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Psicoanálisis desde Stephen Hawking: Mecánica cuántica, agujeros negros y singularidad

17/04/2019- Por Julián Ferreyra - Realizar Consulta

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Si bien mayoritariamente ambos dominios -el psicoanálisis y la física cuántica- resultan inconmensurables no necesariamente uno contradice al otro. Así, lo que sigue son notas de lectura e incluso ideaciones, que muchas veces redundan en analogías y metáforas, que intentan dar cuenta de elementos y preguntas fundamentales, y hasta quizás comunes, para ambos campos: el síntoma y los agujeros negros, lo propio de una singularidad, atravesar el fantasma/un agujero de gusano; el más allá de lo cognoscible por las ciencias tradicionales, el problema de la objetividad −y del objeto− en su relación con la verdad; o incluso la relatividad del espacio y el tiempo.

 

 

        

 

    Hawking participó en un episodio junto a Jim Parsons

      (Sheldon Cooper en la serie The Big Bang Theory)

 

 

  Stephen Hawking (1942-2018) fue un físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico. Sus trabajos más importantes consistieron en aportar, junto con Roger Penrose, teoremas respecto a las singularidades espacio/temporales en el marco de la relatividad general y la predicción teórica de que los agujeros negros emitirían radiación.

 

  Este ensayo consiste en una asociación y escritura libres como efecto de lectura del célebre libro La historia del tiempo (1987) de Stephen Hawking, lectura que causó mi curiosidad sobre cuestiones que, aunque ya formalizadas y allanadas por la ciencia física y la cosmología, des-cubrieron para mi oficio de psicoanalista nuevos horizontes, reformulaciones y genuinas preguntas. De hecho un psicoanálisis nos recuerda que en general se descubren cuestiones que ya se han inventado, sin que esto le quite intensidad, originalidad ni placer a dicho descubrimiento.

 

  Por ello este escrito intenta abstenerse de aplicacionismo alguno, de solapamientos irresponsables o de proyecciones carentes de rigor −físico y/o psicoanalítico−. Recordemos que mayoritariamente ambos dominios −el psicoanálisis y la física cuántica− resultan inconmensurables… pero no necesariamente uno contradice al otro. De hecho Freud −a veces como metáfora pero también como modelo explicativo− y Lacan utilizaron a la física para dar cuenta de sus respectivas teorizaciones y clínica[i].

 

  Así, lo que sigue son notas de lectura e incluso ideaciones, que muchas veces redundan en analogías y en metáforas para dar cuenta de elementos y preguntas fundamentales, y hasta quizás comunes, para ambos campos: el síntoma y los agujeros negros, lo propio de una singularidad, atravesar el fantasma/un agujero de gusano; el más allá de lo cognoscible por las ciencias tradicionales, el problema de la objetividad −y del objeto− en su relación con la verdad; la relación entre naturaleza y realidad, o incluso la relatividad del espacio y el tiempo.

 

  Quizás haya finalmente algo en común entre ambos campos, como una suerte de eco. Quizás sea tiempo de patear, en el buen sentido, la discusión que lleva a un infecundo pleito entre psicoanálisis y ciencia hacia otro terreno, el de las sutilezas de lo cuántico y su sorprendente familiaridad con la ficción, la poesía, la filosofía y lo divino.

 

 

I. Singularidad en fuga

 

  En un agujero negro −o incluso en el propio Big Bang− se trata del acontecer de una singularidad. La misma es un punto en el cual la curvatura del espacio/tiempo se torna infinita. En y a causa de dicha singularidad, tanto las leyes de la ciencia como nuestra capacidad de predecir el futuro fallan totalmente: la singularidad siempre está en el porvenir, nunca en el pasado. Vaya aquí una precisa y exacta definición de lo que debiéramos entender por singularidad en la vida cotidiana y en un psicoanálisis.

 

  Los agujeros negros no son tan negros, ya que en su frontera habitan los rayos de luz que no consiguen escapar de su atracción. Dicha frontera se conoce como horizonte de sucesos, y está conformado por luz en perpetuo estado de escape[ii]. Una frontera siempre en fuga implica que el horizonte de sucesos o bien se mantiene constante o bien tiende a aumentar, más nunca a disminuir, ya que los halos de luz nunca pueden acercarse entre ellos: como en la entropía, el desorden tiende a aumentar.

