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¿Qué es investigar en psicoanálisis? Algunas consideraciones para sostener esta pregunta

14/10/2020- Por Diego Lolic - Realizar Consulta

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El psicoanálisis guarda una profunda imbricación entre el obrar clínico y la investigación. Esto proviene de su génesis disciplinar, momento en que su fundador echó mano a los elementos más variados que la ciencia clásica le ofreció, que la literatura alemana le presentaba, que el renacimiento italiano le obsequió y que la mitología griega le hizo patente.

 

                                                                                              “El escritor”. Óleo de John Whytock*.

 

 

  Definir lo que es la investigación psicoanalítica constituye una propuesta difícil y polémica. En primer lugar, porque el estatuto del ser se encuentra radicalmente cuestionado, escenario particular y lejano al de la ontología heideggeriana, donde el sujeto ex-siste como efecto del significante y es pensado a partir del inconsciente. Por otro lado, porque el objeto de su estudio presenta diversos atolladeros epistemológicos y prácticos.

 

  ¿Es sólo del inconsciente de lo que el psicoanálisis trata? ¿Constituye más bien una praxis clínica con efectos terapéuticos, que resulta insumergible en una visión sintética de plano general? En su texto «El atolondradicho», Lacan plantea que es a través de la lógica que el discurso analítico bordea lo real, al hallarlo como imposible: «ciencia, he dicho, de lo real» (1972, p. 474).

 

  De esta manera, se tropieza con distintas nociones que la pregunta inicial dibuja: el factor de la discursividad, el estatuto de la ciencia en psicoanálisis y su relación con un imposible que otras disciplinas suelen pasar por alto.

 

  En la ensambladura de rasgos que lo constituyen, el psicoanálisis guarda una profunda imbricación entre el obrar clínico y la investigación. Esto proviene de su génesis disciplinar, momento en que su fundador echó mano a los elementos más variados que la ciencia clásica le ofreció, que la literatura alemana le presentaba, que el renacimiento italiano le obsequió y que la mitología griega le hizo patente: «La coincidencia de investigación y tratamiento en el trabajo analítico es sin duda uno de los títulos de gloria de este último» (Freud, 1912, p. 114).

 

  Apartado del puritanismo teórico, Freud creó una disciplina terapéutica con un alto grado de sofisticación técnica. Contrastó sus resultados con la teoría y, haciéndose de un riguroso espíritu científico, modificó esta última cuantas veces fue necesario. De ello emergió una amalgama conceptual en eterno movimiento, cuyos avances dieron cuenta de una delicada lógica interna. Siguiendo la Cosmogonía de Hesíodo, el Caos fue lo primero que surgió.

 

  Con esta aproximación de apertura, ¿cómo ponderar un lugar para el psicoanálisis en el discurso de las ciencias, un espacio que apunte a la creación de conocimiento sin derogar sus premisas fundamentales? Si bien la propuesta de Bachelard despliega un brillo atrayente, parece caer en la ingenuidad irreductible de los anhelos objetivos:

 

«El amor por la ciencia debe ser un dinamismo psíquico autógeno. En el estado de pureza logrado por un psicoanálisis del conocimiento objetivo, la ciencia es la estética de la inteligencia» (1938, p. 13).

 

  A esto debe anteponérsele, además, la idea de que la pureza lograda por el proyecto freudiano no es más que una depuración del fenómeno psíquico estudiado, siempre inasible y por ello impuro; manojo de manifestaciones puestas en el tacho de la basura por la ciencia médica: los sueños, lapsus, chistes y olvidos emergen como su materia prima. Para aumentar el desafío y su complejidad, las diversas expresiones del inconsciente muestran y esconden una verdad que para el sujeto nunca es completa.

Lo que puede resumirse a través de la siguiente trampa lacaniana:

 

«Yo digo siempre la verdad: no toda, puesto que, a decirla toda, no alcanzamos. Decirla toda es imposible, materialmente: las palabras faltan para ello. Incluso por ese imposible la verdad es solidaria de lo real» (1973, p. 535).

 

  Esto subtiende un eje de fuerza preciso. El discurso de la ciencia (con-ciencia), que legitima los universales y las verdades totalizantes, asoma como antinómico al del psicoanálisis.

 

  Lo anterior entraña dos razones fundamentales: 1. En la disciplina analítica, la causa originaria de una afección se debe a una fantasía inconsciente. 2. Por el hecho de que el sujeto habla, la realidad es cortada por el significante y teñida por su fantasma.

 

  Finalmente, la doctrina psicoanalítica prescinde de los efectos terapéuticos rápidos (algo que Lacan va a llamar discurso universitario), sorteando la promesa de una solución que exceda la advertencia del propio deseo. Y como la clínica es inseparable de la investigación (conformando las dos caras de Jano bifronte), no puede esperarse que el conflicto recibido por una de sus partes amortigüe el impacto en su reverso.

 

  Tomando el hilo del trabajo de los sueños, Freud ejemplifica esta encrucijada, situando al investigador en el seno del enigma originario que envuelve un no saber:

 

“Muy difícil es escribir una historia de nuestro conocimiento científico sobre los problemas oníricos. La razón es que, por valioso que sea en algunos puntos, en él no se observa progreso alguno siguiendo líneas determinadas. No se ha llegado a la formación de una infraestructura de resultados seguros, sobre la cual pudiera seguir construyendo un investigador que viniese después, sino que cada autor acomete los mismos problemas por así decir desde el principio” (1900, p. 33).

 

 

Arte*: https://realismtoday.com/art-competition-pleinair-salon-writer/

John Whytock (1950), es un destacado artista plástico y muralista estadounidense.

 

 

Referencias

 

Bachelard, G. (1938). La formación del espíritu científico. Ciudad de México: Siglo XXI, 2000.

 

Freud, (1900). “La interpretación de los sueños” (primera parte). En Obras Completas. Volumen IV. Buenos Aires: Amorrortu, 1991.

 

Freud, S. (1912). “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”. En Obras Completas. Volumen XII. Buenos Aires: Amorrortu, 1991.

 

Lacan, J. (1972). “El atolondradicho”. En Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2014.

 

Lacan, J. (1973). “Televisión”. En Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2014.

 


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