo y ahora soy alferéz de San Juan”, dice Jolote refiriéndonos en es “ya me dieron”, que los cargos no son elegidos en un sentido individualista, sino que son cargos que ya están dentro de la comunidad, y es ésta la que elige al sujeto que habrá de tomar el cargo. Cosa que puede sonar denigrante o como un peso que el sujeto podría no “tomar”, pero en la realidad de estos pueblos sucede lo contrario, el sujeto sabe que es el momento de tomar la responsabilidad y vivir con ello; será la comunidad quien le premie o le castigue.

 

  De nuevo, desde una perspectiva psicologizante donde prevalece la idea de un yo dominante y controlador esto se vuelve inaceptable, acaso les suena a locura, pero para muchos pueblos originarios como nos cuenta Pozas (1952), se nace para tomar las responsabilidades que la comunidad dispone y no tiene nada de terrible, al contrario, es eso lo que salva de la enfermedad en el aislamiento en el que se encuentra el individuo de la sociedad yoica, o como menciona Pavón-Cuellar (2021), “los hilos de la comunidad, al entretejerse, crean a un sujeto que no tiene otra sustancia que la de todo aquello comunitario que se anuda en él”. (p. 36)

 

  Sobre esto, encontramos otra resonancia interesante que cuenta Juan Pérez Jolote, donde habla el pueblo a través de la voz de Pozas (1952):

 

“A mi casa vienen a beber todos los días compañeros que llegan a comprar; me dan de lo que toman, y con todos tomo yo. “Ya no tomes más”, me dicen mi Lorenzo y mi Dominga; pero yo no puedo dejar de tomar. Hace días que ya no como...así murió mi papá. Pero yo no quiero morirme. Yo quiero vivir”. (p. 98)

 

  ¿Qué es lo que “toma” Jolote, el de cara de guajolote, el de la cara de ave monstruosa? ¿Es algún licor, un aguardiente? Sí, puede ser, much@s así lo leen, pero el significante es juguetón y también abierto a otra interpretación, otro camino. Lo que tanto “toma” Jolote en esa historia son los “cargos” que su comunidad le da. La psicología intentaría explicar desde una óptica reduccionista estas últimas palabras del personaje, y acaso se enfocarían en el tema del alcohol, el vicio, la falta de individualidad en el personaje, pero el discurso va más allá de eso y hay que saberlo escuchar.

 

  Jolote dice que no quiere morir, quiere vivir, así como murió su padre, siendo un sujeto de su comunidad, alguien que siguió las tradiciones, que aró la tierra y supo cavar su tumba. Así la historia es otra, no la de un sujeto víctima o derrotado, sino la de alguien que sabe “tomar” su lugar en la comunidad de la que forma parte, y eso tal vez signifique entonces un acto de vida, porque como dice al final de la historia Jolote, “...yo no quiero morirme. Yo quiero vivir”.

 

 

Arte*: Alberto Beltrán García (1923 – 2002), fue un reconocido artista gráfico y pintor mexicano, grabador, ilustrador y caricaturista. Las dos obras que encabezan el texto, fueron realizadas para la edición del Fondo de Cultura Económica de Juan Pérez Jolote.

 

 

Bibliografía

 

Anzaldúa Arce, Raúl E. (2009). “La formación: una mirada desde el sujeto”. X Congreso Nacional de Investigación Educativa. COMIE. Recuperado en: http://www.comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v10/pdf/area_tematica_15/ponencias/0251-F.pdf

Coeetze, J. M. (2003). Elizabeth Costello. México: DeBolsillo.

Foucault, Michel (1969). La arqueología del saber. México: Siglo XXI. Reimpresión 2018.

Martínez González, Abraham (2021). “Dar voz al pueblo. La escritura como acto de vida”. Publicado en el portal elSigma, Argentina. Recuperado en: https://www.elsigma.com/literatura/dar-voz-al-pueblo-la-escritura-como-acto-de-vida/14007

“México Desconocido (2021). El guajolote: un ave domesticada por manos mexicanas”. Recuperado en: https://www.mexicodesconocido.com.mx/guajolote.html

Orozco Guzmán, Mario (2020). “El valor del testimonio como testimonio de valor”. El rastro de las palabras. México: Porrúa.

Pavón-Cuellar, D. (2021). Más allá de la psicología indígena. Concepciones mesoamericanas de la subjetividad. México: Porrúa.

Rojas González, F. (1952). El diosero. México: FCE. Reimpresión 2013.

Pozas, Ricardo (1952). Juan Pérez Jolote. México: FCE. Reimpresión 2013.


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas


Del mismo autor

» La educación en falta. Acontecimiento y discurso de la negación
» Dar voz al pueblo. La escritura como acto de vida

Búsquedas relacionadas

» literatura
» multiplicidad subjetiva
» culturas originarias
» tzotzil
» psicoanálisis
» Ricardo Pozas
» Juan Pérez Jolote