 

  Tal como el ombligo del sueño, al cruzar cierta frontera ya nada puede proseguir, ni mucho menos escaparse: entre agujero negro y horizonte de sucesos habría una relación similar a la de escena primaria y ombligo del sueño[iii]. Una frontera que implica una fuga que no cesa de no escribirse, y que en su fuga no hace más que dar cuenta de una falta.

 

  Un agujero negro es entonces la expresión máxima de toda singularidad posible, ya que en su falta produce fuga, de luz y quizás también de sentido. Para quienes estamos fuera, el sin-sentido habita dentro del agujero negro; bellas y cósmicas analogías para pensar al deseo y la falta.

 

  Al momento de escribir estas líneas, por esas casualidades cósmicas, se dio a conocer la primera fotografía en la historia de un agujero negro[iv].

 

 

II. La voz de Hawking

 

             

 

  Hawking es quizás el científico más famoso y conocido de los últimos años, con una fama comparable a Einstein. Además de sus formidables aportes en física teórica y cosmología fue un personaje abrazado por la cultura popular. Aparte de su biopic (La teoría del todo, 2014) ha tenido apariciones en cine y TV junto a los Monty Python, en la serie The Big Bang Theory y hasta en Los Simpsons. Su carrera de divulgador científico, su peculiar apariencia y condición física, y sobre todo una prosa cargada de un notable sentido del humor lo han convertido en toda una celebridad.    

 

  La historia del tiempo, que comienza con un prólogo de Carl Sagan, es según su autor un libro de divulgación, ya que propone situar las cuestiones que a él mismo lo llevaron a investigar en cosmología y mecánica cuántica (MC): ¿de dónde viene el universo? ¿Cómo y por qué empezó? ¿Tendrá un final?, y, en caso afirmativo, ¿cómo será? Hawking advierte que:

 

“... la ciencia moderna se ha hecho tan técnica que sólo un pequeño número de especialistas son capaces de dominar las matemáticas utilizadas en su descripción. A pesar de ello, las ideas básicas acerca del origen y del destino del universo pueden ser enunciadas sin matemáticas...”[v].

 

  En un psicoanálisis también nos preocupan los excesos de tecnicismo, y también damos lugar a la pregunta por el origen, a la cuestión del destino y sus inconvenientes; los inicios, fines, finalidades y desenlaces; lo inexorable, lo divino, lo cognoscible y sus límites, lo electivo.

 

  Podemos utilizar las matemáticas o cualquier instrumento teórico-técnico, pero siempre en segundo lugar, ya que “nada explica en lo simbólico la creación”[vi], ni el origen. Quizás en física cuántica como en psicoanálisis lo más trabajoso y complejo sea finalmente producir buena divulgación.

 

  Antes de proseguir, una curiosa reflexión del autor: a causa de padecer ALS (enfermedad de las neuronas motoras) y de una neumonía que implicó que le realizaran una traqueotomía, perdió la capacidad de hablar. Con la ayuda de una computadora y de un sistema sintetizador le fue posible escribir y comunicarse: afirmó no sin humor que de hecho podía comunicarse mejor que antes de “perder la voz”.

 

  Resulta interesante que Hawking haya sido un escritor de tiempo completo: para hablar escribía, y la voz computarizada tan conocida por todo el mundo pasó a ser sin lugar a dudas su voz, un rasgo casi único.

 

 

III. Agujero negro: lo imposible que existe

 

  A continuación se describe algo imposible pero que existe. Un agujero negro es una acumulación de masa tan concentrada que crea una región de espacio a su alrededor de la que ni siquiera la luz puede escapar. Es el resultado final de la acción de la gravedad extrema llevada hasta el límite posible. Luego de que una estrella “consume su combustible”, la misma gravedad que la mantenía estable empieza a comprimirla, a tal punto que los átomos comienzan a aplastarse. 

 

  La gravedad de un agujero negro, o “curvatura del espacio/tiempo”, provoca una singularidad envuelta por una superficie cerrada llamada horizonte de sucesos. Éste separa la región del agujero negro del resto del universo, y es la superficie límite del espacio a partir de la cual ninguna partícula puede salir.

 

  En la década del 70’ Hawking, Ellis y Penrose demostraron varios teoremas importantes sobre los agujeros negros. Se conjetura que en el centro de la mayoría de las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, hay agujeros negros supermasivos. La gravedad de un agujero negro puede atraer al gas que se encuentra a su alrededor, que se arremolina y calienta a temperaturas de hasta 2000 veces mayores que la superficie del Sol. 

 

  No se conoce a ciencia cierta qué sucede con la materia que cae más allá de este horizonte dentro de un agujero negro; sólo una teoría cuántica de la gravedad −aún no formalizada− podría explicarlo adecuadamente. Los agujeros negros tienen una entropía gravitacional intrínseca, y por ello introducen un nivel adicional de impredictibilidad por sobre la incertidumbre cuántica.

 

  Pareciera, en función de la actual capacidad teórica, observacional y experimental, como si la naturaleza asumiera decisiones al azar o, en su defecto, alejadas de leyes precisas más generales.

 

 

IV. Atravesar el fantasma, agujero de gusano

 

  Podemos imaginarizar a un agujero negro como una escena con exterior pero sin interioridad; escena recortada en su horizonte de sucesos, donde todo puede ser capturado pero nada puede salir. Ese horizonte o frontera desde donde mirar pasivamente, una escena en la que se actúa un papel inamovible y donde la aprehensión de los bordes es crucial: son lo único perceptible.

 

  Una escena fantasmática, por la cautivante fijeza y por la necesidad lógica de construirla, sin los atajos de la deducción o la rememoración. Esa escena inconsciente que atrae con una gravedad pequeño a diríamos nosotros que lleva hacia lo inanimado de lo cuántico. La gravedad es la fuerza más débil, pero al mismo tiempo más sutilmente atractiva. Por ello pasa desapercibida, pero a su vez puede actuar a grandes distancias: a la distancia es la fuerza más colosal, y según la proximidad puede causar el deseo o aplastar.

 

  Atravesar el fantasma sería como el pasaje a través de un agujero de gusano[vii]. Sería, entonces, una imposible operación poética en tanto un acto valdrá más que mil palabras o ecuaciones. Atravesarlo implicará una torsión del tiempo/espacio, un puente inmaterial. Atravesar el fantasma es un pasaje imposible, porque se va más allá de lo supuestamente límite.

 

 

V. El síntoma, agujero negro

 

  Tiempo y espacio no son para la física valores absolutos sino cantidades dinámicas. Primero las leyes de Newton sobre el movimiento sepultaron la concepción absoluta del espacio; luego la teoría de la relatividad general de Einstein eliminó el absolutismo temporal.

 

  Un ejemplo sencillo para situar algo tan complejo es la paradoja de los gemelos: nacidos idénticos, uno de ellos emprende un viaje en una nave espacial −a una gran velocidad, cercana a la luz− y el otro se queda en la Tierra. Al reencontrarse luego de muchos años el gemelo que salió de viaje sería más joven que el que se quedó en el planeta, ya que su tiempo transcurrió más lento que el tiempo del que permaneció en la Tierra. Esto se explica por la dilatación gravitacional del tiempo[viii].

 

  ¿Es finalmente una paradoja? Que el tiempo transcurra de diferentes maneras para diferentes personas, y que las mismas puedan reencontrarse de nuevo en el mismo punto del espacio/tiempo habiendo envejecido una menos que la otra, no constituye ninguna paradoja en la teoría de la relatividad… ni tampoco en el inmaterial territorio de lo inconsciente.

 

  Einstein, contemporáneo e interlocutor epistolar de Freud, proponía un mecanismo explicativo para la formación del sueño −y por ende del funcionamiento del aparato psíquico− en donde espacio/tiempo también dejaban de ser absolutos. De ahí las condensaciones, desplazamientos, solapamientos, superposiciones, escisiones o desfasajes; de ahí que el tiempo y el espacio sean ordenadores centrales en un psicoanálisis, y que resulte necesario intervenir sobre ellos a cada rato. Justamente no estamos pensando en lo propio de la pesquisa psiquiátrica, esto es, evaluar si alguien está ubicado en tiempo y espacio: eso es aplicar el criterio de realidad de la física pre-newtoniana.

 

  Como buenos físicos contemporáneos, en psicoanálisis resulta necesario abstenernos de proyectar nuestro propio sistema de referencia −eso de lo especular que hace de dos personas distintas unos gemelos idénticos− para justamente evitar ver paradojas donde no las hay. Porque en un tratamiento no hacemos más que rectificar falsas paradojas, falsos espejos. Para ello ofrecemos nuestro tiempo y nuestra espacialidad, y evitamos utilizarlos directamente para que emerja Otra escena −que no será cuántica pero que sí se resiste la obviedad−.

 

  Lo verdaderamente paradojal en un psicoanálisis, lo propio de un síntoma, resulta cuando espacio/tiempo se dinamizan y producen en transferencia, incluyendo al/a la analista. Porque un síntoma analítico es un gemelo pero impostor, ya que comporta la estructura del doble[ix]. Incluso podemos afirmar que el núcleo [pulsional] de un síntoma radica justamente en algo parecido a una singularidad del espacio/tiempo, en la imposibilidad de lo sin-referencia: un síntoma sería así una analogía de un agujero negro.

 

 

VI. Un malentendido cuántico o “la objetividad ha muerto”

 

  La MC es una teoría desarrollada a partir del principio cuántico de Planck y del principio de incertidumbre de Heisenberg. Este último afirma que nunca se puede estar totalmente seguro acerca de la posición y la velocidad de una partícula, y que a mayor exactitud en el conocimiento de una de ellas, menos precisión para conocer a la otra.

 

  Pero aquí la cuestión: aun así, la MC permite tomar medidas que son mucho más precisas que las de la física clásica. Esto resulta por demás interesante al interior de la ciencia clásica, ya que recuerda la imposibilidad de predictibilidad absoluta. Es decir, una aleatoriedad aún en la ciencia más sofisticada o, lo que es lo mismo, la MC como punta de lanza contra el determinismo.

 

  Esto indignó a Einstein, quien nunca aceptó que el universo estuviera gobernado por algo parecido al azar; por ello su teoría de la relatividad general es una teoría clásica, en tanto no admite el principio de incertidumbre y, por ende, tampoco a las contingencias cuánticas, es decir las singularidades.

 

  Quizás, como en la histeria, se trate de la incertidumbre[x] propia del derrotero significante: al “conocer” un significante este se fuga en su sentido, para así poder (des)conocer al otro. No emerge uno sin otro, y ninguno de los dos existe: simplemente los hacemos aparecer si los observamos/escuchamos con nuestra presencia.

 

  Un experimento reciente[xi] probó algo que la MC especulaba teóricamente, pero que filosófica y freudianamente ya estaba demostrado: que no existe La realidad, y que la objetividad es una cuestión de puntos de vista. Este experimento se valió de cuatro participantes-observadores llamados Alice, Amy, Bob y Brian, que aunque tengan nombres no son personas sino complejas máquinas capaces de captar lo propiamente subatómico, mediante señales y sistemas láser.

 

  El experimento demostró que según el punto de vista o la posición del observador el mensaje es recibido de un modo distinto; es decir, el mensaje será distinto según se adopte tal o cual posición. En esencia, el experimento es una especie de “teléfono descompuesto” que utiliza un mismo mensaje, un fotón, que va transmitiéndose primero a dos de las máquinas, las cuales deben reenviárselo a las otras dos. Lo curioso fue que estas últimas lo interpretaron distinto a las primeras dos.

 

  Un hermoso malentendido cuántico, que demuestra que “la naturaleza pasa a ser la estructura de la realidad del sujeto”[xii]. Casi en clave nietzscheana, no hay hechos sino interpretaciones. O desde Freud, eso que consensuamos llamar “realidad” remite en verdad a lo propio de una realidad psíquica, por demás singular. Eso que llamamos subjetividad existe, y estaría ya probado cuánticamente.

 

  Nadie diría que una máquina es un ser singular o carente de objetividad. El citado experimento no niega esto, pero introduce su más allá. Sucede que la realidad subatómica supera a la ficción de la objetividad, y así emerge lo meramente singular. En la más sofisticada de las ciencias físicas, a nivel cuántico, no hay hechos objetivos ni universales; o como plantean los investigadores de dicho experimento, sí quizás existan los hechos, pero los mismos son subjetivos. ¿No es todo esto algo parecido a lo que solemos llamar Real?

 

 

VII. El gato en la caja: un sueño freudiano

 

  La estructura de la necesariedad gobierna parte de nuestra vida cotidiana, y esto a causa de la física tradicional y de la neurosis. El síntoma neurótico se vale de esta lógica, produciendo una formación de compromiso; desde Lacan, “o la bolsa o la vida”. Pero en 1935 el físico austríaco Erwin Schrödinger propuso lo que hoy es la metáfora más famosa de la MC: la del gato en la caja.

 

  Su experimento imaginario consistió en encerrar a un gato con un átomo radioactivo, el cual tiene 50% de probabilidades de desintegrarse y emitir un veneno que mataría al felino. Pasado un tiempo, según las leyes de la MC, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo: ¡una ambigüedad impensable desde el sentido común! Con Freud diríamos que la neurosis es la incapacidad para tolerar la ambigüedad.

 

  Pero sucede que en un sistema cuántico puede existir una superposición de estados. El gato podría estar al mismo tiempo vivo y muerto, ya que estaría "suspendido" entre estas dos realidades convencionales. Es que a nivel cuántico encontramos también leyes, pero leyes más sutiles y peculiares.

 

  ¿A qué nos recuerda esto? A nivel onírico, en el sueño hecho texto y puesto a su lectura, también encontramos una peculiar legislación, en donde algo puede ser y no ser al mismo tiempo. El principio de tercero excluido, de bivalencia, de no contradicción y de identidad no tienen cabida ni en los sueños ni en lo subatómico. En dichos dominios se juega una suerte de arbitrariedad lógica, que no es plausible de desentrañarse vía métodos deductivos o inductivos clásicos.

 

  Algunos físicos contemporáneos[xiii] asumen que la MC describe un mundo para el cual no se tiene una “intuición directa”, afirmando que allí se desarrolla una realidad “contraintuitiva”, requiriéndose de una “intuición matemática” cuya lógica implique y contemple lo cuántico[xiv].   

  Tampoco en un psicoanálisis nos alcanza con el sentido común, ya que de hecho el mismo es la propia neurosis. Propongo enmarcar estas notas e ideaciones de lectura en lo que llamaré un retorno a Hawking.

 



[i] En este mismo sitio se encuentra un escrito muy riguroso sobre las relaciones de Freud y Lacan con la física: ver Fresneda, F. (2016). “El problema de la medición y el deseo del analista” (http://www.elsigma.com/psicoanalisis-y-ciencias/el-problema-de-la-medicion-y-el-deseo-del-analista/13092).

 

[ii] Hawking, S. (2017[1987]). Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros. C.A.B.A: Crítica. (p. 137).

 

[iii] Sobre dicha relación, y sobre lo propio de los agujeros -del inconsciente y del cuerpo-, resulta interesante el texto de Soler, C. (2014). Acerca del sueño. En Finales de análisis. Buenos Aires: Manantial.

 

[v] Ibíd. Hawking (pág. 9).

 

[vi] Lacan, J. (1955-6). Las Psicosis, clase XXIII, “La pregunta histérica (II): ¿Qué es una mujer?”. En El Seminario, libro III. Paidós: Buenos Aires (p. 256).

 

[vii] Es una hipotética característica topológica del espacio-tiempo, descrita en las ecuaciones de la relatividad general, que consiste esencialmente en un atajo a través del espacio y el tiempo. Un agujero de gusano tiene por lo menos dos extremos conectados a una única garganta, a través de la cual podría desplazarse la materia. Hasta la fecha no se ha hallado ninguna evidencia de que el espacio-tiempo conocido contenga estructuras de este tipo, por lo que es solo una posibilidad teórica. En la película Interestelar (2014) se aporta una interesante ilustración de este fenómeno desde la ciencia [ficción].

 

[viii] Desde la teoría general de la relatividad, la teoría de la gravedad de Einstein, conforme la intensidad del campo gravitatorio crece el tiempo corre más lento. 

 

[ix] Concepto de Otto Rank retomado por Freud en Lo ominoso (1919).

 

[x] Sobre la incertidumbre histérica como oposición a la duda obsesiva consultar Soler, C. (2014). La elección de la neurosis. En Finales de análisis. Buenos Aires: Manantial (p. 124-5).

 

[xi] Se trata del experimento realizado por físicos de la Universidad Heriot-Watt en Escocia, liderados por el físico Alessandro Fedrizzi. (https://www.bbc.com/mundo/noticias-47491699?ocid=socialflow_facebook&fbclid=IwAR318nBrpAgKlpteYWn-j_HAv0ZP1O_A_XZxheN1EdPCjnvMYOyypVfCEDQ)

 

[xii] Juresa, J. L. (2019). Psicoanálisis, ciencia de la realidad. Recuperado desde http://www.polvo.com.ar/2019/02/%EF%BB%BFpsicoanalisis-ciencia-de-la-realidad/ (22-2-19)

 

[xiii] Tales como el nobel Serge Haroche (https://www.bbc.com/mundo/noticias-46869721).

 

[xiv] Me he ocupado de la intuición en psicoanálisis en este mismo sitio: http://www.elsigma.com/columnas/la-intuicion-analitica/13534

 

 


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